domingo, 23 de febrero de 2025

SACRIFICIOS

Víctor Lowenstein

 

Los dos viejos caminaban entre los escombros, revolviendo los desperdicios con sus bastones. Se parecían, ambos calvos y de largas barbas cenicientas; ambos vestidos con impermeables andrajosos y botines ajados. Sólo que Peter era el optimista del dúo y Hans, un eterno negador de la buena nueva traída desde las estrellas…

—Te repito, amigo Hans: los extraterrestres han venido a salvar a la humanidad.

El otro lo miró con fastidio.

—¿De verdad crees? Estás enceguecido como el resto de los que aún están vivos.

—Lo que creo es que estamos asistiendo a una reconstrucción del mundo.

Hans lanzó una estruendosa carcajada, tras lo cual tironeó de la manga a su amigo.

—Mira lo que tenemos por delante; ¡anda, descríbeme el paisaje!

  Peter obedeció, contemplando el panorama. A la izquierda humeaba un edificio bombardeado por las fuerzas alienígenas. El centro era un baldío interrumpido por los escombros. A la derecha sólo quedaban más montañas de piedra derribada… se inclinó, y recogió una lata vacía de guisantes cubierta de ceniza.

—Apuesto que me darán varios centavos por esto —murmuró, sacudiendo el abollado envase metálico.

—Seguro —ironizó Peter levantando un ladrillo del suelo, por el que obtendría similar remuneración. La recolección de basura reciclable era el único modo de vida que les había quedado a los sobrevivientes del planeta colonizado por los aliens.

—Yo creo… —comenzó a decir Peter, reiniciando el diálogo— que no es posible reconstruir un mundo corrompido sin destruir aquello que lo corrompe.

—¡Brillante filosofía! —ironizó nuevamente Hans—. Una civilización superior que nos estima tanto que nos viene a salvar sin que se lo pidamos bombardeando las ciudades que habitábamos de puro corrompidos. Y de paso nos mata…

—Tú y yo estamos vivos, Hans.

—Sí, en tiendas de campaña del ejército de salvación. Sólo por haber sobrevivido a los constantes bombardeos aquí, y en cada metrópoli del planeta.

—¡Pero Peter! Ellos no contaban con encontrar resistencia en algunos gobiernos mundiales. O en organizaciones como la OTAN. Nuestro país es otro foco de resistencia; por ello combaten para preservar a sobrevivientes como nosotros.

Hans soltó el ladrillo para agarrarse la cabeza con ambas manos.

—No puedes ser más ingenuo, me temo. Nuestros gobernantes están sanos y salvos en sus mansiones amuralladas. Negocian con ellos a nuestras espaldas, para presentarse en un futuro cercano como los socios conciliadores de un nuevo orden mundial. Y mientras tanto, gente como nosotros muere, y muere…

A lo lejos empezó a sonar un zumbido. Los dos hombres supieron reconocer la cercanía de uno de esos vehículos de rastreo de los alienígenas que pululaban en cada ciudad. Eran naves gigantescas equipadas con poderosas armas fulminantes.

—Corramos —dijo Hans.

Ambos se pusieron en marcha hacia el edificio humeante. A la carrera, Peter no dejaba de objetar con argumentos memorizados en los comunicados oficiales de prensa.

—La gente muere, cierto. Víctimas inevitables de un sistema injusto. Ojalá se pudiera evitar esta masacre, pero no hay forma. Cada víctima es un sacrificio a favor del nuevo orden, amigo mío.

La nave ya estaba por sobre sus cabezas. Hans se acuclilló junto a una pared ya calcinada. Peter se metió dentro de un destartalado Peugeot 404 sin puertas.

Un portentoso rayo verdinegro se disparó sobre el vehículo, convirtiéndolo en una bola de fuego. El cadáver carbonizado de Peter Bruckbell voló por los aires para caer a los pies de Hans, quien lo contempló con ojos azorados. Una llorosa ironía brotó de su boca como si el otro, ahora un amasijo de carne incinerada, pudiese escucharlo.

—¿Qué me dices, amigo mío? Ahora eres otra víctima sacrificada en favor del nuevo orden mundial. 


Víctor Lowenstein nació en Buenos Aires, Argentina, el 19 de enero de 1967. Escritor. Autor de seis libros de cuentos fantásticos. Dos menciones de honor de la Sociedad Argentina de escritores (S.A.D.E) y primero y segundo premio género cuento concursos “Siembra de letras” y antologías “Soles de América”.  Participación en más de veinticinco antologías y una docena de revistas digitales. Escribe textos ficcionales, horror, weird,  y ensayos sobre literatura moderna. Algunos de sus libros son: Paternóster, novela corta, 2014 y Artaud el anarquista, 2015.

 

 

 

 

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