Gabriel Trujillo Muñoz
Esto ocurrió hace más de veinte
años, cuando comenzaba el siglo.
Estábamos
por entrar a una convención de videojuegos e Inteligencia Artificial y un joven
permanecía frente a la entrada del centro empresarial, distribuyendo unas hojas
de papel.
Tomé una y
decía:
“En el
futuro cada uno de nosotros será su propia pantalla táctil. Tocarás a los demás
y te revelarán sus gustos, sus intereses, sus apetencias. Y ellos harán lo
mismo contigo. Podrás establecer redes de persona a persona, de ojo a ojo, de
célula a célula. Alguien cantará su júbilo y su júbilo será compartido cuerpo a
cuerpo, órgano a órgano. Alguien tendrá miedo y su miedo será compartido, ya no
estará solo con él. Para unos, eso será un día de fiesta. Para otros, la peor
pesadilla del mundo. Ruido blanco será nuestro pensamiento. Un flujo de
información que saturará nuestros sentidos hasta hacerlos estallar. Al final
seremos cáscaras vacías, residuos, el eco de una onda de choque, algo que vibra
hasta desaparecer. Ese porvenir nos aguarda, viene por todos nosotros. La
telaraña que nos captura y al capturarnos no hará centro de atención, su
alimento”.
Cuando
salimos, el joven era llevado esposado por dos policías rumbo a una patrulla.
—¿Qué pasó? —pregunté.
—Un
alborotador —dijo una de las edecanes.
Yo miré la
hoja de papel.
Tan
anticuada en estos tiempos virtuales.
Tan
subversiva en su obsolescencia.
—¿Qué hace
con ese papel? —me preguntó un guardia de seguridad.
—No sé —respondí,
poniéndome a la defensiva.
—¡Démela!
Se la di. El
guardia la leyó con el ceño fruncido.
—Dice puras
tonterías.
Si dice
puras tonterías, entonces, ¿por qué se ponen tan nerviosos?, pensé.
—Yo me
encargo —dijo el guardia y se llevó la hoja de papel bien apretada en su mano.
—¿Por qué
tanto escándalo? —quiso saber un joven despistado.
—No lo sé —le
respondí.
Y recordé
las palabras que traía aquel papel: “Alguien tendrá miedo y su miedo será
compartido”.
Por
supuesto, me dije.
Pero quedaba
en pie una última pregunta.
Si vivimos
en la telaraña colectiva, ¿dónde está su dueña, qué espera para devorarnos?
Eso ocurrió
hace más de veinte años, cuando comenzaba el siglo.
Cuando aún
éramos seres humanos saludándonos unos a otros, platicando cara a cara en la
plaza pública.
No estos
avatares que hoy llevan nuestros anhelos de un extremo a otro del mundo.
No estos
fantasmas en su incesante algarabía.
No estas
vibraciones en el tejido que nos sostiene.
Tal vez tú
no lo percibas, pero yo estoy seguro de que algo se aproxima, algo viene por
nosotros.
No sé qué
sea pero ha sentido nuestra presencia. Y tiene hambre. Mucha. Muchísima.
Ya verás.
Gabriel Trujillo Muñoz nació en Mexicali, Baja California, México, el 21 de julio de 1958. Es poeta, narrador y ensayista. Es profesor de tiempo completo de la Facultad de Ciencias Humanas de la UABC-Mexicali y uno de los editores de la Revista Universitaria de la Universidad Autónoma de Baja California. Ha publicado más de ciento treinta libros como autor y compilador. Una apretada síntesis permite citar, entre muchos otros, Miríada (cuentos, 1991), Laberinto (novela, 1995), Mezquite Road (novela, 1995), Conjurados (novela, 1999), Espantapájaros (novela, 1999), Trebejos (cuentos, 2001), Mercaderes (cuentos, 2002), Aires del verano en el parabrisas (cuentos, 2009), Trenes perdidos en la niebla (novela, 2010), Moriremos como soles (novela, 2011), Círculo de fuego (novela, 2014), Música para difuntos (novela, 2014) y Vecindad con el abismo (novela, 2015).
Muy interesante, me gustó mucho la historia,
ResponderEliminar