Víctor Lowenstein
Los dos viejos
caminaban entre los escombros, revolviendo los desperdicios con sus bastones. Se
parecían, ambos calvos y de largas barbas cenicientas; ambos vestidos con
impermeables andrajosos y botines ajados. Sólo que Peter era el optimista del
dúo y Hans, un eterno negador de la buena nueva traída desde las estrellas…
—Te repito, amigo Hans: los
extraterrestres han venido a salvar a la humanidad.
El
otro lo miró con fastidio.
—¿De
verdad crees? Estás enceguecido como el resto de los que aún están vivos.
—Lo
que creo es que estamos asistiendo a una reconstrucción del mundo.
Hans
lanzó una estruendosa carcajada, tras lo cual tironeó de la manga a su amigo.
—Mira
lo que tenemos por delante; ¡anda, descríbeme el paisaje!
Peter obedeció, contemplando el panorama. A
la izquierda humeaba un edificio bombardeado por las fuerzas alienígenas. El
centro era un baldío interrumpido por los escombros. A la derecha sólo quedaban
más montañas de piedra derribada… se inclinó, y recogió una lata vacía de
guisantes cubierta de ceniza.
—Apuesto
que me darán varios centavos por esto —murmuró, sacudiendo el abollado envase
metálico.
—Seguro
—ironizó Peter levantando un ladrillo del suelo, por el que obtendría similar
remuneración. La recolección de basura reciclable era el único modo de vida que
les había quedado a los sobrevivientes del planeta colonizado por los aliens.
—Yo
creo… —comenzó a decir Peter, reiniciando el diálogo— que no es posible
reconstruir un mundo corrompido sin destruir aquello que lo corrompe.
—¡Brillante
filosofía! —ironizó nuevamente Hans—. Una civilización superior que nos estima
tanto que nos viene a salvar sin que se lo pidamos bombardeando las ciudades
que habitábamos de puro corrompidos. Y de paso nos mata…
—Tú
y yo estamos vivos, Hans.
—Sí,
en tiendas de campaña del ejército de salvación. Sólo por haber sobrevivido a
los constantes bombardeos aquí, y en cada metrópoli del planeta.
—¡Pero
Peter! Ellos no contaban con encontrar resistencia en algunos gobiernos
mundiales. O en organizaciones como la OTAN. Nuestro país es otro foco de
resistencia; por ello combaten para preservar a sobrevivientes como nosotros.
Hans
soltó el ladrillo para agarrarse la cabeza con ambas manos.
—No
puedes ser más ingenuo, me temo. Nuestros gobernantes están sanos y salvos en
sus mansiones amuralladas. Negocian con ellos a nuestras espaldas, para
presentarse en un futuro cercano como los socios conciliadores de un nuevo
orden mundial. Y mientras tanto, gente como nosotros muere, y muere…
A lo
lejos empezó a sonar un zumbido. Los dos hombres supieron reconocer la cercanía
de uno de esos vehículos de rastreo de los alienígenas que pululaban en cada
ciudad. Eran naves gigantescas equipadas con poderosas armas fulminantes.
—Corramos
—dijo Hans.
Ambos
se pusieron en marcha hacia el edificio humeante. A la carrera, Peter no dejaba
de objetar con argumentos memorizados en los comunicados oficiales de prensa.
—La
gente muere, cierto. Víctimas inevitables de un sistema injusto. Ojalá se
pudiera evitar esta masacre, pero no hay forma. Cada víctima es un sacrificio a
favor del nuevo orden, amigo mío.
La
nave ya estaba por sobre sus cabezas. Hans se acuclilló junto a una pared ya
calcinada. Peter se metió dentro de un destartalado Peugeot 404 sin puertas.
Un
portentoso rayo verdinegro se disparó sobre el vehículo, convirtiéndolo en una
bola de fuego. El cadáver carbonizado de Peter Bruckbell voló por los aires
para caer a los pies de Hans, quien lo contempló con ojos azorados. Una llorosa
ironía brotó de su boca como si el otro, ahora un amasijo de carne incinerada,
pudiese escucharlo.
—¿Qué
me dices, amigo mío? Ahora eres otra víctima sacrificada en favor del nuevo
orden mundial.
Víctor Lowenstein nació en Buenos Aires, Argentina, el 19 de enero de 1967. Escritor. Autor de seis libros de cuentos fantásticos. Dos menciones de honor de la Sociedad Argentina de escritores (S.A.D.E) y primero y segundo premio género cuento concursos “Siembra de letras” y antologías “Soles de América”. Participación en más de veinticinco antologías y una docena de revistas digitales. Escribe textos ficcionales, horror, weird, y ensayos sobre literatura moderna. Algunos de sus libros son: Paternóster, novela corta, 2014 y Artaud el anarquista, 2015.
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