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sábado, 2 de mayo de 2026

LA CASA DE GOOGOOSH

Yaseen Ghaleb


1

Se dice que la cantante Googoosh, que huyó del país, había vivido en esa casa.
Los periódicos de la época real en Teherán publicaron fotos de Googoosh y su hijo en esa misma casa antes de que abandonara Irán.

Se decía que la casa no podía encontrarse en ningún mapa, aunque estaba situada detrás del famoso bazar histórico de Teherán. La puerta no se abría salvo para aquellos que conocían la canción secreta que cambiaba cada día.

Nadie sabía quién construyó la casa. Se cuenta que un amante pasó una vez por allí y tarareó una melodía persa; al amanecer, la melodía se había convertido en una casa, mientras que el amante desapareció para siempre. Aun así, los transeúntes creían oír aquella canción.

Mehrnaz fue la primera en encontrar la casa. No llegó caminando, sino que una mañana despertó y se encontró dentro de su vestíbulo, con las manos sobre un piano viejo cubierto de musgo.

Fuera de las ventanas no había nada, solo una niebla verde, como si fueran los suspiros de cúpulas antiguas recubiertas de azulejos. Mehrnaz no hablaba mucho. Cada mañana limpiaba los ecos de las paredes de la casa y escribía las letras de las canciones que escuchaba en los sueños de otros.

 

2

Allí, Googoosh amó y cantó sus canciones más hermosas. Allí la libertad respiraba dentro de su propia jaula, cuando fue obligada a llevar velo según las leyes de la República Islámica y se le prohibió cantar.

Una noche, Nazanin llegó. Abrió la puerta: la habitación estaba completamente oscura, pero supo que había llegado al lugar correcto. En su bolsillo llevaba una cinta de Googoosh, cuyo nombre había sido borrado y reemplazado por la advertencia:
«Prohibido por la República Islámica».

Nazanin hablaba entrecortadamente:

«La escuché… no estaba cantando… ella… me llamaba…»

Cuando Nazanin cantó, la casa cambió de forma: se expandió, onduló y se abrieron nuevas puertas. Su canción convirtió el lugar en una máquina de sueños.

 

3

Las mujeres se reunían en un club llamado “La casa de Googoosh”. Aprendían a cantar en secreto o practicaban respirar libremente lejos de los ojos de los vigilantes del poder y de las agentes de la policía moral.

Pero Niloufar no llegó caminando; atravesó el muro volando, dejando huellas en el techo. No comía ni dormía. Cuando giraba sobre sí misma, enfriaba los corazones de las mujeres y luego volvía…

Se decía que había perdido la voz mientras cantaba para un alma que aún no había nacido.

 

4

Se reunían los viernes por la tarde, deslizándose como abejas evitando la mirada depredadora del poder, entrando como en una colmena para encontrarse con su reina: Googoosh.

Farah llegó por una grieta en la pared. Al principio era del tamaño de una hormiga y no podía cantar, pero creció con su respiración. Un día, introdujo la cabeza en un recipiente vacío y dijo:

«No soy una voz, soy un recipiente del vacío».

Por la noche cantó para los insectos que salían de la tierra, pero por la mañana había olvidado todo lo que había cantado.

 

5

Traían dulces: delicias de pistacho, zumo de granada con azafrán y miel, y otros dulces. Llegaban llenas de canciones y de una felicidad pasajera… y luego se iban.

Entonces llegó Maryam. Nadie recuerda cuándo ni cómo. Cada vez que Farah intentaba escribir su nombre en el cuaderno de voces, la tinta desaparecía.

Aunque nadie la veía, todos sabían que estaba allí: en el temblor de la luz, en el agua sobre las paredes, en la grieta del muro, en el espejo.

Quien escuchaba con atención oía un susurro:

«Soy Googoosh… o quizá no lo soy. Soy aquella que esperó la canción».

Una noche, la casa dejó de ser lo que era: el techo se transformó en un cielo bordado de notas musicales, el suelo se volvió transparente revelando recuerdos ajenos, y las puertas comenzaron a cantar por sí solas.

Niloufar dijo:

«Este era el último de los sueños. Vinimos aquí, pero nos olvidaron. Nos iremos… y nos convertiremos en canciones».

 

6

Un día, los informantes del gobierno encontraron la casa. Pero ya no había casa en aquel lugar: ni puertas ni ventanas, solo un aroma de música que aparecía y desaparecía.

Sin embargo, las mujeres que soñaban con la casa cerraban los ojos y oían la puerta abrirse, y una voz llamando:

«Venid, hermanas…»

La operación para capturarlas fue llevada a cabo: fueron arrastradas a una jaula llena de agua y azúcar, o tal vez sus cuerdas vocales fueron cortadas, o quizá torturadas… ¿quién sabe qué ocurrió con las mujeres del club “La casa de Googoosh”?


Yaseen Ghaleb nació en 1981 en Basora (Irak) y actualmente reside en Helsinki (Finlandia). Es licenciado en Literatura Inglesa por la Universidad de Basora. Trabaja como escritor y fotógrafo profesional, y es activo en la defensa de la libertad de expresión y la escritura literaria creativa, incluyendo novelas, poesía y ensayos. Dirige talleres literarios en inglés y árabe en Helsinki y ha escrito una obra de teatro, «Migratory Birds», para el Teatro Vuosaari de Helsinki en 2022 y una radionovela para la cadena nacional finlandesa Yle en 2024. Es miembro activo de PEN Finlandia y PEN Internacional, así como de la Unión de Escritores de Helsinki, la Asociación Finlandesa de Dramaturgos, la Sociedad Finlandesa de Escritores y Artistas de Izquierda, la Asociación Finlandesa de Nuevos Poetas, la Unión de Escritores y Escritores Iraquíes y la Organización de Fuerzas Juveniles de Finlandia. Entre sus publicaciones figuran «Trono de Bagdad» (poesía, 2021), «15+» (Novela,2020), así como «Almajida, yo era la mujer del Presidente» (2021). Este cuento fue elegido en Finlandia entre los cuentos más importantes sobre el tema de libertad de expresión (Finnish PEN’s A year of freedom of expression Project).

(2025)

Traducción: Abdul Hadi Sadoun


 

BOCATO DI CARDINALE