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viernes, 30 de enero de 2026

LOS SIETE DURMIENTES

Rosana Aldonate

 

                                                              … vi… a Averroes, que el gran comentario hizo. Dante Alighieri

La Divina Comedia

 

Los siete camaradas subieron al avión que los conduciría al destino prefijado. Escapaban del terrorismo de estado imperante en el país natal cuyo gobierno consideraba peligrosa a la juventud y era intolerante con las ideas que los jóvenes profesaban por considerarlas atentatorias contra la civilización occidental y cristiana, de la que los gobernantes se erigían en guardianes. Huían de la amenaza que pesaba sobre sus cuerpos y sus vidas.

Cercanos a la aeronave percibieron la escalerilla como el acceso a un reducto protector, a un verdadero refugio. Ocuparon sus asientos, precintaron el cinturón de seguridad alrededor del cuerpo como quienes se sujetan a la seguridad aniquilada en el país que dejaban y dispuestos a la libertad también allí cercenada.

Despegaron en el avión que se internó en las nubes con hipnóticas alitas blancas. Conciliaron rápidamente el sueño ausente en las anteriores vigilias expectantes y prolongadas. El reposo se les fue animando de imágenes múltiples y caleidoscópicas, reconfigurándose en ficciones más organizadas.

Tuvieron un sueño en común en el que los siete partían en busca de palabras, de dos palabras que en el sueño se graficaban como dos gigantescos paréntesis que incluían puntos suspensivos en su interior, mientras el séptimo punto caía fuera del paréntesis. Saltaron de los puntos a un piso denso, resbaladizo; patinaron hasta chocar contra una muralla en la que estaban dibujados los dos grandes paréntesis de nada. Los puntos se habían borrado. ¿Por la lluvia? Continuaron caminando adosados al muro por varios kilómetros, sofocados por el calor y el cemento. La muralla desapareció dentro de los paréntesis. Avanzaron entonces junto a las marcas semicirculares. Mareados, cruzaron la línea e ingresaron a un cuento. El desconocimiento de las dos palabras continuaba. Obtuvieron un salvoconducto para asomarse al inicio y al final del relato, previo a lo cual tuvieron que inventar un aparato necesario para encontrar lo que buscaban. Se toparon con una directa indicación para los lectores “si desean conocer cuál es el aparato que inventaron los siete durmientes leer la nota al pie de página que refiere al segundo significado en el diccionario de la palabra busca (*)”. En el dispositivo creado recibieron un guarismo al que descifraron como el número de la página a la cual dirigirse.

 En la carilla indicada se encontraron con un asterisco que especificaba: *si quieren saber cuáles son las dos palabras que desconocen los siete durmientes por favor remitirse al cuento “La busca de Averroes” de Borges. Gozando del permiso recibido y haciendo uso de su invento pudieron volver desde el desarrollo del cuento a la página de inicio donde estaban planteadas por Averroes las dos palabras que les faltaban.

Se sorprendieron de no despertar una vez provistos de ambas palabras, lo que implicaba que no habían llegado aún al ombligo del sueño.

Un nuevo número apareció en la pantalla del artificio. Saltearon una, dos y tres páginas del relato hasta llegar a la cifra apuntada en el visor. Fueron espectadores y a la vez actores de lo que allí acontecía: escenas de una obra de teatro titulada “Los siete durmientes de Éfeso”. Siete durmientes como ellos pero de Éfeso, no de Argentina, se retiraban a una caverna, oraban, dormían con los ojos abiertos, despertaban trescientos nueve años después, entregaban al vendedor una moneda.

Esa moneda fue para el vendedor la prueba suficiente de que los siete durmientes de Éfeso venían de otra época, y la cruz que vieron los siete durmientes en la cúspide de una iglesia de Éfeso fue para los siete cristianos la demostración de que no estaban en su tiempo, en el que se perseguía a los cristianos. Como dijo un filósofo francés, resultó una ironía que los siete durmientes de Éfeso despertaran tan tarde cuando el cristianismo estaba impuesto y ya no había ningún escéptico por convencer.

Nuestros siete durmientes en cambio pensaron que al contrario de los durmientes de Éfeso que debieron esconderse en la caverna de la persecución del emperador pagano, ellos escapaban de quienes se arrogaban ser custodios de la civilización justamente cristiana y pensaron también si, cuando despertaran, estarían a tiempo de incidir en las circunstancias o si sería demasiado tarde.

Ingresaron a un campo silencioso de amapolas y valerianas que rodeaba la entrada de una caverna oscura. Para pasar debieron dejar en la boca de la gruta su invento y las dos palabras que habían recuperado en el cuento “La busca de Averroes”. La oscuridad reinante era total, no podían hacer otra cosa que sentarse en cualquier sitio próximo.

Una brisa perfumada nutrida de imperceptible polen se inmiscuía del exterior espesando la negritud interior e incitándolos al sueño. No era posible sustraerse a esa natural inducción hipnótica. Se dejaron ir dócilmente porque siempre se puede despertar por obra de un ruido o de algún real. Antes de llegar al sueño profundo advirtieron con cierta inquietud que se trataba de un sueño dentro del sueño y que la caverna, absolutamente oscura, estaba custodiada por un tal Morfeo cuya principal tarea es evitar que los ruidos despierten al durmiente. Les quedaría entonces como único recurso encontrar el real para despertar del dormir fatídico, pero inmediatamente cayeron en la cuenta de que lo real es imposible de representar. En ese último borde lúcido conciliaron el sueño de manera profunda. Allí donde ya no se sueña

(*) Busca: mensáfono, aparato portátil que sirve para recibir mensajes a distancia.

Rosana Aldonate es licenciada en psicología de la UNT, Magister en Administración y Gerenciamiento en Salud de la Universidad Favaloro y Magister en Clínica Psicoanalítica. Actualmente se desempeña como psicoanalista y perito judicial. Ha publicado, entre otras obras, Por todo lo durante (poesía, 2003), El cuartito del otro lado (relatos, 2008), “El enigma de camarones” (cuento largo, 2012) y La nota y el énfasis (relatos breves y microrrelatos, 2025). Participó además en diversas publicaciones colectivas como Letrarte (2010) y Aturucuto2 (2011). Escribe en Revista Avatares (de psicoanálisis) del CID Tucumán, en Revista Link! (Cultural) de Tucumán. Escribió en Revista del Colegio de Psicólogos de Tucumán, en Revista Enlaces (de la Orientación Lacaniana) Buenos Aires y en los blogs Rebussuber y Litur-a-tulia (Madrid).

 

EL GRAN TRUEQUE