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jueves, 25 de diciembre de 2025

EL QUE MÁS DESPRECIES, MÁS ODIES Y MÁS TEMAS…

Yoss

 

Pisando sin inmutarse los cadáveres de las últimas defensoras asaeteadas por sus hombres, que aguardaron en el umbral, presas de un temor supersticioso, el general penetró al fin en el santuario que por tres días había resistido a su ataque. Ondeaba a sus espaldas la rica capa blanca con su emblema bordado en el centro, la gran rosa escarlata. En la mano desnuda aferraba la larga espada tinta del mismo color.

Lo recibió la única mujer aún con vida en el lugar; la suma sacerdotisa del templo, sentada en su invaluable trono de jade. Su túnica era de un verde mucho más oscuro que la sus discípulas. Tanto, que casi parecía negra.

—Tu hora ha llegado, bruja —dijo el conquistador, disfrazando de desprecio su asombro al advertir que, nívea cabellera enmarcando sus arrugados rasgos, pese a sus muchos años, la mujer resultaba extrañamente digna y hasta en cierto modo, aún hermosa—. Ni tus artilugios diabólicos, ni tu hija, ni todas tus demás fanáticas acólitas han podido contra la valentía de mis hombres. El poder de tu secta muere contigo esta noche.

—Mi hija murió intentando salvarme. A lo que llamas fanatismo lo llamo yo fidelidad; y temor a lo que nombraste valentía —dijo la anciana, mirando con tranquila calma a los ojos de su enemigo victorioso—. Y sí, reconozco que el miedo es una fuerza poderosa. También que he subestimado el gusto de los hombres por la tiranía y la ignorancia. Nunca creí que te seguirían contra quienes tanto les ayudamos, como el perro estúpido que muerde la mano que lo alimenta. Pero por lo visto temen más a tu furia de lo que amaron nuestra magia…

La precisa estocada del militar atravesó el torso de la anciana, interrumpiéndola y dejándola clavada a su trono.

—Tonterías sin sentido —gruñó el hombre—. Las cosas siempre serán como ahora —añadió, casi divertido, mientras daba la vuelta con un floreo de su espléndida capa y se alejaba con paso decidido de la vencida hechicera, aunque no sin antes recuperar su arma y limpiar la hoja en la oscura túnica.

Los ojos de la suma sacerdotisa, que no había proferido ni siquiera un gemido de dolor, siguieron su retirada.

Sólo al quedarse sola fue que el relajamiento final la hizo entreabrir los dedos que hasta entonces había mantenido fuertemente cerrados. Y de la palma de su vieja mano, amalgamados en una especie de jalea rojinegruzca, cayeron lentamente varios pelos, de diversos colores y texturas, para flotar sobre el charco de sangre que iba creciendo veloz bajo el trono, mientras los labios ancianos y agonizantes pronunciaban con inmenso esfuerzo unas pocas palabras ininteligibles.

Cuando sepas que tu fin violento es próxima e inevitable, diluye en tus lágrimas la sangre coagulada de alguien que hayas amado mucho, y a quien el enemigo que ahora te amenaza también diera antes muerte. Añade a los dos ingredientes anteriores los pelos, plumas o escamas del animal que más desprecies, del que más odies y del que más temas. Luego amásalo todo hasta lograr una pasta homogénea, y piensa en tu enemigo y una combinación de tales brutos, mientras repites tres veces la fórmula STIRPAEM TUAM DIVENTIUM ANIMALIS.

Hecho esto, sólo queda esperar a que el prepotente vencedor consume tu asesinato o ejecución. Puedes o no ofrecerle resistencia; no importa. Pero, eso sí: en la hora postrera, asegúrate de que la pasta hechizada, que entretanto habrás tenido a buen recaudo y cerca de ti para que el calor de tu cuerpo mantenga viva su potencia dañina, alcance a mezclarse con tu propia sangre mientras repites nuevamente tres veces STIRPAEM TUAM DIVENTIUM ANIMALIS.

Si dicha combinación de sustancias no tiene lugar, el sortilegio fallará sin remedio, aunque todos sus otros pasos hayan sido impecablemente ejecutados.

Y, otra advertencia: será mejor que sepas que este es un hechizo que actúa a muy, muy largo plazo… tanto que a menudo resulta imposible determinar con precisión cuándo. Por eso mismo no es un contraataque directo, sino más bien una última acción desesperada para que un ofensor tan poderoso que ya es imposible evitar que arrebate la vida al oficiante no quede sin ninguna represalia por su acto.

O, más bien que él, sus descendientes…

 

Tras desayunar opíparamente en la gran mesa bien surtida de espléndidos manjares, aunque sin ningún criado que la sirviera, el reposado viajero decidió abandonar el extraño castillo en el que había encontrado refugio de la tempestad la noche anterior. No fuera a ser que su invisible señor, que tan hospitalario se había mostrado con él sin siquiera conocerlo, transformara su amabilidad en rigor, creyendo que su huésped intentaba abusar de su bondad.

Todavía le faltaba un largo camino de regreso a casa… y si bien ya tenía los regalos que sus hijas mayores le pidieran, lo curioso es que aún no había podido encontrar algo tan hermoso y a la vez tan sencillo como para ser digno de la más pequeña y preferida de su corazón… si es que un padre puede darse el lujo de querer más a alguna de sus descendientes.

Reflexionando de tal guisa y resoplando satisfecho bajo el peso de sus alforjas repletas, el hombre atravesó los magníficos jardines del ruinoso castillo, de vuelta hacia el camino.

Los inmensos pendones de seda blanca con la rosa color rojo sangre de veinte pétalos en su centro ondearon a su paso, como despidiéndolo. Y el viajero pensó de nuevo en lo extraño que era que justo en una heredad cuyo oculto amo tenía por escudo de armas una flor, ninguna similar adornara sus por otro lado ejemplarmente bien cuidados jardines. Aunque aquel era sólo otro más de los misterios del solitario lugar.

Entonces, medio oculto a la sombra de un alto seto, lo vio; era un rosal pequeño, tanto que resultaba casi diminuto. De sus espinosas ramas sólo brotaba una rosa intensamente escarlata y de muchos pétalos, curiosamente similar a la de los pendones.

Satisfecho de haber encontrado al fin un obsequio a la altura de su hija menor, y sin pensarlo más, el mercader se inclinó sobre la flor y la arrancó.

Un tremendo rugido de rabia resonó a sus espaldas, y al instante siguiente se vio lanzado por los aires por una fuerza sobrehumana. Al caer, gimiendo adolorido, dos garras feroces se apoyaron en su pecho, inmovilizándolo, mientras un par de ardientes ojos verderojizos lo miraban muy de cerca y unas horripilantes fauces guarnecidas de largos colmillos lo escupían desde aún menor distancia, al brotar de ellas una voz que era más gruñido animal que palabras humanas.

—¡Necio ingrato! Te recibí en la noche como a un huésped ilustre; sin conocerte te di todo lo mejor de mi casa, ¿y pagas tanta bondad privándome de lo que más amaba en esta, mi miserable existencia? ¡Pues ahora vas a morir por tu acción, hombre ávido y sin sentimientos!

—¡No… piedad! ¡No era para mí! —alcanzó a balbucear el viajero, cerrando los ojos ante la horrible visión de aquel ser enorme y blasfemo en el que coexistían el toro, el perro y el gato sobre un molde vagamente humano—. ¡Por favor, noble monstruo, no me mate! ¡Tengo tres hijas! ¡La menor me pidió un regalo sencillo y hermoso… así que pensé que una flor…!

—¿Era para tu hija? —Ya alzada para el golpe final, la terrible zarpa se detuvo a medio camino, y tomó casi dulcemente la rosa recién arrancada—. Y dime… ella ¿es hermosa?

—Mu… mucho —asintió el aterrado mercader, entreviendo una débil esperanza en la dilación del engendro—. Tanto como… no; más aún que tu rosa.

—Muy bien… pues, escucha entonces, comerciante; haremos un trato. Te dejaré ir… pero a cambio de tu vida, al llegar a tu casa me enviarás por un año a tu hija… y espero por tu bien que no la hayas mirado únicamente con ojos de padre, y que sea tan Bella como dices… —gruñó, entre decidida y pensativa, la Bestia.

José Miguel Sánchez Gómez. La Habana, 1969. Licenciado en Biología por la UH, 1991. Del 2007 al 2016 fue cantante del grupo de rock Tenaz. Aficionado a la espeleología y las artes marciales. Cinturón negro en judo y kárate. Narrador, ensayista, divulgador científico y antologador. Miembro de la UNEAC desde 1994. Alumno del Primer Curso de Técnicas narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso (19981999). Ha impartido cursos de narrativa en Chile, Inglaterra, Andorra, España, Italia y Cuba. Es considerado actualmente una de las voces más renovadoras e importantes de la ciencia ficción en lengua hispana. Entre sus premios literarios más destacados; en Cuba: Juventud Técnica (1987); David (1988); Revolución y Cultura (1993); Pinos Nuevos (1995); Aquelarre (2001); Calendario (2004); La Edad de Oro (2011 y 2016) e Hydra (2022). En el extranjero: Universidad Carlos III (España, 2003); UPC (España, 2010); Julia Verlanger (Suiza, 2012) y finalista al Philip K. Dick (EUA, 2016). Sus textos han aparecido en decenas de revistas y antologías cubanas y extranjeras. Ha recopilado una decena de antologías, principalmente de ciencia ficción. Cuenta con más de 50 títulos publicados, en Cuba y el extranjero, y textos suyos han sido traducidos al inglés, francés, italiano, alemán, neerlandés, japonés, ruso, búlgaro, polaco, chino, gallego y bengalí. 

miércoles, 26 de noviembre de 2025

DIABETES MELLITUS

Yoss

 

El bizcocho viviente pasó caminando muy orondo junto a un enorme árbol. A su sombra estaba tendido un enano de canosas greñas y contrahecha giba, envuelto en harapos, que tendió débilmente hacia él una de sus manos, sucia y de nudillos hinchados por la artritis.

Sin gran esfuerzo, el hombrecito de dulce la evitó de un agilísimo salto, al tiempo que proclamaba con voz aguda y penetrante:

—¡Soy el príncipe Mazapán! ¡Me verás, pero no me comerás! ¡He burlado al panadero, al oso, al lobo y a la zorra, y me voy a correr mundo para convertirme en hombre! ¡Nada ni nadie podrá detenerme! ¡Y tú menos que menos!

—Nada más lejos de mi intención que detener a tan mágica criatura —murmuró cansina y humildemente el deforme anciano—. Pero… oh, gran príncipe Mazapán: he caminado todo el día, pidiendo limosnas y recibiendo tan sólo chanzas, insultos y golpes. Tengo sed, y hambre. Por favor ¿no ayudarías a otro camarada del camino? ¿No me dejarías al menos comerme tan sólo uno de los botones de cereza de tu librea? — imploró, incorporándose a medias sobre el nudoso báculo que tenía a su lado.

—¡Qué va! ¡Muy astuto, pero no lo suficiente para mí! —declaró a voz de cuello el muñequito viviente—. ¿Conque te gusta el dulce, enano repugnante? ¡Pues no probarás el mío, ni ahora ni nunca! ¡Quédate ahí con tu joroba!

—Creo que no —dijo el enano, con una sonrisa pícara. Y de pronto ya no pareció tan viejo ni, sobre todo, tan desvalido, al señalar al monigote de pan azucarado—. ¿Así que no probaré el dulce, criaturita engreída? ¿Y que quieres ser hombre? Pues te complaceré, queridito, aunque… ¿sabes, por casualidad, lo que es la diabetes mellitus? Me imagino que no, claro… algunos siglos demasiado pronto. Entonces, ¿tienes acaso alguna idea de cuál es mi nombre?

—¡Diabetes, nombre, bah! ¡Ni los conozco ni me interesan! —alardeó el príncipe Mazapán, saltando muy ágil sobre sus piernecitas de bizcocho bien horneado—. ¡Soy ágil y veloz, nada puedes contra mí!

—Pues peor para ti si eso crees —dijo Rumpelstiskin, torciendo su boca en una fea sonrisa, tras lo que comenzó a murmurar—: Corazón de lagarto con hígado de murciélago, sabandijas de las cuevas y monstruos del archipiélago…

 

Buena parte de la magia más espectacular está relacionada con las metamorfosis y conversiones. Y muchas ideas erróneas existen al respecto.

El vulgo cree que resulta especialmente difícil ejecutar un hechizo de transformación sobre una criatura ya mágica de por sí. Pero esta es sólo una verdad a medias; cualquier practicante de las artes taumatúrgicas, incluso el más bisoño, sabe que la carga sobrenatural de un ente puede expresarse fácilmente de otro modo, sin necesidad de cambiarla de manera radical.

Un centauro, por ejemplo, resulta menos complicado de convertir en sirena que un zorro; al fin y al cabo, de criatura híbrida a criatura híbrida, de quimera semihumana a quimera semihumana, la diferencia no es tan grande. Ambas son sólo expresiones, en apariencia muy diferentes, pero en el fondo muy similares, de un valor modular mágico concreto.

Transformar a un humano en un ser cargado de magia es, en cambio, un acto que sólo está al alcance de los más talentosos conjuradores, e incluso así requiere de sortilegios muy precisos y energéticamente costosos para el hechicero.

Pero ¿y convertir a una criatura encantada en simple humano? Paradójicamente, en algunos casos resulta casi fácil, ya que la inestabilidad inherente a toda acumulación de magia obra a favor del practicante, por inexperto que sea.

Algunos nigromantes, de hecho, han llegado a acumular gran poder de este modo, absorbiendo la fuerza mágica vital de entes encantados, sí, pero incapaces de utilizar su abundante energía de esta clase en forma activa… como son la mayoría de los centauros, sirenas y quimeras similares.

En cuanto a los seres mágicos excepcionales, todo depende de su envergadura y de la potencia del hechizo empleado para crearlos. Algunos, sobre todo los que han surgido casi espontáneamente, son muy fáciles de “desencantar”, y para lograrlo, a un taumaturgo experto le bastaría con entonar ante ellos este ensalmo:

Corazón de lagarto con hígado de murciélago

sabandijas de las cuevas y monstruos del archipiélago

te conmino a que te vuelvas lo que tanto despreciaste

y que acabes como humano la gesta que comenzaste

 

Lo más importante es pronunciarlo cuatro veces: una al derecho, y otra al revés en una lengua que hablen a la vez víctima y oficiante; la tercera en una lengua muerta y olvidada; y la última en un idioma que aún no haya sido creado.

Una vez cumplida la cuádruple recitación, el ente mágico se convertirá en hombre… o mujer, porque, dado el principio de indeterminación inseparable de toda taumaturgia, no es posible saber de antemano a qué sexo se acogerá el cuerpo en metamorfosis de la víctima.

Por lo general, estos “humanos de segunda creación” están por completo desprovistos de magia, pero también de cualquier escrúpulo o consideración moral civilizada … así que pueden convertirse en auténticos peligros para sus “semejantes” … a los que, claramente, ellos no perciben en realidad como tales.

Por suerte, es fácil distinguirlos: como secuelas de su metamorfosis, todos ellos muestran graves defectos físicos o de salud; un mago realmente hábil incluso puede, con suficiente experiencia en el uso de este conjuro, y seleccionando cuidadosamente las lenguas que empleará en su recitación, elegir casi a voluntad el padecimiento que aquejará de por vida al objeto de su transformación…

 

Los dos hambrientos huerfanitos, asombrados y olvidando toda precaución ante aquel espectáculo maravilloso que les hacía agua la boca, avanzaron sin miedo hacia la puerta entreabierta.

—Pasen, niños, pasen —dijo dulcemente la viejecita encorvada de la nariz ganchuda. Y relamiéndose ante el agrisalado aroma a carne fresca que exhalaban Hansel y Gretel, cerró a sus espaldas la puerta; una hoja maciza de aquel asqueroso chocolate que tanto daño le hacía comer.


José Miguel Sánchez Gómez. La Habana, 1969. Licenciado en Biología por la UH, 1991. Del 2007 al 2016 fue cantante del grupo de rock Tenaz. Aficionado a la espeleología y las artes marciales. Cinturón negro en judo y kárate. Narrador, ensayista, divulgador científico y antologador. Miembro de la UNEAC desde 1994. Alumno del Primer Curso de Técnicas narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso (19981999). Ha impartido cursos de narrativa en Chile, Inglaterra, Andorra, España, Italia y Cuba. Es considerado actualmente una de las voces más renovadoras e importantes de la ciencia ficción en lengua hispana. Entre sus premios literarios más destacados; en Cuba: Juventud Técnica (1987); David (1988); Revolución y Cultura (1993); Pinos Nuevos (1995); Aquelarre (2001); Calendario (2004); La Edad de Oro (2011 y 2016) e Hydra (2022). En el extranjero: Universidad Carlos III (España, 2003); UPC (España, 2010); Julia Verlanger (Suiza, 2012) y finalista al Philip K. Dick (EUA, 2016). Sus textos han aparecido en decenas de revistas y antologías cubanas y extranjeras. Ha recopilado una decena de antologías, principalmente de ciencia ficción. Cuenta con más de 50 títulos publicados, en Cuba y el extranjero, y textos suyos han sido traducidos al inglés, francés, italiano, alemán, neerlandés, japonés, ruso, búlgaro, polaco, chino, gallego y bengalí. 


TRES VENTANAS