lunes, 13 de julio de 2026

KRONÓKRATAS

José Muchnik

De agua o de arena, de sol o de cuarzo, relojes... ¿Qué miden? El tiempo no fluye, somos nosotros fluído, palabras, sangres, sueños, navegando hacia la única desembocadura, el mismo misterio, delta irreversible. ¡Progreso! ¡Certidumbres! ¡Velocidades crecientes! Más más, más... más rápido, ríspido, rabioso, más miasmas hasta descifrar la sentencia que hechiceros de la séptima noche formularon en los albores del ombligo: “a mayor velocidad menor será el tiempo disponible” formulación conocida en la era del jade como “paradoja de khronos invertido”.

Así fué, quisimos medir el tiempo, dividirlo en ínfimas láminas para vislumbrar la transparencia del espacio y aquí llegamos, fuimos nosotros los medidos, descuartizados, repartidos en jornadas rayuela, saltados entre cronometradas sartenes y cuadradas casillas ¡hay de quien transpase los límites! volverá castigado al punto de partida sin percibir el sentido de saltos ... ni casillas.

“Kronókrata: persona que pertenece a la élite que gobierna el tiempo”, asi fue definida esta palabra en la Gran Eciclopedia de Boedo hacia los comienzos del tercer milenio. Difícil imaginarse que hasta ese momento estuviera ausente de charlas y diccionarios, lo cual refleja la inteligencia de estos individuos, al no ser designados imposible identificarlos, a menudo ellos mismos no se identifican, es más quedan oscilando entre sus péndulos, no perciben el vaivén de su vanidad hasta que el yoyó se estrella contra un espejo inesperado.

Pará, Josecito, ya te zafaste como de costumbre ¿a dónde querés llegar? Esa es una característica típica de boedónicos, no hablan para decir cosas sino para encontrar lo que quieren decir. ¿Cómo querés que sepa dónde quiero llegar antes de largarme al camino?, ya lo dijo Machado ¿querés que te lo repita?, se hace camino al... Pensándolo bien kronókratas somos todos, en mayor o menor grado, todos somos cómplices del corsé que fuimos armando. ¿Ahora nos aprieta mucho? ¿No nos deja respirar amaneceres? ¿Se forman ilusiones edema bajo la piel o se ampollan deseos reventados como burbujas antes de llegar a labios? ¿Cómo deshacerse de miriñaques y elásticos zoquetes? ¿Cómo lograr que los pies recuperen su voz y nos hagan escuchar la frescura del arroyo?

El problema no son las barajas –bastos y espadas mienten a sabiendas–, la clave es encontrar el mecanismo del juego, el orígen de la humana frustración, las cuerdas y zanahorias que los kronókratas mayores utilizan con maestría para ajustarnos el corsé. Cada vez entiendo menos, Josecito. Te lo voy a explicar como un cuento para niños a ver si... Había una vez un mundo sin tractores ni motores ni wifi ni google, reinaba el tiempo de siembras y cosechas, de solsticios y equinoccios, luego poco a poco fuimos acelerando, rebanando segundos, perforando instantes, armando el tiempo comprimido que todos disfrutamos, pero acordate lo que dijimos, él no pasa, él no cambia, somos nosotros los que pasamos, nosotros los comprimidos. No, no digas tonterías, no estoy contra el progreso técnico, me parece genial, fibras ópticas, naves espaciales, internet, facebook, twitter ... ¡progreso técnico! Pero... ¿qué progreso?, lo aprovechamos mal, no sabemos montarlo con liviandad, al final es él quien nos monta, quien reparte fustazos sin piedad a jinetes y caballos, nos conduce trotando al bebedero de aguas secas, y así estamos, arremetiendo contra los palos en una carrera arreglada, perdiendo las apuestas pues ya no sabemos ni qué clásico estamos corriendo ni dónde está la línea de llegada.

¿Será posible armar de otra manera las cosas?, borrar esquemáticas casillas, desabrochar la imaginación, poner el placer en el centro de las ecuaciones y domar el progreso por más que relinche, clavarle espuelas en ijares hasta aflojar soberbias, liberar poco a poco el tiempo de sus chalecos de fuerza. El problema no era transformar el plomo en oro. ¿Para qué buscar oro? Alquimistas y piedras filosofales erraron de senda, la gran icógnita era cómo transformar el plomo en tiempo libre ¿cómo cortar las cuerdas?, rallar las zanahorias, desajustar el corsé, destornillar los Kronókratas del puente de mando y respirar aire de otros vientos. Tal vez una invasión de Kronoklastas abra otros futuros, pero esa es otra palabra y merece otro ideograma, pueden pasar a la página siguiente.

Tiempo libre, utopía de vuelo, repito: el tiempo no fluye somos nosotros los fluidos, inútil aclarar entonces que tiempo libre no existe, él está, libres podríamos ser nosotros... ya sería tiempo.

José Muchnik, poeta y antropólogo, nació en 1945 en la ciudad de Buenos Aires. Ingeniero Químico de la UBA (1973). Reside en Francia desde 1976. Graduado Doctor en Antropología de l’ Ecole d’Hautes Etudes en Sciences Sociales de París. Especialista en el estudio de culturas alimentarias locales, recorrió diversos países de África y América Latina. Realizó numerosas obras de poesía, novelas, ensayos y muestras fotográficas. Publicaciones recientes. Crítica poética de la razón matemática, 2015, poemas (bilingüe, español-francés). Ed. L’Harmattan. Geriatrikón, 2017, novela, Ed CICCUS Buenos Aires. Desgarros: exilios, duelos, muros, 2018, poemas y relatos. Ed CICCUS Buenos Aires. Chant pour Paris, 2019, Ed. Unicité, Francia. Di-Amantes: 2019, poemas, Ed CICCUS Buenos Aires. « Poemas de la cuarentena », 2020, Ed CICCUS Buenos Aires. Dechirures, poemas, 2020, Ed. Unicité, Francia. “Tamukiz”, poemas, en colaboración con Philippe Tancelin, 2021, Ed. L’Harmattan, Francia, “Fracaso”, relato épico, 2023, Ed CICCUS Buenos Aires. Es cofundador del grupo franco-argentino “Travesías Poéticas” (2009); del grupo de poetas franceses “Collectif effraction” (http://effraction-collectif.strikingly.com/) (2016) y del grupo internacional de poetas “Crue Poétique” (Creciente Poética, 2018, movimiento internacional de artistas y poetas por un mundo sin muros ni barbaries.).

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