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jueves, 30 de julio de 2026

AANISA

Sulma Montero

 

La mesa había sido dispuesta para el almuerzo, los cubiertos perfectamente alineados, descansaban al lado de los siete platos con diseños dorados, sobre un mantel blanco que refulgía cual astro infinito. Mamá lo quiso así; recuerdo su afán de poner con sumo cuidado cada detalle, hasta rescató del olvido una jarra y un par de bandejas de plata que hizo brillar con pimiento rojo. La jarra revivió cuando la llenó con agua de rosas blancas dejadas dos noches al sereno. En las bandejas colocó, con precisión de artista, los frutos de la pasión, las guindas, las uvas negras y las manzanas que vertían un aroma embriagador.

Mi casa era modesta, se ubicaba en el barrio de Jobar, a sólo ocho kilómetros del centro de Damasco.

Ahmad - Ahmed, mi fervoroso adorador, me había conquistado con un puñado de uvas frescas, ofrecidas desde sus manos morenas, la vez que cruzaba el mercado en busca de una cítara.

Al comenzar la guerra no sabíamos lo que nos depararía el destino; aun así, alimentamos el sueño de un amor rebelde que brotaba incandescente en el fondo del corazón, y decidimos realizar la fantasía de consolidar una vida en común.

 

Todavía no había amanecido cuando desperté; era el día de nuestra boda. Temblaba de emoción al imaginar cómo me entregaría a mi amado; entonces probé los dulces que su madre me dejó, pensando en las mieses de su cuerpo.

Antes de sumirme en las aguas del último baño ceremonial, acomodé cuidadosamente mi vestido, el velo y el niqab sobre la cama de mi habitación. Me sonrojó la etiqueta aún prendida en uno de sus relucientes volantes cuajados de pedrería, la retiré despacio y en seguida acompañé el atuendo con collares de amatista y pulseras de colores.

 Con el canto de la alondra y salvando los obstáculos del camino, llegó la maquilladora; preparaba a la vez que cantaba, la tinta de henna roja y negra, después afinó sus pinceles mientras yo tocaba la cítara en un arrebato de pasión. Relucían en mi piel los dibujos florales que hizo en mis manos y pies; y el moño sencillo, con algunos rizos que caían a los costados, me sentaba bien.

Todo estaba listo, la artista se fue contenta y quedé expectante.

Até con delicadeza a mi muñeca la moneda de oro envuelta en seda, deseando con fuerza que sus caricias fueran el bálsamo que esperaba mi cuerpo; luego me perfumé con chandrika, mirra y benjoui, un regalo secreto con el que mi amado me sorprendió cuando nos vimos debajo del limonero, la noche anterior.

Ahora lo aguardo detrás de la cortina, imaginando mi vida entre sus brazos. Él llegará con canciones, cruzará la puerta de mi casa, lo miraré largamente a través del espejo, lo sé.

Mamá y padre también están listos, esperando.

Escucho estallar las bombas, escucho balas, pero estoy segura de que aparecerá con su thaub blanco y su relumbrante mirada de hombre del desierto.

Hay ruido afuera, parece que entran a la sala del comedor, hay música, luz, alegría.

Ahora ellos me aguardan.

 

No sé qué pasó, sigo de pie, pero no estoy.

No hay nadie.

Sólo un ambiente pesado.

No veo mi cuerpo, ni el de los míos: de un momento a otro nos esfumamos, sin más; dejando las puertas abiertas, los manjares aromosos de ambrosía y los bulbos de henna florecientes.

Dicen que fue un gas mortal para animales de sangre caliente como nosotros, quizás tengan razón pues noto que las frutas y los objetos de mi casa aún permanecen; hasta puedo comprender un acto así, nacido de la maldad y la cobardía de los hombres.

 Lo que no entiendo es por qué a mí no se me pasa el amor.

 ¿Dónde está mi adorador, sus brazos morenos, su aroma a desierto?

  No se me pasa el amor, ni el sueño de volver a gozar del extraño brillo de sus ojos, cuando dijo que me amaría para siempre.

Sulma Montero es una autora interdisciplinar, nacida en La Paz - Bolivia. Publicó: Mujer con muñecas, Infancia, Tania en flor, Capricho, Adenda (antología íntima) colección Formas de poesía latinoamericana. Casi poemas (poesía). Estuche original, Escritas en bordó/Con fondo de agua dulce, (narrativa) Serena (novela). Sus poemas han sido traducidos al hindi, marathi, inglés, portugués, chino, ruso y griego. También se dedica a la escultura y la dramaturgia.

 

LA MUERTE DE MI MADRE