Yaseen Ghaleb
1
Se dice que la cantante Googoosh, que huyó del país,
había vivido en esa casa.
Los periódicos de la época real en Teherán publicaron fotos de Googoosh y su
hijo en esa misma casa antes de que abandonara Irán.
Se decía que la casa no podía
encontrarse en ningún mapa, aunque estaba situada detrás del famoso bazar
histórico de Teherán. La puerta no se abría salvo para aquellos que conocían la
canción secreta que cambiaba cada día.
Nadie sabía quién construyó la
casa. Se cuenta que un amante pasó una vez por allí y tarareó una melodía
persa; al amanecer, la melodía se había convertido en una casa, mientras que el
amante desapareció para siempre. Aun así, los transeúntes creían oír aquella
canción.
Mehrnaz fue la primera en
encontrar la casa. No llegó caminando, sino que una mañana despertó y se
encontró dentro de su vestíbulo, con las manos sobre un piano viejo cubierto de
musgo.
Fuera de las ventanas no había
nada, solo una niebla verde, como si fueran los suspiros de cúpulas antiguas
recubiertas de azulejos. Mehrnaz no hablaba mucho. Cada mañana limpiaba los
ecos de las paredes de la casa y escribía las letras de las canciones que
escuchaba en los sueños de otros.
2
Allí, Googoosh amó y cantó sus canciones más hermosas.
Allí la libertad respiraba dentro de su propia jaula, cuando fue obligada a
llevar velo según las leyes de la República Islámica y se le prohibió cantar.
Una noche, Nazanin llegó. Abrió
la puerta: la habitación estaba completamente oscura, pero supo que había
llegado al lugar correcto. En su bolsillo llevaba una cinta de Googoosh, cuyo
nombre había sido borrado y reemplazado por la advertencia:
«Prohibido por la República Islámica».
Nazanin hablaba
entrecortadamente:
«La escuché… no estaba
cantando… ella… me llamaba…»
Cuando Nazanin cantó, la casa
cambió de forma: se expandió, onduló y se abrieron nuevas puertas. Su canción
convirtió el lugar en una máquina de sueños.
3
Las mujeres se reunían en un club llamado “La casa de
Googoosh”. Aprendían a cantar en secreto o practicaban respirar libremente
lejos de los ojos de los vigilantes del poder y de las agentes de la policía
moral.
Pero Niloufar no llegó
caminando; atravesó el muro volando, dejando huellas en el techo. No comía ni
dormía. Cuando giraba sobre sí misma, enfriaba los corazones de las mujeres y
luego volvía…
Se decía que había perdido la
voz mientras cantaba para un alma que aún no había nacido.
4
Se reunían los viernes por la tarde, deslizándose como
abejas evitando la mirada depredadora del poder, entrando como en una colmena
para encontrarse con su reina: Googoosh.
Farah llegó por una grieta en
la pared. Al principio era del tamaño de una hormiga y no podía cantar, pero
creció con su respiración. Un día, introdujo la cabeza en un recipiente vacío y
dijo:
«No soy una voz, soy un
recipiente del vacío».
Por la noche cantó para los
insectos que salían de la tierra, pero por la mañana había olvidado todo lo que
había cantado.
5
Traían dulces: delicias de pistacho, zumo de granada
con azafrán y miel, y otros dulces. Llegaban llenas de canciones y de una
felicidad pasajera… y luego se iban.
Entonces llegó Maryam. Nadie
recuerda cuándo ni cómo. Cada vez que Farah intentaba escribir su nombre en el
cuaderno de voces, la tinta desaparecía.
Aunque nadie la veía, todos
sabían que estaba allí: en el temblor de la luz, en el agua sobre las paredes,
en la grieta del muro, en el espejo.
Quien escuchaba con atención
oía un susurro:
«Soy Googoosh… o quizá no lo
soy. Soy aquella que esperó la canción».
Una noche, la casa dejó de ser
lo que era: el techo se transformó en un cielo bordado de notas musicales, el
suelo se volvió transparente revelando recuerdos ajenos, y las puertas
comenzaron a cantar por sí solas.
Niloufar dijo:
«Este era el último de los
sueños. Vinimos aquí, pero nos olvidaron. Nos iremos… y nos convertiremos en
canciones».
6
Un día, los informantes del gobierno encontraron la
casa. Pero ya no había casa en aquel lugar: ni puertas ni ventanas, solo un
aroma de música que aparecía y desaparecía.
Sin embargo, las mujeres que
soñaban con la casa cerraban los ojos y oían la puerta abrirse, y una voz
llamando:
«Venid, hermanas…»
La operación para capturarlas fue llevada a cabo: fueron arrastradas a una jaula llena de agua y azúcar, o tal vez sus cuerdas vocales fueron cortadas, o quizá torturadas… ¿quién sabe qué ocurrió con las mujeres del club “La casa de Googoosh”?
(2025)
Traducción: Abdul Hadi Sadoun

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