José Muchnik
De agua o de arena, de sol o de cuarzo, relojes... ¿Qué miden? El tiempo no fluye, somos nosotros fluído, palabras, sangres, sueños, navegando hacia la única desembocadura, el mismo misterio, delta irreversible. ¡Progreso! ¡Certidumbres! ¡Velocidades crecientes! Más más, más... más rápido, ríspido, rabioso, más miasmas hasta descifrar la sentencia que hechiceros de la séptima noche formularon en los albores del ombligo: “a mayor velocidad menor será el tiempo disponible” formulación conocida en la era del jade como “paradoja de khronos invertido”.
Así fué, quisimos medir el
tiempo, dividirlo en ínfimas láminas para vislumbrar la transparencia del
espacio y aquí llegamos, fuimos nosotros los medidos, descuartizados,
repartidos en jornadas rayuela, saltados entre cronometradas sartenes y
cuadradas casillas ¡hay de quien transpase los límites! volverá castigado al
punto de partida sin percibir el sentido de saltos ... ni casillas.
“Kronókrata: persona que
pertenece a la élite que gobierna el tiempo”, asi fue definida esta palabra en
la Gran Eciclopedia de Boedo hacia los comienzos del tercer milenio. Difícil
imaginarse que hasta ese momento estuviera ausente de charlas y diccionarios,
lo cual refleja la inteligencia de estos individuos, al no ser designados
imposible identificarlos, a menudo ellos mismos no se identifican, es más
quedan oscilando entre sus péndulos, no perciben el vaivén de su vanidad hasta
que el yoyó se estrella contra un espejo inesperado.
Pará, Josecito, ya te zafaste
como de costumbre ¿a dónde querés llegar? Esa es una característica típica de
boedónicos, no hablan para decir cosas sino para encontrar lo que quieren
decir. ¿Cómo querés que sepa dónde quiero llegar antes de largarme al camino?,
ya lo dijo Machado ¿querés que te lo repita?, se hace camino al... Pensándolo
bien kronókratas somos todos, en mayor o menor grado, todos somos cómplices del
corsé que fuimos armando. ¿Ahora nos aprieta mucho? ¿No nos deja respirar
amaneceres? ¿Se forman ilusiones edema bajo la piel o se ampollan deseos
reventados como burbujas antes de llegar a labios? ¿Cómo deshacerse de
miriñaques y elásticos zoquetes? ¿Cómo lograr que los pies recuperen su voz y
nos hagan escuchar la frescura del arroyo?
El problema no son las barajas
–bastos y espadas mienten a sabiendas–, la clave es encontrar el mecanismo del
juego, el orígen de la humana frustración, las cuerdas y zanahorias que los
kronókratas mayores utilizan con maestría para ajustarnos el corsé. Cada vez
entiendo menos, Josecito. Te lo voy a explicar como un cuento para niños a ver
si... Había una vez un mundo sin tractores ni motores ni wifi ni google,
reinaba el tiempo de siembras y cosechas, de solsticios y equinoccios, luego
poco a poco fuimos acelerando, rebanando segundos, perforando instantes,
armando el tiempo comprimido que todos disfrutamos, pero acordate lo que
dijimos, él no pasa, él no cambia, somos nosotros los que pasamos, nosotros los
comprimidos. No, no digas tonterías, no estoy contra el progreso técnico, me
parece genial, fibras ópticas, naves espaciales, internet, facebook, twitter
... ¡progreso técnico! Pero... ¿qué progreso?, lo aprovechamos mal, no sabemos
montarlo con liviandad, al final es él quien nos monta, quien reparte fustazos
sin piedad a jinetes y caballos, nos conduce trotando al bebedero de aguas
secas, y así estamos, arremetiendo contra los palos en una carrera arreglada,
perdiendo las apuestas pues ya no sabemos ni qué clásico estamos corriendo ni
dónde está la línea de llegada.
¿Será posible armar de otra
manera las cosas?, borrar esquemáticas casillas, desabrochar la imaginación,
poner el placer en el centro de las ecuaciones y domar el progreso por más que
relinche, clavarle espuelas en ijares hasta aflojar soberbias, liberar poco a
poco el tiempo de sus chalecos de fuerza. El problema no era transformar el
plomo en oro. ¿Para qué buscar oro? Alquimistas y piedras filosofales erraron
de senda, la gran icógnita era cómo transformar el plomo en tiempo libre ¿cómo
cortar las cuerdas?, rallar las zanahorias, desajustar el corsé, destornillar
los Kronókratas del puente de mando y respirar aire de otros vientos. Tal vez
una invasión de Kronoklastas abra otros futuros, pero esa es otra palabra y
merece otro ideograma, pueden pasar a la página siguiente.
Tiempo libre, utopía de vuelo,
repito: el tiempo no fluye somos nosotros los fluidos, inútil aclarar entonces
que tiempo libre no existe, él está, libres podríamos ser nosotros... ya sería
tiempo.
