Rosana Aldonate
… vi… a Averroes, que el gran
comentario hizo. Dante Alighieri
La
Divina Comedia
Los
siete camaradas subieron al avión que los conduciría al destino prefijado.
Escapaban del terrorismo de estado imperante en el país natal cuyo gobierno consideraba
peligrosa a la juventud y era intolerante con las ideas que los jóvenes
profesaban por considerarlas atentatorias contra la civilización occidental y
cristiana, de la que los gobernantes se erigían en guardianes. Huían de la
amenaza que pesaba sobre sus cuerpos y sus vidas.
Cercanos a la aeronave percibieron la
escalerilla como el acceso a un reducto protector, a un verdadero refugio.
Ocuparon sus asientos, precintaron el cinturón de seguridad alrededor del
cuerpo como quienes se sujetan a la seguridad aniquilada en el país que dejaban
y dispuestos a la libertad también allí cercenada.
Despegaron en el avión que se internó en
las nubes con hipnóticas alitas blancas. Conciliaron rápidamente el sueño
ausente en las anteriores vigilias expectantes y prolongadas. El reposo se les
fue animando de imágenes múltiples y caleidoscópicas, reconfigurándose en
ficciones más organizadas.
Tuvieron un sueño en común en el que los
siete partían en busca de palabras, de dos palabras que en el sueño se
graficaban como dos gigantescos paréntesis que incluían puntos suspensivos en
su interior, mientras el séptimo punto caía fuera del paréntesis. Saltaron de
los puntos a un piso denso, resbaladizo; patinaron hasta chocar contra una
muralla en la que estaban dibujados los dos grandes paréntesis de nada. Los
puntos se habían borrado. ¿Por la lluvia? Continuaron caminando adosados al muro
por varios kilómetros, sofocados por el calor y el cemento. La muralla
desapareció dentro de los paréntesis. Avanzaron entonces junto a las marcas
semicirculares. Mareados, cruzaron la línea e ingresaron a un cuento. El
desconocimiento de las dos palabras continuaba. Obtuvieron un salvoconducto
para asomarse al inicio y al final del relato, previo a lo cual tuvieron que
inventar un aparato necesario para encontrar lo que buscaban. Se toparon con
una directa indicación para los lectores “si desean conocer cuál es el aparato
que inventaron los siete durmientes leer la nota al pie de página que refiere
al segundo significado en el diccionario de la palabra busca (*)”. En el
dispositivo creado recibieron un guarismo al que descifraron como el número de
la página a la cual dirigirse.
En
la carilla indicada se encontraron con un asterisco que especificaba: *si
quieren saber cuáles son las dos palabras que desconocen los siete durmientes
por favor remitirse al cuento “La busca de Averroes” de Borges. Gozando del
permiso recibido y haciendo uso de su invento pudieron volver desde el desarrollo
del cuento a la página de inicio donde estaban planteadas por Averroes las dos
palabras que les faltaban.
Se sorprendieron de no despertar una vez
provistos de ambas palabras, lo que implicaba que no habían llegado aún al
ombligo del sueño.
Un nuevo número apareció en la pantalla
del artificio. Saltearon una, dos y tres páginas del relato hasta llegar a la
cifra apuntada en el visor. Fueron espectadores y a la vez actores de lo que
allí acontecía: escenas de una obra de teatro titulada “Los siete durmientes de
Éfeso”. Siete durmientes como ellos pero de Éfeso, no de Argentina, se
retiraban a una caverna, oraban, dormían con los ojos abiertos, despertaban
trescientos nueve años después, entregaban al vendedor una moneda.
Esa moneda fue para el vendedor la prueba
suficiente de que los siete durmientes de Éfeso venían de otra época, y la cruz
que vieron los siete durmientes en la cúspide de una iglesia de Éfeso fue para
los siete cristianos la demostración de que no estaban en su tiempo, en el que
se perseguía a los cristianos. Como dijo un filósofo francés, resultó una
ironía que los siete durmientes de Éfeso despertaran tan tarde cuando el cristianismo
estaba impuesto y ya no había ningún escéptico por convencer.
Nuestros siete durmientes en cambio
pensaron que al contrario de los durmientes de Éfeso que debieron esconderse en
la caverna de la persecución del emperador pagano, ellos escapaban de quienes
se arrogaban ser custodios de la civilización justamente cristiana y pensaron
también si, cuando despertaran, estarían a tiempo de incidir en las
circunstancias o si sería demasiado tarde.
Ingresaron a un campo silencioso de
amapolas y valerianas que rodeaba la entrada de una caverna oscura. Para pasar
debieron dejar en la boca de la gruta su invento y las dos palabras que habían
recuperado en el cuento “La busca de Averroes”. La oscuridad reinante era
total, no podían hacer otra cosa que sentarse en cualquier sitio próximo.
Una brisa perfumada nutrida de
imperceptible polen se inmiscuía del exterior espesando la negritud interior e
incitándolos al sueño. No era posible sustraerse a esa natural inducción
hipnótica. Se dejaron ir dócilmente porque siempre se puede despertar por obra
de un ruido o de algún real. Antes de llegar al sueño profundo advirtieron con
cierta inquietud que se trataba de un sueño dentro del sueño y que la caverna,
absolutamente oscura, estaba custodiada por un tal Morfeo cuya principal tarea
es evitar que los ruidos despierten al durmiente. Les quedaría entonces como
único recurso encontrar el real para despertar del dormir fatídico, pero
inmediatamente cayeron en la cuenta de que lo real es imposible de representar.
En ese último borde lúcido conciliaron el sueño de manera profunda. Allí donde
ya no se sueña
(*) Busca: mensáfono, aparato portátil que sirve para recibir mensajes a distancia.
Rosana
Aldonate es licenciada en psicología de la UNT, Magister en Administración y
Gerenciamiento en Salud de la Universidad Favaloro y Magister en Clínica
Psicoanalítica. Actualmente se desempeña como psicoanalista y perito judicial. Ha
publicado, entre otras obras, Por todo lo durante (poesía, 2003), El cuartito del otro lado (relatos, 2008), “El enigma de camarones” (cuento
largo, 2012) y La nota y el énfasis (relatos breves y microrrelatos,
2025). Participó además en diversas publicaciones colectivas como Letrarte (2010) y Aturucuto2 (2011). Escribe en Revista Avatares (de psicoanálisis) del CID Tucumán, en Revista Link! (Cultural) de Tucumán.
Escribió en Revista del Colegio de Psicólogos de Tucumán, en Revista Enlaces (de la Orientación Lacaniana)
Buenos Aires y en los blogs Rebussuber
y Litur-a-tulia (Madrid).

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