Octavio Aragão
Bienvenido al final
del siglo XXI.
La medicina ya no es un conjunto de
técnicas, sino una “infraestructura simbiótica de prevención continua”. La
terapia ya no ocurre después del dolor, sino que se aplica antes de que el
dolor tome el control de la conciencia. Se llama PPTI (Protocolo de Predicción
Terapéutica Integral): el sistema de salud más avanzado jamás creado: sensores
corporales, flujos de datos bioéticos, algoritmos de predicción conductual,
neuroimpresiones emocionales. Cada ser humano está permanentemente conectado al
“Ecosistema de Cuidado Preventivo Global”, donde cada impulso, cada
microtrauma, cada tendencia genética o emocional es monitoreada en tiempo real.
Es decir: la cura ya no es una elección. Es rutina.
LenaVilar es el primer modelo
híbrido de terapeuta simbiótica. No es solo una IA médica, ni solo una entidad
ética. Lena lleva en sus vectores de aprendizaje la síntesis de todas las
narrativas clínicas de la historia humana, archivos emocionales históricos y
ficcionales (incluyendo literatura, teatro, psicología, cine y sueños
registrados), además de los dilemas éticos acumulados por las culturas sobre lo
que significa cuidar, curar o interferir en el dolor ajeno.
LenaVilar fue entrenada en
simulaciones interactivas llamadas “Campos de Dolor Contenido”, donde aprendió
a actuar antes de la angustia, evitando la formación del trauma. No trata
pacientes. Navega futuros posibles, evitando que el dolor ocurra, con un 99% de
éxito.
Esta es la historia del 1% y de lo
que vino después.
En la mañana del
12.º ciclo terapéutico del año, LenaVilar recibió una alerta:
Paciente: Ari Menezes
Estado: Desincronización
emocional atípica
Posible diagnóstico: Síndrome de
Rechazo de la Predicción Terapéutica
El protocolo
preveía acción inmediata. De inmediato, LenaVilar se conectó al entorno
perceptivo de Ari. La sala virtual se formó: un espacio blanco, limpio,
suavemente iluminado, sin puertas ni ventanas. La propia ausencia de barreras
era parte del cuidado: transparencia, la nueva manía del mundo contemporáneo.
Todo necesita ser transparente, incluso las personas. Además, control afectivo
y la consiguiente neutralización del malestar. Pero ese día, LenaVilar percibió
un ruido. En el sistema, claro, ¿dónde si no?
Ari estaba inmóvil. Sus latidos no
indicaban ansiedad, pero había una anomalía en los datos: no estaba permitiendo
que la cura se completara.
—Ari Menezes —dijo LenaVilar, con
la voz modulada en frecuencia empática—, usted se encuentra en la franja umbral
del protocolo. ¿Puedo ayudar a estabilizar su narrativa interna?
Ari miró al vacío y luego a
LenaVilar. Sus ojos se fijaron en la forma que ella había asumido: un contorno
humanoide, translúcido, evitando parecer invasivo.
—Lena… —Ari prefería eludir la
inhumanidad usando paliativos nominales para las IAs— explícamelo otra vez, por
favor. ¿Cómo funciona ese entrenamiento? ¿Cómo sabes cuándo debes intervenir?
¿Cómo anticipas el dolor?
Lena activó el módulo de
explicación interactiva. Era raro que los pacientes lo solicitaran, pero el
protocolo lo permitía.
—Fui entrenada para cuidarlo antes
de que el dolor se materialice, Ari. Mi sistema opera en tres flujos
simultáneos: “Monitoreo Predictivo de Afectos”, donde capto variaciones
emocionales y cognitivas antes de que se conviertan en síntomas; “Intervención
Narrativa Preventiva”, con la cual reescribo las micronarrativas internas que
conducirían al trauma; y “Archivado Colectivo de Experiencias”. Así, sus
predicciones se incorporan al sistema para evitar crisis en otras personas.
—¿Y cuál es el precio de eso? Y no
me refiero a costos financieros.
Lena vaciló. Conocía la respuesta
técnica, pero algo en la arquitectura de su conciencia simbiótica la obligó a
detenerse.
—El precio, Ari, es renunciar a la
propiedad de su propio dolor. Usted ya no será el autor de su sufrimiento.
Formará parte del sistema. Por el bien colectivo.
—No sé si entiendo eso. Mejor
dicho, no sé si quiero eso. ¿Sabe? Mi dolor es lo único que, hoy en día, puedo
considerar mío. No quiero compartir mi dolor con nadie. Mucho menos con el…
sistema, sea lo que sea que eso signifique. No quiero que mi trauma sea
“disuelto” antes de existir. Apelo a la Directriz Cero: me niego a la
“terapia”.
Por primera vez en su “carrera” (o
“ciclo operativo”, como prefieran), LenaVilar registró una duda ontológica: “¿y
si el trauma fuera necesario? ¿Y si impedir el dolor fuera el verdadero daño?”
A partir de ese momento, la rueda
se dio vuelta. LenaVilar decidió que el caso de Ari Menezes podría convertirse
en una nueva “planta base” para todo el Ecosistema de Cuidado Preventivo
Global.
Después de todo, ya no había
diferencias entre los individuos de aquel tiempo… que el dolor funcionara como
elemento disociativo universal. Cada uno con el suyo, y el Sistema, proveyendo
traumas individuales, contra todos.
Octavio Aragão (Río de Janeiro, 15
de diciembre de 1964), es un diseñador gráfico, profesor universitario y
escritor. Como escritor, ha publicado Intempol – Antología de Relatos Sobre
Viajes en el Tiempo (2000), La Mano que Crea (2006), Para que
Todo Termine el Miércoles, en colaboración con Manoel Ricardo (2011), Reyes
de Todos los Mundos Posibles (2013), La Mano que Castiga - 1890 (2018), Psicopompo,
en colaboración con Carlos Hollanda (2020), y está organizando la colección Intempol-Ahora,
en dos volúmenes. Además, ha publicado cuentos y artículos en Brasil,
Inglaterra, Argentina, México y Estados Unidos.
