Pierre Brulhet
La noche.
Otra vez la noche.
Siempre la noche.
Llevo tres días sin ver la luz del
día, encerrado en este… ¿Cómo llamarlo? No tengo ningún punto de referencia. Mi
único vínculo con la realidad es mi reloj inteligente, al que pronto se le
agotará la batería.
¡Maldita tecnología! Sin señal y,
dentro de poco, también sin tiempo...
¿Cómo terminé aquí? Ah, sí, ese
maldito gato... ¿Qué se me ocurrió al querer seguirlo? Intenté alcanzarlo, pero
huyó por la entrada de este garaje. La puerta se cerró detrás de mí, resbalé y
perdí el conocimiento. Desde entonces deambulo por esta oscuridad sin límites,
sin obstáculos. Tengo hambre. Y también sed, una sed terrible. De vez en cuando
lo oigo maullar. Lo llamo y camino hacia el lugar de donde proviene el sonido,
guiándome por el oído. Pero cada vez el pequeño animal se me escapa y vuelvo a desesperarme
cuando percibo sus maullidos muy lejos detrás de mí, o muy lejos a mi
izquierda, o a mi derecha.
¿Habrá varios gatos?
—Minino... Minino... ¿Dónde estás?
Agotado, termino desplomándome
sobre el suelo frío y áspero, y sollozo como un niño.
Estoy perdido para siempre.
¡Voy a morir como una rata!
De pronto me echo a reír,
nerviosamente.
Sí, ¡morir como una rata!
¡Y serviré de comida a ese maldito
gato!
—Oye, minino, tu comida estará
servida enseguida, así que puedes...
No termino la frase y contengo la
respiración.
Oigo un ruido, como si alguien
estuviera escarbando.
Me pongo de pie y avanzo hacia el
sonido, constante, insistente.
Al poco rato percibo un cambio en
la textura del suelo bajo mis pies.
Parece tierra apisonada.
Aunque, en esta oscuridad, es
imposible estar seguro.
De repente cesan los arañazos y
siento que algo pasa a toda velocidad rozándome la pierna.
Me detengo. Escucho. Solo hay
silencio. Miro el reloj. La pantalla se ha apagado. Para siempre. Tengo sed. Tanta
sed... La garganta me arde. Caigo al suelo, sin fuerzas. Entonces mi mano
derecha tropieza con algo blando. Palpo con cautela hasta comprender,
horrorizado, que se trata de una pierna en descomposición.
Y ese olor...
—¡Maldita sea!
Probablemente el gato olfateó el
miembro, lo desenterró y empezó a devorarlo.
Una sensación de urgencia se
apodera de mí. Si no muero de sed, terminaré despedazado igual que lo que queda
de ese cadáver. De pronto oigo unos pesados pasos que avanzan hacia mí. Reuniendo
las últimas fuerzas que me quedan, consigo ponerme de pie. Las piernas me
tiemblan. Doy un respingo cuando el gato maúlla justo a mi lado. Los pasos se
acercan. Aceleran. Entonces, sin pensarlo, echo a correr tan rápido como puedo,
lanzándome hacia adelante. Tropiezo, me levanto, vuelvo a caer, me incorporo
otra vez y sigo huyendo a toda velocidad.
Intuyo al gato a mi derecha y... Un
violento golpe en la frente. Caigo al suelo, medio aturdido. Pero la
desesperación me obliga a reaccionar. Apoyo las manos sobre una superficie lisa
y la exploro a tientas. Muy pronto encuentro una manija, cerca del suelo. ¡Una
puerta de garaje! Los pasos ya están encima de mí. ¡Rápido! Levanto la manija
con todas mis fuerzas.
La puerta se abre de par en par y
una bocanada de aire fresco me envuelve. Me lanzo hacia el exterior y la cierro
de inmediato detrás de mí. Ya no oigo los pasos. Me tiendo sobre el asfalto y
cierro los ojos, exhausto. Siento que el gato ronronea mientras frota el hocico
contra mi brazo.
Abro entonces los ojos de par en
par y estallo en una carcajada: todavía es de noche.
Pierre Brulhet nació en
1971. Arquitecto de profesión, reside en Eure-et-Loir y trabaja en París. Tras
pasar catorce años de su infancia en África, regresó a Francia para completar
sus estudios. Además de más de cuarenta cuentos en diversas antologías, entre
ellas las de Éditions Luciférines, es autor de quince novelas y colecciones de
relatos fantásticos, entre las que pueden citarse Le
Manoir aux Esprits (2009, 2011, 2025), Incursion (2015, 2023, 2025), L’Hiver du Loup (2024), Démon Blanc (2023) y L’Enfant du
Cimetière (2007,
2010, 2018). www.pierre-brulhet.com
