Arvind Mishra
La tercera fase de
la construcción de un asentamiento humano en la Luna avanzaba a toda marcha.
Para ello se había elegido la zona cercana a su polo sur, ya que científicos
indios habían descubierto allí una gran reserva de agua congelada. Además de
utilizar ese hielo para los trabajos de construcción del nuevo asentamiento,
también se habían hecho los arreglos necesarios para garantizar un suministro
ininterrumpido de agua potable. Sin embargo, las obras se habían detenido por
completo debido a una falla técnica en el sistema automatizado que abastecía de
agua para consumo. Se contactó a Moontech, la empresa constructora terrestre a
la que se le había adjudicado el contrato, y se la puso debidamente al tanto de
la situación. A su vez, la compañía ordenó a su brillante ingeniero, Achyut
Kumar, que se trasladara de inmediato al lugar de trabajo.
Mientras Kumar se dirigía a la
Luna, su mente estaba profundamente perturbada. La causa de su angustia era su
madre, que se encontraba en su lecho de muerte. Su padre ya había partido hacia
la vida eterna. Hijo único, Achyut estaba muy unido a su madre. Como aún no se
había casado, debía hacerse cargo de ella completamente solo. Quedó devastado
cuando, un día, los médicos diagnosticaron a su madre un cáncer de vesícula
biliar en estadio tres. En un momento tan difícil, separarse de ella, aunque
fuera por un breve período, le resultaba insoportable. Pero frente a la
obligación impuesta por un contrato profesional, no tenía alternativa.
Finalmente, tras asignar a una enfermera la responsabilidad del cuidado de su
madre y de la administración de sus medicamentos, completó apresuradamente los
preparativos para el viaje lunar y partió hacia el Puerto Espacial de Thar, en
Rajastán, en un vuelo doméstico desde Delhi.
En el Puerto
Espacial de Thar, en Rajastán, reinaba una gran conmoción. Lo ocurrido ese día
no tenía precedentes. Hacía varias horas que la conexión a internet estaba
interrumpida en todo el complejo, que se extendía sobre un área de unas cien
hectáreas. El caos era total. Las naves espaciales de varias agencias de
turismo espacial estaban listas en la zona de lanzamiento para llevar turistas
a la Luna, a Marte y a Europa, el satélite de Júpiter. Sin embargo, todos los
procedimientos de verificación necesarios para el ingreso de los turistas al
puerto espacial –incluidos el registro y los controles de seguridad– se
encontraban paralizados desde hacía horas. La responsabilidad de proveer
conectividad a internet al puerto espacial había sido confiada recientemente a
una empresa estadounidense. Las autoridades de la Autoridad del Puerto Espacial
de la India estaban ansiosas y se mantenían en contacto permanente con dicha
empresa a través de Starlink, el proveedor alternativo de internet satelital.
Debido a una falla en el tradicional cable submarino del puerto espacial, el
servicio de internet había dejado de funcionar.
—¡Hola, señor Robertson! Por favor,
indíquenos cuándo se restablecerá nuestro servicio de internet. Muchas de
nuestras naves están listas para despegar, pero hemos tenido que detener la
cuenta regresiva. Usted comprende cuán crucial es la precisión matemática de
cada instante en nuestros viajes espaciales… Si el lanzamiento se retrasa aún
más, todos los viajes turísticos tendrán que cancelarse… ¿Hola? ¿Me escucha?
Usted lo entiende, ¿verdad? —El que hablaba era Harivardhan, jefe de la
Autoridad del Puerto Espacial de la India, visiblemente irritado mientras
hablaba con el director de la empresa proveedora extranjera.
—Estamos monitoreando continuamente
la situación para determinar por qué se interrumpió la conectividad —respondió
el señor Robertson—. El cable principal se ha cortado en algún punto del océano
Índico. Es posible que haya sido golpeado por un submarino turístico, o quizás
se trate de un acto terrorista. Estamos investigando el asunto y haciendo todo
lo posible para restablecer el servicio lo antes posible…
Antes de que pudiera añadir algo
más, el enfurecido jefe del puerto espacial cortó la comunicación.
De inmediato convocó a una reunión
de emergencia a la que fueron citados los jefes de todos los departamentos del
puerto espacial. Podría haberse realizado una reunión virtual, pero se ordenó
al personal responsable que asistiera de manera presencial. Se trataba de un encuentro
de carácter altamente confidencial.
La luz roja situada
fuera de la sala de reuniones del Puerto Espacial de Thar estaba encendida,
señal de que en su interior se desarrollaba una reunión de extrema importancia.
—Esto es una emergencia —comenzó su
intervención el jefe del puerto espacial, con un tono de irritada y frustración—.
¿Debemos posponer o incluso cancelar todos los lanzamientos programados para
hoy? Han pasado muchas horas y nuestro servidor web exclusivo aún no ha sido
restablecido, ni vemos posibilidades de que lo esté hoy…
—Señor, ¿cómo cubriremos las
pérdidas de miles de millones de rupias que ocasionará esta cancelación?
—preguntó abruptamente el responsable de finanzas, interrumpiéndolo.
—Lo sé… pero no se me ocurre una
alternativa. Además, todas las actividades programadas relacionadas con el
lanzamiento de cohetes están controladas a través de los servicios de internet
del cable submarino. ¿No representará esto también un obstáculo para el
lanzamiento y el monitoreo de los cohetes? ¿Qué opina, señor Shobhan? —preguntó
Harivardhan, dirigiéndose al director de Ingeniería del puerto espacial.
—Es un problema, pero ya contamos
con una estrategia de respaldo para emergencias de este tipo. Permite la
operación manual. No había internet cuando logramos aterrizar en la Luna en
1969. Como usted sabe, todos los cohetes funcionan sobre la base de la automatización.
Toda la información sobre cuándo y qué sistema debe activarse ya ha sido
cargada en ellos. Son capaces de gestionar sus propias operaciones…
Un gesto de alivio apareció en el
rostro del jefe del puerto espacial tras escuchar las tranquilizadoras palabras
de Shobhan Kumar.
—De acuerdo, pero ¿cómo se
verificará a los viajeros espaciales? ¿Y cómo se realizarán el registro y el
control de seguridad? —planteó alguien con curiosidad.
—De forma manual… ¿cómo si no?
—respondió de inmediato Ravindra Kumar, el gerente del espaciopuerto.
—¿Tenemos personal suficiente para
eso? —preguntó Harivardhan, intrigado y algo escéptico.
—Hoy hay cuatro vuelos programados:
uno a Europa, dos a Marte y uno a la Luna. Todos los pasajeros son turistas que
viajan por placer. Solo en el vuelo a la Luna hay un ingeniero en viaje de
trabajo, además de los turistas. En total, hoy habrá veintidós pasajeros en
todos los vuelos combinados. No habrá problemas para realizar las
verificaciones manuales. Además, pondremos a trabajar a nuestros androides
—dijo el gerente, con total confianza.
—¿Androides? ¿Las réplicas
artificiales de seres humanos de carne y hueso? ¿Está seguro de que podrán
encargarse correctamente de la verificación de pasajeros y del acceso a las
puertas? —quiso asegurarse Harivardhan.
—Cien por ciento seguros. Aunque
nunca antes han sido utilizados para esta tarea.
—Bien… Existe un pequeño riesgo,
pero ¿podemos entonces autorizar todos los lanzamientos de hoy? ¿Qué opinan
ustedes? —El temblor en la voz de Harivardhan dejaba claro que buscaba el
consenso de todos.
—Sí, los vuelos deben operar según
lo programado —respondió el responsable de finanzas, con la voz más fuerte del
coro de asentimientos—. Apoyamos esta decisión.
Era el año del
centenario de la independencia de la India. Junto con el turismo en muchos
países del mundo, el turismo espacial se había convertido también en un negocio
plenamente desarrollado en la India. La Luna, Marte y Europa habían sido
adaptados por completo para asentamientos humanos. El agua, obtenida del hielo
lunar a escala industrial, había facilitado las tareas de construcción. De
hecho, el hielo de agua lunar se enviaba incluso a Marte y a Europa mediante
naves de carga. Una extensa zona del desolado desierto de Thar, en Rajastán,
había sido transformada. Allí se había construido un enorme puerto espacial
desde el cual operaban vuelos regulares, tanto para turistas como para personas
que deseaban visitar a sus familiares. Algunos turistas aguardaban en la nave
con destino a Europa. Dos familias viajaban a Marte por turismo.
Achyut Kumar
advirtió que el ambiente del espaciopuerto era muy distinto al habitual. Donde
antes la puerta de entrada reconocía al pasajero y se abría automáticamente,
ese día había dos empleados presentes y el acceso permanecía cerrado. Varios
pasajeros hacían fila, esperando que sus datos fueran cotejados con sus
documentos de identidad. Tras la verificación, se les permitía ingresar uno por
uno. Pronto llegó el turno de Achyut Kumar. Sus documentos también fueron
revisados y, al comprobarse que todo estaba en orden, se le permitió el
ingreso.
—Por favor, continúe. El mostrador
de registro para la Luna está justo enfrente —dijo cortésmente uno de los
encargados del control. Se trataba de un androide, aunque Achyut Kumar lo tomó
por un empleado humano.
—Sí, gracias —respondió él,
abstraído, tomando súbita conciencia de su entorno. La enfermedad de su madre
lo tenía profundamente angustiado.
En el mostrador de registro también
se revisaban los documentos de viaje, esta vez por otro empleado del puerto
espacial, también un androide. A Achyut Kumar le resultó extraño este nuevo
procedimiento, pero cooperó mecánicamente, sin prestar demasiada atención.
Detrás de él ya se había formado una fila de pasajeros. Llevaba poco equipaje:
solo un maletín lleno de instrumentos, que entregó a cambio de un recibo. Le
dieron un traje espacial especial y le indicaron que se dirigiera a una sala
designada para colocárselo. Este proceso ya le resultaba familiar y no le llevó
mucho tiempo.
Luego llegó el momento del control
de seguridad. Esta tarea estaba a cargo del Departamento del Interior de la
India, y todos los viajeros espaciales eran revisados con extremo rigor, para
evitar que algún terrorista pudiera embarcarse con documentos falsos. El
personal de seguridad inspeccionaba minuciosamente a los pasajeros con
dispositivos mecánicos y los autorizaba a avanzar hacia la puerta
correspondiente solo después de ello, de uno en uno. Achyut Kumar también pasó
por este procedimiento y avanzó desanimado. El panel informativo que
normalmente estaba iluminado y mostraba detalles sobre los vehículos de
lanzamiento y las puertas de embarque, ese día estaba completamente en blanco.
No había información sobre la puerta asignada al vuelo lunar.
En ese momento, Achyut Kumar oyó un
anuncio por altavoz. Pero estaba tan absorto en sus pensamientos que no escuchó
bien el mensaje. Creyó haber entendido que los pasajeros del vuelo a la Luna
debían dirigirse a la Puerta Número 13. Sin advertir nada más, se encaminó
hacia allí guiándose por las señales. Ya había algunos pasajeros en el lugar.
Un miembro del personal revisaba mecánicamente los pases de acceso y daba la
señal para avanzar. Poco después, Achyut Kumar subió a un transbordador que lo
llevó hacia el cohete listo para despegar. El sitio de lanzamiento se
encontraba bastante lejos, a unos veinticinco kilómetros. Evidentemente, esa
distancia entre el edificio principal del puerto espacial y la plataforma de
lanzamiento existía para proteger a todos ante posibles accidentes por la caída
de escombros durante el despegue. El ingreso al cohete se realizaba de a una
persona por vez. Allí también había un androide, que observaba mecánicamente a
los pasajeros, les indicaba su número de asiento y les señalaba que avanzaran.
Una vez que todos estuvieron sentados, se les dio la bienvenida por altavoz y
se les deseó un viaje seguro y confortable. Pero Achyut Kumar, perdido en los
recuerdos de su madre, ignoró todo aquello. ¿Para qué prestar atención a
mensajes rutinarios, siempre iguales? Permaneció sumido en sus pensamientos.
Cuando la cuenta regresiva desde el
centro de control llegó a cero, el cohete despegó a gran velocidad. Durante la
fase inicial del vuelo, mientras vencía la gravedad terrestre, los pasajeros
experimentaron una fuerte presión, la fuerza G, que se atenuó después de unos
minutos. Los pasajeros respiraron aliviados. Achyut Kumar miró a su alrededor.
Había un total de nueve pasajeros y tres literas aún estaban vacías. También
había una asistente de vuelo, aunque era difícil determinar si era humana o un feminoide.
Todos los pasajeros parecían absortos en sí mismos, inmersos en sus propios
pensamientos. La posmodernidad había asestado un golpe mortal a las
inclinaciones sociales del ser humano, a su impulso primitivo de vincularse con
otros. Nadie se preocupaba por nadie; nadie tenía relación con los demás. Todos
eran viajeros impersonales, sin alma, centrados únicamente en sí mismos. La
soledad se había convertido en la condición permanente del hombre. Achyut Kumar
tenía su propio tormento mental: el recuerdo de su madre en fase terminal lo
acompañaba mientras el cohete avanzaba firme hacia su destino en el espacio.
En el puerto
espacial se convocó nuevamente una reunión urgente. Todo indicaba que había
ocurrido un incidente grave.
—Esto es un error terrible. ¿Cómo
pudo suceder? Un accidente de esta magnitud, inimaginable, imposible… —la voz
nerviosa y temblorosa del jefe del puerto espacial resonaba desde la pantalla
de video.
—Lo sentimos, señor. Se trató de un
error de la máquina durante la verificación mecánica. Un fallo de juicio por
parte de un androide… —dijo uno de los ingenieros, en tono defensivo.
—¡Basta! ¿Qué quiere decir con
error de la máquina? Estos androides están controlados por nuestra propia
gente, ¿no es así? He ordenado una investigación de alto nivel para esclarecer
cómo pudo ocurrir un incidente tan grave —replicó el jefe, con el rostro
enrojecido por la ira.
—Tiene razón, señor. El señor
Achyut Kumar debía viajar a la Luna, pero abordó el cohete con destino a
Europa… —dijo, con voz temerosa, el gerente del puerto espacial.
—Él no abordó el cohete por su
cuenta, fue inducido a hacerlo. Es culpa nuestra… —lo reprendió Harivardhan.
Tras respirar hondo, añadió—: Ahora escúchenme todos con atención. Mantengan
absoluta confidencialidad sobre este incidente y busquen una forma de corregir
este error… de lo contrario, estamos perdidos. Moontech nos demandará por billones
de rupias.
—Sí, señor, debemos encontrar una
solución. ¿Puede hacer algo el departamento de ingeniería? —preguntó el
gerente.
—Ya no se puede hacer nada. La nave
turística que ya está en ruta solo podrá aterrizar cuando llegue a Europa… y
ese viaje tardará aún dos años y medio. Este satélite de Júpiter está muy
lejos, no es cercano… —respondió con desaliento el jefe de ingeniería.
—El viaje completo durará seis
años: cinco solo para el traslado y uno para el turismo. En pocas horas, todos
los pasajeros recibirán una píldora anestésica especial, derivada de una
especie de avispa, que los mantendrá dormidos durante dos años y medio para
evitar la fatiga del viaje y permitir que lleguen a Europa descansados —explicó
el gerente.
El jefe del puerto espacial, ya
irritado, estalló nuevamente:
—Este no es el momento de dar esa
información. Es momento de gestionar la crisis y estamos perdiendo tiempo con
charlas innecesarias.
—¡Señor! Acaba de surgir una luz de
esperanza… —dijo el jefe de ingeniería.
—¡Hable rápido, el tiempo se nos
escapa! —exclamó Harivardhan.
—Señor, aún podemos realizar una
operación de rescate. Todavía tenemos algunas horas para prepararla… Dentro de
unas diez horas, la nave con destino a Europa se detendrá durante una hora en
la Luna para reabastecer sus propulsores. Durante ese lapso… —una chispa de
entusiasmo brillaba en sus ojos— … el señor Achyut Kumar puede ser evacuado
desde el módulo turístico. En la Luna existen aeropuentes completamente
presurizados y seguros, capaces de acoplarse sin riesgos a la nave con destino
a Europa. Pero para ello debemos informar de inmediato a la unidad del puerto
espacial lunar y explicar toda la situación.
Todos escuchaban la propuesta del
ingeniero con absoluta atención. Al comprender el plan, sus rostros se
iluminaron.
—Entonces, ¿qué estamos esperando?
Envíen de inmediato una señal de auxilio a la unidad del puerto espacial de la
Luna e infórmenles que esta crisis debe resolverse de inmediato para que esta
operación secreta, a la que llamaremos “Operación en pleno vuelo”, se complete
con éxito total —ordenó Harivardhan con voz firme.
La nave turística
rumbo a Europa estaba a punto de aterrizar en la base lunar para reabastecerse.
Dentro del módulo turístico, todos los pasajeros permanecían inconscientes bajo
los efectos del anestésico, ajenos por completo a la secuencia de acontecimientos.
En la base lunar del puerto espacial se habían tomado todas las medidas
necesarias para retirar a Achyut Kumar de la nave sin inconvenientes, mientras
permanecía en profundo trance. Se habían obtenido las autorizaciones
correspondientes tras alertar a los departamentos implicados sobre la situación
de emergencia. Todo avanzaba según lo previsto.
Apenas alunizó la nave con destino
a Europa, un módulo turístico fue conectado a un aeropuente, y un androide
cargó hábilmente a Achyut Kumar sobre sus hombros y lo trasladó a la sala de
cuarentena. A partir de allí, los acontecimientos se sucedieron con rapidez.
La nave en la que Achyut Kumar
debía haber viajado a la Luna había despegado de la Tierra una hora completa
después del vuelo con destino a Europa. Y para cuando su módulo turístico
aterrizó en la superficie lunar, Achyut Kumar ya había sido trasladado al nuevo
puerto lunar, construido cerca de la tercera fase del sitio de construcción.
Nadie sospechó que, en el ínterin, había ocurrido un incidente tan
desconcertante ni que la crisis había sido resuelta. Achyut Kumar fue reanimado
mediante la inhalación de un antianestésico. Ni siquiera él tenía idea de lo
que había atravesado. Todo le parecía normal. Representantes de Moontech lo
aguardaban en el puerto lunar para recibirlo. Fue conducido de tal manera que
parecía haber descendido del vuelo lunar que acababa de aterrizar. Mientras
tanto, en la Tierra, el servicio de internet del Puerto Espacial de Thar había
sido restablecido y todo había vuelto a la normalidad.
El Dr. Arvind Mishra es un
reconocido escritor de ciencia ficción. Es el secretario fundador de la
Asociación India de Escritores de Ciencia Ficción. Cuenta con cinco colecciones
de ciencia ficción y numerosos libros de divulgación científica, incluyendo The
Space Cuckoo and other Stories, publicado virtualmente en Rumanía durante la
crisis de la COVID-19. Ha presidido numerosos talleres y congresos sobre
comunicación científica y ciencia ficción en la India y en el extranjero. Cabe
destacar la presidencia de la sesión de ciencia ficción en la PCST 2010, la
11.ª Conferencia Mundial de Comunicación Científica en Delhi, y la
representación de la India en la Conferencia Internacional de Ciencia Ficción
en Chengdu, China (noviembre de 2019). Es coautor de una completa Enciclopedia
de Ciencia Ficción India, publicada recientemente. Ha recibido numerosos
honores, en particular el Premio Nacional de Ciencia Ficción Vanamali de la
Universidad Rabindranath Tagore, Madhya Pradesh, en 2024 y el Premio de
Escritura de Ciencia Ficción para Niños del Uttar Pradesh Hindi Sahitya
Sansthan en 2017. Se jubiló como funcionario público del gobierno de UP en 2017
y ahora vive en su casa ancestral en el distrito de Jaunpur.
