Tōuya Tachihara
(Estas historias
fueron publicadas anteriormente en Twitter y cada una de ellas fue escrita para
no superar los 140 caracteres japoneses.)
En la Feria
Literaria de Sapporo encontré un libro maravilloso. Cada ejemplar contenía una
piedra diferente y el comprador podía elegir la suya. Yo me enamoré a primera
vista de una piedra que parecía un hueso.
Seguramente cada persona que compre
este libro tendrá un sueño distinto. Como la edición está limitada a cincuenta
ejemplares, me he tomado la libertad de escribir cincuenta historias.
1
Me dijeron que la habían recogido
en un río de Otaru y me la llevé a casa. En otros tiempos solía ir allí con el
hombre al que amaba. Qué recuerdos. La piedra era blanca y parecía un hueso. Me
la introduje con delicadeza en la boca y reconocí sin lugar a duda su sabor.
Por fin has vuelto conmigo. Tienes
el mismo sabor de entonces, a sangre y carne. Bienvenido a casa, amor mío.
Bienvenido, después de que te arrojé al río.
2
Me regalaron una piedra roja y
reseca. Antes de acostarme llené un vaso con agua y la sumergí.
A la mañana siguiente, la
televisión e Internet no hablaban de otra cosa: inexplicablemente, Marte había
quedado inundado durante la noche.
3
Me dijeron que la piedra había sido
recogida en Sajalín y la llevé sin darle demasiada importancia a la casa de mis
padres. Cuando se la mostré a mi abuela, postrada desde hacía años, su rostro
se iluminó de pronto con una sonrisa y lanzó un pequeño grito:
—¡Papá!
Yo nunca lo había sabido, pero al
parecer su padre había sido internado en aquellas tierras y jamás regresó.
Desde entonces, mi abuela duerme todas las noches abrazada a la piedra como si
fuera su mayor tesoro.
4
Mientras caminaba por una calle en
la que el sol reverberaba con ferocidad, vi a una niña agachada bajo la sombra
de un árbol.
—¿Qué estás haciendo? —le pregunté.
—¡Hay muchas! —respondió.
Ante ella había varias decenas de
piedras. Cuando las tomé, descubrí que todas estaban frías. Sapporo es una
ciudad poco húmeda y los lugares a la sombra pueden resultar sorprendentemente
frescos.
Supongo que las piedras también
querían protegerse del calor.
5
Tenía tanta hambre que no podía
soportarlo y me comí una piedra. Para mi sorpresa, estaba deliciosa. Por
desgracia, se me quedó atascada en la garganta. Qué pena. Ahora ya no puedo
decir nada de lo que deseo decir. Tampoco las cosas que debería decir: todas
han quedado enterradas en mi vientre.
—Tal como está el mundo, lo mejor
es que no digas nada —comentó mi esposa, entrecerrando los ojos con
satisfacción.
6
La enorme roca, venerada durante
siglos como una divinidad, fue dinamitada durante las obras de ampliación y
voló en mil pedazos. En su lugar construyeron una magnífica carretera.
Cierto día se produjo un alud de
barro. La roca que siempre lo había contenido ya no estaba allí y, sin embargo,
nadie murió: momentos antes del desastre, una tormenta de pequeñas piedras cayó
sobre la carretera y obligó a interrumpir el tránsito.
La piedra continúa protegiéndolos.
7
Como tenía problemas en un ojo, fui
al médico y me lo reemplazó de inmediato por uno nuevo. Cuando regresé a casa y
me miré en el espejo, descubrí que llevaba engarzada una espléndida amatista.
«¿Acaso entré por error en una
joyería?», pensé, y me eché a reír a carcajadas ante aquel desenlace digno de
un rakugo.
8
—¡Me mataron después de maltratarme
injustamente, cuando yo solo había querido comer! ¡Hasta me llenaron el vientre
de piedras! —protestó el lobo ante el rey Enma en el otro mundo, relatándole su
muerte miserable.
—He leído tu demanda —respondió
Enma con gravedad—. En tu próxima vida seguirás siendo un lobo, pero los siete
cabritillos reencarnarán como los tres cerditos.
9
Tenía algo pesado alojado en el
pecho y hasta respirar me resultaba doloroso. Vivir era un tormento, de modo
que vagué en busca de un lugar donde morir. Al inclinarme sobre las aguas de un
lago tranquilo, una piedra enorme salió rodando de mi boca.
De pronto, libre de aquel peso,
sentí que el corazón se me aligeraba. Ya me marchaba lleno de alegría cuando
una mujer me llamó desde atrás:
—¿Cuál de estas piedras es la que
has perdido?
10
—Existe una piedra mágica capaz de
conceder un solo deseo —me dijo mamá mientras me mostraba su tesoro—. Me la
regaló tu abuela.
Ahora soy yo quien le enseña la
piedra a mi hija.
—Me la dio la mamá de mi mamá. Es
una piedra maravillosa que nadie ha utilizado todavía. Estoy segura de que
algún día también te la regalaré.
11
Acusaron a mi hermana de adulterio
y la gente comenzó a apedrearla. No dejaron de arrojar piedras hasta que su
cuerpo quedó destrozado y murió. Solo cuando las piedras formaron una pequeña
montaña volvió a reinar el silencio.
Recogí una de ellas y la apreté con
fuerza.
Mi hermana no había cometido
adulterio. Un hombre le había preguntado cómo llegar a cierto lugar y ella se
había limitado a indicarle el camino.
Aquel mismo día abandoné mi casa,
mi aldea y mi país.
12
Mi padre me compró una piedra lunar
en la tienda de recuerdos de un museo. Yo la enterré en el jardín.
Poco después ocurrió algo
extraordinario: la Luna comenzó a aproximarse con rapidez a la Tierra y los
científicos anunciaron que podía llegar a chocar con ella.
Corrí al jardín, desenterré la
piedra y la arrojé hacia el cielo con todas mis fuerzas. La Luna regresó a su
lugar.
13
En nuestra familia había una roca
de jardín que habíamos cuidado durante generaciones. Al cumplir quince años, mi
hijo decidió pulirla. En su interior había agua y un pez nadaba en ella.
Mi esposa, horrorizada, ordenó que
rompieran la piedra. El pez se convirtió en dragón y ascendió al cielo. Nuestra
familia cayó de inmediato en la pobreza.
Pero mi hijo sonrió.
—Así está bien. Nadie debe
conservar durante demasiado tiempo un poder que excede el conocimiento humano.
14
Un hombre que sostenía una piedra
mientras insultaba a otra persona dijo:
—Cuando arrojo una piedra, yo
también siento dolor.
Alguien que observaba la escena le
preguntó:
—Si nadie te ha golpeado, ¿por qué
habría de dolerte?
—No he dicho que me duela la mano.
Cuando lastimo a alguien, me duele el corazón.
Otro hombre, al oírlo, le dio un
puñetazo.
—Pues a mí ahora me duelen la mano
y el corazón.
15
Repudiada por poseer un corazón
frío como la piedra, la princesa se recluyó a solas en una torre elevada. Los
pájaros se convirtieron en sus amigos y acudían a cantar para ella todos los
días.
Una bruja le había robado la
sonrisa. Solo las criaturas que no eran humanas pudieron comprender su
verdadera bondad y su nobleza.
Cuando por fin se quedó sola, la
princesa encontró la paz.
16
En cierta aldea había una hermosa
estatua de piedra que representaba a una doncella. Un viajero se enamoró de
ella a primera vista, aunque sabía que su amor era imposible.
Un anciano le contó la leyenda:
cuando el Sol y la Luna aparecieran juntos, la doncella recibiría un cuerpo de
carne y hueso. El viajero esperó. Esperó hasta envejecer y morir.
Tiempo después, el Sol y la Luna
aparecieron juntos.
La doncella derramó una única
lágrima.
17
Encontré una piedra azul en mi
bolsillo. No recordaba cuándo la había recogido. Al sostenerla contra el sol,
apareció en su interior un dibujo maravilloso. Entorné los ojos para observarlo
mejor y, en un instante, fui absorbido por la piedra.
Mientras intentaba decidir qué
hacer, desconcertado, introduje una mano en el bolsillo. Por alguna razón, allí
había una piedra blanca…
18
—¡Voy a desenterrar una piedra
increíble!
Mi hermano, fanático de las
piedras, partió hacia otro país y desapareció. ¡Perderse por culpa de unas
simples piedras! Todos los días lloraba mientras contemplaba las que guardaba
en su habitación.
Hasta que una tarde oí su voz.
Observé una de las piedras con atención y descubrí en su interior un mundo
diminuto. Allí estaba mi hermano, viviendo feliz.
Supongo que realmente lo es.
19
En Occidente existe una historia
sobre un hombre que coloca por accidente el anillo de compromiso en el dedo de
una doncella de piedra y luego es perseguido por ella. En Japón, en cambio,
tenemos un cuento en el que alguien cubre con sombreros unas estatuas de piedra
de Jizō y recibe una generosa recompensa.
¿A qué se debe semejante
diferencia?
Me lo pregunto mientras observo a
la muchacha que sonríe frente a mí. Ahora que lo pienso, creo que una vez le
puse una bufanda a la estatua de una joven.
20
Había un escultor extraordinario.
Al contemplar una piedra sabía qué figura debía liberar de ella y la tallaba. A
veces surgía un anciano; otras, un ave o una bestia.
Cierto día esculpió un dinosaurio
tan perfecto que parecía vivo. Un científico acudió a verlo y, maravillado, le
preguntó cómo lo había conseguido.
—Me limito a leer los recuerdos
encerrados en la piedra —respondió el maestro.
21
Una joven murió consumida por un
amor no correspondido. Desde entonces, cada noche visitaba al hombre amado
acompañada por su criada. Cuando el hombre descubrió que se trataba de un
fantasma, se encerró en su casa y se negó a recibirla.
—¡Qué humillación! —gritó ella.
Enfurecida, arrojó algo contra la
puerta. Esta se hizo pedazos sin ofrecer resistencia y, al otro lado, apareció
el hombre temblando de miedo.
A la mañana siguiente, en aquel
lugar solo encontraron un viejo farol de piedra.
22
Había un puente que se derrumbaba
con cada inundación. Prometieron una gran recompensa a un hábil carpintero
llegado desde muy lejos y le encargaron la construcción de un puente de piedra.
El día en que terminó la obra,
enterraron vivo al carpintero para convertirlo en sacrificio humano. Por
supuesto, tampoco le pagaron.
Al final, el puente resultó
resistente y útil, y nunca cayó sobre él maldición alguna.
Así funciona el mundo.
23
Mi padre vivió la guerra durante su
infancia y jamás olvidó el terror de los bombardeos. Un niño de familia
adinerada alardeaba siempre de que habían construido bajo su casa un refugio
antiaéreo de piedra.
—¡Allí estaremos seguros! —repetía.
Un día, una bomba cayó sobre la
casa. Cuando mi padre fue a verla a la mañana siguiente, descubrió que toda la
familia había muerto cocida dentro del refugio del que tanto se enorgullecían.
24
No puedes imaginarlo. Hace mucho
tiempo —incluso durante la generación de tus padres— las piedras fueron armas
importantes. Todavía hoy pueden causar accidentes terribles.
A propósito, esa piedra incrustada
en tu cabeza, ¿cuánto dolor te produjo?
Ah, ya no puedes saberlo. Qué
lástima. Tendré que preguntárselo a otra persona.
25
Había un hombre obsesionado con el
sonido de dos piedras al chocar. Si producían una nota aguda y cristalina, eran
excelentes. Pero nunca encontraba el sonido ideal.
Todos los días recogía piedras, las
golpeaba entre sí y escuchaba. Como broma, alguien le entregó una pieza de
cerámica idéntica a una piedra.
—¡Este es el sonido! —gritó,
enloquecido de alegría.
Pero la cerámica se hizo añicos en
ese mismo instante.
26
Cuando me avisaron que mi padre,
famoso por ser un cabeza dura, había muerto, regresé de inmediato a mi pueblo
natal. Era un hombre de una obstinación inquebrantable: cuando tomaba una
decisión, nada conseguía hacerlo cambiar de parecer.
Terminada la cremación, nos
dispusimos a recoger sus huesos y no pude evitar echarme a reír. Como había
padecido tantas enfermedades, estaban frágiles y casi no quedaba ninguno.
Pero el cráneo se conservaba
intacto.
27
En Taiwán se practica la
adivinación arrojando dos piedras con forma de medialuna. Mi suegra las llamaba
poe. Supongo que el método de interpretar las combinaciones de sus caras
procede del I Ching.
Las probabilidades de que el cometa
choque contra la Tierra son del cincuenta por ciento. Contemplo la media luna
en el cielo nocturno y la sombra que proyecta sobre la tierra, y realizo mi
propia adivinación.
Luna, ¿tiene alguna posibilidad de
sobrevivir el niño que llevo en mi vientre?
28
Todos los miembros de la familia se
reunieron alrededor de la mesa. Era una asamblea importante: decidirían mi
futuro. Sirvieron la comida.
Mi tío golpeó ligeramente con un
dedo la enorme mesa de piedra y bromeó:
—Parecemos los caballeros de la
Mesa Redonda.
En realidad, se trataba de la
Última Cena.
Todos, excepto yo, ya habían
brindado con el vino envenenado con arsénico.
29
Mi abuelo me enseñó un juego que se
practicaba con piedras blancas y negras. Me apasionó desde pequeño y continué
jugándolo incluso después de hacerme cargo del trabajo de mi abuelo y de mi
padre.
Por fin he alcanzado una posición
en la que nadie puede darme órdenes. Juguemos a mi antojo. Venus será blanco;
Marte, negro. Sí, también convertiré la Tierra en una piedra negra.
El universo es un gigantesco
tablero de go. Ser dios no está nada mal.
30
Un torrente devoró la tierra. Casi
todos los seres vivos fueron arrastrados por las aguas mientras imploraban la
ayuda de Dios. Compadecido, Dios depositó una piedra verde bajo el agua.
Gracias a ella se salvaron las criaturas que habitan hoy el mundo.
Hijos míos, compadézcanse de ellas.
Nosotros no tenemos nada que temer, por grandes que sean las olas.
¡Larga vida a los peces!
31
—Solo quien esté libre de culpa
puede arrojar una piedra —declaró el rey.
Todos los habitantes del reino
apedrearon al condenado.
Al día siguiente, el rey proclamó:
—Solo quien se reconozca culpable
puede arrojar una piedra.
Nadie lo hizo.
32
En cierto planeta descubrieron unas
ruinas. En ellas había una plataforma gigantesca de piedra. ¿Se trataba de un
recinto religioso, de un espacio político o de ambas cosas?
Los investigadores debatieron en el
lugar, pero no consiguieron llegar a ninguna conclusión.
Poco después descubrieron la
respuesta. Un alienígena gigantesco salió de su escondite, inmovilizó a los
científicos y comenzó a cocinarlos sobre aquella enorme tabla de cortar.
33
La leyenda afirmaba que quien
extrajera la espada clavada en la roca se convertiría en rey. Todos los que lo
intentaron fracasaron.
Hasta que un hombre rompió la roca
y se apoderó de la espada. Como, para ser exactos, no la había «extraído»,
comenzó una encarnizada discusión sobre si debía ser reconocido como rey.
Aprovechando la disputa, un país
enemigo invadió el reino. El hombre de la espada lo expulsó gracias a su
astucia.
Y se convirtió en rey.
34
Entre unas ruinas antiguas se
alzaba un misterioso conjunto de megalitos. Nadie había conseguido descifrar
sus inscripciones. Eran consideradas el mayor enigma del mundo y se rumoreaba
que quien las interpretara descubriría el secreto de la creación.
Un niño contempló los dibujos y se
echó a reír.
—Nosotros también hacemos cosas así
—le explicó a su padre—. Son garabatos.
¿Cuál será la verdad?
35
Un demonio furioso maldijo a un
hombre: todo cuanto tocara se convertiría en piedra. Los alimentos y las
bebidas se petrificaban apenas entraban en contacto con sus manos. El hombre
padecía hambre, pero la propia maldición le impedía morir. Hasta el viento se
transformaba frente a él en pequeñas piedras que caían dispersas.
Vagó durante años, atormentado por
la soledad.
Al final, se abrazó a sí mismo.
36
Había un joven cuyo aspecto era tan
extraño que no podía salir de casa. Solo se relacionaba con los demás a través
de Internet. En un chat conoció a dos hermanas tímidas. Mensaje tras mensaje,
su afecto fue creciendo, aunque ninguno reunía el valor necesario para
encontrarse en persona.
Hasta que las hermanas confesaron:
—En realidad, ¡somos gorgonas!
El joven sintió un enorme alivio.
Él era una gárgola.
37
Había un hombre capaz de pulverizar
rocas con el pensamiento. La gente se burlaba de él y afirmaba que semejante
poder no servía para nada.
Un día llovió con tanta intensidad
que la montaña se derrumbó, pero la aldea se salvó: el hombre destruyó todas
las rocas y piedras que caían sobre ella. Solo entonces reconocieron por
primera vez su valor.
Como se había convertido en un bien
de la comunidad, lo encerraron en un rincón de la aldea.
38
Deseosos de que sus extraordinarios
logros fueran recordados eternamente, los habitantes de una civilización
grabaron sus palabras en tablillas de piedra.
Tal como esperaban, las tablillas
sobrevivieron a su desaparición. Otros pueblos las heredaron y sus estudiosos
consiguieron descifrarlas e investigarlas. Cuando también aquella civilización
se extinguió y todo ser vivo dejó de existir, las tablillas continuaron
dormitando detrás de las puertas oxidadas de un museo.
Esperaban el surgimiento de una
nueva civilización.
39
Una anciana pareja muy devota
entregó sus capas de paja y sus sombreros a dos estatuas de Jizō. Después
regresaron a casa por el camino nevado, temblando de frío.
Aquella noche oyeron un ruido en la
entrada. Al abrir la puerta, encontraron allí a las dos estatuas que habían
visto durante el día.
—Hemos venido a devolverles el
favor y darles calor.
Los Jizō se aferraron a los
ancianos con sus cuerpos de piedra helada.
A la mañana siguiente encontraron
los dos cadáveres congelados…
40
Era un planeta donde solo existían
arena y piedras. No encontraron bacterias y lo declararon carente de vida.
Los técnicos enviados para preparar
su colonización murieron en pocos días. Las piedras se introdujeron por cada
orificio de sus cuerpos y los destruyeron desde dentro.
Sí, las piedras eran las armas con
las que los habitantes se defendían de los invasores.
Los granos de arena eran los
habitantes.
41
Hojas de tiempos remotos, insectos,
agua… El ámbar ha albergado toda clase de cosas y los seres humanos siempre lo
han amado por su misterioso encanto.
Un niño encontró una pieza extraña.
Era tan grande como su puño y contenía en su interior una multitud de
engranajes. Después descubrió una tras otra nuevas piezas de ámbar que
encerraban toda clase de objetos.
Entonces comprendió que él también
se encontraba dentro del ámbar.
42
La persona que lleva un gran
cristal engarzado en el dedo solo se preocupa por su resplandor y no presta
atención a nada más. Hasta conversar conmigo parece resultarle difícil.
Al cabo de un rato comenzó una
discusión, pero de pronto todo quedó en silencio. Me asomé y vi que el anillo
que tanto apreciaba se había partido en dos.
Es verdad que llevar el cerebro
como accesorio resulta muy práctico, pero tiene sus inconvenientes.
43
El viento pasa, la lluvia fluye y
la nieve se derrite. Los seres vivos crecen y envejecen, y ceden el mundo a las
generaciones siguientes.
Solo las piedras permanecen
detenidas en el instante y existen, momento tras momento, dentro de la
eternidad.
44
El gólem era una criatura de barro.
Poseía voluntad propia, pero no sabía cómo expresarla. Imitando a los humanos,
se llenó la cabeza de pequeñas piedras. De inmediato se volvió más inteligente
que ellos y la sociedad, aterrorizada, comenzó a perseguirlo.
—Las piedras valen mucho más que
los sesos —lo consoló Sun Wukong, el Rey Mono nacido de una roca.
45
Cuando esa persona cuenta una
historia de fantasmas, siempre deja una piedra antes de marcharse. Después de
narrar algo que realmente le sucedió, abandona una piedra que vibra en
consonancia con la historia…
Para quien la recibe es
insoportable: padece pesadillas y fenómenos sobrenaturales.
¿Quieres saber cómo librarte de
ella? Es muy sencillo. Debes arrojar la piedra y un puñado de sal gruesa a una
corriente de agua limpia.
Es el método más eficaz.
46
Una mujer dotada de poderes
espirituales afirmó que la habían maldecido. Para devolver la maldición,
comenzó a comportarse de manera agresiva con las personas con las que ya no
deseaba trabajar. Algunas se alejaron; otras la defendieron.
Las maldiciones son como espejos:
reflejan nuestro verdadero rostro.
Con el tiempo, el cuerpo y el
corazón de la mujer se endurecieron y quedaron rígidos como la piedra.
47
—Dentro de esta pequeña piedra cabe
todo un universo —me confió ella—. Cada piedra contiene un cosmos, con sus
mundos, sus civilizaciones y sus criaturas. ¿No te parece maravilloso?
Sonriendo, hizo añicos la piedra.
—Basta con que exista una sola
diosa: yo. Tengo en mis manos el poder de conceder la vida y la muerte.
Mientras reía, vi que un dedo
gigantesco descendía sobre su cabeza.
48
Las estatuas de Ninomiya Kinjirō de
todo Japón echaron a andar y comenzaron a sermonear a los jóvenes que no
estudiaban. Hachikō, en Shibuya, castigó solemnemente a quienes maltrataban a
los animales. Las lápidas se levantaron y golpearon a sus irrespetuosos
descendientes.
Quienes apenas consiguieron escapar
de Japón llegaron a Estados Unidos a tiempo para presenciar cómo la Estatua de
la Libertad aplastaba la residencia presidencial.
49
Las piedras rosadas, fabricadas al
solidificar recuerdos preciosos junto con el rocío de las flores, se vendían a
precios exorbitantes a quienes habían olvidado los sueños y el amor.
Después de venderlas, no quedaba en
el corazón de sus antiguos propietarios ningún recuerdo cálido. Por eso volvían
a comprarlas pagando tres veces el precio obtenido.
Un instante dulce, congelado para
siempre.
Sin comprender que era aquello
mismo de lo que se habían desprendido.
50
Junto a mi almohada hay un libro
maravilloso. En su última página contiene una piedra verdadera. La acaricio
mientras me duermo y, en sueños, se van tejiendo historias sobre piedras.
—Solo serán cincuenta —me dijo la
persona que me vendió el libro.
Pero ¿qué sucederá después?
Tengo sueño. Seguiré durmiendo
hasta convertirme en piedra. Hasta que el mundo entero se convierta en piedra.
Tōuya Tachihara es escritora,
traductora y profesora universitaria. Su obra de ficción abarca principalmente
la ciencia ficción, la fantasía y el terror. También participa activamente en
la traducción y difusión de la ciencia ficción en chino entre el público
japonés. En reconocimiento a sus contribuciones en este campo, recibió el
Premio Especial del Gran Premio de Ciencia Ficción de Japón.
