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viernes, 14 de agosto de 2026

LA LAPICERA DE LA ABUNDANCIA (o Retrato del artista como el universo entero)

Boris Glikman

 

Parte I

—¡Toma esto, Boris! Que te sea de gran utilidad —ordena la voz retumbante. Una mano, que sostiene un brillante instrumento de escritura, se extiende hacia mí. —Tenía apenas trece años cuando la Mano de lo Alto me otorgó la Pluma de la Abundancia—. ¡Tú serás mi voz! Hablaré a través de ti con esta pluma. Serás un conducto hacia esa Otra Realidad –aquella habitada por Verdades Eternas, Preguntas Inefables, Belleza Infinita– y, a través de ti, a la humanidad se le permitirá vislumbrar este Reino Alternativo. De esta pluma brotará sin esfuerzo un flujo inagotable de Magia. Cada letra, cada palabra, cada oración que salga de ella será un pozo sin fondo de significado, un milagro de exquisitez que refulgirá con una luz celestial tan cegadora que rivalizará con la radiancia del mismísimo Sol, si no es que la superará. No podrás evitar engendrar obras incomparables e inmortales de una perfección sin límites, cada una más grande e inmaculada que la anterior. Solo serás capaz de producir creaciones sublimes, inexpresables e únicas; nada más saldrá de esta pluma.

»Cuando escribas, la magia chispeará alrededor de cada una de tus palabras, pues toda la energía del Cosmos se concentrará en ellas. Las palabras se ofrecerán para acatar todos tus mandatos, suplicando satisfacer tus deseos, ordenándose en patrones celestiales jamás vistos, contorsionándose en formas imposibles y prohibidas, de modo que la gente mirará con asombro tus escritos y se preguntará: "¿Cómo se le habrá ocurrido eso?". Palabras relucientes desfilarán a tu alrededor, compitiendo por llamar tu atención con exhibiciones de su atractivo; algunas incluso se despojarán de sus vestimentas raídas, desgastadas por milenios de uso excesivo, y se presentarán ante ti en toda su natural y radiante gloria, revelando sus secretos más íntimos, sus significados más profundos, solo para ser inmortalizadas en tus creaciones. Cuando escribas, el Universo y la Vida se postrarán ante ti, desviviéndose solo para complacerte. Será como si hubieras encontrado la forma de moldear las inmutables leyes de la física y el destino, de modo que, en lugar de ser controlado y limitado por ellas, serás tú quien las empuñe.

»Hay un precio que pagar. A cambio, renunciarás a la vida normal. Serás incapaz de sonreír, reír, amar o buscar ocupaciones humanas ordinarias. Solo podrás escribir; la escritura será tu única existencia. La pluma te atormentará, inundándote con un diluvio incesante de palabras e ideas que reclamarán cada instante de tu vida y amenazarán tu propia cordura. Sin embargo, evitar el uso de la pluma será una tortura igual de agonizante, pues te verás abrumado por la miseria, la culpa y la inquietud en cada momento que pases lejos de ella. Por lo tanto, no podrás vivir sin la pluma, no importa cuánto te agote emocional, mental, espiritual y físicamente.

»Esta pluma será la llama que iluminará los estratos más profundos de los Universos Interior y Exterior, revelando misterios aún incomprensibles para la humanidad, exponiendo verdades y panoramas jamás percibidos por la mente humana. Tus escritos capturarán y retratarán cada permutación, manifestación y aspecto de la vida; aportarán claridad e iluminación a la humanidad; revelarán la estructura interna de la existencia; ayudarán a las personas a conectar con su ser interior y a encontrar su identidad... y, sin embargo, tú permanecerás para siempre perdido, confundido, en conflicto con el mundo; aislado de la humanidad, incapaz de conectarte con otros salvo de una manera fugaz e insignificante; solo capaz de experimentar la realidad a cierta distancia; un marginado sin esperanza, un inadaptado, un paria, un engendro, un tipo raro y extravagante flotando a la deriva e indefenso a través de la existencia, una medusa en el océano de la vida.

»No solo serás incapaz de encajar en el mundo exterior, sino que tampoco estarás nunca en paz contigo mismo ni con tu mundo interior. Existirás en un estado de permanente autoenajenación, incapaz de relacionarte con tus propios pensamientos, emociones, deseos, necesidades, frustraciones y acciones, o de comprenderlos; para siempre desajustado y sin rima contigo mismo; incapaz de identificarte y tomar contacto con tu ser más íntimo, con tu propia esencia. Estarás desconectado de tu propia existencia, contemplándola eternamente desarrollarse a la distancia. Serás incapaz de sentir directamente tus propios sentimientos y solo los experimentarás como un observador externo. Siempre habrá un muro impenetrable entre tus emociones y tú; estarás distante e insensible a tu propia felicidad, tristeza, dolor, ira, necesidades y deseos...

»De esta pluma brotarán fluidos vivificantes que darán vida a una infinidad de realidades de una maravilla única; sin embargo, tú serás una mera metáfora, una cáscara vacía de una sombra, incapaz de sentirte real, concreto o auténtico. Los mundos que engendres estarán impregnados de sensación y significado, mientras que tu realidad exterior será descolorida, trivial y absurda en comparación.

»Esta pluma hablará con mil voces, provocando risas histéricas, lágrimas incontrolables, retorciendo mentes hasta convertirlas en cintas de Möbius, creando una belleza trascendental y abrumadora que detendrá a la gente de golpe, estupefacta de asombro, aunque solo haya tenido un contacto fugaz con ella; una belleza tal que anulará y volverá redundante a cualquier otra belleza previa o posterior; una belleza tan pura y absoluta que jamás podría haber sido creada por un ser finito; una belleza tan antinatural e ilimitada que no debería ser posible su existencia en este imperfecto reino físico, llevando así a la humanidad a creer que cayó por accidente de la Esfera Celestial. No obstante, serás ciego y sordo al poder único de tus creaciones, sin ver jamás su magia ni comprender la forma en que conmueven a los demás. No sentirás orgullo ni placer en tu trabajo, pues sabrás que solo eres un conducto, una mera herramienta, un apéndice de la pluma, cuya única razón de ser es moverla sobre el papel y permitirle expresarse.

»Esta pluma será el batiscafo en el que descenderás a los abismos más profundos aún no alcanzados por el hombre, y será el piolet con el que ascenderás a las cumbres más altas aún no escaladas por la humanidad. El mundo se reirá de ti, te condenará al ostracismo, te despreciará, te malinterpretará y te perseguirá por destruir sus ilusiones más preciadas y por hacerle enfrentar verdades duras, amargas y crudas, hasta ahora desconocidas, negadas o reprimidas. El mundo te acogerá, te adorará, te venerará y te alabará por ser un genio de la más alta jerarquía y por aportarle tanta alegría, belleza y sabiduría a través de tus prodigiosas creaciones. Pero tú permanecerás insensible, congelado por dentro, impasible ante el amor o el aborrecimiento.

»Te moverás únicamente dentro del reino de lo Infinito, lo Eterno, lo Universal. No sabrás cómo ser joven, pero tampoco envejecerás y te mantendrás como un hombre-niño, pues, al no participar en el mundo externo, estarás libre de sus efectos nocivos y contaminantes.

»Aunque esta es una Pluma de Cornucopia Creativa, un día se agotará y no escribirá más. Por consiguiente, escribir será la tarea más difícil y aterradora de tu existencia, pues vivirás en una inseguridad perpetua, sin saber cómo funciona la pluma ni cuándo dejará de operar.

»Si aceptas esta pluma, jamás podrás renegar de ella; nunca podrás librarte de ella.

La voz cesó.

Esperé un momento a que reanudara el habla, pero permaneció en silencio. Entonces, con un afán infantil y temerario, extendí mi mano hacia arriba para alcanzar la mano que descendía desde lo alto, sin importarme en absoluto las consecuencias de dejar que las compuertas se abrieran y me engullera una creatividad ilimitada e inagotable; desatento a aquello en lo que me estaba metiendo o a lo que podría estar sacrificando.

 

Parte II

El Escritor está sentado en su habitación, creando en su escritorio. Tiene acceso a las verdades, secretos y misterios más profundos del Universo, pero la pregunta a la que todo el mundo, desde los organismos más pequeños y simples hacia arriba, parece saber la respuesta, él no la puede resolver: "¿Por qué vivir?".

El Escritor se ve desgarrado por dos pensamientos contradictorios que ocupan su mente de forma simultánea y parecen igualmente válidos. Está seguro de ser ciego a una verdad fundamental que el resto del mundo posee, pues ¿de qué otra manera se explica que el mundo entero elija la vida sobre la muerte y tenga un propósito para su existencia, algo de lo que él es incapaz? Sin embargo, también está convencido de que es él quien posee una verdad fundamental a la que el resto del mundo está ciego, pues si estuvieran al tanto de esta verdad, no podrían vivir vidas con propósito y certeza.

El Escritor se enfrenta a una doble tarea que se ha impuesto a sí mismo y que espera que la pluma le ayude a cumplir: desentrañar el enigma de su existencia y capturar toda la realidad en una sola palabra.

El Escritor está triplemente encarcelado por su pluma, su habitación y su mente, encadenado al escritorio por sus deberes. De vez en cuando, mientras compone las historias más fantásticas y crea las realidades más insólitas, lo invaden la curiosidad y la añoranza, y echa una mirada breve y melancólica a través de la ventana hacia el mundo exterior; un mundo que bulle y palpita de vida en todas sus múltiples manifestaciones. Es una vida ordinaria, pero real, de la que nunca podrá formar parte y cuyos placeres sencillos jamás podrá disfrutar ni comprender en su significado. En otras ocasiones, alcanza a ver un fragmento del cielo visible desde su posición sentada. Pero de inmediato se siente culpable por descuidar su sagrada tarea y le da temor que la pluma deje de funcionar si no le presta toda su atención y todo su tiempo. Así pues, reanuda apresuradamente sus garabatos, letra tras letra, palabra tras palabra, oración tras oración, en sus cuadernos de la locura.

Ningún sonido externo penetra jamás en la morada del Escritor. Reina el silencio absoluto, salvo por el estribillo «Boris, vas a llevar esa pluma, vas a llevar ese dolor por mucho tiempo» que resuena alrededor, ya sea en su habitación o en su mente (no está del todo seguro de dónde).

Sin importar cuánta grandeza engendre el Escritor a través de sus creaciones, se queda vacío e insatisfecho, pues su único deseo es superar sus logros anteriores y alcanzar una cumbre más alta de perfección. Sin embargo, no importa cuánto lo intente, no puede ser más grande que sí mismo, pues ¿cómo se sobrepasa uno a sí mismo?, ¿cómo se supera un obstáculo en el camino hacia la cima si resulta que ese obstáculo es uno mismo?

De vez en cuando, el Escritor se siente sobrecogido e intimidado por el instrumento que sostiene en la mano y se asusta de sí mismo. Al fin y al cabo, ¿quién es él para empuñar semejantes poderes? ¿Qué derecho tiene a producir obras de tal belleza, impecabilidad y maravilla?

A veces, la determinación del Escritor vacila por un momento y se ve embargado por dudas fundamentales sobre lo que está haciendo. ¿Fue la bendición más grande o la maldición más grande de su vida el haber recibido la pluma? ¿Estaba siempre destinado a ser agraciado con la Pluma de la Abundancia o fue simplemente por azar del destino que la recibió él? ¿Hubo otros a quienes la Mano de lo Alto también les entregó la pluma, o fue él el único? ¿Se la ofreció a otros, pero nadie más la aceptó? Si fue el único en recibir la pluma, ¿por qué la Voz de lo Alto lo eligió a él, por encima de todos los demás, para dársela? ¿Era el candidato más adecuado? ¿Realmente merecía ser elegido para esta monumental tarea y está a la altura de ella? ¿Y si su mano no está transcribiendo las palabras de manera adecuada, correcta? ¿Y si la magia, la perfección, el poder de las revelaciones de lo Alto se pierden en el momento en que las transmuta en los bultos torpes, inmanejables y toscos de las palabras sobre el papel? ¿Y si, para no enfrentar la insustancialidad y el vacío de su propia existencia, solo se está preocupando por garabatos mediocres que nunca llegarán a nada, a pesar de lo que la Voz de lo Alto le prometió?

Por momentos, incluso duda de haber recibido en absoluto la Pluma de la Abundancia. ¿Y si ha estado engañándose a sí mismo todo este tiempo sobre poseer un vínculo directo con la Otra Realidad?

En un giro de cruel ironía, el Escritor sufre del «diluvio del escritor», que lo deja tan impotente y despojado de poder como si estuviera aquejado por el bloqueo del escritor. Es incapaz de seguirle el ritmo mental al torrente de la pluma, pues las palabras y las ideas brotan incesantemente, y no hay tiempo para distinguir si lo que crea son diamantes invaluables y únicos o simplemente paja sin valor. A pesar del diluvio, no puede evitar preguntarse, de vez en cuando, en qué se convertirá su vida cuando la pluma se agote. Sin embargo, al encontrar semejante escenario demasiado incómodo de contemplar, desecha el pensamiento rápidamente.

El Escritor está en conflicto por la inmensa disparidad entre su ser físico finito y su ser interior ilimitado. Su forma exterior limitada jamás podrá aproximarse a corresponder con la infinidad en su interior. Siente su pequeñez e insignificancia con mayor agudeza aún, pues es muy consciente del contraste entre su limitada existencia humana y el Universo con el que tiene un conducto. En consecuencia, le resulta imposible reconciliar estos dos aspectos de su ser y existe en un perpetuo estado de conflicto interno, incapaz de ponerse de acuerdo consigo mismo y con su vida.

Ocasionalmente, el Escritor considera de forma vaga poner fin a su soledad e intentar reincorporarse a la raza humana, pero se desanima rápidamente, ya que dado que ni siquiera puede tener una relación normal y estable consigo mismo, qué esperanza hay de que pueda tener relaciones normales y estables con los demás.

A veces, la pluma de la abundancia se transforma en la pena de la abundancia y el Escritor cae en un abismo sin fondo de desesperación, pensando para sí: «Después de que la Mano de lo Alto me regalara la pluma, nunca volví a ver la Mano. Dado que me eligió para ser su voz y dado que me confirió un instrumento milagroso, ¿no debería haber estado allí para mí siempre? De seguro debería cuidar de mí de forma muy especial para garantizar que nada malo le ocurra al creador de tan sublime e inmortal belleza. ¿Por qué la Mano de lo Alto me ha desamparado, junto con la pluma? Estoy completamente solo con esta terrible carga sobre mis hombros. ¿Cómo se supone que deba lidiar con la insoportable responsabilidad de que se me hayan confiado estas revelaciones de verdades profundas a las que todos los demás están ciegos?».

Sin embargo, acepta todo ese angustioso dolor como un don divino, pues sabe que solo a través del sufrimiento puro y sin diluir, sin manchar siquiera por una gota de esperanza, se puede revelar la estructura interna y subyacente de la realidad, y hacerse evidentes los tendones de la existencia.

El Escritor está tan absorto en su trabajo que no nota que la vida le pasa de largo... y luego la muerte también le pasa de largo.

No tiene tiempo para la vida ni tiene tiempo para la muerte. Ni la vida ni la muerte pudieron despertar su interés ni ponerle las manos encima, y así como él se ha olvidado por completo de la vida y de la muerte, la vida y la muerte se han olvidado por completo de él. De todos modos, el Escritor no puede morir ni vivir, pues la pluma sigue funcionando, sigue expulsando verdades eternas, preguntas inefables, belleza infinita, y por lo tanto debe seguir escribiendo, pues su compromiso con la pluma es mayor que sus compromisos con la vida y la muerte.

Transcurren años, décadas, siglos, milenios, miles de millones de años. El Sol se expande hasta convertirse en una gigante roja y luego colapsa en una enana blanca. Las estrellas son desgarradas por las fuerzas de la expansión del Universo y los propios protones se pudren en pedazos. El Cosmos empieza a apagarse, habiéndose disipado toda su energía y transformado en formas inútiles. Entonces, el tejido del espacio-tiempo se disuelve.

Aun así, el Escritor continúa escribiendo en su escritorio, que ahora flota en el vacío, separado del tiempo y del espacio. El Universo podrá haber cambiado y destruido a sí mismo, pero la Palabra aún existe inmutable. Y así, el Escritor sigue buscando esa única Palabra que sintetice y abarque toda la realidad dentro de su forma, significado y letras, así como dentro de su sonido, pues está seguro de que debe ser una palabra onomatopéyica. De vez en cuando, echa una mirada furtiva al mundo exterior, aunque allí ya no quede más que pura nada.

Con el tiempo, el Escritor olvida de qué es aquello cuyo significado está buscando. En su lugar, su búsqueda se enfoca en buscar el significado en y por sí mismo, un significado que ya no es el significado de algo, sino que es un significado puro e independiente de cualquier referente o contexto.

Pasa un lapso indefinible de tiempo, o tal vez un instante...

Habiendo resuelto las preguntas más profundas de la Vida y del Universo, el Escritor alcanza la serenidad, la satisfacción y la plenitud que siempre le habían sido esquivas. Sin embargo, una pregunta persistente, formulada por su propia existencia, sigue sin resolverse, sigue sujetando su mente con la fuerza de una tenaza. Él sigue siendo un enigma para sí mismo: el dilema de «¿Quién es él? ¿Por qué es él?» yace completamente prístino, como una cumbre intacta e inconquistable que no pudo ser escalada ni un solo tramo.

Y entonces algo lleva al Escritor a mirar de cerca, por primera vez, la pluma que le fue dada. La examina detenidamente y nota las letras azules descoloridas que forman las palabras MADE IN CHINA a un costado. Recuerdos lejanos vuelven a él en torrente: recuerdos de su madre comprando plumas en el supermercado local para el comienzo del año escolar; recuerdos de las paredes desnudas de su baño que distorsionaban su acústica, y de cómo le gustaba hablar consigo mismo allí y escuchar la voz delgada de un niño transformarse en la voz estentórea y de mando de un hombre. Recuerda estar de pie en el baño y escuchar mil millones de voces coreando su nombre, para luego darse la vuelta y ver a toda la humanidad en el espejo mirándolo, mientras su mano izquierda le pasaba la pluma a su mano derecha.

El Escritor comprende ahora que Él es el Creador. Habiendo abarcado ya el Universo con su mente, el Escritor se expande para abarcar el Universo con su cuerpo, de modo que el Universo y el Escritor se convierten en uno y el mismo: entidades idénticas que coinciden de manera precisa la una con la otra.

Con silenciosa satisfacción, el Escritor deposita lentamente la pluma y así es como el Universo (y esta historia) termina... no con una explosión ni con un gimoteo, sino con un .[1]

 

Nota del traductor:

[1] En el texto original en inglés australiano, el autor hace un juego de palabras final con la marca de puntuación «full stop» (que significa tanto «punto final» como «detención total»). Se mantiene la puntuación exacta elegida por el autor para preservar el remate visual.

Boris Glikman es escritor, poeta y filósofo. Las mayores influencias en su escritura son los sueños, Kafka, Borges y Dalí. Sus historias, poemas y artículos de no ficción han sido editados en revistas electrónicas y publicaciones impresas. Boris ha aparecido varias veces en la radio, incluyendo la radio nacional australiana, interpretando sus poemas e historias y discutiendo el significado de su trabajo. Dice: "Escribir para mí es una actividad espiritual del más alto grado. La escritura me da el conducto a un mundo que es inalcanzable por cualquier otro medio, un mundo que está poblado por Verdades Eternas, Preguntas Inefables y Belleza Infinita. Es mi esperanza que estas historias mías permitan al lector echar un vistazo a este universo".

 

 

 

martes, 30 de junio de 2026

(URO)BORIS Y YO

Boris Glikman

 

Tengo un uroboros domesticado como mascota. Lo he llamado UroBoris, un juego de palabras con su nombre común, para indicar que me pertenece y que forma parte de mí, Boris, y también debido a las numerosas afinidades, conexiones y semejanzas que compartimos.

Los uroboros guardan una semejanza superficial con las serpientes aro, pero existen algunas diferencias evidentes entre ambos, tanto en apariencia como en comportamiento. Para empezar, una serpiente aro termina soltando su cola, mientras que UroBoris mantiene siempre la cola dentro de la boca. Además, las serpientes aro son frías al tacto y tienen una textura gomosa, mientras que el cuerpo de mi uroboros es cálido y firme.

La distinción más notable entre ellos reside en los ojos. Las serpientes aro poseen ojos muertos, reptilianos, con una expresión vacía; pero UroBoris tiene ojos profundos, casi humanos, que contienen la sabiduría de eones, una sabiduría que ninguna serpiente aro podría poseer jamás.

Como ya he mencionado, UroBoris nunca suelta su cola, lo que debe significar que su boca está fusionada permanentemente con el otro extremo de su aparato digestivo. Por lo tanto, recicla y redigiere constantemente el mismo trozo de alimento; la comida recorre un circuito perpetuo desde su boca hasta el final de su tracto digestivo y de allí regresa directamente a la boca.

En consecuencia, no necesito alimentarlo en absoluto, y ahorro mucho dinero en comida para mascotas.

Obviamente, con la cola permanentemente atrapada en la boca, UroBoris no puede emitir sonido alguno, aun suponiendo que fuera capaz de hacerlo. Tal vez, si de algún modo pudiera extraerse la cola de su boca, tendría la facultad del habla y me diría las cosas más sabias y hermosas imaginables.

Sin embargo, no necesitamos palabras, pues nuestra comunicación se desarrolla en un plano más elevado y profundo que esos torpes, engorrosos y groseros bloques de palabras.

UroBoris y yo hablamos océanos enteros únicamente a través de la mirada.

Siempre estoy aprendiendo nuevos secretos y misterios cosmológicos y existenciales a través de sus ojos, incluso cuando los observo tan solo un instante.

Sus ojos me transmiten verdades inefables, trascendentes, eternas e infinitas que jamás podrían expresarse mediante palabras.

Pasamos largos períodos con las cabezas muy juntas, contemplándonos profundamente a los ojos, igual que dos amantes, olvidándonos de todo lo demás.

Si pudiera, contemplaría sus ojos para siempre y sería feliz dedicando toda mi vida a ello. Nadie podría apartarme jamás de ellos.

Mi uroboros y yo pasamos mucho tiempo juntos.

Con frecuencia saco a UroBoris a pasear; o, mejor dicho, lo hago rodar por la acera como si fuera una rueda.

Disfruta especialmente cuando lo empujo por pendientes pronunciadas y adquiere enormes velocidades en el descenso.

Al tragarse una porción mayor de su propio cuerpo, puede reducir su diámetro, y entonces puedo usarlo como un anillo exótico, una pulsera o un collar.

A veces incluso me permite hacerlo girar alrededor de la cintura como si fuera un hula-hula.

UroBoris siempre gana cuando jugamos a las escondidas, porque es capaz de tragarse por completo a sí mismo y volverse invisible.

En ocasiones envuelve todo su cuerpo alrededor del mío, y entonces ya no sé dónde termino yo y dónde comienza él.

Personas bienintencionadas y solícitas me dicen constantemente –siempre pensando en mi bienestar, por supuesto– que los uroboros no son animales auténticos, que solo son criaturas mitológicas imaginarias.

Pero no me importa en absoluto.

De hecho, me parecería perfectamente adecuado, apropiado y nada extraño que mi mascota fuera realmente una criatura mítica inexistente en el mundo real, porque yo mismo nunca me he sentido demasiado real.

A veces me pregunto quién es más real y quién está escribiendo esta historia: ¿yo o UroBoris?

A juzgar por cuánto disfruta de la vida y con qué intensidad abraza la realidad, me parece que él es el ser real, perfectamente adaptado al mundo, mientras que yo soy el imaginario, incapaz de encajar jamás.

En cualquier caso, como ya he dicho, UroBoris y yo tenemos mucho en común.

Los uroboros siempre han estado asociados al renacimiento constante, a darse vida a uno mismo y a la unión entre los mundos consciente e inconsciente, y esos son precisamente los ideales a los que aspiro en mi vida y, muy especialmente, en mi escritura.

Por ejemplo, muchos de mis relatos proceden de sueños, y al transformarlos en historias convierto lo inconsciente en consciente.

Además, cuando escribo siempre intento transmutar en palabras aquellas verdades no expresadas e inefables, aquellas que las personas no pueden o no quieren afrontar ni articular, verdades que yacen enterradas en las profundidades del inconsciente.

Y experimento un renacimiento constante, desprendiéndome siempre del antiguo yo y engendrando uno nuevo, transformando sin cesar mi carácter, mi mundo interior y mi creatividad.

Nada permanece estable o constante en mi vida.

Además, así como UroBoris está siempre tragándose la cola, yo también me trago constantemente mis sentimientos, mi orgullo, mi dolor, mi alegría y mi tristeza, sin mostrárselos a nadie, ni siquiera a mí mismo.

A veces me pregunto si le dedico demasiado tiempo a UroBoris y si está apoderándose de mi vida. ¿Y si me estoy identificando demasiado con él? ¿Podría estar apropiándose también de mi identidad, además de mi vida? Pero enseguida aparto esos pensamientos, avergonzado siquiera de pensar cosas tan horribles acerca de mi querida mascota.

Debo admitir, sin embargo, que en última instancia UroBoris escapa a toda comprensión y a todo control. Puede revelarme todos los misterios de la existencia y del universo, pero hay un misterio que jamás me revelará: el misterio de quién es realmente.

Casi no tengo control sobre los comportamientos que podría manifestar a continuación y muy rara vez consigo comprender cuál podría ser la motivación, el significado o la función de alguna de sus conductas particulares.

Tampoco sé jamás qué secretos o verdades me transmitirán sus ojos la próxima vez.

La situación resulta frustrante, pero también gratificante, porque no deja de sorprenderme y de desafiar mi mente con sus acciones y sus revelaciones.

Intentar controlar a UroBoris e intentar comprenderlo a él y a su comportamiento es como intentar controlar y comprender los sueños.

Claro que existen períodos en los que hay una comunicación y una armonía perfectas entre nosotros, pero esos períodos desaparecen en un instante, igual que un sueño.

En cierto sentido, la comparación con un sueño es muy apropiada, porque un uroboros es, después de todo –o al menos eso afirman algunos–, un ser mitológico.

Si UroBoris es realmente una criatura onírica que existe únicamente dentro del inconsciente colectivo de la humanidad, entonces es perfectamente lógico que sus costumbres y comportamientos escapen casi por completo a mi comprensión y a mi control.

Debo conformarme con la pequeña cuota de autoridad y entendimiento que poseo.

O quizá, en lugar de ser una criatura onírica, UroBoris sea simplemente un símbolo o una entidad metafórica que representa algo de mis mundos interior o exterior.

¿Y si UroBoris y yo no fuéramos más que personajes ficticios de una parábola alegórica que intenta transmitir algunas verdades esenciales y profundas acerca de la existencia y la realidad, verdades que yo mismo, por desgracia, soy incapaz de comprender?

Pero probablemente esas no sean más que especulaciones inútiles e irrelevantes que no vienen al caso.

Recuerdo haber oído en alguna parte que los uroboros son criaturas eternas que poseen un diámetro infinito, el cual solo parece finito cuando se encuentran plegados en su forma circular.

Si eso es cierto, entonces mi UroBoris debe de ser apenas un diminuto segmento de un uroboros ilimitado, y otras partes de él probablemente estén siendo cuidadas por otras personas en otros hogares, mientras que algunas porciones de su cuerpo tal vez vivan en libertad por todo el mundo.

Eso significaría también que mi UroBoris debió de tener muchos dueños antes que yo y tendrá muchos más después de mí, pasando tan solo una minúscula porción de su vida conmigo.

Si es así, quiero estar seguro de dejar una huella especial en su memoria y de que recordará toda la bondad y el amor incondicional que le he brindado.

Aunque no posea un uroboros completo durante toda su existencia, seguiría sintiéndome inmensamente agradecido y orgulloso de ser dueño de una parte infinitesimal de él durante apenas un período infinitesimal de su vida, porque me ha enseñado muchísimo.

La lección más importante que UroBoris me ha enseñado –pues ha tenido consecuencias cruciales en mi vida– consiste en cómo doblar mi cuerpo exactamente del mismo modo que él dobla el suyo, de forma que mi boca se conecte con el otro extremo de mi canal alimentario.

Al contorsionar mi cuerpo de esa manera, mi existencia ha cambiado de forma fundamental y para mejor, porque, igual que UroBoris, ya no necesito ingerir alimentos nuevos jamás.

 

¡Qué historia tan ridícula he escrito!, pensó el uroboros con frustración mientras dejaba caer la pluma de su boca sobre el escritorio.

Luego volvió a adoptar su habitual posición circular, con la cola entre los dientes, y llenó su hambriento estómago con una tibia papilla reciclada.

Debo de estar perdiendo la cabeza. Estoy escribiendo auténtica basura, creando mundos y criaturas absurdos y sin sentido. Ningún editor creerá ni aceptará una fantasía tan desmesurada sobre un supuesto animal bípedo ficticio que tiene un uroboros como mascota. De eso estoy completamente seguro.

La idea disparatada de que nosotros, los uroboros, seres infinitos, inmortales, omniscientes y depositarios de todas las verdades y misterios, podamos ser los juguetes de unas criaturas finitas que ocupan apenas un punto en el espacio y existen solo durante un instante en el tiempo...

¿Cómo podrían semejantes criaturas primitivas poseer la inteligencia y el poder suficientes para mantener a uno de nosotros como mascota?

¿Cómo podrían seres tan efímeros poseer algún conocimiento o comprensión de la existencia, del mundo y de la realidad?

Concederles cognición, intelecto e incluso existencia está más allá de toda probabilidad.

Esos seres jamás podrían existir en el mundo real.

Incluso dentro del contexto de una obra de ficción resulta demasiado inverosímil y descabellado –rozando incluso lo sacrílego– otorgarles realidad.

Para empezar, ¿qué probabilidad hay de que puedan existir animales tan extraños, dotados de apéndices torpes y aparatosos adheridos a sus torsos y sobresaliendo de ellos, destruyendo la suavidad y las líneas armoniosas de sus cuerpos?

¿Criaturas incapaces de plegarse formando el círculo perfecto y que, en cambio, pasan toda su vida adoptando una postura perpendicular, torcida e inestable?

¿Seres que, debido a su mortalidad, viven acosados incesantemente por la muerte y, por ello, son incapaces de entregarse plenamente a la vida?

¿Seres que se niegan o son incapaces de volver a comer y digerir eternamente el mismo trozo de alimento, y que por ello están condenados a dedicar toda su existencia a buscar y luchar por nuevas fuentes de sustento?

¿Cómo podría existir un mundo en el que la preocupación principal y dominante de todas las criaturas vivas consistiera en buscar comida, luchar por ella e ingerirla día tras día?

No, no puedo escribir esta historia.

Incluso podría considerarse y condenarse como políticamente incorrecta y ofensiva para los uroboros, especialmente porque pongo en duda la propia realidad de nuestra existencia, aunque solo sea dentro de un marco ficticio.

Y eso podría traerme toda clase de problemas.

Además, ni siquiera soy capaz de encontrar un buen final para esta historia.

Voy a descartarla por completo y escribir, en cambio, una historia convencional sobre una mascota.

 

BORIS Y YO

Tengo una criatura simple y finita como mascota.

La he llamado Boris, tanto porque rima con mi nombre como para indicar que me pertenece y que forma parte de mí...


Boris Glikman es escritor, poeta y filósofo. Las mayores influencias en su escritura son los sueños, Kafka, Borges y Dalí. Sus historias, poemas y artículos de no ficción han sido editados en revistas electrónicas y publicaciones impresas. Boris ha aparecido varias veces en la radio, incluyendo la radio nacional australiana, interpretando sus poemas e historias y discutiendo el significado de su trabajo. Dice: "Escribir para mí es una actividad espiritual del más alto grado. La escritura me da el conducto a un mundo que es inalcanzable por cualquier otro medio, un mundo que está poblado por Verdades Eternas, Preguntas Inefables y Belleza Infinita. Es mi esperanza que estas historias mías permitan al lector echar un vistazo a este universo".

 

 

martes, 19 de mayo de 2026

EL GRAN INTERCAMBIO

Boris Glikman

 

Después de que ocurrió el cataclismo, la gente –o más bien los seres en los que la gente se transformó– comenzó a referirse a éste como el Gran Intercambio. Cuando aquellos seres recordaban cómo había sido el mundo antes del Gran Intercambio, lo que más los impresionaba era cuán ciegos habían sido en aquellos tiempos.

Por entonces, las enseñanzas religiosas y las teorías científicas mantenían obediente a la humanidad, sometida mediante ominosas profecías de apocalipsis y armagedones en los que toda la vida sobre la Tierra, o incluso el Universo entero, llegaría a su fin. Lo que nadie había previsto era que pudieran existir calamidades mucho peores que la aniquilación universal.

El Gran Intercambio fue un proceso que hizo que los aspectos interiores y exteriores de los seres humanos intercambiaran lugares, de modo que las características emocionales, mentales y espirituales pasaron a ser externas y viceversa. Debe subrayarse que no se trató simplemente de que las características interiores intangibles se volvieran visibles; más bien, los seres interiores literalmente se convirtieron en los cuerpos físicos exteriores, mientras que los cuerpos físicos pasaron a transformarse en entidades internas invisibles.

Naturalmente, las consecuencias de este acontecimiento fueron monumentales y de gran alcance. Ya nadie podía ocultar su verdadero yo interior; este quedaba expuesto en toda su gloria y toda su vergüenza, en toda su belleza y toda su fealdad. Muchas vidas quedaron destruidas, relaciones arruinadas y carreras arrasadas, ya que las neurosis internas, ansiedades, delirios, odios, prejuicios, inseguridades y defectos de carácter de una persona quedaban revelados ante parejas, familiares, amigos, colegas y desconocidos. La propia estructura de la sociedad se vio amenazada, pues su funcionamiento fluido dependía en gran medida de que las personas reprimieran y ocultaran su verdadera naturaleza y sus sentimientos.

Después del Gran Intercambio, una gran parte de la población mundial desapareció por completo. Entre todas las teorías que intentaron explicar aquella desaparición, la más popular sostenía que las vidas superficiales y vacías llevadas por muchos habían terminado por volverlos emocional, mental y espiritualmente huecos. En consecuencia, una vez ocurrido el Gran Intercambio, aquellas personas quedaron exteriormente vacías y se volvieron invisibles.

Sin embargo, para algunos aquel giro de los acontecimientos resultó una bendición. Antes del Gran Intercambio, la apariencia física tenía una importancia primordial; las impresiones y opiniones que los demás formaban sobre uno dependían sobre todo del aspecto exterior. En las interacciones cotidianas, uno era juzgado constante e instantáneamente por su apariencia. La esencia interior, al ser imperceptible para los demás, requería mucho más tiempo y esfuerzo para ser descubierta. Pocos tenían interés o disposición para hacerlo, ya que, en aquellos tiempos vertiginosos, las personas apenas disponían de tiempo para descubrir su propio yo interior, mucho menos el de los demás.

Y así, resultaba especialmente conmovedor contemplar el orgullo y la alegría de algunos de aquellos que antes de este acontecimiento habían sido físicamente feos; aquellos que, pese a todos los desprecios y desaires que el mundo les había infligido, conservaron su dignidad y su respeto por sí mismos, sin permitir que sus almas se ensuciaran con amargura, odio hacia sí mismos o envidia. Ahora, su pureza interior resplandecía brillantemente para que todos pudieran verla y admirarla.

Por otra parte, era raro encontrar a alguien que hubiera sido extraordinariamente hermoso tanto antes como después del Gran Intercambio. Tal vez no debería haber sorprendido, pues, dada la incesante atención, admiración y favoritismo prodigados a quienes poseían gran belleza física, era inevitable que terminaran volviéndose egocéntricos e incapaces de empatía. Así, después de este cataclismo, una gran proporción de los deslumbrantemente hermosos se transformó en algunos de los seres más horrendos imaginables, con una fealdad que hacía que los demás apartaran la vista con horror y repulsión. Sin embargo, también hacia ellos existía compasión y un deseo de ayudarlos de algún modo.

Resultaba particularmente irónico que el espejo, antes la posesión más preciada de la gente hermosa, se hubiera convertido ahora en la pesadilla de su existencia: algo que debía evitarse a toda costa, para no contemplar sus nuevos seres transformados. En verdad, los espejos y otras superficies reflectantes pasaron a ser objetos detestados y aterradores para muchos en aquel mundo posterior al Intercambio. Pocos poseían el valor suficiente para verse exactamente como eran. Quizá temían enfrentarse a las verdades desnudas que sus reflejos pudieran revelar. O tal vez tenían miedo de aquello que no verían, considerando lo fácil que había sido, en el mundo anterior al Intercambio, engañarse a uno mismo creyendo poseer talentos ocultos y potenciales inexplorados, convenciéndose de que todos esos dones maravillosos supuestamente permanecían escondidos en las profundidades y sombras de la mente y el alma.

Debe mencionarse en este punto que el Gran Intercambio fue tan absoluto que sus efectos no se limitaron a la humanidad. Todos los organismos vivos, desde las bacterias hasta las ballenas, y todo lo existente entre ambos extremos, también resultaron afectados. Sin embargo, a diferencia de muchos seres humanos, ninguno de los otros organismos vivos desapareció tras este acontecimiento, resolviendo de una vez por todas la antiquísima cuestión de si únicamente el hombre poseía alma. Ahora era indiscutible que todos los microorganismos, plantas y animales también tenían un yo interior.

Además, en marcado contraste con la abundancia de fealdad presente en la humanidad posterior al Intercambio, todos ellos se transformaron en seres de una belleza sencilla pero inconfundible. De ello podía concluirse que toda criatura viva no humana, sin importar cuán repulsiva o dañina hubiera parecido a ojos de la humanidad, sin importar cuán carente pareciera de rasgos redentores, poseía un alma pura y hermosa. Por mucho sufrimiento y muerte que organismos como las bacterias de la fiebre tifoidea, los mosquitos transmisores de malaria o los piojos hubieran causado a la humanidad a lo largo de los eones, sus seres interiores brillaban todos con la misma radiación sencilla y constante.

Cómo ocurrió exactamente el Gran Intercambio y qué lo causó sigue siendo motivo de intensos debates. ¿Fue obra de Dios? ¿O acaso una etapa natural del proceso evolutivo hasta entonces desconocida? Quizá fue algo completamente distinto: un fenómeno singular y sin precedentes que ni la ciencia ni la religión podían explicar. Lo que no admite discusión es la transformación radical que aquella convulsión produjo en la Tierra, pues afectó a todas y cada una de las entidades vivientes. Ni siquiera los embriones y fetos gestándose en el interior de sus madres estuvieron a salvo de sus efectos.

Tal vez el escenario que he descrito parezca implausible y absolutamente absurdo. Sin embargo, ¿quién puede afirmar que nuestra realidad actual no sea, en verdad, una aberración temporal respecto al estado de existencia descrito anteriormente? ¿Y si solo durante este período de existencia poseemos brevemente características físicas en el exterior y rasgos emocionales, mentales y espirituales en el interior? ¿Y si, una vez en el Más Allá, existimos por toda la eternidad con nuestros seres interiores exteriorizados?

¿No es esa una razón suficientemente válida para comenzar a trabajar sobre nuestras almas, para empezar a dedicar tanto tiempo al desarrollo y perfeccionamiento de nuestros aspectos emocionales, mentales y espirituales como el que dedicamos a mejorar y embellecer nuestros cuerpos físicos? Después de todo, estos frágiles cuerpos corpóreos nos pertenecen apenas por un instante, mientras que nuestros seres interiores podrían vivir para siempre.

Los dejo reflexionando sobre estas cuestiones. Y si deciden descartar mis sugerencias como un absurdo sin sentido, volvamos a reunirnos para hablar de ellas cuando ambos habitemos el Más Allá. Entonces les diré, sin el menor rastro de suficiencia o regocijo malicioso en mi voz:

—Se los dije.

Boris Glikman es escritor, poeta y filósofo. Las mayores influencias en su escritura son los sueños, Kafka, Borges y Dalí. Sus historias, poemas y artículos de no ficción han sido editados en revistas electrónicas y publicaciones impresas. Boris ha aparecido varias veces en la radio, incluyendo la radio nacional australiana, interpretando sus poemas e historias y discutiendo el significado de su trabajo. Dice: "Escribir para mí es una actividad espiritual del más alto grado. La escritura me da el conducto a un mundo que es inalcanzable por cualquier otro medio, un mundo que está poblado por Verdades Eternas, Preguntas Inefables y Belleza Infinita. Es mi esperanza que estas historias mías permitan al lector echar un vistazo a este universo".

 

martes, 21 de abril de 2026

UN VIAJE EN TREN

Boris Glikman

  

Vivo en un tren. Tengo comida, calor, un lugar para dormir.

Estoy seguro de que soy su único ocupante, porque si hubiera alguien más en él, ya lo sabría, ya que he vivido en este tren toda mi vida.

El tren me lleva, no sé a dónde. No sólo desconozco su destino, sino que también desconozco qué ruta está tomando para llegar a la terminal o si, de hecho, hay un punto final en su viaje. En ocasiones, se detiene por completo o incluso comienza a retroceder, pero nunca puedo bajar porque todas las salidas están bien selladas.

Sólo puedo percibir el mundo exterior tal como aparece a través de las ventanas del tren. No sé cuán veraces son mis percepciones, pues puede ser que las ventanas estén hechas de vidrio que distorsiona. A menudo me pregunto cómo sería experimentar la vida directamente.

En épocas anteriores me preguntaba si es posible sobrevivir fuera del tren, al menos temporalmente, o si es posible vivir la propia vida completamente separada de él, y si es así, si la vida en el mundo exterior sería realmente mejor. Apreciaba la esperanza de que el tren contuviera algo que me ayudara a escapar de este pesado casco de metal y a separar mi existencia de su curso. Busqué exhaustivamente un botón que abriera todas las puertas simultáneamente o una palanca que me permitiera abrir una ventana. Sin embargo, no me atrevía a pasar por todos los vagones y compartimentos, en parte por miedo a no encontrar nada útil y a que todas mis esperanzas se desvanezcan.

A veces me parece que me he fusionado con el tren, que mi cuerpo se ha convertido en una pequeña parte de la estructura metálica del tren y que ya no es posible decir dónde termina y dónde comienza el tren. Otras veces, una sensación completamente opuesta se apodera de mí y siento que el tren está vacío y se mueve por sí solo, mientras que yo no estoy ni dentro ni fuera de él, porque simplemente ya no existo. Ocasionalmente, ambas ideas contradictorias de alguna manera ocupan mi mente simultáneamente.

De vez en cuando veo pasar otros trenes cerca y veo a sus habitantes solitarios. Mi tren podría correr paralelo al de ellos por una corta distancia, pero luego las vías se separan. Intento desesperadamente establecer contacto, presionando mis manos con fuerza contra la ventana para proveerme al menos de una apariencia de conexión humana. Pero nunca hay ninguna respuesta de los ocupantes de los otros trenes: o no me ven, o bien me ven, pero eligen ignorarme.

Rostros extraños, desconocidos, están en estos trenes, rostros que nunca he visto antes y nunca volveré a ver; mi existencia aparece como sin sentido, insignificante y desconocida para ellos como la de ellos lo es para mí. ¿Quiénes son? ¿Por qué lo son? ¿Para qué viven? ¿Adónde se dirigen? ¿Cuáles son sus aspiraciones, sueños, esperanzas, miedos, ansiedades? No tengo forma de averiguarlo. Me doy cuenta de que estoy destinado a estar solo para siempre, porque todos nos cruzamos momentáneamente y luego continuamos por nuestros caminos divergentes. A todo lo que podría aspirar es a un contacto fugaz y sin sentido con otro ser.

 

¿Quién conduce mi tren? ¿Tiene un conductor? ¿Tiene algún propósito su viaje? ¿Se está moviendo por su propia voluntad y eligiendo su propio camino a través de la tierra o su viaje ha sido planeado previamente por alguna mano desconocida? ¿Tengo algún control o influencia sobre su ruta, sobre su punto de destino? ¿Existe un Maestro Planificador que organiza los horarios y las rutas de cada tren? ¿Me estará esperando este Maestro Planificador cuando mi tren llegue a la Estación Terminal y me explicará entonces el propósito de mi viaje y por qué mi viaje tomó esta ruta en particular?

Estas son las preguntas que me hago, las respuestas que todavía estoy buscando.

Con el tiempo, llego a aceptar que mi existencia esté atada al tren. Anhelo cada vez menos experimentar el mundo exterior; saber a qué sabe el aire, a qué se parecen los colores de ahí fuera. El deseo de abandonar el tren no parece ser menos absurdo y antinatural que la idea de un feto que intenta abrirse paso por el mundo, un aborto espontáneo andante. La vida en el exterior sería tan precaria y desordenada, sin protección de los elementos y otros caprichos del destino... El tren me proporciona una sólida protección, me lleva hacia adelante, le da un itinerario a mi existencia.

Puede que haya cosas en los compartimentos inexplorados que hagan mi viaje más significativo y gratificante, cosas que me permitan crecer como persona. Quién sabe, quizás herramientas y tesoros, colocados allí especialmente para mí, me estén esperando.

Pero arrullado por el ritmo del tren sobre las vías, permanezco en mi asiento durante horas, días, semanas, años y años. Miro por la ventana y veo pasar el mundo, sin moverme, de hecho tengo miedo de moverme, así que me he acostumbrado a ver las cosas desde este punto de vista. A veces me imagino que puedo influir en el rumbo y destino del tren con sólo desearlo.

Una vez, de repente, las puertas de mi vagón se abrieron de par en par por sí solas. Me quedé parado frente a las puertas sin sellar, asustado e inseguro de qué hacer. Con gran temor extendí la mano hacia el aire fresco, pero la retiré justo antes de que cruzara el umbral entre el tren y el mundo exterior, como quien instintivamente retira la mano de una llama. Rápidamente cerré las puertas con todas mis fuerzas, pues probablemente se habían abierto debido a una avería en la maquinaria del tren, y luego volví a mi asiento.

A medida que envejezco, el tren viaja cada vez más rápido, de modo que cada vez es más difícil ver el paisaje desde la ventana y cada vez más difícil registrar lo que está sucediendo en el exterior.

Hace algún tiempo, mi tren descarriló, probablemente por exceso de velocidad, y ahora está atascado en un surco que él mismo provocó, junto a las vías. Miro con nostalgia por la ventana los otros trenes que pasan a toda velocidad, dejándome muy atrás. Quizás algún día alguien me vea varado y sienta la suficiente compasión como para detenerse y ayudar a que mi tren vuelva a la vía. Hasta entonces, no puedo hacer más que sentarme, esperar y tener esperanza. Por muy abatido, derrotado y desencantado que me sienta, me niego a abandonar mi sueño de que un salvador vendrá a rescatarme de este callejón sin salida.

Boris Glikman es escritor, poeta y filósofo. Las mayores influencias en su escritura son los sueños, Kafka, Borges y Dalí. Sus historias, poemas y artículos de no ficción han sido editados en revistas electrónicas y publicaciones impresas. Boris ha aparecido varias veces en la radio, incluyendo la radio nacional australiana, interpretando sus poemas e historias y discutiendo el significado de su trabajo. Dice: "Escribir para mí es una actividad espiritual del más alto grado. La escritura me da el conducto a un mundo que es inalcanzable por cualquier otro medio, un mundo que está poblado por Verdades Eternas, Preguntas Inefables y Belleza Infinita. Es mi esperanza que estas historias mías permitan al lector echar un vistazo a este universo".

domingo, 8 de marzo de 2026

LA CLARIDAD Y LA IMPENETRABILIDAD

Boris Glikman

 

Mis compañeros y yo nos damos cuenta de pronto de que en realidad estamos en el mundo de los muertos.

Caminamos hacia un mercado al aire libre que tiene muchos puestos diferentes y vemos un titular de periódico sobre un muchacho del Titanic que cuenta cómo fue hundirse. Ese mismo periódico también publica cartas de animales atropellados que relatan sus experiencias en los últimos momentos de vida y en los primeros instantes de la muerte.

Voy primero al puesto de CD. Vende música que los músicos han compuesto después de morir. Me entusiasma especialmente encontrar los nuevos álbumes póstumos de John Lennon y Jimi Hendrix. También compro las sinfonías 11 y 12 de Beethoven, la Sinfonía n.º 200 de Haydn y la versión completa del Réquiem de Mozart. El pobre Mozart nunca logró terminarlo en vida, pero, afortunadamente, en este mundo de los muertos ha tenido tiempo de sobra para trabajar en él.

Por desgracia, la parte nueva que ha creado en el Mundo Claro ya no posee la grandeza trágica ni el pathos de la obra original. La música es ahora alegre y ligera, incluso con matices cómicos, porque Mozart ha comprendido que los réquiems no deberían ser obras de duelo y tristeza, sino de felicidad, celebrando la dichosa ocasión de haber alcanzado por fin la existencia perfecta.

Junto al puesto de CD hay un puesto de libros. Hojeo libros que cuentan las experiencias de las personas muertas: cómo encontraron su final, qué sintieron al morir y cómo ha sido su existencia desde entonces.

Quienes temían que la muerte pusiera fin a sus odios y conflictos personales pueden tranquilizarse: en este mundo podrán reanudar, con energías renovadas y con el beneficio de un tiempo ilimitado, todas sus antiguas enemistades y disputas.

En efecto, muchas guerras que en el mundo de los vivos se consideran terminadas con tratados de paz siguen librándose aquí con toda su fuerza y con una ferocidad intacta, con soldados caídos que recogen sus armas y retoman sus formaciones.

La Guerra de los Cien Años se ha convertido ahora en la Guerra de los Seiscientos Años, y la Primera y la Segunda Guerra Mundial se han fusionado en un solo conflicto, con el káiser Guillermo II y Hitler asumiendo conjuntamente la dirección de las fuerzas armadas alemanas y con los Aliados comandados por líderes de ambas guerras mundiales. Japón se encuentra en un profundo dilema, sin saber qué bando elegir, pues luchó con los Aliados en la Primera Guerra Mundial y con el Eje en la Segunda.

Hay toda una sección paranormal dedicada a temas esotéricos y místicos como las Experiencias Cercanas a la Vida (ECV) y el contacto con el mundo de los vivos, que aquí recibe el nombre de «La Impenetrabilidad», debido a su característica de estar compuesto de una sustancia densa y a su naturaleza críptica.

Como las propiedades del mundo de los muertos son exactamente opuestas a las de «La Impenetrabilidad», sus habitantes lo llaman «El Mundo Claro» o «La Claridad», y se refieren a sí mismos como los seres claros.

Tomo un libro que trata el fenómeno de las ECV. Describe cómo, durante una experiencia cercana a la vida, se tiene la sensación de desplazarse por un túnel, alejándose de una luz deslumbrantemente brillante y cálida hacia la oscuridad, acompañado de intensos sentimientos de agitación, ansiedad y confusión.

Por consiguiente, la gente del Mundo Claro teme las ECV y hace todo lo posible por evitar exponerse a circunstancias que puedan obligarlos a abandonar La Claridad y regresar al mundo de La Impenetrabilidad.

De hecho, el temor a las ECV es tan grande y omnipresente en el Mundo Claro que se considera un deber cívico imperativo de todo ciudadano ayudar a aquellos seres que estén experimentando o corran el peligro de experimentar una ECV. Todos los ciudadanos deben aprender a reconocer sus síntomas y señales, así como los procedimientos de primeros auxilios para impedir que un ser claro regrese a La Impenetrabilidad.

A veces, ciudadanos demasiado entusiastas interpretan los síntomas de una ECV con excesiva literalidad y uno puede ver a una persona –cuyas protestas son ignoradas– siendo arrastrada por las piernas fuera de un túnel, por si acaso ese desdichado estuviera experimentando una ECV.

Otro libro trata sobre la estructura social y la vida cotidiana de los seres claros. Resulta que el epitafio «R.I.P.» que los familiares afligidos colocan en las lápidas no podría ser más desacertado e incongruente, pues la existencia de una persona en realidad comienza cuando muere y se convierte en un ser claro.

No, en La Claridad no hay tiempo para leer un libro, y mucho menos para descansar en paz; la vida en este mundo es demasiado rica y vibrante.

Al poseer una existencia ilimitada, los seres claros se sienten libres de muchas de las inseguridades y ansiedades que agotan la vida y que nacen de la amenaza constante de la muerte, y que atormentan a las personas de La Impenetrabilidad. El único temor que empaña la alegre existencia de los seres claros es la posibilidad de volver al mundo de los vivos. Por eso, en las guerras que aún se libran en La Claridad, el objetivo es volver vivo al enemigo.

Así surge esta situación paradójica: los seres impenetrables están atormentados por el hecho de que sus vidas deben terminar en la muerte, mientras que los seres claros están atormentados por la posibilidad de volver a la vida.

Como todas las comunidades humanas, el Mundo Claro tiene su jerarquía. A menudo se ve a un ciudadano particular rodeado de grupos histéricos –que pueden variar desde uno o dos individuos hasta cientos o miles– que lo cubren de flores y le suplican que les asigne alguna tarea para poder experimentar el éxtasis de cumplir los deseos de su ídolo.

Una visión particularmente curiosa es la de ciertos seres que no tienen ningún grupo devoto acompañándolos y, aun así, se arrojan flores a sí mismos mientras caminan por la calle.

Me desconcierta cómo esos ciudadanos alcanzaron tal fama, devoción y seguimiento fanático; por qué siempre los sigue el mismo grupo invariable de devotos y por qué algunos grupos son pequeños mientras otros cuentan con cientos y cientos de seguidores.

Al principio pensé que esos seres habían hecho una contribución excepcional al bienestar y la felicidad de la humanidad en La Impenetrabilidad, y que sus devotos eran todas las personas cuyas vidas habían sido salvadas o mejoradas por su obra. Sin embargo, mi razonamiento estaba completamente equivocado.

Dado que el factor más poderoso que anima la existencia de los seres claros es su miedo y su odio hacia La Impenetrabilidad, los ciudadanos que reciben esa celebración fanática son aquellos que en La Impenetrabilidad eran llamados asesinos, y su grupo devoto está formado por todas sus víctimas.

Los asesinos de jóvenes seres impenetrables gozan de una estima especial por haber dado a un niño la oportunidad de participar en la gloria de la existencia en el Mundo Claro.

Entre el asesino y cada una de sus víctimas existe una relación única, íntima y profundamente amorosa. La víctima queda eternamente en deuda y devoción con su asesino por haber tenido el valor y la sabiduría de superar el ridículamente equivocado tabú contra el asesinato que existe en La Impenetrabilidad y por haberle permitido escapar de las tediosas garras del mundo de los vivos.

Como las víctimas de suicidio son sus propios asesinos, se arrojan flores a sí mismas mientras caminan, asegurándose de que los demás sepan que también poseyeron la valentía y la inteligencia necesarias para escapar del mundo de los vivos.

Los jóvenes seres claros, en particular, aman a sus asesinos con una intensidad que nunca existió ni siquiera entre ellos y sus padres en el Mundo Impenetrable. A veces su devoción incansable y sus interminables expresiones de gratitud llegan a agotar incluso al más paciente de los asesinos.

También hay libros que especulan sobre la posibilidad de que las personas existan en el mundo de la Impenetrabilidad antes de convertirse en seres claros, un mundo radicalmente diferente de La Claridad.

Según esos libros, en La Impenetrabilidad todas las personas comienzan a existir con la misma edad y forma: a la edad de cero años, como un ser diminuto e indefenso. Los habitantes de La Impenetrabilidad, al parecer, están compuestos de una materia sólida y toscamente formada que se deteriora con el tiempo. Sus cuerpos –afirma el libro– son incapaces de realizar acciones tan simples como atravesar objetos físicos, volverse invisibles a la vista o superar las tiranías de la gravedad y del tiempo para moverse libremente en las cuatro dimensiones.

La supuesta existencia de La Impenetrabilidad es un tema intensamente debatido en el Mundo Claro y ha provocado una antigua y profunda división en su población, contribuyendo directamente a grandes conflictos y catástrofes a lo largo de su historia.

Para Los Creyentes, la existencia de la Impenetrabilidad es un pilar fundamental de su visión del mundo y de enorme importancia para su bienestar espiritual y emocional. Los Creyentes sostienen firmemente que los seres humanos atraviesan un período de crecimiento y desarrollo en La Impenetrabilidad que los prepara para su verdadera existencia en el Mundo Claro. Según sus textos sagrados, nuestros caracteres y destinos en La Claridad están moldeados y determinados por nuestras experiencias y nuestras vidas en La Impenetrabilidad.

Los Incrédulos rechazan cualquier afirmación de que una persona haya existido antes de La Claridad. Sostienen que está más allá del alcance del conocimiento y de la razón humanos comprender qué ocurre antes de que una persona llegue a existir en el Mundo Claro, y que, por lo tanto, todas esas discusiones no son más que palabras vacías. Según su credo, los seres claros llegan a existir en el Mundo Claro ya poseyendo todos sus atributos, habilidades e imperfecciones, y el destino de cada uno depende únicamente de sí mismo.

Una forma favorita de pasar el tiempo para los Incrédulos es burlarse sin piedad –hasta hacer llorar– de los Creyentes por su fe ciega en algún mundo imaginario, preguntándoles que señalen dónde creen que se encuentra.

En parte como respuesta a estos ataques contra lo que consideran más sagrado, una proporción considerable de los Creyentes ha formado un movimiento escindido llamado Los Creyentes Creyentes.

Para este grupo cismático, el acto de creer se ha vuelto más importante que aquello en lo que realmente creen, es decir, la existencia de La Impenetrabilidad. En efecto, la fe se ha desvinculado de aquello en lo que se basaba originalmente, y es este estado mental puro de fe –en sí mismo– el que ahora se ha convertido en objeto de veneración y en fuente de alimento espiritual y emocional.

De hecho, la gran mayoría de los Creyentes Creyentes ya no recuerda en qué cree; solo sabe que su fe es lo que los distingue de los Incrédulos y les proporciona la identidad y la seguridad que tanto valoran.

Recientemente han aparecido signos inequívocos de un aumento de la tensión y el antagonismo entre los Creyentes y los Creyentes Creyentes. Estos últimos acusan a los primeros de socavar todo el movimiento. Según los Creyentes Creyentes, al aferrarse obstinadamente a la creencia en algún mundo hipotético de La Impenetrabilidad, los Creyentes contaminan su fe sublimemente pura con un elemento imperfecto e incierto, además de exponerse a los ataques de los Incrédulos.

Quienes han estudiado los acontecimientos pasados de este mundo y ahora observan su situación presente predicen que en eras futuras se producirán conflictos cataclísmicos como nunca se han visto aquí.

Estos conflictos ya no serán entre Incrédulos y Creyentes, sino entre Creyentes y Creyentes Creyentes, dada la vehemencia con que estos últimos proclaman que su fe no debe contaminarse con ningún elemento extraño y lo poco que saben sobre el origen mismo de esa fe.

Otro grupo escindido que ha ganado amplio reconocimiento es el de los Creyentes en Volver a Ser Claros. Este movimiento pone gran énfasis en la importancia de la Experiencia Cercana a la Vida que mencioné antes. La creciente popularidad de este movimiento es una clara señal de hasta qué punto el fenómeno de las ECV ha marcado la conciencia colectiva de la población de este mundo.

Una característica clave del movimiento es su rito de iniciación, centrado en la recreación de una ECV: experimentar el terror que provoca y los sentimientos de alivio y éxtasis que surgen al escapar de ella y volver a ser claro. De ahí el nombre del grupo, que, en nuestra antigua terminología, sería conocido como el movimiento de los muertos otra vez.

Para que la recreación sea lo más parecida posible a una ECV real, se construyen túneles muy estrechos y sin salida, con luces brillantes colocadas en sus entradas.

La parte de Entrada del rito se realiza en silencio absoluto y consiste en arrastrarse por el túnel sin mirar atrás. El director de la ceremonia decide cuándo se ha avanzado lo suficiente y se ha demostrado el valor de enfrentar a La Impenetrabilidad.

En la parte de Salida, el director ordena a un miembro que saque al que se arrastra tirándolo de las piernas, mientras los participantes que rodean el túnel lanzan gritos de júbilo. El nuevo miembro ha vuelto oficialmente a ser claro y puede llevar el título de Creyente en Volver a Ser Claro.

Algunos miembros más temerarios consideran que esta simulación no es más que una sombra de la experiencia real. Presumen de su valentía exponiéndose deliberadamente a situaciones que saben que los acercarán al borde de la vida.

Estos imprudentes seres claros describen con orgullo sus hazañas: cómo sienten que sus cuerpos adquieren una forma sólida y torpe, cómo perciben una fuerza obstinada que emana del suelo y anula su capacidad de moverse libremente, y cómo experimentan una intensísima sensación de fatalidad inminente.

Me canso de leer todo ese material esotérico y continúo mi paseo por el mercado.

Hay puestos de flores que venden flores marchitas, puestos de fruta que venden fruta seca y podrida, pero por lo demás todo es exactamente igual que en el mundo de los vivos.

De pronto me golpea una idea asombrosa. Veo con claridad una forma de resolver los interminables conflictos entre las facciones y de volver a unir este mundo. Ahora se convierte en mi deber y en mi misión difundir mi solución revolucionaria, capaz de cambiar el mundo, entre toda la población de La Claridad.

Reúno a mi alrededor mi primer grupo de discípulos y les transmito mi Evangelio de los Dos Mundos Son Uno:

—Dado que no hay diferencias entre el mundo de los muertos y el mundo de los vivos, excepto en los nombres con que los designamos, ¿cómo podemos demostrar que este no es en realidad el verdadero mundo de los vivos? Y si ni siquiera podemos recordar ninguna diferencia entre este mundo y el mundo real, ¿cómo podemos afirmar que el mundo real existió alguna vez?

Utilizo un argumento matemático para dar a mi solución una base científica sólida.

—Supongamos que existen dos mundos: el mundo real y el mundo de los muertos. Designemos el mundo real con X y el mundo de los muertos con −X. Pero, por otro lado, ambos mundos son idénticos y, por lo tanto, debe cumplirse que X = −X. Al resolver esta ecuación obtenemos que X = 0, y si X es cero, entonces también lo es −X.

Así obtenemos este resultado absurdo: ninguno de los dos mundos existe. De ello se sigue que nuestras suposiciones iniciales eran incorrectas y que solo puede existir un único mundo.

Podemos llamarlo el mundo de los vivos o el mundo de los muertos. Es solo un nombre, y al final no hace ninguna diferencia.

Boris Glikman es escritor, poeta y filósofo. Las mayores influencias en su escritura son los sueños, Kafka, Borges y Dalí. Sus historias, poemas y artículos de no ficción han sido editados en revistas electrónicas y publicaciones impresas. Boris ha aparecido varias veces en la radio, incluyendo la radio nacional australiana, interpretando sus poemas e historias y discutiendo el significado de su trabajo. Dice: "Escribir para mí es una actividad espiritual del más alto grado. La escritura me da el conducto a un mundo que es inalcanzable por cualquier otro medio, un mundo que está poblado por Verdades Eternas, Preguntas Inefables y Belleza Infinita. Es mi esperanza que estas historias mías permitan al lector echar un vistazo a este universo".

 

INCIDENTE EN FLANDES