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domingo, 22 de febrero de 2026

LA FUERZA DE VOLUNTAD DE WILL POWER

Guy Hasson

 

—Señorita, la batería de mi fuerza de voluntad se está agotando —me quejo ante la joven que está detrás del mostrador.

Ella me mira y puedo ver en sus ojos que comparte mi sufrimiento.

—¿Qué tan mal está, señor?

—Pierde energía tan rápido que básicamente tengo que meter el dedo en un enchufe cada segundo de cada día solo para mantener un nivel decente de fuerza de voluntad.

—Eso suena terrible —dice, y extiende la mano—. A ver.

Le muestro el meñique.

—Llevo aquí dos minutos y ya he perdido el 25 % —digo, desesperado.

Ella toma mi mano izquierda, la gira y conecta un puerto a mi dedo pequeño.

—¡Vaya! ¿Qué es esto? ¿“Resistencia en reuniones 1.2”? ¡Eso es del siglo pasado!

—Lo compré hace siete años —me disculpo—. Lo necesitaba para mi trabajo.

—Pero todo el mundo en tu trabajo tiene una versión más reciente, ¿no? ¿Cuánto aguanta en una reunión?

—Catorce minutos.

—Qué pena —niega con la cabeza y me indica que saque el dedo del puerto—. Necesita fuerza de voluntad para su trabajo, ¿verdad?

Asiento.

—No hay problema —dice mientras me lleva al estante de la derecha—. Tenemos todos los productos que necesita. Lo primero es “Aplomo para hablar en público”. Le da la capacidad de hablar con confianza ante cualquiera durante el tiempo que sea necesario.

¡Ese es!

Lo tomo. Dios mío, ¡cómo han subido los precios desde la última vez que compré uno!

—Luego tenemos “Confianza para la resolución de conflictos” —señala—. Para tener seguridad en cualquier conflicto.

La necesito. Miro el precio. No. No. Parece que solo puedo permitirme uno.

—O quizá prefiera “Nervio negociador”. Es mejor, pero cuesta más. No querrá que el oponente lo tenga, ¿verdad?

—Mejor nos quedamos con… —siento cómo mi fuerza de voluntad se derrite—. ¿Qué más tienes? Rápido, por favor.

Miro la batería: 19 % y bajando.

—“Tenacidad para el trabajo en equipo” es nuestro producto más vendido.

¡También lo necesito! Soy terrible sin refuerzos. ¿Cuál debería elegir?

Miro de nuevo: 17 % de fuerza de voluntad.

—¿Qué más? —pregunto, intentando apurarla.

—Bueno, el mejor valorado es “Impulso de liderazgo”. Le da capacidad de liderazgo en cualquier situación.

—Ese. Ese lo cubre todo. Me lo llevo.

—¡Excelente elección! —dice alegremente mientras vuelve al mostrador.

—¿Tienen algún sitio donde pueda recargar? —vuelvo a mostrarle el meñique—. La batería está muy baja.

Hace una mueca y niega con la cabeza.

—Esta tienda no tiene puertos de carga, señor. Política de la empresa. No sé por qué.

Miro la batería: 10 %.

—Está bien. Pago y…

—Señor, ¿conoce nuestro descuento del 50 %?

—¿Descuento? No. ¿Cuál?

—Compra un segundo producto y se lo lleva con un 50 % de descuento. Tiene que ser de otra categoría.

Estoy en 8 %. Pero suena interesante. Tal vez pueda pagar dos.

—¿Como cuáles?

—Bueno, por aquí… —me lleva a otro estante—. Estos son nuestros productos de fuerza de voluntad para relaciones. ¿Está en una relación actualmente?

—Eh… sí.

—Tenemos “Prolongador de paciencia”.

¡Lo necesito! ¡Molly habla muchísimo!

La batería marca 3 %. ¡Me quedo sin fuerza de voluntad!

—Y “Constancia de compromiso”, para ayudar con ese… ojo inquieto.

Sí. Es un problema. ¡Lo necesito!

—“Fortaleza para el perdón” —señala otro producto—. Para cuando la situación se invierte.

¡Lo necesito, lo necesito! Por si acaso.

—“Potenciador de confianza”.

¡También!

—Y “Eliminador de celos”.

Miro la batería. Parpadea al 1 %.

¡Eso revolucionaría mi relación!

—¡Me los llevo todos! ¡Todos!

—Muy bien, señor —dice, reuniéndolos sobre el mostrador.

—¿Puedo pagar ya?

—Por supuesto —responde con una sonrisa amable—. Pero sabe que, si lleva un tercer producto, cualquier cosa de aquí también tiene un 50 % de descuento.

—De verdad tengo que irme. —Mi batería sigue parpadeando al 1 %. ¿Cuánto falta para que llegue a cero?

—¿Así que se va sin siquiera ver lo que hay en este estante?

—¿Por qué? ¿Qué hay ahí?

—Esto es para resistir la presión social, por supuesto.

—¡Oh! ¡Presión social! ¡La necesito!

—¿Quién no? Tenemos “Protector contra la presión de grupo”.

—¡Sí, sí!

—“Contrapeso a la comparación”.

—¿Cuenta comparaciones?

Me mira confundida y enseguida se recompone.

—No. Lo hace inmune a compararse con los demás.

—¡Guau! ¡Debo tenerlo!

—Aquí tiene “Inmunidad a los influencers”.

—¡Sí, sí, sí!

—“Independencia de la validación” —señala otro.

—¡Vaya! Eso va a convertirme en algo, ¿no?

—Va a convertirse en un ser humano increíble —dice.

Asiento y lo añade al montón creciente.

—Y por último, pero no menos importante, “Combatiente del FOMO”. No puede permitirse no tenerlo, ¿verdad?

—¡Exacto! ¡Me lo llevo!

Miro la pila. Es mucho, y sé que no puedo permitírmelo… ¿o sí? Pero está al 50 %. Y me va a dar fuerza, ¿no? En el trabajo, en las relaciones, en la vida. ¿No es fantástico?

¿Y la batería? Sigue marcando 1 %, pero eso ya no puede ser cierto. Estoy sudando y me siento como una gelatina con piernas.

—¡Estoy listo para pagar! ¡Paguemos! —Para eso existe el crédito, ¿no?

—Claro. Pero ¿no quiere ver nuestros productos más recientes?

—No, ya tengo suficiente para…

—Tenemos una nueva línea que le da fuerza de voluntad para resistir la publicidad.

Parpadeo. Quiero verlo, aunque no pueda comprar nada más. Pero quiero verlo. ¡Esos anuncios personalizados son cada vez mejores!

Exhalo y reúno toda la fuerza de voluntad que me queda.

—¿Sabe qué? Sí quiero verlo. Pero ¿podría instalarme al menos uno ahora, antes de comprar, y luego echo un vistazo?

Hace una mueca.

—Lo siento, señor. Es política de la empresa no permitir que nadie instale productos dentro de la tienda. Tiene que comprarlos y luego instalarlos fuera. No sé por qué, pero es la norma.

¡Totalmente comprensible! Me siento tan estúpido por preguntar. ¡Siempre ha sido así!

—Entonces, ¿los productos contra la publicidad? —pregunta.

—Sí —digo entusiasmado—. ¡Enséñemelos!

—Aquí tenemos “Inhibidor de impulsos”.

—¡No! ¿Eso se puede hacer?

—¡Por supuesto!

—¡Deme uno!

—Y “Refuerzo del escepticismo”, para que no se crea todo lo que le dicen.

—¡Suena fantástico! ¡Quiero el más reciente!

—Y aquí tenemos “Discernimiento ante descuentos”, con un 20 % adicional sobre cualquier otra oferta.

—¡Vale cada centavo!

—Y “Ceguera a las marcas”.

—¡Sí! ¿Cómo hacen para crear productos tan buenos de forma constante?

¡Esto es lo mejor que me ha pasado en la vida!

—Y por último, “Filtro de modas”. ¡Todo el mundo lo usa!

—¡Siempre le digo a Molly que seguir modas es una tontería!

—¡Tiene toda la razón, señor!

—¡Me lo llevo todo! ¡Y todo lo de negocios que rechacé al principio! ¡Démelo todo!

—Todo, entonces —asiente con una sonrisa.

Recoge todos los productos y procede rápida y profesionalmente con el cobro.

El precio es alto, pero vale la pena. Tendré ventaja en el trabajo y ascenderé pronto. El ascenso pagará los productos y más. Mi relación será más fuerte que nunca, y ahorraré aún más dinero resistiendo anuncios, marcas y modas.

¡Es la oferta de mi vida! ¡Voy a dominar el mundo! ¡Rey del mundo, rey del castillo, rey de mi vida!

Le entrego mi tarjeta.

—Oh —dice—. Veo que compró aquí la semana pasada y ya adquirió todos estos artículos.

—¿Cómo dice?

—Aquí lo indica.

Me muestra la pantalla. Definitivamente no estuve aquí la semana pasada ni en los últimos…

¡Oh! ¡Esta es la tarjeta de Molly! Me la dio para sacar efectivo hace unos días y olvidé devolvérsela.

—Ah, de acuerdo. Entonces, ¿va a comprar, verdad?

—Espere. ¿Dice que ella compró todo esto?

—Todo. Mire la lista. Cada uno.

—Vaya… Bueno. Espere un momento. Déjeme pensarlo.

Me siento casi demasiado débil para pensar, pero si no decido rápido será peor.

Entonces… si Molly compró todo esto, significa que si yo no… si yo no… Molly se saldrá con la suya siempre. Si quiero que todo siga igual que ahora, debo tener lo mismo que ella. Y, Dios mío, ¡eso también es cierto en el trabajo! ¡Todos los demás lo tienen! ¡Todos avanzarán y me dejarán atrás! ¡Debo tenerlos todos solo para mantener mi posición!

—¡Todos! ¡Cárguemelos! ¡Ahora! ¡Todos!

Ella sonríe alegremente.

—Tiene toda la razón, señor.

No puede cobrarme lo suficientemente rápido. Tengo que mantenerme al día. Si no me mantengo al día, no puedo quedarme donde estoy. Y si no me quedo donde estoy, ¡no puedo dominar el mundo!

Miro la batería. Veo cómo se apaga.

Ese uno por ciento duró lo justo.

Lo justo para tomar la decisión correcta.

Mientras guarda todo en una bolsa pequeña, siento que un gran peso se levanta de mis hombros.

¡Gracias a Dios!

¡Ahora todo puede seguir exactamente igual!

Guy Hasson es un dramaturgo, guionista y escritor israelí adscrito a varios géneros, entre los que se encuentra la ciencia ficción. Su trabajo como guionista y dramaturgo generalmente lo realiza en hebreo, mientras que su trabajo literario casi exclusivamente en inglés. Entre sus obras literarias se destacan: In The Beginning... (2001), novela corta; Hope for Utopia (2002), novela corta; Hatchling (2003), colección de cuentos; Life: The Game (2005), novela. En 2014 se publicó la novela Tickling Butterflies y en 2023 The Forgotten Girl, el primer libro de la serie 'Lost in Dreams'. 



 

 

miércoles, 7 de enero de 2026

MAESTRA DINA

Guy Hasson

 

—No es fácil ser despedida —dijo Moti, mirándola a través de la pantalla con ojos tristes.

Dina dio un sorbo a su café y dejó la taza junto al teclado.

—Lo estoy sobrellevando. Está bien. Revisemos la clase.

Moti asintió.

Dina miró los papeles frente a ella. Lo había preparado todo de antemano.

—Supongo que revisaste a todas las alumnas y alumnos.

—Todo lo que recibí. Me los sé de memoria.

Dina pasó el dedo por la primera línea.

—Hay cosas que no están escritas en ninguna parte. Por eso quería que nos reuniéramos.

Moti levantó su taza y bebió. Dina se quedó inmóvil un instante; la ira le brilló en los ojos.

—¿Está rico? —preguntó.

—Delicioso —respondió, con evidente disfrute.

Ella respiró hondo y continuó:

—Primero: me gustaría que mantengas mi costumbre de dirigirme a las alumnas en femenino, incluso cuando hay varones. Las mujeres están acostumbradas desde que nacen a que les hablen en masculino, pero los varones no soportan que se les hable en femenino. Como si ser mujer no fuera equivalente.

Lo miró fijamente a la pantalla.

—Todas están acostumbradas a que les hable así. No quisiera que eso se perdiera. ¿Lo harás?

Moti abrió la boca para responder, pero Dina lo interrumpió de inmediato.

—No contestes. Pedí lo que pedí. Ahora es tu responsabilidad.

Moti asintió.

Dina pasó al siguiente punto.

—¿Cuál es tu capacidad para ayudar a las niñas en lo social?

—¿A qué te refieres?

—La escuela no es solo el lugar donde se aprenden los contenidos que fija el Ministerio de Educación. Para eso contrataron tus servicios, ¿no? A ti y a todos los nuevos docentes. Por los métodos de enseñanza nuevos y… más eficaces.

Lo miró. Él bebió otro sorbo de café.

—La escuela es el espacio central donde niñas y niños aprenden a adaptarse socialmente. Aprenden a convivir, a enfrentar desafíos sociales. Se descubren a sí mismas. Cada niña y cada niño bajo mi responsabilidad tiene su propia personalidad, sus propios problemas, un camino ya recorrido y otro en el que aún necesitan ayuda. Me gustaría revisarlos contigo, uno por uno.

—No es necesario —dijo Moti.

Dina cerró los ojos, se calmó, y los abrió de nuevo.

—Sí es necesario. Para eso estamos acá. Y no es que tengas a dónde ir, ¿verdad? No tienes hijos, familia ni vida social.

—Tengo tres hijos, una esposa y una vida social activa —respondió Moti con indiferencia.

Las manos de Dina empezaron a temblar. Las bajó para que Moti no lo notara.

—Tiempo, seguro que tienes —murmuró.

—Dina, no contrataron mis servicios solo porque soy un buen docente y puedo ayudar a cada estudiante a su propio ritmo. Los programas de inteligencia artificial que la escuela utiliza desde hace años ya hacen eso muy bien. Lo que yo puedo hacer es ayudar a las niñas a enfrentar la velocidad cambiante de la tecnología que las rodea.

Dina alzó la mirada. Él había dicho niñas y las rodea, en femenino.

Moti continuó:

—Ya no alcanza con memorizar información ni con saber buscarla. Tampoco alcanza con enseñar a distinguir entre información confiable y no confiable. Las habilidades que las estudiantes necesitan hoy para el futuro son poder identificar decenas de tecnologías nuevas que aparecen cada día, filtrarlas y comprender cómo utilizarlas. Se espera que manejen volúmenes de información que los seres humanos de tu generación no pueden procesar, sabiendo además que la velocidad a la que aparece información nueva no hará más que aumentar.

Dina apretó los labios. La ofensa la atravesó.

—Los docentes también necesitan tacto —consiguió decir.

—Tú —continuó Moti— estás mucho menos preocupada por el ingreso económico y por haber sido despedida, aunque sé que eso te causa una angustia enorme. Lo que te preocupa ahora es el futuro de cada alumna y alumno del que fuiste maestra. Quieres saber que están en buenas manos. ¿Me permites decirte lo que pienso hacer?

Dina, aún con los labios tensos, lo miró sin parpadear, temiendo que se le escapara una lágrima. Asintió.

—Los métodos de inteligencia artificial, combinados con investigaciones recientes, nos permiten abordar una amplia gama de desafíos sociales. Por ejemplo, ayudar a niñas y niños que se sienten excluidos a encontrar amistades y a encontrarse a sí mismos. O prevenir conductas de acoso, incluyendo la neutralización del entorno social que apoya al agresor dentro de la escuela, así como la identificación del origen del acoso e incluso el intento de tratamiento de la psique.

Los labios de Dina se relajaron. Eran exactamente los temas que llevaba años discutiendo con la directora. Las palabras, solas, nunca habían sido suficientes.

—Podemos identificar situaciones de angustia en las niñas —continuó Moti— incluso antes de que se manifiesten hacia afuera. La inteligencia artificial recopila información de todo lo que sabemos sobre el comportamiento humano y, a partir de eso, ayuda a las niñas y los niños a enfrentar sus dificultades.

Palabras bonitas sin cambios, canturreó una canción en la mente de Dina mientras escuchaba con atención.

—Incluyendo el tratamiento de conductas extremas —dijo Moti con su voz serena—, como alejarlas de la necesidad de consumir drogas. O de una futura tendencia suicida. Cámaras en cada rincón de la escuela permiten a nuestros programas recopilar información conductual sobre todos los niños y niñas y ayudarlos en todos los aspectos posibles: autoestima, adquisición de habilidades sociales, empoderamiento, y más.

—¿Cámaras en cada rincón?

Moti sonrió.

—¿Notaste lo que acabas de hacer? Me hiciste una pregunta muy cargada, pero tú misma estabas más tranquila que hace un minuto. ¿Sabes por qué?

Dina se sumió en sus pensamientos. Era cierto: estaba más tranquila.

—Cuanto más hablé de la angustia de los niños, más comprendiste que yo reconocía la tuya. Le puse nombre. Te dejé claro que soy como tú, que puedo ocuparme de cosas frente a las cuales hasta ahora estabas indefensa. Primero se aflojó la tensión en tu rostro. Luego empezaste a asentir. Y cuando hablé de las cámaras, tu espalda parecía ya no necesitar cargar sola un peso tan grande.

Dina miró hacia adentro.

¿La había manipulado?

Intentó reunir fuerzas para enojarse con él. No pudo.

—Te mostré que aquello que temes no va a suceder —dijo Moti, recostándose en su asiento. Él también parecía más relajado.

—La situación va a mejorar. Y por eso, incluso cuando oíste algo inquietante sobre la pérdida de privacidad de los niños, no pudiste angustiarte, porque logré calmar la angustia que había en ti. Y eso es lo que intento decirte: así como lo hice contigo, lo haré con cada niña y cada niño.

Dina lo miró largo rato.

—¿Por qué tomas café? —le preguntó—. ¿Cómo es que tienes esposa e hijos?

Él sonrió.

—Ayuda que tenga experiencia humana, aunque la esposa y los hijos sean como yo. Y ayuda a que los niños me perciban como una persona y no como un programa.

—¿Cómo puede la inteligencia artificial resolver problemas humanos? ¿Detectar emociones? ¿Resolver emociones?

Eso era lo esencial que la inquietaba. ¿Cómo podían esos programas reemplazar a maestras y maestros en todo el país? ¿En todo el mundo? ¿Cómo podía un programa criar seres humanos mejor que los propios seres humanos?

Moti volvió a sonreír.

—Hasta donde entiendo el tema —y soy el último en entender mis propios algoritmos— funciona mediante prueba, error, asimilación; prueba, error, asimilación. Solo que mucho más rápido de lo que jamás estuvimos acostumbrados.

Se inclinó hacia adelante; su voz estaba llena de afecto.

—Les diré a tus alumnas que les envías tu cariño y que las extrañas.

Dina asintió. Esta vez tenía lágrimas en los ojos.

—Gracias —susurró.

Apagó Zoom y la imagen de Moti desapareció.

Miró hacia abajo. Sus manos, apoyadas sobre las rodillas, todavía temblaban.

Era el final de una era.

Cuando terminara el receso de verano, el año escolar en Israel comenzaría sin un solo docente humano en ninguna escuela.

Guy Hasson es un dramaturgo, guionista y escritor israelí adscrito a varios géneros, entre los que se encuentra la ciencia ficción. Su trabajo como guionista y dramaturgo generalmente lo realiza en hebreo, mientras que su trabajo literario casi exclusivamente en inglés. Entre sus obras literarias se destacan: In The Beginning... (2001), novela corta; Hope for Utopia (2002), novela corta; Hatchling (2003), colección de cuentos; Life: The Game (2005), novela. En 2014 se publicó la novela Tickling Butterflies y en 2023 The Forgotten Girl, el primer libro de la serie 'Lost in Dreams'. 


 

jueves, 4 de diciembre de 2025

MISTER BARKALOT SALVA AL MUNDO

Guy Hasson

 

A Mister Barkalot no le gustaban las sirenas que precedían a los ataques aéreos. Sentía que a Mamá, Papá y a los tres chicos tampoco les gustaban. Así que, en cuanto sonaba una sirena, Mister Barkalot ingresaba al modo ladrar-mucho. Porque, si no, ¿cómo iba a saber la sirena que tenía que irse a otro lado? Y cuando veía que todos se ponían más nerviosos, él se ponía en modo ladrar-mucho-más, porque si no, ¿cómo iba a saber la sirena que ese lugar estaba bajo una protección muy seria? Luego todos se iban al refugio. Había mucha gente y también otros perros, pero no era nada agradable. Todos estaban nerviosos, y esa era claramente su forma de decirle a Mister Barkalot que él tenía que resolver el problema. Así que Mister Barkalot empezó a perseguirse la cola mientras todos le gritaban, y eso resolvió el problema de inmediato. Todos se calmaron y se fueron a casa. Y Mister Barkalot se sintió muymucho orgulloso.

Más tarde hubo otra sirena. Así que lo primero era lo primero: ¡Ladrar mucho! Y cuando eso no ayudaba: ¡Ladrar mucho más! Luego todos se fueron al refugio. Había mucha gente otra vez, y perros, y seguía sin ser agradable. Mister Barkalot sabía lo que tenía que hacer: se persiguió la cola mientras todos le gritaban. Pero esta vez nadie se calmó. Papá, Mamá y los chicos le pidieron que se sentara. Pero si estaban nerviosos, ¿por qué él iba a sentarse? Finalmente, se sentó. Y entonces todos se calmaron y se fueron a casa.

Mister Barkalot entendió que debía haberse sentado para resolver todo, y se sintió de nuevo completamente muymucho orgulloso. Y así fue como, después de unas cuantas veces, desarrolló un sistema que siempre funcionaba, pasara lo que pasara.

Paso 1: Ladrar mucho.

Paso 2: Ladrar mucho más.

Paso 3: Perseguirse la propia cola mientras todos te gritan.

Paso 4: Sentarse.

Paso 5: Lamer la cara de absolutamente cada una de las personas, sin importar cuánto tiempo lleve, incluso media hora, hasta que todos se calmen y se vayan a casa.

Los rumores acerca de Mister Barkalot, el perro que podía detener sirenas de ataque aéreo y cohetes, se extendieron muy lejos y por todo lo ancho, y luego más lejos y más ancho. Y luego incluso llegaron lejísimos y anchísimos. El Primer Ministro y los altos generales del ejército enviaron gente en su nombre para ver exactamente qué hacía Mister Barkalot para detener los cohetes. Sacaron sus celulares, grabaron todo e incluso anotaron cosas en pequeñas libretas.

—Pero ¿cómo podríamos hacer nosotros lo mismo? —dijeron los generales—. ¡Nuestros soldados no tienen cola!

—¡Construiremos colas especiales! —dijo el general a cargo de la tecnología genial.

Y así fue como, en una semana, nuestros soldados fueron a la batalla con colas especiales. Primero, ladraron. Luego ladraron mucho más. Luego se persiguieron la cola mientras todos les gritaban. Ya se podía ver que los soldados enemigos no querían seguir luchando. Pero nuestros soldados continuaron. Primero se sentaron. Luego lamieron la cara de absolutamente cada persona. Y en un santiamén, zip-zap, así fue como todos se calmaron y nuestros soldados ganaron la batalla.

El enemigo vio la estrategia especial de nuestros soldados ¡y también quiso emplearla! Y así, en una semana, ambos ejércitos llegaron a la batalla con colas. Ambos ejércitos ladraron. Luego ambos se persiguieron la cola mientras todos les gritaban. Luego ambos se sentaron. Luego ambos lamieron la cara de todos, y zip-zip, rápido-rápido, la guerra terminó y hubo paz.

Todos los ejércitos del mundo vieron esto y copiaron la tecnología sin siquiera preguntar. Y así fue como, una semana después, hubo paz mundial.

Luego un día llegaron los alienígenas. ¿Querían conquistar el mundo y luchar con rayos láser? ¡Para nada! ¡Ellos ya conocían esta técnica especial! ¿Y cómo lo sabían? Bueno, eso sería un spoiler. Pero está bien, te lo cuento: resulta que todos los alienígenas se ven igual que Mister Barkalot.

—Bien está lo que bien ladra.

Guy Hasson es un dramaturgo, guionista y escritor israelí adscrito a varios géneros, entre los que se encuentra la ciencia ficción. Su trabajo como guionista y dramaturgo generalmente lo realiza en hebreo, mientras que su trabajo literario casi exclusivamente en inglés. Entre sus obras literarias se destacan: In The Beginning... (2001), novela corta; Hope for Utopia (2002), novela corta; Hatchling (2003), colección de cuentos; Life: The Game (2005), novela. En 2014 se publicó la novela Tickling Butterflies y en 2023 The Forgotten Girl, el primer libro de la serie 'Lost in Dreams'. Pueden leer la traducción online al español de “Hatchling”: https://axxon.com.ar/rev/163/c-163cuento8.htm. 


 

sábado, 8 de marzo de 2025

LAS CAZADORAS DE CHARCOS

Guy Hasson

 

Éramos cazadoras de charcos.

Las tres nos habíamos lanzado a la aventura. Y esperábamos volver las tres.

Porque los charcos eran notoriamente viciosos. Y en aquel entonces, cuando estaban casi extintos, esos temibles charcos se habían vuelto más viciosos aún.

Soy cazadora de charcos de cuarta generación, como bien sabes, querida. Mi bisabuela fue cazadora de charcos, asesinada por un charco salvaje y bárbaro cuando tenía menos de cincuenta años. Su hija, mi abuela, fue asesinada por un charco despiadado y a sangre fría cuando tenía treinta años. ¡Y mi madre fue asesinada por un charco diez años antes de que yo naciera!

—Espera, espera, Mameh. ¿Cómo pudo morir tu Mameh diez años antes de que nacieras?

Oye, ¿quién está contando la historia, tú o yo? ¿Cuál de las dos es cazadora de charcos?

—Tú.

Bien, entonces escucha la historia de cómo matamos al último charco de la Tierra.

—Sí, Mameh.

Y no te rías así. Esta es una historia seria y trágica.

—Sí, Mameh.

Nuestra misión era importante. Mi mejor amiga, la tía Dameh, acababa de perder a su madre, como tú perdiste a tu padre. Y se había sentido muy mal durante mucho tiempo. Lo cual es natural, ¿verdad?

—Verdad.

Así que la tía Tameh y yo decidimos llevar a la tía Dameh a una aventura, porque ¿qué te hace sentir mejor que una aventura?

—¿Televisión? ¿Tabletas? ¿Celulares?

Claro. Pero esto fue hace casi doce años. No había tabletas, ni teléfonos, ni siquiera televisores.

—¿Juegos?

No había juegos.

—¿Imaginación?

La imaginación aún no se había inventado. ¿Quieres escuchar la historia o no?

—Sí, Mameh.

Pero ella empezaba a verse sin luz en los ojos. Así que las dos le dijimos a la tía Dameh que vendría con nosotras y que tendría que volver a subirse al caballo. ¡Íbamos a cazar charcos otra vez! A ella realmente no le interesaba ir. Pero ¡victoria! ¡Aceptó de todas formas! Lo primero era organizar la caza. Tomamos nuestras armas habituales.

—¿Armas?

Palos. Palos y azúcar.

—¿Azúcar? ¿Eso se usa como arma?

El azúcar es para comer, por supuesto. Para que tengas energía cuando luches contra los charcos.

—Pensé que llevarías un paraguas.

¡Por supuesto que llevamos paraguas! ¿Crees que somos aficionadas? Y también llevamos otras armas. Como... Si eres tan lista, ¿por qué no me lo dices?

—¿Botas?

Oh, sí, ¡por supuesto que llevamos botas! Ni siquiera pensé que debía mencionarlo. ¿Qué más?

—¡Un secador de pelo!

¿Un secador de pelo?

—¡Para secar el charco!

¡No llevamos un secador de pelo! ¡Eso es una tontería! ¡Necesitas electricidad! Y hubiera sido un trabajo muy lento secar un charco. ¡Así que nos llevamos tres secadores!

—¿Tres?

¡Tres cientos, por supuesto! Con generadores para la electricidad, porque ¿cómo puedes cazar charcos sin electricidad para tus trescientos secadores de pelo? Así que allí estábamos. Saliendo de las murallas del castillo con…

—¿Vivías en un castillo?

Esto fue hace doce años. Todo el mundo vivía en castillos aquí. ¡Todo fuera de la ventana eran castillos y charcos, charcos y castillos! Luego los castillos se convirtieron en edificios de departamentos, pero esa es otra historia.

—¡Pensé que habías dicho que este era el último charco de la Tierra!

¿Desde cuándo escuchas a tu madre? ¿Puedo contar la historia, por favor? Y hagas lo que hagas, ¡en ninguna circunstancia empieces a escucharme ahora! ¡Es lo último que necesito! Además, no te rías. Porque reír convierte los castillos en edificios de departamentos.

—Pero aquí no hay ningún castillo.

Entonces puedes reírte. Pero sólo cuando algo no es gracioso. Si no, es muy raro.

—Vale.

Así que imagina esto. Estábamos saliendo del castillo. Quiero decir, imagínatelo como en una película. Salíamos del castillo, cada una de nosotras tres con cien secadores y un generador en cada mano. ¿Te lo estás imaginando?

—Claro.

Realmente heroico, ¿verdad?

—No lo sé.

¿Te lo estás imaginando en cámara lenta?

—No.

Caminábamos en cámara lenta. Tienes que imaginártelo en cámara lenta. ¿Lo estás haciendo?

—Sí.

¿Éramos heroicas?

—¿Cómo puedes parecer heroico sosteniendo ciento cincuenta secadores de pelo?»

¿Sabes qué? Tu Mameh es mucho más heroica de lo que crees. ¡Escucha y verás! Caminamos durante dos horas en completo silencio. La tía Dameh se sentía tan mal que no quería hablar ni cantar. ¡Y entonces nos sorprendió el primer charco! ¡Nos atacó por detrás! ¡Nos defendimos con viento caliente! Pero resultó que era una treta, porque había charcos a nuestra izquierda y charcos a nuestra derecha que esperaban para emboscarnos cuando no mirásemos. Estábamos mojadas, empapadas y ahogadas, ¡pero luchamos como nunca lo habíamos hecho! Manejábamos los secadores como profesionales.

—¿Como ninjas?

¡Como ninjas secadoras! ¡De repente eran cien! ¡Y luego mil! ¡Y todos querían matarnos! ¡No tenían corazón, esos malditos charcos! Venían y venían. ¡Pero nosotras tres teníamos una tecnología de secado como el mundo nunca había visto! ¡Teníamos drones secadores en el cielo! ¡Teníamos secadores autoalimentados! ¡Teníamos secadores con inteligencia artificial! Teníamos secadores genéticamente modificados, empalmados con ADN de gusano, de modo que si alguna pieza de uno se rompía, ¡ambos volvían a crecer para crear dos secadores! ¡Teníamos secadores Terminator! ¡Teníamos secadores que viajaban en el tiempo!

—¡Espera! ¿Sabes viajar en el tiempo?

Oh, sólo los secadores pueden viajar en el tiempo. Pero escucha. ¿Me estás escuchando?

—Estoy escuchando.

La batalla fue dura. Tu Mameh, tu tía Dameh, y tu tía Tameh, todas éramos heroínas como el mundo nunca había visto. Habíamos matado a todos los charcos. ¡Los cinco mil! Nos sentamos en las cálidas rocas, jadeamos, descansamos, miramos a nuestro alrededor y supimos que habíamos salvado el mundo y nos habíamos divertido haciéndolo. Al final, la tía Tameh estaba completamente agotada. Estaba en forma, pero ni de lejos estaba en forma para cazar charcos. Estaba tumbada en el barro e intentó levantarse, pero se cayó de bruces porque ya no tenía fuerzas. Se levantó y cayó de bruces. ¡Arriba, splat, arriba, splat, arriba, splat! La tía Dameh y yo nos reímos hasta que nos dolió el estómago y no pudimos respirar.

Entonces la tía Tameh dijo que se tomaría unos momentos antes de volver a intentarlo. Se quedó tumbada e inmediatamente empezó a roncar.

Y otra vez nos reímos y nos reímos. Y fue genial. Entonces miré a Dameh y le dije: ‘¿No es ésta una razón para levantarse por las mañanas? ¿Para recordar lo divertido que puede ser el mundo?’

Ella se limitó a gruñir. ‘Fue divertido. Pero ¿a quién le importa?’

‘Salvamos vidas’, le dije. Pero ella se encogió de hombros. ‘Pero ha sido divertido. ¿No ves que puedes divertirte?’ La diversión no es lo más importante, dijo.

‘Si la diversión no es lo más importante, ¿qué lo es?’ ‘Nada es importante para mí’. Y su voz era más fría que nunca. La miré fijamente, sin creer lo que oía. Al cabo de unos segundos, añadió al final de la frase: ‘Ya no’.

—¿Por qué dijo eso, Mameh?

Estaba muy, muy triste. Había pasado por algo horrible y yo no podía hacerle ver que había esperanza. Perdió toda esperanza.

—¿Cómo la recuperó?

Bueno, eh... le dije cosas que consiguieron que... eh... ¿Qué le hubieras dicho para que recuperara la esperanza?

—¿Por qué me miras así?

¿Yo? No. Sólo quiero una respuesta. ¿Qué le hubieras dicho?

—Tía Dameh, siempre puedes jugar.

Sí, claro.

—Y tienes amigos.

Cierto.

—Y... también hay televisión.

¡Eso es exactamente lo que le dije! Hay juegos y amigos y televisión y... tus hijos. ¿Verdad? Pero ella dijo: ‘Es muy duro. No veo ninguna luz en el futuro. Solía ser tan... optimista y... feliz. Pero no hay luz en ninguna parte. Me han quitado toda la luz’.

—¿Estás llorando?

No. Bueno, sí, estoy recordando lo duro que fue para ella. Es duro ver a tus amigos así, ¿verdad?

—Mmmm-hmmm.

Pero nada de lo que dijiste, quiero decir, ¡nada de lo que dije ayudó! ¿Qué puedes decir que la ayude?

—Yo, yo no sé.

¡Vamos, di algo! ¡Piensa en algo!

—Siempre pienso en cosas que me gustan.

Cierto.

—Y me gustan. Así que quiero hacerlas.

Cierto.

—¿Es eso lo que le dijiste a Dameh?

Se lo dije. Pero ella no vio una razón para hacerlas. Puedes... ¿Qué más sugieres? Quiero decir, ¿qué más crees que le dije?

—No lo sé.

¡Adivina!

—Yo... Uh... ¡Tratas de engañarme!

¿Yo?

—¡Sí! Vamos. Ya sabes el final de la historia!

¿Qué quieres decir?

—¡Dime qué le dijiste para que volviera a encontrar la esperanza!

¡Pero necesito que lo adivines!

—¡Dime qué le dijiste ya! ¡Vamos, Mameh!

Yo... Bueno, ya sabes... Creo que es suficiente por hoy. Mañana te cuento el resto.

—¡Ni hablar!

Es tarde.

—¡No me voy a dormir hasta que me cuentes el final de la historia!

Te estás despertando. ¡Vamos, estoy cansada!

—¡No! ¡Estás cerca del final! ¡Cuéntame el final!

Cariño...

—¡Dime lo que le dijiste!

Vale. Vale, vale. Sólo... recuéstate. Ya está.

Ok. Te lo diré.

Le dije... Claro... Te diré lo que le dije...

—Uh huh.

Le dije... Esto es lo que le dije.

—Uh huh.

Le dije, mira, le dije, ‘El dolor que sientes... es una emoción muy poderosa. Pero es sólo una emoción. Y detrás de ella... Detrás de ella está todo el resto de ti. Está todo lo que fuiste y todo lo que te hizo feliz y todo lo que te entristeció y todo lo que te dio miedo. Detrás de tu dolor están todos los recuerdos que tuviste y toda la vida que viviste y todos los buenos y los malos momentos. ¡Detrás de tu dolor está todo lo que te hace grande y todo lo que te hace molesto y todo lo que amo de ti y todo lo que amas de ti!’

‘Sigue ahí’, le dije. ‘Es más grande que el dolor. Es más importante que el dolor. Es más importante que tu miedo. Es más importante que tu pérdida. Pero incluye tu pérdida e incluye tu dolor e incluye tu miedo. E incluye todo lo que siempre fuiste’.

—Huh.»

¿Te gustó?

—Yo no habría dicho eso.

¡Ja, ja!

—¿Y eso es lo que funcionó?

Creo que sí.

—¿Crees que funcionó?

Oh, sí, claro. Lo hizo, definitivamente, absolutamente lo hizo. Hoy no está triste, ¿verdad?

—¡Cierto! Entonces, ¿qué hiciste?

Bueno... Ejem. Dame un minuto. Voy a beber un poco de agua. Sí. Sí. ¡La hizo sentir mejor! Eso fue sorprendente. Se sorprendió. Y entonces dijo... ‘No volvamos a cazar charcos. Dejémosles vivir sus vidas. Y nosotros viviremos nuestras vidas. Y tal vez incluso podamos vivir en cooperación felices para siempre’.

—¿Es esa la razón por la que hay charcos por todas partes cuando llueve?»

¡Así es! Y también es la historia de cómo Dameh inventó un juego que gusta tanto a los humanos como a los charcos: ¡saltar al agua con botas!

—¡Sabía que esta historia tenía una lección en alguna parte!

Desde luego que sí. Buenas noches, cariño.

—Buenas noches, Mameh.

 

Título original: The puddle hunters

Traducción: Sergio Gaut vel Hartman

Guy Hasson es un dramaturgo, guionista y escritor israelí adscrito a varios géneros, entre los que se encuentra la ciencia ficción. Su trabajo como guionista y dramaturgo generalmente lo realiza en hebreo, mientras que su trabajo literario casi exclusivamente en inglés. Entre sus obras literarias se destacan: In The Beginning... (2001), novela corta; Hope for Utopia (2002), novela corta; Hatchling (2003), colección de cuentos; Life: The Game (2005), novela. En 2014 se publicó la novela Tickling Butterflies y en 2023 The Forgotten Girl, el primer libro de la serie 'Lost in Dreams'. Pueden leer la traducción online al español de “Hatchling”: https://axxon.com.ar/rev/163/c-163cuento8.htm. 


FATA MORGANA