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jueves, 1 de enero de 2026

TRES HOMBRES

Raffaele Izzo

 

Tres hombres, tres pistolas, sentados en el sofá con forma de herradura, en el centro del sofá la mesa lisa y rectangular, baja y transparente, sobre la mesa el dinero, mucho, demasiado, amontonado, desparramado, mezclado con sangre coagulada que llega hasta los pantalones, hasta las camisas de los tres, las pistolas sobre la mesa, siempre lo mismo, las manos de los tres colgando sobre el sofá, siempre lo mismo, los tres sudados y destrozados, tres tipos que pueden describirse como peligrosos, llenos de marcas de viruela, grandes y amenazantes, sus miradas son frías y malas, y una cámara que los encuadrara así, desde arriba, en tres cuartos desde la izquierda (o desde la derecha), los vería así, de un solo golpe de vista, tres hombres destinados a grandes cosas o a un final trágico, sin término medio, sin medias tintas, compromisos, pactos ni resbalones, los tres ahora hablan.

—Sabes Bill, no creo que haya sido una buena idea aceptar este trabajo, la propuesta, quiero decir, ahora estamos en la mierda hasta el cuello, o me equivoco, eh, Bill, ¿me equivoco, eh, Bill?

—No, no te equivocas. —El rostro del jefe, o del que debe ser el jefe, nuestro Bill, parece de acero; gira hacia Mike, una mano le acaricia la cabeza, la otra, la que sostiene la pistola, se endurece, piensa: Este hombre ya es peligroso, hay que eliminarlo, es mi amigo, pero hay que eliminarlo, así es, hay que eliminarlo, y gira hacia su derecha, el arma en la izquierda, levanta el arma, monta el percutor, levanta el brazo, todo un movimiento que, aunque lo describamos con tanto detalle, dura una fracción de segundo, y después el arma apuntando al rostro de Mike, el disparo, y el rostro de Mike ya no tiene las características de antes, ahora es una fría papilla de sangre y carne, la sangre ha salpicado por todas partes, da casi asco escribirlo, pero la sangre sigue brotando de la cabeza, del rostro, el rostro del otro, el de Al, es su primera vez, en este encargo especial, digo, atónito, estupefacto, perplejo, todos sinónimos para decir: Qué carajo hiciste, Bill, te volviste loco, y de inmediato el cañón gira hacia él, apunta, enfoca, pero Al es más rápido que el otro, se lanza hacia la derecha, agachado, ahora en el suelo, cuando oye el disparo, ya está cerca del televisor, que observa a los tres con estupor, logra saltar el sofá, siente el proyectil que le golpea el hombro y lo lanza hacia atrás, y entiende. Carajo, estoy jodido, o no, izquierda o derecha, luego se mira el hombro izquierdo y ve la maldita mancha de sangre que empieza a extenderse. No, no, no de esta manera de mierda, es ridículo, no es posible, pero ahora advierte el otro detalle, fundamental, aunque ya no piensa de manera coherente, vuelve a mirar el hombro y piensa: Carajo, soy zurdo, soy zurdo, y ve su mano abrirse, la pistola empieza ahora un lento movimiento rotatorio, en el sentido de las agujas del reloj, solo el dedo la retiene todavía, la pistola gira, lenta, el cañón apunta al suelo, ahora, lenta y blanda, cae sobre el sofá suave y mullido, sin hacer ruido. Carajo, piensa Al, piensa rápido, pero no llega a completar el pensamiento; para eso haría falta más tiempo, y el tiempo es el enemigo de siempre. Ahora Al gira a la derecha, luego hacia arriba, ve sobre todo a Mike, la pistola de Mike, sobre todo, y luego el fuego que sale del cañón, y oye el ruido fuerte, para él ensordecedor, repentino, mientras cae al suelo, se da vuelta e intenta escapar a cuatro patas. No es precisamente el final que los rostros de los tres prometían, no, no, no exactamente, qué decepción, huir así, eh carajo, qué decepción, el cuerpo ahora se desparrama por todas partes mientras Mike sigue disparándole hasta vaciar todo el cargador, y sigue moviéndose, cómo carajo hace. Ahora jadea de manera exagerada. Cómo puede alguien jadear así, y muérete carajo, muérete de una vez. Ahora Mike ahora lo mueve con la punta del pie, como si fuera un perro, lo mira a la cara, la cara de Al es solo sangre y dolor. Y Al lo mira de manera interrogativa, todavía consciente por una fracción de segundo, Por qué, por qué… por…

Estaba escrito en el contrato, tendrían que haberlo leído antes de firmar, Mike y Al ahora giran ambos hacia la TV. Al tiene solo un segundo, ve la TV, la sala llena de gente, la presentadora, todos mirando la gran pantalla en la sala, y se ve a sí mismo, mientras todos lo miran, y ahora entiende, entiende y muere en el mismo instante.

Ahora apago esta puta televisión de mierda y me voy a dormir, que mañana debo levantarme temprano, piensa John mientras se levanta de la silla de la cocina, agarra el control remoto y mira la última imagen, la gran inscripción final, The Criminal Reality Show, y piensa: ya no hacen los realities como antes, mierda.

Raffaele Izzo, tiene 53 años, enseña literatura en secundaria. Escribe novelas, cuentos y crítica literaria. Le apasiona la no ficción, especialmente la del siglo XX, y le interesan diversos géneros literarios, desde la vanguardia hasta la actualidad, incluyendo diversos medios como el cómic y las series de televisión. Bloguero, gestiona el grupo de Facebook "Tutto il fantastico italiano" para reunir al mayor número posible de autores italianos de ciencia ficción, fantasía y terror. Edita novelas y cuentos de forma independiente. También pinta en acrílico y digital (su obra puede verse en la página de Facebook Izzo Raffaele arte sperimentale). Sin embargo, la escritura sigue siendo una constante en su vida: publicó una novela, Rorschach y tiene otras en mente para el futuro. 

 

TRES VENTANAS