Detelina Barutchieva
Hola, todavía creo en el amor, podría ser tu media
naranja; si quieres lo intentamos. No me describas cómo te ves, lo puedes hacer
dentro de un mes, cuando sepamos si somos o no almas gemelas.
Toda una vida no alcanza para
aclarar cosas mucho más simples, de qué color serán las paredes del salón,
blancas o verdes, la cocina puede ser en amarillo, aunque el amarillo no
siempre consigue el dorado, recuerda al color del limón, se pone agrio; por
otro lado, el ocre aplaca, todo sea por demostrar tus habilidades culinarias.
Jamás tomes una decisión
apresurada. Carne de vaca con habas, cerdo con coliflor, pastel de papas, un
salpicón simple. Duelos y quebrantos, tal vez. Las doce verduras para la sopa
me descorazonan, nunca menos, decía mi mamá, cortadas en cubos y rebanadas,
zumo de tomates, las cáscaras, las pieles, los cueros, las semillas, los
desechos que se desparraman por la cocina. En verdad, los demás detalles del
hogar son piedras cobardes escondidas bajo el agua. Cómo debe verse cada cual,
cómo ha de comportarse cada cual, qué ha de decir y qué no, en qué tono. El
tono es motivo indiscutido de escándalos. Se molesta cuando arrastras mi
nombre... No me hables con displicencia. No grites, pero si estás chillando…
Las preguntas también pueden
ser molestas, escuchas lo que dices, no somos idiotas, ten un poco de respeto y
etcétera, etcétera, hasta que se rompen platos, se golpean puertas y otros
actos no muy decorosos, que quedan grabados en nuestros tiernos corazones.
A Liudmila le toma meses
entender si somos o no almas gemelas. No define cómo vamos a contactar, aunque
es casi seguro que será epistolarmente, mediante notas y cartas. Escribiremos
lo que se nos pase por la mente, ejercitaremos nuestro cerebro en expresiones
exquisitas o más simples, vamos a inventar cualidades y desventajas, vamos a
disfrutar este pensar cruzado, desde lejos. Otra cosa es enfrentar al
interlocutor en vivo, que vea cómo te tomas el café, cómo ingieres alimentos,
que caiga en medio del flujo de tu conciencia pero que no alcance tu esencia ni
siquiera después de muerto. Lo segundo es como jugar a la ruleta, entregarse a
la casualidad, un desafío a las circunstancias; aferras al tigre por la cola,
piensas que está domesticado. Él dormita, pero no se pierde ni un movimiento, observando
todo a través de los párpados entrecerrados.
Liudmila, así se presenta
ella, temblaba de amor, desencantada de sus últimos novios, optimista en cuanto
a un final feliz. El final feliz es el leitmotiv
en el que cree. Esta vez ha decidido confiar en el destino: una amiga se casó
exitosamente con un sueco, otra consiguió un suizo, le podría suceder a ella, ¿por
qué no probar suerte? Reconoce que hasta el momento le han contestado tres: dos
de Europa Oriental y un danés. Él es definitivamente gris, pesimista, tenía
experiencia con las eslavas, estaba desencantado de sus caprichos, le cansaron
sus pretensiones. No respondía preguntas, prefería hacerlas él, si le gusta la
comodidad hogareña, si le apetece visitar bares y restaurantes, si quiere tener
hijos. Qué opina acerca de bailar el tango. No había entendido si era
terriblemente celoso y dominante o si estaba sacando cuentas para engancharla
en un negocio medio turbio. La relación terminó de por sí, un día no le
contesto, y él no la buscó más. Los otros dos le tomaban el pelo, que si sabe
lo que es el amor, si no está buscando un provecho material y que llame amor a
eso. Por supuesto que no se va a casar con un perdedor, alguien que no
encuentra su lugar en ninguna parte; un hombre debe estar en condiciones de
mantener a su mujer, había dicho.
Ja, ja, ja, se reían por
escrito, pero, ¿por qué no podría ser al revés? Se imaginaba las voces, cínicas
y traviesas. Hay un número increíble de hombres en el mundo, no se trata de
casarse de inmediato, ya que, claro, no quisiera atarse sin perspectivas
ciertas. ¿Qué significa sin perspectivas?, le preguntaron ellos. Pues, que sea
maricón, o casado, que solo quiera pasarla bien conmigo, que me rompa el
corazón, que me enamore, que haga de cuenta que quiere algo serio y después
resulte ser un globo pinchado; que yo sufra sin sentido. Olvídalo.
Las almas gemelas no se
encuentran así como así, puedes recorrer medio mundo, buscarlas con una
lámpara, como Diógenes, basta con que estés en estado de aguantarlo, de
soportar sus rarezas. Pues cada persona es rara a los ojos de demás.
Lo importante es que no te
importe un bledo, y que tengas buen sexo, de calidad. ¿Qué es el sexo sin alma?
Yo busco un alma, lo sé, en alguna parte me espera mi media naranja, estoy
convencida, un día nos descubriremos. Soñadora, sensible y sentimental, tierna
y suprema, capaz de entregarse por completo al amado, de desnudar los secretos
de su corazón, de regalarle los días que le quedan; lo acariciará y lo mimará;
una mujer de principio a fin, buena en el sexo, pero el sexo no puede ser la
causa única y originaria, sino solo el resultado de la fusión de las almas. Los
cuerpos siguen el curso de las almas, no hay modo de que no lo sigan, las almas
son lo fundamental, el principio que guía.
Vierte sus pensamientos, los
ordena en palabras y oraciones, guarda las anotaciones en el cajón de su
escritorio. Por ahora serán un secreto.
Conseguir alguien que sea tu
par es mucho más que tener sexo, no sé exactamente qué es, no lo he descubierto
todavía. Tal vez suceda que estés listo para aceptar las diferencias, la
personalidad del otro así como es. He escrito que conozco parejas que se amaban
de un modo increíble, que se habían casado envueltos en una devoradora pasión, que
confesaron haberse amado en un sinfín de lugares. No hay un rincón del parque
donde no lo hayamos hecho, ¿no es cierto, cariño? Luego la pasión se enfrió; el
viento se llevó las cenizas.
Me recuerdas al danés; él
expresaba pensamientos semejantes, los cuales olían a materia descompuesta, a
oscuridad. Yo quiero algo más claro, lo buscaré y lo encontraré, sé dónde.
Si no te las arreglas con la
oscuridad, apenas si podrás decir que alguien es tu par; en el ser humano
existe lo claro y lo oscuro, en un momento emerge uno, al siguiente el otro,
debes entenderlo.
De ser objeto de atención pasé
a confesor. En honor a la verdad no rechacé del todo su modo de pensar, a pesar
de que era triunfalista y por eso, un tanto blando. Buscaba sensibilidad y
fidelidad, pero por experiencia propia sé que los sensibles solo son fieles a
sí mismos, a sus propios sentidos y emociones. Son egoístas y se ofenden con
facilidad, sufren en extremo la falta de semejanzas, su ego no perdona a nadie.
Quería protegerla: ten cuidado de cómo te acercas al emotivo, cómo le dices lo
que sientes, fíjate si te va a entender, ya que no está en su ser captar a los
demás. Esto se ve después de unas cuantas copas, el examen de la hermandad,
besos y promesas, noches locas, después, mañanas sobrias, cuando te preguntas
quién es ese que está a tu lado.
Estábamos al comienzo de
nuestra relación; tomaba todo literalmente, por lo que cualquier cosa que yo
dijera le parecía una grosería, una intromisión falta de ética; era lo único
que necesitaba para ofenderse y retirarse.
Tal vez no te descorazones si
se ha ido; si has comenzado, inténtalo, bien sabes que así se dice, quién
busca, encuentra, le contesté.
Ella calló durante un tiempo,
luego escribió que no tengo dones, que no coincido con sus concepciones, ni
respecto al amor, ni a las almas gemelas, que provoco confesiones, que a
continuación me pierdo en mí mismo, que no me va a contar su vida, que apenas
si la podría entender. Se siente insegura, falta de confianza, esto complica la
comunicación. Dudo que yo sea su alma gemela.
Puede que sea gemela, que te
incite, para ahorrarte dolores, escribí.
Cuídate, amigo, encontraré a
quién busco, por ahora adiós, llámame si algún día te da por creer en el amor.
Me llamó al cabo de un año, me
casé con la persona que buscaba. Te mando fotografías, soy feliz, te deseo a ti
también la misma alegría. Era bella, joven, con una sonrisa agradable. Lo más
probable es que quisiera hacerme sentir celos. Al cabo de un año recibí una
noticia breve, todavía es feliz, solo que el sexo entre ellos dejó de ser
interesante. Le echo el ojo a los hombres a mí alrededor, les toco de memoria
ciertas partes, me fijo en sus ojos, tiemblo como una ninfómana. Debe existir
una solución a este problema, parece que estoy hechizada, dame una receta.
Me llamó después de varios
meses: salí adelante, tengo novio, no es mi alma gemela, pero la paso bien.
Le advertí, sobrevendrá una
tempestad, si no quiere divorciarse, que no pierda de vista a su marido. Acaricia
su vello a contrapelo; tiene amor propio, se siente herido con facilidad.
Eres un hombre extraño, leí.
No soy un hombre, sino una mujer, contesté. Tú nunca me lo preguntaste.
Pidió que nos viésemos. Nos
emborrachamos, compartimos todo lo referente al amor, sobre nosotros, sobre los
hombres y la vida. Discutimos el tema hasta el final. Nos hicimos
increíblemente cercanas, las confesiones nos llevaron al borde de la inconsciencia,
nos reíamos a voces de las vicisitudes de la filosofía y de las realidades del
ser, nos separamos con un sentimiento de complicidad.
Evidentemente éramos almas
gemelas. Y ambas partimos con bolsos llenos de esperanzas. ¿Y qué otra cosa
podríamos masticar, qué más podríamos ilustrar y explicar? Cuando todo está
claro, los pensamientos son una cosa, la creación: algo muy diferente.
Incluso nos besamos.
No nos volvimos a escribir.
Traducción del búlgaro: Eliza Popova


