sábado, 26 de septiembre de 2026

EL CASTILLO DE BRAN SIN DRÁCULA

Rodica Bretin


La maestra solo pasaba lista por orden a primera hora. Únicamente entonces nos llamaba a cada uno por nuestro nombre y teníamos que responder «presente». Cuando nos tomaba la lección, hojeaba lentamente el enorme registro y elegía a los alumnos al azar. Aquellos cuyos nombres había dejado atrás respiraban aliviados, pero la alegría se les esfumaba en cuanto la camarada Dafina empezaba a pasar las páginas hacia atrás.

Cuando oyó su nombre, Marius se puso de pie, tomó su cuaderno y lo abrió con el gesto seguro de quien no temía que le tomaran la lección, sino que incluso se alegraba de que le ofrecieran la oportunidad. ¿Qué había hecho durante las vacaciones de verano posteriores al primer grado? Muchas cosas, grandes y pequeñas, como suele decirse, pero el tema de la composición –cómo pasé mis vacaciones– exigía un acontecimiento significativo, uno solo, algo que mereciera ser recordado años después.

La excursión al castillo de Bran había sido uno de esos acontecimientos que se acomodan en la mecedora de la mente para echarse una larga siesta. Lo había visitado con su padre y había aprendido un montón de cosas interesantes gracias al guía que acompañaba al grupo (¿cómo no se aburría de repetirlas cien veces?). Los turistas entraban por la puerta con una idea equivocada en la cabeza, pero cuando salían eran personas diferentes, bien informadas y con todas sus ideas perfectamente ordenadas. En Bran nunca había vivido ningún vampiro. Tampoco el voivoda Vlad Țepeș había pasado por allí, como creían los ingenuos. El castillo encaramado sobre las rocas había sido primero de madera y después de piedra, construido por los Caballeros Teutónicos según los planos del maestre Theodorikus. Después de pasar de los reyes húngaros a los príncipes de Transilvania, el castillo fue nacionalizado y abierto a los visitantes en 1956. ¡Breve y al grano!

El guía los había conducido por las cuatro plantas del museo, atiborradas de muebles pesados, alfombras comidas por las polillas, pieles de oso, cuadros con retratos de los castellanos, blasones, armas y armaduras. Les había mostrado todos los rincones; eso sí, no habían bajado a los subterráneos con sus mazmorras y cámaras de tortura, que no estaban abiertos al público... En ninguna parte habían visto siquiera un murciélago vampiro, y mucho menos al mismísimo gran señor, Drácula. El conde transilvano que bebía sangre tibia en copas de plata era una invención de un novelista. Después de buscar en vano un lugar en Inglaterra para instalar su castillo –pues los de allí estaban abarrotados de fantasmas que vagaban a medianoche haciendo sonar sus cadenas y llevando la cabeza bajo el brazo–, Bram Stoker lo había encontrado nada menos que en Țara Bârsei.

Marius había quedado impresionado por el alegato del guía, defensor del buen nombre de Valaquia frente a las aberraciones de un libro que se tomaban por hechos históricos. Mientras escuchaba a Marius, yo me había puesto a soñar despierta. ¿Eso significaba ser un escritor famoso? ¿Conseguir que la gente creyera en tus invenciones antes que en los aburridos párrafos de las crónicas? La verdad y la ficción corriendo un maratón a través del tiempo. ¿Cuál de las dos ganaría la carrera?

Marius se humedeció un dedo y pasó la página. Sus ojos se deslizaban por el cuaderno siguiendo palabras, líneas, párrafos.

—Aprendí muchas cosas aquel día. Y después de visitar el castillo, papá me llevó al mercado de artesanías cercano, donde me compró una insignia con Vlad Dracul para que la conservara como recuerdo.

¿Cómo era eso? ¿No es Drácula, pero llevémonos su retrato a casa? El pobre guía se había desgañitado en vano; la historia terminaba en la puerta del castillo, donde comenzaba el turismo... Sin embargo, la composición de Marius lo tenía todo: una introducción, un desarrollo lleno de enseñanzas, una conclusión con moraleja. Era interesante y, sobre todo, educativa. En lugar de ponerle un diez con felicitaciones, la camarada lo llamó a su escritorio. Marius ya había dado unos pasos cuando ella apuntó un dedo hacia él.

—¡Con el cuaderno!

Regresó y lo tomó; ¿qué otra cosa podía hacer? Se lo entregó a la maestra con vacilación, como si no quisiera hacerlo. Yo no entendía en absoluto la pantomima que se desarrollaba ante mis ojos. Y no era la única. Nadie entendía nada. Excepto la camarada Dafina, que volvió el cuaderno con las tapas hacia ella y, sujetándolo por el lomo, hojeó sus páginas en el aire para que todos pudiéramos verlo. ¡El cuaderno estaba en blanco!

Entre las tapas solo había hojas blancas. No había ni una sola página escrita, ni siquiera media página, ni una línea. Marius no había hecho la tarea... Sus ojos habían recorrido cada hoja siguiendo fantasmas de palabras, bajando peldaños invisibles de una línea a la siguiente. ¡Y la escalera no estaba allí! Había fingido tan bien que nos había engañado a todos. ¿Cómo se había dado cuenta la camarada?

La experiencia es la madre de la sabiduría, dice un viejo refrán. Después de tantas generaciones de escolares que habían pasado por sus manos, cada cual más ingenioso que el anterior, la maestra conocía bastantes trucos, y Marius no era ni el primero ni el último que había intentado engañarla.

—¡La mentira tiene las patas cortas!

Era un refrán que nunca había oído. Lo anoté mentalmente, donde yo también tenía un cuaderno de hojas blancas; allí las palabras se escribían y se borraban solas para dejar sitio a otras. Durante mi breve digresión filosófica, la camarada nos había dado un discurso sobre el engaño y sus consecuencias. ¡Estaba hecha una furia!

Marius miraba al suelo, rojo como un tomate porque lo habían descubierto y avergonzado delante de toda la clase. O quizá aquello también fuera fingido y, en secreto, estuviera encantado: ¡había conseguido engañarnos a casi todos! La camarada no apreciaba el ingenio ni estaba de humor para bromas cuando se trataba de los deberes escolares. Marius regresó a su pupitre llevando en brazos un cuatro tan grande como una silla, para que en el futuro se le quitaran las ganas de ejercer la libre iniciativa.

Aunque la historia la escriben los vencedores, no fue la camarada quien dictó el epílogo del incidente del cuaderno. La historia se difundió de boca en boca por las clases vecinas y Marius adquirió rápidamente un aura de héroe. Los alumnos de la Escuela Número 12 de la calle Crișan veían en él a un nuevo James Dean, el rebelde sin causa de Hollywood.

Aunque hubiera sido recitada a partir de unas páginas en blanco, la composición sobre el castillo de Bran estaba extraordinariamente bien narrada. ¡Marius tenía talento de sobra! Una vez que me lo reconocí a mí misma, solo me quedaba admirarlo o envidiarlo. ¿Qué elegir? Me decidí por el camino intermedio. Es el más cómodo, aunque no siempre te lleva adonde quieres llegar.

Pero todos los caminos tienen que llevar a alguna parte, ¿no?

Rodica Bretin es narradora, miembro de la Unión de Escritores, P.E.N. Rumania y la Asociación de Creadores de Ficción. Ha escrito volúmenes de cuentos (el más reciente, Tigrii viséza ín culori, publicado en 2024) y novelas, abordando temas como la memoria, el realismo fantástico, la historia novelada y las fronteras del conocimiento. Ha publicado antologías y traducciones, y su obra figura en diccionarios y volúmenes colectivos. Publica narrativa, ensayos y artículos en las revistas literarias más importantes tanto de Rumania (România literară, Viaţa românească, Convorbiri literare, Luceafărul de dimineaţă, Familia, Vatra, Tribuna, Curtea de la Argeş, Matca literară, Ficțiunea, Leviathan, Astralis, Neuma, Libris, Ateneu, Timpul, Euphorion, Hyperion, Literadura) como de otros países. Ha recibido numerosas distinciones, entre ellos el "Premio COLIN", edición de 2017, el "Premio Daniel Drăgan" en 2022 y el de la Rama de Brașov de la Unión de Escritores, por la colección de cuentos Amurgul elkilor, el "Premio de Ficción", 2023, por el cuento "A opta moarte", y el "Premio de la Revista Literaria Libris a la Prosa", en 2024.

 

EL PEQUEÑO PFFT

Charles van Wettum

—No han entendido nada. No pueden utilizar gradas si emplean un modelo evolutivo para el Diseño de Vida.

—¡Pero, profe! En la clase de Diseño de Religiones usted mismo habló de gradas. Para el culto, si mal no recuerdo.

Las prácticas de segundo año de Construcción de Realidades siempre son difíciles. Los estudiantes del ciclo inicial ya han aprobado los exámenes teóricos de los módulos Construcción de Mundos, Diseño de Leyes Naturales e Implementación de la Realidad, pero ha llegado el momento de demostrar que los han comprendido. Aplicaciones prácticas. Integración de diferentes teorías. El Profesor sabe que estas prácticas exigen una gran capacidad de comprensión por parte de los jóvenes que han elegido el curso acelerado de formación para Creadores, pero las torpezas de este grupo de trabajo le hacen temer lo peor. Por suerte, no está prevista ninguna Creación real.

—Aquello era en otro contexto. Miren aquí.

Se inclina sobre el montaje experimental y pulsa suavemente Calcular. El campo Incongruencia se ilumina.

—¿Habían visto esto?

—Pero, profe, queremos que nuestras criaturitas vean quién creó su universo, así que las invitamos al Gran Estallido y para eso instalamos gradas. ¡Ah, qué impresionadas quedarán!

El Profe sacude... Bueno, digamos simplemente: la cabeza, aunque ninguna de esas dos palabras guarda relación alguna con su esencia existencial.

—Ustedes hacen que sus criaturas surjan mediante la evolución. Bien. Eso es posible. Pero ¿han calculado también hasta qué punto tienen que haberse desarrollado para poder realizar observaciones desde las gradas? ¿Cuándo serían capaces de comprender algo?

Los estudiantes del grupo de trabajo... Bien, para simplificar diremos que se miran unos a otros con expresión interrogante; después de todo, tenemos que decir algo. Acordemos que, en adelante, omitiremos esta clase de traducciones.

Yahvé responde. Es el portavoz autoproclamado del grupo.

—Queremos que sepan algo de nosotros, así que pretendemos transportar temporalmente a toda la población hasta el momento inicial para llenar las gradas.

—Establecer un vínculo entre las criaturas y ustedes mismos es una idea interesante, pero no puede hacerse. ¿Han calculado el Potencial Cerebral necesario? ¿Han tenido en cuenta el bajo Techo Ético derivado de la evolución? ¿La Capacidad Mental de Resistencia? ¿La ausencia de un Pensamiento Multiabstracto básico?

Su cabeza se sacude ahora de manera tan dramática que cualquier metáfora resulta insuficiente.

—¿Han aprendido algo durante mis clases?

—¡Pero nos parece divertido! Empezamos con un Gran Estallido, con muchos efectos luminosos, una buena dosis de radiación intensa y leyes naturales desacopladas. Ya sabe, esa variante del capítulo 3 de Construcción de Mundos. Si hacemos que nuestras criaturas lo contemplen, quedarán impresionadas durante toda su historia.

—¡No puede hacerse!

La voz del Profe se vuelve un poco más aguda. O más fuerte. O más sqrtbmmer, o algo parecido.

—Su realidad se volverá inestable. Sus mentes implosionarán física, mental y éticamente. Será un desastre.

—Pero...

Ante la persistente incomprensión de sus alumnos, el Profesor produce una serie de expresiones que, en términos trascendentes, pueden interpretarse como blasfemias de orden superior. Sin responder al asunto en cuestión, desaparece de la sala de prácticas: que se las arreglen solos, es hora de comer, quiero llegar a casa a tiempo, ya cerrarán ellos cuando terminen.

—Entonces, las gradas no sirven —concluye Yahvé.

Los demás asienten, sin comprender pero abrumados.

—Pero ¿cómo podemos informar a nuestras criaturitas?

—Estoy pensando en la Revelación. Simplemente les contamos cómo funciona todo.

—¿Quieres decir que, a medida que transcurra su historia, les iremos revelando cada vez un poco más?

—Sí, progresivamente. De vez en cuando le contamos algo a alguien.

—O le mostramos algo.

—Buena idea. Pero solo lo que sus pequeños cerebros sean capaces de soportar.

—O apenas un poco más. Eso podría contribuir al Factor de Reverencia que aparece en aquella fórmula de Diseño de Religiones.

—¡Buena idea! Seguro que al Profe le encantará.

Se dirigen unos a otros gestos de aliento. Así la cosa empieza a tomar forma.

—Bien, entonces probemos eso —concluye Yahvé.

Introduce las variables básicas e improvisa unas cuantas intervenciones minúsculas para ajustar con precisión la construcción de cúmulos, sistemas solares y planetas. La evolución debe configurarse de acuerdo con la lista de comprobación 1634 del Cuaderno de Trabajo de Formas de Vida Elementales, y eso supone mucho trabajo.

—¿Así?

—Podemos probar.

Todos observan con expectación cuando se inicia la simulación. Aparece una niebla grisácea. Nada más.

—No aparece luz —señala Yahvé—. Necesitamos luz. Estamos haciendo algo mal.

Consultan la Guía de Clases de Diseño de Leyes Naturales. Apéndice A992: «Variables potencialmente esenciales».

—Esa constante de estructura fina, ¿es importante?

—Ni idea. ¿Y si la hacemos un poco más pequeña?

—¿Y la longitud de Planck?

—¿Energía oscura?

—¡Es una idea ridícula!

—¡Hazlo de todos modos!

La realidad no resulta estable hasta la simulación número trescientos treinta y dos. Luz. Estrellas. Planetas. Agua.

—Todavía hay algunos efectos extraños. Miren, nuestras criaturitas se desarrollan demasiado despacio; así se acabará la Eternidad antes de que podamos contarles algo acerca de nosotros mismos.

—¿Y si las hacemos binarias? ¿Hombre y mujer? Eso resolvería el problema.

—¡Genial, Yahvé!

—Y mucha más variabilidad en las características genéticas. Me parece divertido.

—Más agresividad hará que la historia sea emocionante.

—Y viajes espaciales. Quiero algo interestelar.

Entusiasmados por su propia creatividad, completan juntos las últimas columnas del Apéndice de Salud Física y Mental correspondiente al capítulo Criaturitas y Viditas, apartado 17.

—Con esto debería estar terminado. Por fin; ya estoy bastante harto.

Los miembros del grupo miran a Yahvé.

—¿Preparas tú una copia impresa para el Profe? Puedes hacerlo solo. No tendrás problemas. Si queda satisfecho, quizá más adelante nos permita realizar una Creación de verdad.

—Esto nunca puede...

Antes de que Yahvé consiga terminar la frase, se encuentra solo en el laboratorio. Es lo de siempre con los trabajos en grupo: quien toma la iniciativa termina haciendo las tareas desagradables. En cualquier nivel de la existencia, el sentido de la responsabilidad es una maldición.

Entonces tendrá que... De pronto lo ve: ¡se han olvidado de las revelaciones acordadas! ¡Lo más importante! No puede entregar el trabajo así. Yahvé busca rápidamente el protocolo Comunicación con Criaturas. Resulta complicado: todavía tiene que formular la forma y el contenido exactos, la relación con las distintas etapas de desarrollo, todo. Prepara rápidamente una primera versión, pero después tiene que coordinar todos los elementos entre sí.

Mientras reflexiona profundamente, apoya por accidente la versión trascendente de su codo sobre el teclado de muchísimas dimensiones. No oye el pequeño pfft; el documento absorbe toda su atención.

Después de devanarse un poco más los sesos, hacer algunas tachaduras e introducir correcciones, por fin completa el protocolo. Ahora solo falta enviar rápidamente la copia impresa y entonces... Cuando se vuelve hacia el montaje experimental, descubre que se ha iniciado una Creación.

No un cálculo.

No una simulación.

No: una Creación real.

Con la definición que ellos habían preparado.

Con su primera versión del protocolo de Comunicación.

Al recordar lo sucedido, oye el ¡pequeño pfft! Teclea tan deprisa como puede la versión de máximas dimensiones de CON-ALT-DEL, pero no... La cabina ya ha terminado de imprimir la realidad integral: cada lugar definido en su universo, en cada instante de la historia que han fabricado, reunido en una enorme IRET: Impresión de la Realidad del Espacio y del Tiempo. Para sus criaturitas, eso es «todo y siempre».

Esto es.

Su Creación.

Echa un rápido vistazo al interior. Yahvé siente una punzada de solidaridad con todos aquellos pequeños seres que percibe de una sola mirada, dentro de la cabina de impresión, a lo largo de toda la experiencia temporal de sus vidas. Tan pequeños. Tan vulnerables. Tan indefensos. Lo que para él fue un pfft, para ellos es el Gran Estallido.

¿Borrarlos?

¡Impensable!

Miren eso: ¡incluso lo están buscando a él!

Pensativo, comprueba si mediante algunos ajustes sutiles dentro de la IRET todavía puede hacer algo positivo por todas aquellas minúsculas vidas tetradimensionales. Está dispuesto a esforzarse por ellas.

Después de todo, les ha tomado cariño.

Charles van Wettum escribe historias de ciencia ficción desde 2022. Como astrónomo, prefiere la ciencia ficción dura con rostro humano. Como le gusta decir: "La ciencia ficción trata sobre nosotros y nuestro mundo, incluso cuando no se trata de nosotros y nuestro mundo". Ha publicado decenas de cuentos en neerlandés en sitios web y en antologías. También tiene varios libros firmados con su nombre. Algunas novelas cortas se han traducido al inglés. Todos sus libros y novelas cortas están disponibles digitalmente.

 

 

PARA AMAR A RUSIA NO ES NECESARIO SER RUSO

Abdulkahkhor Kosim

 

Karim, de cinco años, se despertó al amanecer y lo primero que hizo fue mirar por la ventana. El cielo estaba cubierto de pesadas nubes, como si la noche no quisiera marcharse y aún estuviera escuchando el canto matutino del ruiseñor.

Sobre el dastarján lo esperaban leche caliente y un trozo de pan plano recién hecho.

—¿Ya te has despertado? —sonrió su madre—. Lávate y desayuna. La calle no se irá a ninguna parte sin ti. —Advirtió que su hijo estaba más pensativo que de costumbre, le acarició cariñosamente el cabello con la palma de la mano y preguntó—. ¿En qué piensas, mi pequeño tan serio?

—¿Papá volverá hoy a tiempo?

—Claro. Es maestro. Terminará sus clases y regresará.

—Tengo que preguntarle algo. Es inteligente y lee mucho.

—¿Y a mí no puedes preguntarme? —la madre fingió sentirse ofendida—. Yo tampoco soy tonta.

Karim reflexionó un instante.

—Si el sol duerme de noche, como dice papá, ¿por qué hoy todavía no se ha despertado?

En ese momento llegaron desde la calle las voces sonoras de los niños. El rostro del muchacho se animó de inmediato.

—Probablemente hoy el sol haya decidido dormir un poco más, como haces tú algunas veces —rio su madre—. Pero pronto despertará y les pedirá educadamente a las nubes que le dejen paso.

Karim ya no la escuchaba. Salió corriendo de la casa, al encuentro de las voces infantiles y de la mañana que todavía escondía el sol detrás de las nubes.

Al día siguiente, su padre lo despertó temprano. Habían acordado de antemano salir a pasear y ahora abandonaron juntos la casa.

Era el comienzo de la primavera. Las flores brotaban por todas partes: junto a las puertas, en las laderas, entre la hierba e incluso sobre los tejados de las casas. El aire estaba impregnado de frescura y aromas, como si la propia tierra estuviera aprendiendo a respirar después del largo invierno.

Atravesaron las afueras del kishlak y subieron a una colina. Desde allí, Karatag se veía como en la palma de la mano: las casas, los jardines, las calles estrechas y las montañas lejanas que se desvanecían en la bruma matinal.

Los pájaros entonaban sus canciones primaverales y los tulipanes se mecían al viento, pero la mirada de Karim se detuvo en varios montículos cercados. El niño comprendió de inmediato que eran tumbas.

—Papá, ¿para qué hemos venido aquí? ¿Quién está enterrado aquí? ¿Y por qué estas tumbas no están en el cementerio?

El padre suspiró profundamente, se puso en cuclillas junto a su hijo y durante un rato contempló en silencio la lejanía.

—Sabes, Karim, a los caídos muchas veces los entierran en el lugar donde libraron su último combate. Aquí descansan hombres que defendieron Karatag de los basmachíes. —Guardó silencio un momento y luego continuó—. Hace muchos años, en unos días de primavera como estos, el comité revolucionario informó de que grandes destacamentos de basmachíes avanzaban hacia el poblado. Enviaron a Karatag un destacamento especial. En aquellos años había aquí un hospital de evacuación donde atendían a soldados heridos del Ejército Rojo. —El padre hablaba en voz baja, pero Karim escuchaba sin apartar los ojos de las tumbas—. Los enemigos cortaron los cables telefónicos y se acercaron a las puertas de la guarnición. Asaltaron la fortaleza muchas veces, pero los defensores rechazaron cada ataque. Los basmachíes incluso tomaron como rehenes a cuarenta habitantes locales e intentaron abrirse paso utilizándolos como escudos humanos. Pero la guarnición no se rindió. Después de varios días de intensos combates, los atacantes se retiraron. Sin embargo, murieron el comandante del destacamento especial y cinco soldados del Ejército Rojo. —El padre retiró una rama seca de la cerca y la arrojó a un costado—. No solo defendían la fortaleza; también defendían a la gente de la violencia, la arbitrariedad y el miedo. Su muerte no fue en vano. —Recorrió la colina con la mirada—. Desde entonces, los habitantes de Karatag vienen aquí para rendir homenaje a los héroes. Aquí descansan hijos de distintos pueblos, entre ellos hijos de Rusia. ¿Acaso no es un ejemplo de verdadera hermandad?

Karim permaneció en silencio durante mucho tiempo. Después preguntó:

—Una persona puede dar la vida por su país, por sus padres y por sus seres queridos. Pero ¿por qué murieron rusos por nuestra patria, por Tayikistán?

El padre miró a su hijo.

—Para amar la libertad, la paz y la justicia no es necesario ser tayiko. Todos somos hijos de Adán y Eva. El sufrimiento humano no conoce fronteras, como tampoco las conoce la bondad humana. —Hizo una pausa y añadió—. Mira qué hermoso es nuestro Tayikistán. Cuántos grandes hombres ha dado al mundo: Rudaki, Jayam, Hafez, Ferdousí, Rumi, Saadi...

Entonces el padre recordó las palabras de Saadi:

Toda la estirpe de Adán es un solo cuerpo,

creado de un mismo polvo.

Si una sola parte del cuerpo resulta herida,

el cuerpo entero se estremece.

Si nunca has llorado ante el dolor ajeno,

¿podrán los demás llamarte ser humano?

 

Padre e hijo pasaron todavía mucho tiempo arreglando las tumbas: repararon la cerca, retiraron la hierba seca y limpiaron el polvo de las piedras. Solo entonces descendieron de la colina.

A partir de aquel día, Karim regresó allí más de una vez. Recordaba el relato de su padre, imaginaba a los defensores de la guarnición y pensaba en lo que habría hecho él de encontrarse en su lugar. La respuesta era sencilla: lo mismo.

Después de terminar la escuela, Karim eligió la carrera militar e ingresó en una academia militar de Moscú. Allí estudiaban jóvenes procedentes de todos los rincones de la Unión Soviética.

Karim trabó amistad rápidamente con sus compañeros, aprendió a amar la naturaleza rusa y visitaba a menudo las casas de sus amigos. Llevaba consigo la cortesía y el respeto tayikos y, a cambio, recibía el calor de las familias rusas. Los padres de sus compañeros lo recibían casi como si fuera uno de los suyos. Karim leía mucho. Le gustaban Pushkin, Gorki, Maiakovski y otros escritores y poetas rusos. Sentía especial predilección por unos versos de Maiakovski:

Saco de mis anchos pantalones

el duplicado de una carga inapreciable.

Lean, envidien: yo soy

ciudadano de la Unión Soviética.

Pero aquella época feliz resultó breve.

 

Después de su primer año de estudios comenzó la Gran Guerra Patria. La terrible noticia se propagó por ciudades y aldeas y resonó por la radio con la voz de Levitan. La gente se congregaba alrededor de los receptores, escuchaba en silencio las noticias y despedía a hijos, hermanos y maridos que partían hacia el frente.

Karim no esperó a que lo llamaran a filas. Se presentó por iniciativa propia en la oficina de reclutamiento militar y pidió que lo enviaran al frente.

La guerra lo puso en contacto con personas de distintas nacionalidades: rusos, tártaros, kazajos, uzbekos, armenios, georgianos, chechenos, daguestaníes y muchos otros. Hablaban idiomas diferentes, pero en combate se entendían sin palabras.

Un día, después de una encarnizada batalla, Karim y varios de sus compañeros cayeron prisioneros. Los fascistas los interrogaban, les exigían que colaboraran y los amenazaban con fusilarlos o ahorcarlos.

Durante uno de los interrogatorios, un oficial alemán observó atentamente a Karim.

—Tú no te pareces a los demás. ¿Cuál es tu nacionalidad?

—Soy tayiko. De Tayikistán.

—¿Colaborarás con nosotros o prefieres morir?

—La muerte es mejor que la traición.

El oficial se levantó de un salto.

—¡No lo entiendo! ¿Por qué estás dispuesto a morir por tierra rusa? ¡Un hombre debe defender únicamente el lugar donde nació!

Karim levantó la cabeza con dificultad.

—Mi patria es la Unión Soviética.

—¡Tonterías! Tu patria es Tayikistán, un país lejano entre las montañas. Ahora estabas luchando por Rusia. Incluso entrabas en combate gritando: «¡Por Moscú!». ¡Estás loco!

Karim lo miró directamente a los ojos.

—No. Loco es quien no comprende las cosas sencillas. Para nosotros son queridas todas las repúblicas hermanas. Y no es necesario ser ruso para amar a Rusia. Para comprenderlo basta con ser humano.

Había tal convicción en la voz del prisionero que por un instante reinó el silencio en la habitación.

—Rusia ha dado al mundo grandes poetas, escritores, científicos, artistas y compositores —continuó Karim—. Su arte enseña a las personas a aspirar a la paz, la compasión y la justicia. Lamento tener una sola vida. Si tuviera diez, las entregaría por esta tierra y por el pueblo que defiende la libertad.

Ante los ojos de Karim apareció la colina de su Karatag natal. Volvió a ver la cerca, los tulipanes primaverales y las tumbas de los soldados del Ejército Rojo.

—Descansen en paz, hermanos rusos —susurró—. Entregaron sus vidas por mi ciudad y permanecieron para siempre en su tierra. Hoy cumpliré mi deber con ustedes y permaneceré en tierra rusa.

—¡Muerte a los invasores fascistas!

Karim intentó enderezarse. Enfurecido, el oficial alemán lo golpeó en la cabeza con la pistola, lo derribó y le disparó en el pecho.

Karim cayó de bruces.

Lo enterraron al amanecer.

Durante la noche había llovido y la tierra junto a la cerca del campo se había convertido en barro. Dos prisioneros cavaron una tumba poco profunda. Envolvieron el cuerpo en un capote gris sin insignias. En el pecho permanecía la oscura herida y, en un bolsillo, una pequeña fotografía de sus padres, mojada en los bordes.

Entre los prisioneros había un soldado ruso llamado Nikolái. El día anterior había estado junto a Karim durante el interrogatorio y había oído sus últimas palabras. El oficial alemán no las había comprendido, pero Nikolái había entendido cada una.

Antes de depositar el cuerpo en la tierra, Nikolái se quitó del cuello una pequeña cruz de cobre y la colocó sobre el pecho de su compañero.

—Es para ti, hermano —susurró—. Para que sepan que no estás solo.

Nadie pronunció una palabra más. En el campo, incluso a los muertos los enterraban en silencio.

Pocos días después, trasladaron a los prisioneros más hacia el oeste. Nikolái miraba continuamente hacia atrás, esforzándose por recordar el camino: el desvío junto a la granja destruida, el viejo abedul cerca de la cerca, el lugar donde había quedado la tumba de Karim.

En la pared del barracón escribió con un fragmento de ladrillo:

«Aquí está enterrado Karim, hijo de Tayikistán. Murió por la libertad de todos los pueblos».

La inscripción podía ser borrada. La pared podía ser destruida. Pero Nikolái creía que, mientras al menos una persona conservara el recuerdo, la verdad no desaparecería.

Pasaron los años.

La guerra terminó. Nikolái regresó a su hogar, pero casi nunca hablaba de sus propias heridas ni del hambre que había padecido. Solo hablaba de Karim: del niño de Karatag al que le gustaba hacer preguntas difíciles; del joven orgulloso de su patria; del soldado que no renegó de ella ni siquiera ante la muerte.

Un día, Nikolái sacó un pequeño envoltorio de una vieja maleta. Dentro había un pañuelo tradicional bordado y la fotografía de los padres de Karim.

—Prometí devolver esto —dijo.

Unos meses más tarde, Nikolái llegó a Karatag.

Permaneció largo rato frente a la casa de Karim, sin atreverse a llamar. La puerta se abrió y apareció su madre. Había envejecido mucho, pero Nikolái reconoció inmediatamente sus ojos.

—¿Usted es Nikolái? ¿Fue usted quien me escribió? —preguntó.

Él asintió en silencio.

La mujer lo miró y preguntó en voz baja:

—Entonces, ¿él no estaba solo?

Nikolái bajó la cabeza.

—No, madre. Hasta el final estuvo con nosotros. Y nosotros con él.

Ella apretó la fotografía contra el pecho y cerró los ojos.

El padre de Karim salió al patio apoyándose en un bastón. Nikolái se lo contó todo: el cautiverio, el interrogatorio, las últimas palabras de Karim y la tumba junto a la cerca del campo. Hablaba con serenidad, como si devolviera a la familia cada minuto de aquella vida que había conseguido conservar en la memoria.

Cuando terminó su relato, el anciano preguntó:

—¿Encontraron su tumba?

—Sí.

—¿Y después?

—Después nos trasladaron. Pero dejé una señal en la pared.

El padre de Karim miró hacia la colina donde descansaban los soldados del Ejército Rojo.

—Entonces ahora tiene dos tumbas —dijo—. Una allí, en Rusia, y otra aquí, en nuestros corazones.

Un año más tarde, los habitantes de Karatag levantaron un nuevo monumento en la colina. En la lápida grabaron los nombres de los defensores de la guarnición caídos y añadieron el de Karim, oriundo de Karatag, muerto en tierra rusa.

Nikolái viajó para asistir a la inauguración del monumento.

A su lado se encontraban escolares, ancianos, veteranos y mujeres con pañuelos blancos. Entre ellos había un niño de diez años. Sostenía un clavel rojo entre las manos y contemplaba atentamente los nombres grabados en la piedra.

—Señor —le preguntó a Nikolái—, ¿por qué aparece aquí el nombre de un hombre que murió tan lejos?

Nikolái lo miró.

—Porque las distancias se miden en caminos —respondió—. Y la hermandad, en actos.

El niño se acercó al monumento y depositó la flor junto al nombre de Karim. Después recorrió con los dedos la fría piedra y leyó en voz baja:

—Karim. Hijo de Tayikistán.

Nikolái lo corrigió con suavidad:

—No solo hijo de Tayikistán. Es hijo de todos los que saben recordar.

Al atardecer, el viento se levantó sobre Karatag. Recorrió la colina, agitó la hierba junto a las tumbas y continuó su camino hacia las lejanas montañas, hacia las llanuras de Rusia, hacia ciudades y aldeas donde la gente todavía no conocía el nombre de Karim, pero vivía gracias a quienes alguna vez se habían alzado contra la guerra.

Muchos años después, uno de aquellos escolares, ya adulto, preguntó a su maestro:

—¿Por qué murió Karim por Rusia si era tayiko?

El maestro se acercó a la ventana. Tras los cristales comenzaba a amanecer. El cielo se iluminaba sobre las montañas y los primeros rayos caían sobre la lápida.

—No murió por una tierra ajena —dijo el maestro—. Defendía el derecho de todos los pueblos a vivir en libertad. Por eso su muerte se convirtió en una memoria compartida.

—Entonces, ¿para amar a Rusia hay que ser ruso?

El maestro negó con la cabeza.

—Para amar a Rusia hay que ver en ella algo más que una tierra. Hay que recordar a su gente, su dolor y su valentía. Hay que saber valorar a quienes entregaron la vida por los demás. Para eso basta con ser humano.

El sol se elevó sobre Karatag e iluminó los nombres del monumento. Entre ellos estaban el nombre de un soldado ruso muerto por una ciudad tayika y el de un tayiko que había entregado su vida por tierra rusa.

Sus tumbas se encontraban muy lejos la una de la otra.

Pero la memoria las había colocado juntas.

Desde entonces, cuando los pájaros cantaban sobre la colina, a la gente le parecía que el viento repetía una sencilla verdad:

El valor no tiene nacionalidad.

La memoria no tiene fronteras.

Un ser humano se convierte en hermano de otro no por la sangre, sino por lo que está dispuesto a entregar por él.

Y entonces quedaba claro: Karim no había muerto como un extraño.

Había regresado a casa.

Aquel día, en una tierra que no era la suya, se convirtió en uno de los suyos, del mismo modo que, mucho tiempo atrás, los soldados rusos se habían convertido en parte de su Karatag natal.

Kosimzoda Abdulkahkhor Sattor (cuyo nombre literario es Abdulkahkhor Kosim) es poeta, dramaturgo, periodista, publicista, figura pública y embajador de la paz y la cultura. En 2025, Abdulkahkhor Kosim fue galardonado con el doctorado honoris causa en Humanidades y Cultura por la Academia CIESART en Madrid, Reino de España. Es laureado con el Premio Estatal de la República de Tayikistán «Por Servicios Destacados» y ha recibido la Medalla de Oro de la Fundación Internacional para la Paz de Rusia «Por actividades de mantenimiento de la paz». Sus obras han sido traducidas a 40 idiomas y publicadas en más de 70 países. Es miembro de la Unión de Escritores de Rusia y de la Unión de Periodistas de Tayikistán; copresidente del Consejo Literario de la Asamblea de los Pueblos del Mundo; presidente del Comité de Premios Nacionales de la Academia Prodigy Life (EE. UU.) en Tayikistán; cofundador de la Unión Mundial de Escritores (WOW) en Rusia; coordinador nacional del Movimiento Mundial de Poesía (WPM) «Mundo sin Muros» (Colombia); asesor internacional honorario de la Federación Mundial de Cultura y Artes (FOUKAAS, Singapur); y asesor internacional de la Fundación para la Paz y los Derechos Humanos «Freedom of Action» y de la Fundación para la Paz y los Derechos Humanos de Nigeria. y miembro de pleno derecho de la Academia Rusa de Literatura y de la Academia Internacional de Literatura Rusa, entre otras.

 

viernes, 25 de septiembre de 2026

APOLVENUSINA

Yoss


A Pedro Cabiya, por su Madreperla, el original.
Este es solo un descarado plagio en clave de CF.

      

¿Su sueño es parecerse a una estrella de cine, un cantante o un deportista famoso? ¿Opina que su rostro o su cuerpo no son perfectos? ¿Qué le sobran centímetros de nariz o de talle, que le faltan de seno, espaldas o estatura? ¿No está satisfecho con el color de sus ojos, su cabello o su piel? 

Si está cansada de llevar tacones altos y sujetadores con relleno; si no tiene tiempo, deseos o constancia para sufrir dietas o sudar en el gimnasio; si es alérgico a los lentes de contacto cosméticos, los tintes y las pelucas o demasiado perezoso para usarlos; si la cirugía estética lo asusta…

Apolvenusina puede ser la respuesta a todas sus insatisfacciones.

Coloque una píldora bajo la lengua, concéntrese durante cinco segundos en el aspecto que desea tener y luego escúpala. Mírese ahora al espejo. La metamorfosis lo dejará estupefacto… ¡y totalmente satisfecho!

Aspecto pensado, ¡aspecto logrado! Apolvenusina lo hace.

Su ingrediente activo modifica casi instantáneamente los cromosomas de su código genético y el fenotipo por ellos determinado hasta igualar la imagen corporal que usted haya previamente elegido. La metamorfosis es definitiva e irreversible.

Miles de mujeres son ahora felices dobles clónicas de Shakira, Britney Spears o Julia Roberts gracias a la magia de Apolvenusina.

Miles de copias de Brad Pitt, Mel Gibson y Justin Timberlake caminan hoy orgullosos por el mundo después de haber usado Apolvenusina.

Si quiere usted tener la cara de Catherine Zeta Jones, los senos de Pamela Anderson y las piernas de Cher ¡pruebe Apolvenusina!

Si su sueño son los músculos de Arnold Schrwarzenegger y el rostro de Steve Tyler ¡Apolvenusina obrará el añorado milagro!

El dios Apolo y la diosa Venus habrían usado Apolvenusina. ¿Por qué no usted?

¡No se necesita receta médica! ¡Pídala HOY a su farmacéutico o distribuidor!

 

CIRCULAR 23-MK-00034

Apolvenusina es una marca registrada Bayer-Bell-NASA.

Por Orden de la Comisión Internacional para Medicamentos y Narcóticos, el trust comercializador está obligado a adjuntar el siguiente folleto de instrucciones a cada embalaje comercial o muestra gratuita del producto, lo mismo que a todo anuncio, publicidad o instrucción relacionada con el almacenamiento, venta o uso de la sustancia Metamorfosato de Ultragenina-Beta III, ingrediente activo de la Apolvenusina.

Apolvenusina se comercializa exclusivamente en frascos de 20 tabletas. Rechace cualquier envase que contenga un número superior o inferior de píldoras o grageas, cuyo sello de fábrica falte o esté roto o no se presente acompañada de este manifiesto.

La venta y/o distribución de Apolvenusina sin el siguiente documento constituye un delito según la circular federal 23-MK-00034 y puede ser penada con multas de hasta 25.000 dólares y privación de libertad de hasta 5 años, o ambas.

Si usted tuviese conocimiento de cualquier material publicitario que fomentase la venta de Apolvenusina sin dicho manifiesto, tiene la obligación de reportarlo con la mayor brevedad posible. De lo contrario podrán formularse en su contra cargos por complicidad en el delito de engaño al consumidor.

La empresa publicitaria o editorial o cualquier otra persona legal implicada directa o indirectamente en el diseño y/o distribución de material propagandístico sobre Apolvenusina que careciese del ya citado manifiesto podrá ver clausurados y/o confiscados sus activos, amén de ser penalmente acusada del delito arriba citado.

Ninguna parte de este manifiesto podrá ser modificado en su sintaxis, vocabulario o puntuación, so pena de enfrentar los cargos ya mencionados.

 

ADVERTENCIA:

Lea cuidadosamente estas instrucciones antes de utilizar Apolvenusina y sígalas al pie de la letra. No han sido redactadas para causarle molestias innecesarias; su objetivo es protegerlo de las posibles consecuencias secundarias desagradables del uso de este revolucionario medicinal.

Mantenga la Apolvenusina alejada del alcance de los niños y mascotas.

 

RECOMENDACIONES PARA EL EMPLEO:

Para facilitar una mejor concentración en los rasgos anatómicos deseados, recomendamos el empleo de una gragea de Apolvenusina para la transformación de cada rasgo corporal deseado, así como utilizar fotos o videos como apoyo para su imagen mental.

El tiempo de permanencia bajo la lengua no debe superar los cinco segundos exactos. Aconsejamos el uso de un cronómetro digital fiable y con baterías nuevas. El lapso debe ser medido a partir del momento exacto en que la píldora haga contacto con la mucosa sublingual. La expulsión, una vez ejercido su efecto, debe efectuarse con un esputo enérgico y decidido. Recomendamos una previa ejercitación con grageas placebo del mismo peso, consistencia y volumen. Bayer-Bell-NASA suministra gratuitamente un frasco de estas a todo comprador de Apolvenusina.

Desaconsejamos vivamente que Apolvenusina se utilice en presencia de otras personas. Estas podrían representar un factor de distracción e influir negativamente en el resultado final. Por otra parte, si el tiempo de permanencia sublingual llega a seis o siete segundos, al escupir la píldora utilizada se expele también un gas genéticamente específico, inocuo para el que la usó pero a menudo letal para cualquier otro ser humano que se encuentre a menos de diez metros de distancia.

Mantener ocho o nueve segundos bajo la lengua la gragea de Apolvenusina ocasiona en un 80% de los casos la regresión total o parcial de los genitales masculinos o femeninos. En el otro 20% no se produce degeneración anatómica de los órganos reproductivos, pero sí esterilidad irreversible.

La exposición de la mucosa sublingual por 10 segundos o más a la Apolvenusina suele provocar la aparición del mal de Hoptchkins, melanomas, linfomas u otros tumores malignos, generalmente no operables.

CONTRAINDICACIONES:

No utilice Apolvenusina si:

—Alguna vez en su vida ha consumido alguna de las siguientes drogas: café, marihuana, opio y sus derivados, o cocaína.

—Durante los últimos cinco años ha bebido más de 50 ml de alcohol o fumado más de 5 cigarrillos al día.

—Tiene menos de 14 años.

—Está empleando algún anticonceptivo hormonal.

—Consume regularmente medicamentos contra la gastritis, la cefalalgia o la diabetes.

—Ha tenido relaciones homosexuales durante los últimos seis meses.

—Ha viajado alguna vez al espacio cósmico.

Consulte a su médico antes de emplear Apolvenusina en caso de que sufra de acné, anosmia, sordera, otitis, ceguera, conjuntivitis, miopía, hipermetropía, astigmatismo, retinosis pigmentaria, tartamudez, labio leporino, paladar hendido y/o problemas de ortodoncia.

Se desaconseja enérgicamente el uso de Apolvenusina a los pacientes bajo tratamiento psiquiátrico con barbitúricos, anfetaminas u otros antidepresivos.

Si se le ha diagnosticado sicklemia, fenilcetonuria, hemofilia, xerodermia pigmentaria o albinismo, manténganse más de 10 metros de distancia de Apolvenusina o cualquier otro preparado que contenga Metamorfosato de Ultragenina-Beta III.

No permita ningún contacto de sus tejidos corporales con Apolvenusina si:

—Consume preparados a base de esteroides o cortisona, o los ha consumido hasta hace menos de dos semanas.

—Presenta síntomas de catarro o gripe.

—Es alérgico al huevo.

—Se encuentra sometido a una dieta de menos de 2500 calorías diarias.

—No ha padecido de sarampión, varicela u otras enfermedades autoinmunizantes.

—Ha sufrido la extracción de uno o varios dientes hace menos de un mes.

No utilice Apolvenusina conjuntamente con agua efervescente, Coca-Cola, Pepsi-Cola u otra bebida gaseada que contenga dióxido de carbono.

Suspenda por completo el uso de Apolvenusina si:

—Sufre reacciones alérgicas como oscurecimiento, enrojecimiento o aparición de lesiones vesicosas de la piel. También parpadeos descontrolados, parálisis muscular tetaniforme, vómitos crónicos, hemorragias nasales, diarrea o impotencia.

—Experimenta pérdida del apetito o estreñimiento.

—Presenta calambres o parálisis faciales totales o parciales.

—Sus dedos comienzan a unirse por una membrana interdigital de color púrpura.

—Desarrolla sensibilidad visual a los rayos ganma.

—Aparece sangre en su orina o heces fecales.

—Sus deyecciones conservan la movilidad después de abandonar su recto intestinal.

—Empieza a sentirse como un excremento.

—Sufre una pesadilla recurrente y totalmente absurda en la que heces fecales inteligentes provenientes del planeta Beta III de una dimensión paralela, con manos dotadas de membranas interdigitales de color púrpura y ojos solo sensibles a los rayos ganma, le informan que se proponen conquistar La Tierra como venganza al robo continuado de sus huevos, que serían las grageas de Apolvenusina.

No mencione los nombres de Albert Einstein o Paul Dirac a menos de diez metros de distancia de cualquier píldora de Apolvenusina.

No se burle JAMAS de Apolvenusina. NINGUNA distancia es segura.

¡MUY IMPORTANTE!

El ingrediente activo de Apolvenusina, Metamorfosato de Ultragenina-Beta III, es una proteína levógira supercompleja cuya estructura espacial fue copiada de un universo alternativo por la NASA y los Laboratorios Bell durante sus experimentos con el Portal Transdimensional Controlado.

Utilizada correctamente, Apolvenusina soluciona la fealdad, la monotonía anatómica y la baja autoestima. Su uso indebido, sin embargo, puede ocasionar consecuencias como la degeneración total o parcial del esqueleto y/o de la piel, la caída de la nariz y los ojos y otras que dañen de modo grave e irreversible su apariencia personal y su salud.

—Dime, oh espejo mágico ¿quién es la más bella entre las bellas?


José Miguel Sánchez Gómez. La Habana, 1969. Licenciado en Biología por la UH, 1991. Del 2007 al 2016 fue cantante del grupo de rock Tenaz. Aficionado a la espeleología y las artes marciales. Cinturón negro en judo y kárate. Narrador, ensayista, divulgador científico y antologador. Miembro de la UNEAC desde 1994. Alumno del Primer Curso de Técnicas narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso (19981999). Ha impartido cursos de narrativa en Chile, Inglaterra, Andorra, España, Italia y Cuba. Es considerado actualmente una de las voces más renovadoras e importantes de la ciencia ficción en lengua hispana. Entre sus premios literarios más destacados; en Cuba: Juventud Técnica (1987); David (1988); Revolución y Cultura (1993); Pinos Nuevos (1995); Aquelarre (2001); Calendario (2004); La Edad de Oro (2011 y 2016) e Hydra (2022). En el extranjero: Universidad Carlos III (España, 2003); UPC (España, 2010); Julia Verlanger (Suiza, 2012) y finalista al Philip K. Dick (EUA, 2016). Sus textos han aparecido en decenas de revistas y antologías cubanas y extranjeras. Ha recopilado una decena de antologías, principalmente de ciencia ficción. Cuenta con más de 50 títulos publicados, en Cuba y el extranjero, y textos suyos han sido traducidos al inglés, francés, italiano, alemán, neerlandés, japonés, ruso, búlgaro, polaco, chino, gallego y bengalí.

 

FAUNA IMAGINARIA

Boris Glikman

 

A lo largo de mi vida he tenido muchos encuentros con animales extraños. Estas experiencias comenzaron cuando apenas era un niño y continuaron hasta el momento mismo de mi muerte.

A continuación recojo mis recuerdos de algunos de los encuentros más memorables.

 

Años de infancia

De pequeño me encantaba perseguir mariposas.

Un día, para mi asombro, descubrí que la mariposa que había atrapado tenía unas alas formadas por cuatro peces, cuyas narices convergían en un mismo punto del tórax del insecto.

Me pregunté si todas las mariposas tenían peces por alas; si se trataba de una relación mutuamente beneficiosa que había evolucionado entre los peces y las mariposas. Incluso de niño podía comprender las ventajas que semejante colaboración proporcionaría a ambos participantes: permitiría a los peces elevarse libres de las profundidades acuáticas que los habían mantenido prisioneros durante eones y haría posible que las mariposas conocieran por primera vez los misterios del océano sin sacrificar sus vidas en el intento.

Otra mariposa que atrapé más tarde aquel mismo día tenía unas alas que parecían los perfiles de dos rostros humanos, cada uno de ellos reflejo del otro.

Cuando observé con mayor atención, comprendí que las alas no solo se parecían a rostros, sino que eran realmente rostros: cabezas humanas encogidas y resecas, pero indudablemente auténticas. De algún modo, la mariposa había conseguido apropiarse de aquellos cráneos para sus propios fines egoístas y utilizarlos para volar. O tal vez las alas hubieran evolucionado –o involucionado– desde la sustancia normal de las alas de una mariposa hasta convertirse en carne y piel humanas.

El insecto batía rápidamente las alas, intentando desesperadamente escapar de mis manos. Parecía completamente ajeno a la conversación que mantenían las dos cabezas y no advertía sus volubles expresiones de alegría, diversión, desconcierto y placer, que apenas duraban un instante antes de desaparecer.

La mariposa continuaba batiendo y batiendo las alas mientras los dos rostros seguían conversando, como si fueran simplemente dos viejos conocidos que se hubieran encontrado por casualidad en la calle. Su conversación reflejaba también esa familiaridad, pues estaba compuesta de cortesías y trivialidades.

 

Años escolares

Un día, mis compañeros de escuela y yo descendimos a las alcantarillas situadas bajo la metrópolis y descubrimos unas criaturas sumamente extrañas, semejantes a anguilas, que descansaban indolentemente sobre las orillas de cemento del río subterráneo.

Allí estaban, tendidas cerca de la orilla, y solo se dignaban a moverse y hundir lánguidamente la cabeza en la corriente cuando pasaba flotando algún bocado particularmente apetitoso de desechos humanos.

Su aspecto me abrumó por lo repulsivo que era.

¿Cómo pudo la Evolución concebir y dar a luz una abominación tan horrible?, recuerdo que me pregunté. ¿Cómo la Naturaleza pudo permitir que surgiera y prosperara una afrenta tan flagrante contra Ella misma; semejante monstruosidad, semejante traición, semejante perversión del propio orden natural?

Sin embargo, cuando observé más atentamente aquellos seres abominables, se reveló ante mí una característica absolutamente asombrosa. De alguna manera, por algún capricho juguetón de la Diosa que dirige y supervisa el proceso evolutivo, aquellos gusanos gigantes habían desarrollado rostros humanos.

No, no simplemente rostros humanos, sino semblantes de una belleza angelical que ninguna mujer terrenal se atrevería jamás a poseer, por temor a despertar el rencor y los celos de los dioses.

El descubrimiento fue tan inesperado y el resplandor de sus semblantes tan intenso que permanecí inmóvil, fascinado, incapaz de apartar la mirada ni siquiera por un instante de aquellas celestiales criaturas subterráneas.

Sus ojos me contemplaban con toda la inteligencia de una persona; sus expresiones faciales transmitían bondad, serenidad y sabiduría. Había dos a la izquierda, con las cabezas muy próximas, mirándose profundamente a los ojos como dos amantes.

De pronto sentí por ellas una extraña compasión.

 

Años adultos

Desde lo alto de la colina vi, para mi profunda decepción, que aquello no era en absoluto una agradable ciudad costera, sino una especie de pulpo monstruoso que se hacía pasar por una aglomeración urbana. Ya sabía que los pulpos eran excelentes imitadores, dotados de una inteligencia muy desarrollada, y que, tanto para defenderse como para cazar, imitaban serpientes marinas, medusas, rayas y muchas otras criaturas. Al parecer, ahora habían llevado el mimetismo a un nivel superior e imitaban ciudades enteras.

¿Cuáles eran sus motivos para hacerlo?, me pregunté. ¿Qué pretendían conseguir? ¿Cuántos otros objetos o ciudades eran en realidad pulpos camuflados? Tal vez la propia Tierra, o incluso el Universo entero, no fuera más que un cefalópodo disfrazado.

Ahora me resultaba absolutamente evidente que todas aquellas disparatadas teorías conspirativas tenían razón al afirmar que una organización siniestra se había extendido por todo el mundo y había penetrado con su perniciosa influencia en todos los estratos de la sociedad. No, la situación iba mucho más allá. Ya no se trataba de una camarilla que controlaba nuestro mundo; nuestro mundo era, literalmente, una y la misma cosa que aquella criatura maligna.

¿Y si yo mismo no fuera más que una ventosa de uno de sus gigantescos tentáculos? Eso explicaría sin duda por qué tantas veces había sido crédulo y fácil de engañar. ¿Sería esa la razón por la cual la Compañía me había enviado de vacaciones a aquella «ciudad»: para que comprendiera mi propia naturaleza y también el verdadero carácter del mundo? Pero, si así fuera, ¿cómo podría obtener algún beneficio de una revelación tan devastadora acerca de quién era yo realmente?

 

Muerte

...En ese preciso instante comprendo que luchar contra esta criatura es inútil, porque cuando intento rechazar sus ataques descubro que está compuesta enteramente por una masa de gusanos carnívoros y que cada fibra de su cuerpo adopta la forma de una larva que se retuerce. No, esto no es simplemente una hidra de cinco o seis cabezas: es una hidra de mil millones de cabezas, infinitamente más poderosa que cualquier superdepredador, como un tiburón, un cocodrilo o un oso grizzly.

Así que me recuesto, adoptando una posición tan cómoda como las circunstancias permiten, y dejo que me devore. Mi último y único estremecimiento de pesar se debe a que, en secreto, siempre había esperado que fuera un gran felino el que me comiera vivo. Recuerdo cómo, durante mis ociosas ensoñaciones, ansiaba tenderme desnudo, expuesto a los elementos, sobre la hierba suave de la sabana africana y sentir cómo la lengua húmeda y áspera de un león lamía lenta y metódicamente mi piel hasta dejarla limpia, antes de desgarrarme con sus colmillos y atiborrarse con mis entrañas para, finalmente, roer mis huesos.

Y ahora, por desgracia, ese anhelo mío nunca se cumplirá... Suspiro... mientras se escapa mi último aliento...

Boris Glikman es escritor, poeta y filósofo. Las mayores influencias en su escritura son los sueños, Kafka, Borges y Dalí. Sus historias, poemas y artículos de no ficción han sido editados en revistas electrónicas y publicaciones impresas. Boris ha aparecido varias veces en la radio, incluyendo la radio nacional australiana, interpretando sus poemas e historias y discutiendo el significado de su trabajo. Dice: "Escribir para mí es una actividad espiritual del más alto grado. La escritura me da el conducto a un mundo que es inalcanzable por cualquier otro medio, un mundo que está poblado por Verdades Eternas, Preguntas Inefables y Belleza Infinita. Es mi esperanza que estas historias mías permitan al lector echar un vistazo a este universo".

 

EL CASTILLO DE BRAN SIN DRÁCULA