miércoles, 5 de febrero de 2025

LOS ISLEÑOS

Alejandro Bentivoglio

 

La pequeña isla no se queda quieta. Flota sin rumbo. Es pedazos de los países que más o menos lograron sobrevivir. Algunos fueron saqueados por las reservas de agua. Otros invadidos para apoderarse del petróleo. Luego todo el asunto de la guerra entre las grandas potencias y el holocausto nuclear. Las bombas, eso fue un feo asunto. Los terremotos, pestes, el planeta sangrando como un efímero animal aullando en el espacio. Las hambrunas que siempre supimos que llegarían. En fin, lo que algunos llamarían el fin de las cosas.

Los que quedamos permanecemos en esta isla. Ya no tenemos nacionalidades, se fueron perdiendo con el tiempo. Pensar que se cumplen trescientos o cuatrocientos años de nuestra independencia de esos países que ya no existen es innecesario. Los libros de historia han quedado olvidados. Los próceres, las estatuas, las fechas se han extinguido junto con ese mundo que nunca dejaba de ser una desmemoriada mentira complejamente elaborada para contentar a las brujas de las sombras. Ahora solo queda este continente, que es, como dije, una isla que flota sin rumbo. Aunque quizás lo digo mal. Porque nuestra falta de rumbo es en realidad todos los rumbos.

El nombre de la isla cambia según a quién se le pregunte. Podría haberse llamado Latinoamérica. Pero preferimos dejar las palabras de lado. Solo pensar en el océano que expande, en el sol que nos ilumina cada día; en las risas de nuestros hijos, que juegan por allí, sin preocuparse por el futuro, porque esto es el futuro.

No sabemos cuántas veces hemos dado vueltas al planeta. No hay aquí timón ni mapas.

Tampoco hemos izado una bandera. Preferimos dejar que el tiempo haga sus propios entramados, que las mareas nos conduzcan donde quieran, que los siglos ahoguen sus gritos y sus desmanes.

Hablamos un mismo idioma y la deriva es nuestra hermandad. El vacío también es un lugar común y no tenemos por qué temerle.

Las montañas están con nosotros, también los valles y las personas que cantan y que caminan por esta isla que es todas las islas. La única que se ve en el horizonte, que también ahora llamamos nuestro.

Hijos de las aguas, nuestra casa es todas las casas, porque ahora somos todos los hombres que han sido alguna vez, habitamos el aire que persiste en el recuerdo y en lo por venir.

Tampoco esta narración dirá nada de nosotros, porque las historias son los pequeños detalles de los individuos y nosotros somos los isleños del desastre, los sobrevivientes y solo existe este nosotros que nos revela la magnitud de nuestros días.

Por eso tampoco debe ser tomada como una declaración de un escritor, de un cronista de la isla. Solo como las palabras de una tierra viva que sigue creciendo. Y que quiere hablar de amor a las estrellas y a los mares.

Y dejar este papel en una botella para que llegue a algún sitio. Quizás de vuelta a esta misma isla y nos sorprenda con un mensaje de quienes fuimos alguna vez, sabiendo que todo está viniendo, que todo se acerca.


Alejandro Bentivoglio nació en 1979 en Avellaneda. Cursó el Profesorado de Castellano, Literatura y Latín. Publicó es autor de trece libros de ficción, incluyendo la antología personal Transego, que recoge lo mejor de sus primeros diez libros y La Parca, bajo el seudónimo de Bjork Altman, escrito en colaboración con el escritor y músico Daniel Juárez Dion. Ha sido incluido en antologías y revistas físicas y virtuales de América y Europa y traducido al inglés, italiano y griego. También ha escrito crítica de cine, música y literatura y algunas novelas aún inéditas. Entre los sus muchas obras publicadas pueden mencionarse Revólver y otras historias del lado suave (2006), Dakota/Memorias de una muñeca inflable (2008), Paul está muerto (2011), Abcdefghijklmnñopqrstuvxyz (2011), Mágico histérico tour (2011), Vértigo verbal del suicida reincidente (2011), Ariadna superstar (2012), Todo lo que dejamos atrás (2012), Ultraficción (2015), Música para naufragios y otros eventos sociales (2015)Sus microficciones han sido incluidas en numerosas antologías de Argentina, Estados Unidos y España. Dice que sus intereses son la literatura, la música, el cine y el fast food.

 

1 comentario:

  1. Muy buen relato , futurista, pero cercano. Liviano y ágil. Interesante y humano .

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