Vahram Martirosyan
Los
tres estábamos sentados en taburetes altos y redondos, de esos que se estrechan
en la parte superior y tienen un círculo de madera alrededor de la parte
media de sus patas delgadas. Estábamos en un puente, cerca
de la barandilla, mirando hacia abajo y hablando de esa gente. Muy abajo estaba
el río, cuya orilla derecha ascendía por una empinada ladera, casi vertical,
cubierta de espesa vegetación, y la izquierda, de árboles, cuyas aberturas
revelaban casas de madera descoloridas de dos niveles. Supuestamente, la
carretera pasaba por detrás de esas casas.
—Vivían principalmente de la pesca
—dijo la persona
sentada a mi izquierda, a quien no
recuerdo.
—Parece que el pescado
debía de ser abundante en aquella época,
y vivían sin preocupaciones — intervine, diciendo todo lo que pude
sobre el tema.
—Hace cien años que no pescan.
—¿Por qué? —pregunté, preocupándome, porque disfruto bastante
cenando pescado a pesar de mi desinterés declarado por la pesca
en sí.
—Lo hicieron
para que el río pudiera
recuperar su población de peces —dijo
la persona a mi
derecha, un viajero turco medieval.
Miré
hacia abajo con más atención y noté que en muchos puntos el río se había
convertido en un pantano, completamente estancado, cubierto de juncos y otras
plantas hasta su punto medio. Por supuesto, a nadie le importaba el río ni se
había acercado a él en mucho tiempo, lo que probablemente significaría que
ahora estaba lleno de peces que proliferaban entre los tallos de los juncos.
Incluso entrecerré los ojos para ver si distinguía algún rastro de su
movimiento en el agua. En ese preciso
instante, la persona
sentada a mi izquierda señaló
con la mano hacia la orilla
izquierda del río, donde, sobre un alto sauce, un pez revoloteaba.
—¡Mira, un pez volador!
—exclamó.
El pez voló aún más alto sin dejar
de revolotear ni un solo segundo y en uno o dos minutos casi nos alcanzó. Con un movimiento
brusco de mis manos, lo atrapé. Era un pez de entre trece y quince pulgadas
de largo, y lo único
extraordinario en su aspecto era que la parte inferior
de su cuerpo era completamente recta
en lugar de redondeada. No se movía
mucho, así que aflojé la mano de mi primera presa y se la
mostré a las dos personas sentadas conmigo.
—¡Qué maravilla! —dijo el viajero
turco. —Solo había
oído hablar una vez antes de este pez.
Era
solo un pez, y demasiado pequeño para compartirlo entre tres personas, pero
como era un hallazgo tan inusual,
no quería regalárselo sin más a mis compañeros. Al final me cansé y decidí
devolverlo al río. Pero, como pronto descubrí, estaba firmemente pegado a mi
mano. Con un esfuerzo tremendo, usando la mano izquierda como palanca, despegué
los dedos de su cuerpo, pero seguía pegado a mi palma
derecha; lo peor es que empezó a arrastrarme hacia el río. Lo apreté contra
mi pierna y, con un movimiento rapidísimo, finalmente lo despegué
de mi mano. Pero se me pegó a los vaqueros justo por encima de la
rodilla y siguió arrastrándome, con una fuerza
sorprendente, hacia el agua. Como estaba sentado
en un taburete alto y la barandilla de madera del puente era bastante baja, cualquier movimiento
siguiente podría haber sido fatal.
—¡Ayúdenme! —supliqué
a mis vecinos en voz baja.
—Parece un pez normal.
Y, contra el azul oscuro
de los vaqueros, se le ven las escamas
—dijo la persona sentada a mi
izquierda, a quien no recuerdo.
De repente,
con los dedos
de ambos manos
enganchados, el viajero
turco me arrancó
el pez de la pierna. El pez empezó a revolotear en el aire frente a su
cara. El turco tenía un pelo fino y rizado que se espesaba a los lados de la
cara, cerca de la barbilla. Si ese pez se le hubiera quedado enganchado en el
pelo, nunca habría podido quitárselo.
Vahram
Martirosyan (Gyumri, Armenia, 27 de julio de 1959) es un escritor,
guionista y periodista armenio. Su primera novela, Deslizamiento de
tierra (2000), fue un bestseller en Armenia y una de las
pocas novelas armenias modernas traducidas al extranjero, como Glissement
de terrain en francés. Estudió en el Departamento de Filología Armenia
de la Universidad Estatal de Ereván (UEE) de 1976 a 1981. Completó
estudios de posgrado en Psicología y Pedagogía en la Universidad Estatal
de Idiomas de Ereván en 1983 y en Literatura Rusa en UEE en 1984. Estudió
lengua y literatura húngara en Budapest entre 1987 y 1988 dentro de
un programa de intercambio para escritores y traductores. De 1984 a 1986
enseñó literatura rusa en la Universidad Estatal de Ereván. En
los años 90 fue subeditor jefe del semanario Hayk y luego
corresponsal parlamentario. En 1993 fue nombrado Subjefe del Comité Estatal de
Radio y Televisión de Armenia. Entre sus otras obras publicadas pueden
mencionarse: Disfrazado para la cruz, novela histórica, 2002; Migajas,
cuentos, 2003; Historia europea. novela corta, 2003; Búhos,
colección de novelas cortas, 2005; Amor en Moscú, novela, 2015; Paredes
de algodón, novela, 2019; Excavaciones de la historia armenia, ensayos, 2024.
