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domingo, 17 de mayo de 2026

LA BESTIA

José Massaroli

 

“Envidiaba la felicidad de las bestias.”

Arthur Rimbaud

 

Partimos inmediatamente después de recibir la señal de alarma en el Comando Espacial.

Nuevamente ha aparecido la bestia en las selvas de Tierra'1.

¡Tierra'1! ¡La cuna de la humanidad! Inhabitable durante siglos, después de la espantosa guerra nuclear que acabó con la civilización y prácticamente toda la biósfera en el planeta, desde hace algunas décadas ha comenzado a mostrar, de manera acelerada, signos de vida vegetal y animal; algunos de ellos realmente alarmantes, como La Bestia.

Desde Tierra'3, única colonia superviviente de la catástrofe, ubicada en el planeta Marte, se mantiene una estricta vigilancia. Satélites que cubren toda la superficie y robots de vigilancia diseminados por los cinco continentes, captan y transmiten cada signo de vida al Centro de Control Planetario. Hay una consigna insoslayable grabada a fuego en nuestras mentes, y es "Que no se vuelva a repetir nunca más un cataclismo como el del siglo XXI"...

B'12 y yo, justamente, pertenecemos a la sub|casta de Mantenimiento del Orden. Una unidad especializada en borrar cualquier tipo de amenaza hacia la civilización que se ha logrado preservar hasta ahora. Somos una de las castas menos favorecidas en la distribución de bio|inteligencia, debo aclarar; pero no necesitamos más para el tipo de misiones que nos han sido destinadas. Como ésta, por ejemplo, casi de rutina, donde sólo hay que ir, cumplir un protocolo sencillo, y regresar.

El micro|bote de desembarco ha partido de la nave madre, que dejamos orbitando alrededor del planeta. El trayecto desde Marte hasta aquí fue normal, todo lo rápido que amerita la situación de alarma. Ahora nos toca a nosotros dos continuar a solas con la misión.

—¡Tierra’1!

Las vibraciones del inter|chip cerebral hieren nuestros sensores.

—Bien, B'12, ya estamos en órbita alrededor de la vieja y querida Tierra. ¿Está todo preparado para el descenso? —pregunto, según el protocolo, a mi compañero.

—Todo listo, D'04, señor —contesta B'12 según el protocolo.

Aterrizamos con el pequeño micro|bote de desembarco. Pisamos tierra. Los drones que nos precedieron han seleccionado el mejor lugar para posarnos. Según sus informes y la inteligencia satelital previa, la Bestia ha de estar cerca. Nuestra misión es aniquilarla.

—¿Dónde está Sabú Z'15?

—Allí viene.

—Bienvenidos, bwanas. Aquí están sus armas.

El Z’15 es el mejor modelo de robot|guía para zonas tropicales. No tiene piernas; no las necesita, ya que se traslada sobre un colchón de plasm[hidrógeno. Por algún capricho de la Tecno|Inteligencia Suprema, que a veces abreva en los archivos históricos de las culturas extinguidas, el robot ha recibido el nombre de Sabú, y su vestimenta holo|sintética fue diseñada y confeccionada según lo acostumbrado en la antigua India durante la colonización británica.

Este instrumento de vigilancia in situ es quien transmitió la alarma sobre la aparición de la Bestia; pero no está programado para destruirla. Por eso nos entrega inmediatamente un par de pisto|lásers de última generación. El "trabajo sucio" es exclusividad de nuestra sub'casta. Nunca fallamos.

Ahora avanzamos por la verde y tupida vegetación de este sector del planeta que, milenios atrás, ocupaba la Antártida. Con el apocalipsis nuclear, la Tierra cambió su eje de rotación y de ahí este clima tropical, donde antes sólo hubo hielo y frío. Nadie diría que hace siglos la región era un vasto páramo radioactivo como el resto del planeta. ¡La ingeniería núcleo|reconstructiva ha hecho milagros últimamente!

—¿Ves esas aves, Sabú? —digo, mientras levantan vuelo unos vistosos pájaros de tres ojos, cuernos y brillante plumaje tornasolado. Siento una inexplicable inquietud. Empuño mi arma. Mi mano apunta con precisión aunque con un ligero temblor. ¿Un rasgo humano? Deberé estar en guardia! Hago la pregunta obligatoria—: ¿Puedo dispararles?

—Está prohibido, bwana. Son neo|especies útiles para la Ciencia. Están siendo estudiadas por varios laboratorios y se hallan protegidas por los protocolos 758 y 902 —es la respuesta inmediata, mecánica, invariable en estos casos.

No entiendo por qué me siento frustrado. Sé perfectamente que no nos está permitido relacionarnos con ninguna especie de la Tierra ni afectarla de ninguna manera, excepto cuando se nos ha asignado una misión como ésta. Ni siquiera debí preguntar. Creo distinguir, a través de los visores, una tenue sonrisa en el rosto habitualmente imperturbable, de B’12. Eso tampoco me resulta comprensible.

De pronto, nuestros inter|chips captan nítidamente una voz humana, muy cercana, en un radio de apenas 40 ó 50 metros. La exuberante vegetación no nos permite ver quién la emite. Le hago una seña a mi compañero y nos dirigimos hacia el lugar que nos indica el geo|localizador, extremando las precauciones para no ser detectados. La voz, que se expresa en un grosero dialecto primitivo apenas comprensible por nuestros audi|traductores, continúa:

¡...Y mi próxima ley será la de pena de muerte!

Cada vez más cercana, la voz. Capto un tono airado, agudo, irritante; se podría catalogar en la categoría "discurso de odio", o también como “Peligrosa+” según la programación básica de la sub|casta, pienso. Enseguida me llega el pensamiento de B'12 que responde al mío: “Pienso lo mismo, jefe...”. ¡Es una suerte estar neuro|conectados permanentemente!

—¡...Muerte a todos los traidores que se pongan al servicio de nuestros enemigos!

Ahora lo veo. Un ejemplar de regular tamaño en medio de un amplio claro entre la vegetación. Habla sin ningún tipo de micrófono o inter|chip, lo que demuestra su primitivismo extremo. Lleva una especie de uniforme militar del siglo XX, con gorra y pistolera al cinto incluida, y se dirige con gestos ampulosos a una irregular manada de unos cien individuos de su mismo tipo, machos y hembras, pero menos desarrollados físicamente. Por lo que se ve; sólo saben decir "¡Sí!", "¡Viva!" y aplaudir.

¡...Enemigos que vienen de otro planeta, que nos odian y nos temen!! —enfatiza la Bestia, amenazante, exhibiendo sus colmillos cariados y revoleando un puño amenazador.

Rodea a la Bestia una guardia de varios ejemplares de humanos bastante robustos y armados con lanzas y puñales. Veo también en su poder otras armas rudimentarias, similares a los antiquísimos mosquetes y arcabuces de los primeros tiempos de las armas de fuego en la Tierra. Pero no hay que subestimarlas: con ellas se encendió la mecha que terminó destruyendo la vida en el planeta cuando se llegó en pocos siglos a la energía nuclear. También puedo apreciar dos ejemplares del sexo femenino, en óptima condición reproductiva, con escasa y provocativa vestimenta, echadas a los pies del líder de la manada, la Bestia…

—Las hembras son hermosas…

Interrumpe mi observación el súbito e inapropiado pensamiento de B'12 a través del inter|chip. A veces mi compañero me sorprende, realmente. Tendré que informar. Tal vez haya que hacerlo pasar por un curso de reprogramación cuando volvamos a la base.

—Sí... pero recuerda las leyes... —le doy la respuesta prevista en el protocolo de Conductas Alteradas.

…¡Y haremos la guerra a toda otra manada que trate de oponerse a nuestras justas necesidades de espacio vital y alimento! Porque la nuestra es la Causa de la Libertad y la Justicia!

Es un ejemplar claramente peligroso pero no demasiado impresionante; los he eliminado peores. Sin embargo, es evidente que posee un considerable poder de seducción sobre la manada. Las órdenes son claras… Lo tengo en la mira...

—¡Fuego!

Disparamos al unísono, una milésima de segundo después de que yo transmitiera la orden.

Un solo disparo de las pisto|láser basta. La Bestia cae fulminada, con el pecho destrozado y las extremidades ardiendo. Las hembras, salpicadas con su sangre, han salido ilesas y alborotan con sus gritos destemplados La manada huye en desorden. No vale la pena eliminarlos… por ahora. Sin la conducción del líder, volverán a su estado natural de apatía e ignorancia y estoy al tanto de que a la Tecno’Inteligencia Suprema le interesa investigar sus características y evolución.

—No hay que olvidarse de llevar la cabeza de la Bestia, como prueba de su destrucción —le digo a B'12, quien de inmediato cumple la orden y le rebana limpiamente el cuello con su electro|machete.

Nuestra misión está cumplida. Sólo nos queda regresar a la base y esperar una nueva misión. Sabú nos acompaña hasta donde se halla posado nuestro mini|bote de desembarco.

La cabeza de la bestia gotea una sangre roja, caliente, desde su cuello cortado, mientras oscila colgada de la mano de mi compañero. Me quedo mirando cómo esa sangre forma un charco en el suelo, empapando la verde gramilla; nunca termino de acostumbrarme a este espectáculo. ¡Hay tanta vida allí! Una vida que acabamos de extinguir, claro… De pronto me preocupan estos pensamientos. ¿No denotan cierta... como diría, cierta envidia… cierta empatía? Son sentimientos prácticamente erradicados de nuestra mente, de nuestra civilización... ¿Tendré que informar? ¿Necesitaré yo también un curso de reprogramación?

—Adiós, bwanas.

—Hasta la próxima, Sabú.

Despegamos. Ya todo es rutina. Una vez en la nave madre, sólo quedará redactar un amplio y aburrido informe y emprender el regreso a Tierra'3, en Marte. B'12 ha colocado la cabeza en el refrigerador cuántico y yo me encargo de poner en marcha el protocolo de regreso. Entramos en el modo Ahorro de Energía. Antes de caer en el sueño profundo que nos evita malgastar días o semanas de inacción sin provecho alguno, me asalta otro de esos pensamientos inquietantes, prohibidos, tan peligrosos: “¿No tendrán más derecho a la existencia esos míseros seres acosados por el clima, las enfermedades y nuestra vigilancia implacable y a pesar de todo eso, deseosos de existir, de defender su espacio y su derecho a la libertad, a elegir sus propios líderes, a progresar?... Después de todo, descienden de aquellos que nos crearon hace milenios”… ¡Oh, oh!… La palabra “progresar”, una de las tantas excluidas de nuestro vocabulario; ha encendido la señal de alarma en el chip|sensor correspondiente. Su vibración me aturde hasta que pulso el botón de Acatamiento Absoluto. Esto, como todo, queda registrado y me costará, seguramente, una reprogramación… ¡Quién sabe si me volverán a encomendar otra misión! Al personal dudoso lo trasladan al Depósito Ultra|dimensional… Se apagan mis circuitos. Antes de caer en la inconsciencia tengo un último pensamiento, si así se lo puede llamar:

“Tal vez no debimos devolverle las armas a Sabú, al marcharnos. En Tierra'3 no se utilizan para nada; no hacen falta. Sólo nosotros, robots modelo T'50, los más avanzados, que fuimos proporcionados a la sub|casta de mantenimiento del orden por la Tecno|Inteligencia Suprema, estamos programados para saber usarlas… Tal vez…”

José María Massaroli (Ramallo, Buenos Aires; 30 de septiembre de 1952) es un dibujante y guionista de historieta y animación argentino, dedicado, desde 1991, a ilustrar cómics de los personajes de Walt Disney. Desde 2010, publica libros de historieta sobre hechos de la historia argentina. Y en los últimos años ha incursionado en la narrativa, gracias a lo cual ha publicado cuentos de ciencia ficción en la revista Sensacional #13 y #22 y en Fantasías Futurísticas #4. En 2025 se publicó su libro Planeta Cancelado y Otros Relatos, que contiene diez cuentos de ciencia ficción y fantasía.

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