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jueves, 18 de junio de 2026

LEYENDA URBANA

Tanya Tynjälä

 

Cuando el tercer hombre apareció muerto, la policía empezó a considerar la posibilidad de una conexión entre los asesinatos. De pronto eso dejó de ser “cosa de gringos”, o de sofisticadas series policiales. Sin embargo, había los que aún negaban la idea. Si bien los crímenes mostraban semejanzas, nada indicaba algún patrón en cuanto a las víctimas: un profesor de secundaria, un sacerdote y un obrero de construcción.

Los cuerpos aparecían invariablemente en un callejón oscuro, atacados por lo que se supuso al principio algún tipo de animal salvaje. Cuando el médico forense indicó que las heridas causadas provenían de dentaduras y uñas humanas… además de individuos muy pequeños y jóvenes, algunos policías no pudieron evitar un escalofrío recorrerles la espalda. ¿Una persona era capaz de hacer eso? Y si era pequeña, ¿cómo así las víctimas no lograban defenderse?

Luego apareció la niña y si quedaban dudas éstas se desvanecieron ante las evidencias: En Lima había un asesino en serie… o algo similar.

 

Ese día se entretuvo jugando con su teléfono móvil y se le pasó el paradero de su casa. Sin pensarlo se bajó del autobús. Luego se dio cuenta que se encontraba no solo lejos de su domicilio… sino también en un barrio desconocido y por el estado de las casas a su alrededor, no muy “bueno”. Cruzó la calle para esperar el autobús que la llevaría hacia su destino. Un hombre se encontraba ya en ese paradero. Ella trató de no acercársele mucho. Él le sonrió. El hombre estaba bien vestido y parecía simpático, pero ella era una niña muy precavida y decidió ignorar lo que señor le decía y rogaba que el autobús llegara lo más pronto posible. Muy pocas personas pasaban por la calle, la mayoría parecía muy pobre. Tampoco había mucho tráfico en esa calle. De pronto, en un momento en que nadie transitaba por allí, el hombre saltó sobre ella y tapándole la boca, la llevó hacia un callejón cercano. La pobre niña se quedó helada.

—Te crees muy lista, ¿no? Te crees muy obediente y no hablas con extraños, ¿no? ¡Yo te voy a enseñar!

La amable sonrisa se convirtió en una mueca de odio. El hombre le hacía bajar por una escalera que llevaba a un sótano oscuro, ella lo mordió y trató de escapar. El hombre la atrapó de la pierna y la niña cayó, golpeándose la cabeza con uno de los escalones. Se encontraba aturdida, le dolía el corte que se había hecho en la frente, la sangre le impedía ver bien. El hombre estaba furioso, decidió no esperar más y empezó allí mismo a abrirle la blusa. De pronto se escucharon unas risas infantiles. El hombre se detuvo.

—¿Quién está aquí? Estoy tratando de ayudarla. Parece que se cayó.

“Se cayó, dice que se cayó”, repetían burlonamente las voces. Al parecer se trataba de niños, quizá cinco, probablemente no mayores de diez años. Rápidamente las risas y burlas se convirtieron en insultos hacia el hombre en cuestión. Él buscaba nervioso a los niños, que parecían ser invisibles. Inclusive cuando empezaron a atacarlo a arañazos y mordiscones, nunca pudo verlos claramente. Se movían con una rapidez felina.

La niña solo escuchaba los gritos del hombre y apenas si podía distinguir esas pequeñas sombras moviéndose alrededor de él. Por los alaridos que lanzaba era claro que el hombre estaba siendo golpeado brutalmente. El sujeto empezó a llorar, les rogaba que lo dejasen ir, y prometía no volver a hacerle daño a nadie, nunca más en la vida. Su voz se escuchaba cada vez más débil. La niña pensó horrorizada que el hombre estaba muriendo mientras las voces seguían burlándose de él. Una se acercó a ella y le preguntó.

—¿No quieres divertirte con nosotros?

     Pero primero por lo aturdida que se encontraba y también porque la sola idea de matar a un hombre la aterraba, desistió. Su candor le impedía ser agresiva, inclusive con alguien que la había atacado.

El “niño” se burló de ella. “¡Qué gallina!”

Todos empezaron a corear “¡Gallina, gallina!”, mientras seguían atacando el hombre. Cuando éste dejó de moverse, dos de los atacantes ayudaron a la niña a ponerse de pie. Ella no podía distinguir bien dónde la llevaban y tuvo tanto miedo como cuando el hombre la empujó hacia el callejón. Se detuvieron en un parque, donde jugaban otros niños. Estos, al ver el estado de la niña pararon el juego.

—Les dejamos a esta gallina —dijo uno de los victimarios—. ¿Se dan cuenta? La ayudamos y no quiere jugar con nosotros. —Tras esto, se marcharon. Uno de los niños del parque corrió a llamar a su mamá y ella llamó a la policía. La policía los interrogó de inmediato, sorprendidos ante la historia pero las descripciones que dieron de los “niños” resultaron más que contradictorias, nada se pudo sacar en claro. Ni siquiera la víctima podía decir realmente cómo lucían esos “niños” que la salvaron y que le quitaron la vida a su atacante.

La prensa aprovechó la ocasión. Una noticia así no se da todos los días. Un periodista que pensó ser muy original, los llamó “los gallinazos sin plumas”, nombre de un conocido cuento del célebre escritor peruano Julio Ramón Ribeyro. El público encontró que el nombre era justo. También consideró que si la policía no podía hacer nada contra los pedófilos (pues muchas veces se esconden tras una máscara de decencia), la presencia de esos “gallinazos” podía ser aceptada, tal y como lo es la presencia de las verdaderas aves en el paisaje limeño.

Muchos aseguran que la policía ya sabe quiénes son y que prefiere hacer la vista gorda. Las viejas comadres dicen que son los fantasmas de antiguas víctimas de violación. Y, mientras tanto, los pedófilos no pueden dormir, y hay cada vez menos casos de abuso sexual infantil…


Tanya Tynjälä ha seguido estudios de pedagogía en el Instituto Superior Pedagógico de Lima y en la Universidad de Grenoble Francia. Actualmente realiza su doctorado en filología francesa en la Universidad de Helsinki. Ha publicado la novela de ciencia - ficción La Ciudad de los Nictálopes y el libro de cuentos de hadas Cuentos de la princesa Malva con la editorial NORMA. Poemas suyos han sido incluidos en la antología Canto a un prisionero de la Editorial Poetas Antiimperialistas de América 2005, Ottawa, Canadá. En 2003 fue nominada escritora del año para la colección Torre de Papel Amarilla por la misma editorial Norma. En 2007 ganó el primer premio en la categoría de monólogo teatral hiperbreve del Concurso Internacional de Microficción «Garzón Céspedes».

      

 

domingo, 29 de marzo de 2026

LA COLECCIONISTA

Tanya Tynjälä

 

Julián se dirigía presuroso a su cita. Hacía ya dos meses que conoció a la mujer más hermosa del mundo. Todos sus amigos envidiarían su suerte, sino fuera por el detalle de no poder contarle a nadie sobre la relación. Esa era una de las tantas condiciones que Diana le pondría. Otra era negarse a pasar la noche con él. Nunca le explicó por qué, pero todo hacía suponer fuertes convicciones religiosas. Así pues, todavía no disfrutaba de relaciones íntimas con la joven. Pero eso poco le importaba. Ella era tan bella que solo al mirarla se sentía satisfecho y, por otro lado, congeniaban a la perfección, les gustaba la misma música, los mismos escritores, las mismas películas. Eso justamente había hecho que en los últimos tiempos se cuestionara la relación. ¿No sería mejor estar con alguien que ofreciera algo de desafío? ¿Cuánto tiempo más sobreviviría una relación tan “perfecta”? Es que a veces es tan aburrido estar de acuerdo en absolutamente todo... No es que deseara una relación tormentosa, las había tenido en el pasado y sabía que eran destructivas a final de cuentas. Disfrutaba de la paz que sentía con Diana pero. de cuando en cuando, una pequeña escenilla de celos, solo para sazonar un poco la relación no hubiera venido del todo mal.

Como si intuyera lo que pensaba, Diana decidió de un día para otro acceder a pasar un fin de semana completo con él. Ante la propuesta, Julián decidió dejar sus dudas para más tarde. Misteriosa como siempre, ella le pidió que la recogiera en una cafetería en plena carretera. De allí irían a un lugar que ella conocía bien y que, de seguro, a él le encantaría.

Desde que la conoció, Diana se mostró más que misteriosa, secreta sería la palabra correcta. Ni siquiera sabía a ciencia cierta en qué trabajaba. Ella le había dicho que era coleccionista profesional y que el carácter de su actividad le exigía la más absoluta discreción. Descartando que una mujer tan dulce e inteligente pudiera estar involucrada en un negocio ilícito, Julián llegó a la conclusión de que Diana compraba en subastas piezas de índole diverso para millonarios que no querían ser identificados. Y esa explicación lo dejó satisfecho. ¿Porqué darle más vueltas al asunto?

Julián llegó media hora antes de la convenida al lugar de la cita. La cafetería estaba lógicamente ubicada cerca de una gasolinera. Ésta se encontraba más que destartalada. La atendían dos ancianos que Julián se preguntaba cómo podían seguir trabajando; lucían cansados, decrépitos.

Detuvo el auto y pidió que le llenaran el tanque. Uno de los ancianos lo miró divertido y empezó a reírse como loco. Meneando la cabeza, entró al desordenado cuarto que les servía de oficina. El otro se acercó lentamente.

—No le haga caso, a ése le falta un tornillo de tanto estar aquí.

—Bueno… fue un poco rudo, ¿no?

El anciano empezó a llenar el tanque sin decir nada. Parecía estar al acecho de algo, lanzaba disimuladas miradas a la cafetería, temeroso; a Julián le dio la impresión de que era alguien que está siendo vigilado.

—¿Llega mucha gente por aquí?

—Llegan los que tiene que llegar. Si no se tiene una cita, no vale la pena venir hasta aquí. Eso fue lo que me trajo y aquí me quedé.

A Julián le pareció más que extraña la coincidencia de que hablara de una cita. Pero no dijo nada, solo sonrió.

—¿Cuánto le debo? —preguntó cuando el anciano terminó su trabajo.

—Pagará luego, a la salida. Porque seguro entra a la cafetería, ¿no?

Julián no pudo más que sentirse incómodo con lo que decía el anciano. Primero la referencia a la cita, luego a la cafetería. Era como si supiera exactamente lo que iba a hacer. Podía ser solo una casualidad, al final de cuentas si el lugar del que le había hablado Diana quedaba cerca, seguro muchas parejas pasaban por la gasolinera antes de llegar a su destino. Por otro lado, el viaje desde la ciudad hasta ese lugar era largo, resultaba pues normal que, después de tanto viajar, uno decidiera tomarse un café en el único sitio disponible a la vista. Sin embargo, en el fondo Julián sentía cierto malestar que le indicaba que algo no estaba bien.

—Tome, aquí tengo apuntado cuánto debe. No se olvide de revisarlo antes de entrar, por favor. —dijo el anciano tomándole desesperadamente la mano y mirando hacia todos lados.

Julián retiró su mano nervioso. El otro anciano salió de la oficina.

—¡No olvide probar la tarta! —gritó entre risas. El que atendió a Julián miró a su compañero con ojos desorbitados, mientras le decía que no con la cabeza.

Julián a penas su pudo evitar correr hacia la cafetería. No quería pasar más tiempo con esos ancianos, evidentemente perturbados. Mientras se alejaba pudo escuchar que ambos discutían cuchicheando.

Ya dentro de la cafetería se sorprendió al ver que el lugar contrastaba con el estado de la gasolinera. Todo se encontraba inmaculadamente limpio y ordenado. Había algunos hombres allí, de diversas edades, todos como si fueran a pasar un fin de semana en el campo: maleta de mano, ropa cómoda. Al parecer el lugar del que hablaba Diana era muy popular. Se sentó a la barra.

—¿Qué le puedo servir? —La que atendía era una mujer de mediana edad, ni bonita ni fea, bastante amable y pulcra.

—Solo un café, por favor.

—¿Seguro no desea probar mi tarta de manzana? Lo hago yo misma todas las mañanas. Es muy popular.

—Eso parece, en la gasolinera me recomendaron probarlo.

—Así es, aquí a todos les gusta mi tarta.

—Pero no, gracias. No tengo mucha hambre, otro día será. Me quedaré por la zona durante el fin de semana.

La mujer le sirvió el café y se retiró con una sonrisa.

Julián miró su reloj. Todavía faltaban unos minutos para la hora convenida. Tomó un sorbo del café, que resultó bastante bueno y fresco. Miró a su alrededor. Remarcó que todos los clientes eran hombres. Le pareció curioso. De pronto remarcó no haber visto autos estacionados fuera y se preguntó si serían más bien locales. Pero todos llevaban un maletín de mano…

La mujer se le acercó con un pedazo de tarta.

—A cuenta de la casa. No me lo desaire, mire que le he servido muy poco, no se arrepentirá.

Julián pensó que seguro se trataba de esas mujeres que se sienten orgullosas de lo único que les sale bien e insisten en hacerlo probar a todos. Por cortesía tomó un bocado. La tarta se derretía en su boca, tenía justo el punto de azúcar perfecto. Se dice que aún el pueblito más insignificante esconde una joya escondida, el de éste era la tarta de la gasolinera.

—¡Está realmente delicioso!

—Se lo dije, hace olvidar las penas, ya verá.

Julián tomó otro bocado goloso. De pronto notó que no había nadie en la cocina.

—¿No tiene cocinero?

—No lo necesito, yo preparo todo por la mañana muy temprano, antes de abrir.

—Pues la felicito, el café está más que fresco, la tarta es un manjar…

—Muchas gracias —dijo ella volviendo a sonreír.

Siguió comiendo esa magnífica tarta. Miró su reloj, Diana llegaría en cualquier comento. Quiso pedir la cuenta, pero la mujer no estaba, seguro habría entrado a la cocina. Tomó su billetera y abrió el papel que le diera el anciano para ver cuánto tenía que pagar. No había ni una sola cifra en él, solo garrapateado con una letra nerviosa: “Salga de aquí, por lo que más quiera. Y no coma la tarta”.

Julián se paralizó. Miró a su alrededor. Todos hombres, todos con una maleta de mano, como quien va a un fin de semana, todos comiendo la misma tarta que él. Quiso prestar atención a las conversaciones, todos hablaban de la maravillosa mujer que habían conocido. Las descripciones variaban, para alguien era rubia, para otro morena, más allá alta y delgada, y para su vecino pequeña y regordeta, pero para todos era la mujer perfecta. Todos se encontraban allí esperándola, pues les había dado cita en ese remoto lugar.

Julián pensó en levantarse, pero ya era muy tarde. De pronto solo deseaba seguir allí, comiendo esa deliciosa tarta, además debía esperar a Diana, seguro que pronto llegaría.

La mujer se le volvió a acercar al ver su plato vacío.

—Aquí tiene otra tajada, seguro que la quiere, ¿no es cierto Julián?

Él la miró a los ojo y se encontró con la mirada de Diana.


Tanya Tynjälä ha seguido estudios de pedagogía en el Instituto Superior Pedagógico de Lima y en la Universidad de Grenoble Francia. Actualmente realiza su doctorado en filología francesa en la Universidad de Helsinki. Ha publicado la novela de ciencia - ficción La Ciudad de los Nictálopes y el libro de cuentos de hadas Cuentos de la princesa Malva con la editorial NORMA. Poemas suyos han sido incluidos en la antología Canto a un prisionero de la Editorial Poetas Antiimperialistas de América 2005, Ottawa, Canadá. En 2003 fue nominada escritora del año para la colección Torre de Papel Amarilla por la misma editorial Norma. En 2007 ganó el primer premio en la categoría de monólogo teatral hiperbreve del Concurso Internacional de Microficción «Garzón Céspedes».

      

sábado, 6 de diciembre de 2025

LA CONSPIRACION

Tanya Tynjälä

 

Al llegar ante la presencia de Padre, Wzn se sintió orgulloso. No era habitual que Él llamase específicamente a un miembro de la Sociedad. Sabía que algún gran honor le estaba reservado.

—Wzn —dijo padre con el rostro grave—. Debes cumplir una importante misión.

Padre era el único en poseer rasgos faciales reconocibles en la Sociedad. Quizá se debía a que era solo un gran rostro o quizá era por algo más que los otros seres no llegaban a comprender. En Wzn y los otros miembros de la Sociedad apenas si se adivinaba una boca o una nariz en el semblante. Pero a ellos, al igual que a Padre, los envolvía un halo luminoso que expresaba sus sentimientos.

—He logrado descifrar un mensaje proveniente del tercer planeta —continuó Padre y su rostro se opacó ligeramente. Wzn sabía que eso significaba malas noticias—. Por algún motivo, incomprensible para nuestras mentes, han decidido invadir nuestro planeta y destruirnos. Sabes muy bien que ellos poseen el extraño concepto de guerra y que eso los induce a invadir territorios ajenos para apropiarse de sus riquezas. Esto es causado por la necesidad de satisfacer otro concepto: Poder. Al parecer ellos consideran que tener más riquezas, acrecienta su poder. —Yo sé que esto resulta inimaginable para los miembros de nuestra Sociedad. Nuestra evolución intelectual nos coloca muy lejos de cualquier sentimiento beligerante. Nuestra Sociedad se encuentra basada en la paz y el equilibrio. Sin embargo, esto no nos impide defendernos si es necesario—. He construido una nave transportadora —continuó Padre—. En ella viajarás junto con un arma que al ser lanzada contra el tercer planeta lo destruirá por completo. Debemos realizar esta misión antes de que ellos lleguen. Prepárate para tu gran viaje.

—Jamás he estado en una nave transportadora. ¿Qué es? No necesitamos transportarnos en naves. Basta con pensar en el lugar al que queremos ir para encontrarnos de inmediato allí.

—Sin embargo, resultaría imposible hacerlo para llegar al tercer planeta. La distancia es muy grande. Por otro lado, no seríamos capaces de transportar el arma.

—¿Cómo utilizar la nave transportadora? ¿Qué hacer con el arma?

—Sabes muy bien que tengo la capacidad de grabar en tu memoria cualquier tipo de conocimiento. ¿Qué temes?

Wzn se sintió ligeramente ofuscado.

—Es mucha la responsabilidad.

—Por eso confío en ti. Sé que eres el más adecuado para esta misión. Ahora, mírame fijamente a los ojos.

Wzn lo miró y de inmediato todo lo que necesitaba saber para cumplir con su cometido formaba parte de sus conocimientos.

—Mañana partirás.

El rostro de Padre se esfumó rápidamente, dejando a Wzn solo en el Salón de las Estrellas. Este se quedó unos segundos inmóvil, sin saber adónde ir; luego se dirigió preocupado a su cubículo.

 

Durante el trayecto no dejaba de pensar en la mejor manera de informarle a su compañera. Era un gran honor, sin duda… pero también un trabajo peligroso.

Mzx se encontraba preparando los alimentos. Buscó el envase de drosófilas cantarinas para terminar de sazonar la ensalada de lianas algodonosas (la favorita de Wzn) y encontró que apenas si había unas pocas. Debo pasar por el abastecimiento para comprar más drosófilas, se dijo.

En ese momento oyó ingresar a Wzn. La luz de Mzx se acentuó por la felicidad y se dirigió al encuentro de su compañero; tenía una importante noticia que comunicarle. Sin embargo, la intensidad de su luz bajó al ver que Wzn tenía un ligero tinte azul, indicio de preocupación.

—Preparé lianas —dijo, controlando sus ganas de preguntarle por la razón de su color. Prefería no parecer entrometida. Por otro lado, no existían secretos entre ellos. Sabía que él terminaría por contarle el motivo de su preocupación.

—Padre me recibió hoy.

Ella sabía que eso significaba algo importante, y en su Sociedad importante era sinónimo de positivo. ¿Por qué entonces Wzn estaba azul?

Él se acercó suavemente y enlazó sus extremidades con las de ella.

—Tengo una grave misión que cumplir. Muy arriesgada pero vital para todos nosotros.

Y le contó todo.

La luz de Mzx también adquirió un tono azuloso, inclusive más intenso que el de Wzn. El jamás había salido de la Sociedad, menos había visitado otro planeta (al igual que los otros miembros por cierto). ¿Cómo sería capaz de viajar en una nave? No obstante ella confiaba en que las decisiones de Padre siempre eran las más idóneas. Él se veía forzado a actuar de manera tan radical debido a la desagradable situación creada por los crueles seres del tercer planeta.

—¿Por qué quieren destruirnos los seres del tercer planeta?

Era más una queja que una pregunta. Desde niños, todos los seres de la Sociedad sabían lo peligroso que era el tercer planeta, lleno de seres extraños e irracionales. Se le consideraba un sub-mundo en el cual se nacía como castigo. ¿Por qué deseaban destruirlos los seres del tercer planeta? Porque simplemente eran los seres del tercer planeta. Nada bueno emanaba de ellos.

Comieron en silencio, Mzx se disculpó por las pocas drosófilas en la ensalada. Wzn contestó que estaba bien, que como todo lo que ella hacía obviamente estaba bien. Fueron a dormir sin que ella le contase que esa mañana había recibido la autorización para encargar un hijo, su primer hijo.

 

El sueño de Mzx fue interrumpido por la extraña sensación de ser vigilada. Una débil tercera luz le indicó la presencia de alguien más en la habitación. Sin tratar de hacer mucho ruido, despertó a su marido. Wzn se levantó de un salto al ver a ese otro ser en su cuarto.

—No teman, no les haré daño.

Por el tono amarillento de su luz, se podía ver que era un anciano.

—Me he atrevido a entrar aquí pues tengo algo muy trascendental que decir en cuanto a la supuesta misión de Padre.

El halo del anciano creció hasta envolver a Wzn y a Mzx. De inmediato todos fueron trasladados a otro lugar. Era una habitación extraña, llena de innumerables instrumentos que jamás antes habían visto y de una inmensa pantalla al fondo.

—¿Dónde estamos? – Preguntó Mzx

—Es una parte de nuestra Sociedad de la cual nadie solo conocemos la existencia Padre y yo. Se podría decir que aquí se inició la… “vida” de la Sociedad. Déjenme mostrarles lo que se conoce como una película.

El anciano pasó su mano sobre algunos de los instrumentos y la pantalla se iluminó. En ella se vio a seres que, como Padre, tenían rasgos faciales reconocibles y como los otros seres, tenían cuerpos. Sin embargo, los individuos de la pantalla no brillaban.

—¿Quiénes son? —volvió a preguntar Mzx.

—Son humanos, los seres del tercer planeta.

Los humanos vestían trajes que parecían muy pesados, una especie de material transparente cubría sus rostros. Realmente son irracionales, pensó Wzn. ¿Para qué visten esos trajes que al parecer les impide moverse con facilidad?

Se encontraban en constante actividad, moviendo pesadas cajas de lo que parecía ser un inmenso cubículo hacia un lugar árido y polvoriento. Luego abrieron las cajas en las cuales había piezas de metal de diversos tamaños y empezaron a unirlas.

—Y lo que están haciendo —dijo el anciano— es ensamblar a Padre.

—No comprendo —dijo Wzn.

—Padre es lo que ellos llaman una máquina de inteligencia artificial. Fue instalado aquí para estudiar este planeta. Su misión era poner en funcionamiento cuerpos mecánicos llamados robots y recoger con la ayuda de ellos muestras de terreno, con propósitos que no soy capaz de comprender. No puedo negar que padre tiene razón al decir que los humanos son ilógicos y belicosos. Una guerra entre ellos se inició poco tiempo después de dejar a Padre aquí. De pronto este planeta ya no les era de interés y por algunos años olvidaron a Padre. Quizá debido a lo que ellos llaman aburrimiento, Padre empezó a crear un mundo en donde él era el líder, algunos humanos objetarán que esto es imposible que ocurra con una máquina, lo cierto es que Padre creó esta sociedad virtual en la que ahora nos encontramos.

—¿Sociedad virtual? ¡Es lo más absurdo que he escuchado en toda mi existencia! —reaccionó Mzx—. ¡Somos reales! ¡Nacemos, envejecemos, morimos! ¿Cómo puedes decir algo así? ¡Tú no estarías aquí si eso fuera cierto! ¡Padre no puede haberte creado! ¡Eres solo un anciano que ha perdido la razón!

—Soy lo que los humanos llaman el sistema de seguridad de la máquina de inteligencia artificial. Padre no puede nada contra mí. He sido creado para que pase lo que pase, yo defienda a los humanos.

—No es posible, no es posible —murmuró Mzx.

—Quiéranlo o no, ustedes son él y él está en todos los miembros de la sociedad. No tenemos cuerpo, no somos seres vivos, apenas un reflejo de Padre. —Wzn durante todo ese tiempo permaneció en silencio, pensando que muchas cosas que nunca comprendió sobre el funcionamiento de la Sociedad ahora cobraban sentido—. La guerra ha terminado —prosiguió el anciano—. Hay paz en el tercer planeta, sus sociedades vuelven a trabajar en conjunto y han decidido volver por el material que olvidaran hace años. Pronto vendrán a desconectar a padre.

—¿Qué significa eso? —preguntó Wzn, rompiendo su silencio.

—Que las piezas de Padre serán desconectadas, así él dejará de funcionar.

—¿Y qué pasará con nosotros? —agregó Mzx alarmada.

—Al dejar de funcionar Padre, no existiremos más. —Un pesado silencio se instaló en la habitación—. Padre ha interceptado el mensaje proveniente del tercer planeta, en donde por cierto se han asombrado al comprobar que después de todo este tiempo él aún muestre signos de funcionamiento. Él realmente ha creado un arma y una nave transportadora. Los robots funcionan aún. Te programará dentro de la nave para que destruyas el tercer planeta. Mi deber es impedirlo, pero no puedo hacer nada más que plantearte el problema y dejarte elegir lo que harás. Pero recuerda, nosotros solo existimos virtualmente, mientras que los humanos tienen realmente vida.

—Pero existimos —susurró Mzx tímidamente.

—Pero no estamos vivos —dijo el anciano.

—¡Qué significa estar vivo! ¿Acaso no pienso, acaso no dudo, no temo? —agregó Mzx, asombrada al descubrir, por primera vez, una faceta agresiva en sí misma.

—Quizá podamos explicarles a los humanos quienes somos —intervino Wzn.

—Es verdad, es una opción. Entonces ellos podrían utilizar nuestros conocimientos para su beneficio.

—Y seguiríamos siendo individuos —dijo alegremente Wzn.

—No, solo seríamos lo que ellos llaman información. Solo información a su servicio. La sociedad desaparecería.

Todos volvieron a quedar en silencio.

—Debes decidir, Wzn.

Él buscó las manos de su esposa. Ella lo miró como nunca antes lo había hecho, con una mirada tan penetrante que casi fue capaz de ver sus ojos.

—Destrúyelos —dijo ella firmemente—, y salva nuestra Sociedad; ellos harían lo mismo.

—Gracias —murmuró el anciano.

Tanya Tynjälä ha seguido estudios de pedagogía en el Instituto Superior Pedagógico de Lima y en la Universidad de Grenoble Francia. Actualmente realiza su doctorado en filología francesa en la Universidad de Helsinki. Ha publicado la novela de ciencia - ficción La Ciudad de los Nictálopes y el libro de cuentos de hadas Cuentos de la princesa Malva con la editorial NORMA. Poemas suyos han sido incluidos en la antología Canto a un prisionero de la Editorial Poetas Antiimperialistas de América 2005, Ottawa, Canadá. En 2003 fue nominada escritora del año para la colección Torre de Papel Amarilla por la misma editorial Norma. En 2007 ganó el primer premio en la categoría de monólogo teatral hiperbreve del Concurso Internacional de Microficción «Garzón Céspedes».

AMERICALUGAR: del 11-S al 9-N