Franco Ricciardiello
Te pego porque te
amo. Porque te amo demasiado, y no tolero que hayas dejado de amarme. Te pego
porque no soporto haber dejado yo de amarte. Te pego porque tú todavía me amas,
mientras que yo amo a otra. Te pego porque todos te aman, y en cambio nadie puede
soportarme a mí; porque tienes éxito en el trabajo, mientras a mí me han
despedido. Porque en el trabajo todos la toman conmigo. Te pego porque antes
eras tan hermosa y ahora estás gorda, ácida, envejecida. Te pego porque sigues
siendo hermosa como el primer día, y porque sabes que los hombres lo saben.
Te pego porque los niños te adoran,
mientras que de mí tienen miedo. Te pego porque en la escuela todos me pegaban,
y a ti, que estabas en mi misma clase, te cortejaban. Te pego porque llevo una
vida de mierda, el trabajo me destroza la espalda y nuestros hijos me detestan
y el dinero nunca alcanza. Te pego porque qué vida de mierda es la tuya, el
trabajo precario y los hijos y la hernia de disco, mientras mira cómo se
mantienen jóvenes las esposas de mis colegas.
Te pego porque tienes depresión, y
dices que estás deprimida porque te pego. Te pego porque eres tan estúpidamente
alegre que me dan ganas de borrarte esa sonrisa que tienes siempre para todos.
Te pego porque si yo fuera tú jamás aceptaría ser golpeada por mi hombre, pero
por suerte la mujer eres tú. Te pego porque eres estúpida, y la prueba es que
me amas a pesar de todo esto, porque estás convencida de que yo te amo, porque
te oí decirles a tus amigas que no te pegaría si no me importaras.
Te pego porque todos mis amigos del
club golpean a sus esposas. Te pego y me avergüenzo, porque ninguno de mis
colegas jamás soñaría con golpear a su mujer, pero ellos no se casaron contigo.
Te pego porque después de una noche entera en la vereda, con lo que trajiste a
casa no pago ni una ronda a mis amigos. Te pego y no deberías quejarte: si no
me importaras, ¿por qué habría de pegarte? Te pego porque me acuesto con tu
hermana y nunca te diste cuenta. Te pego porque te diste cuenta pero finges que
no pasa nada. Te pego porque me acuesto con tu hermana y con todas tus amigas y
a ti no te importa, e incluso vas diciendo por ahí que solo te amo a ti.
Te pego porque papá me pegaba a mí
y a mis hermanos, le pegaba a mamá, que me pegaba a mí, que le pegaba a mi
hermano. Te pego porque después, cuando te acompaño a la guardia, le dices al
médico que te caíste por las escaleras, y te desprecio por eso. Te pego porque
ante el juez no confirmaste que te había pegado, y entendí que jamás tendrás el
coraje de denunciarme.
Te pego porque tu padre dijo que si
lo hacía otra vez me mataba, pero desde ese día tú no le confesaste nunca más
que sigo pegándote. Te pego porque tu padre lo sabe y finge que no pasa nada, y
estoy convencido de que en el fondo piensa que te está bien, siempre fuiste una
hija difícil. Te pego porque si tú fueras el marido y yo la esposa, serías tú
quien me pegaría. Te pego porque cuando los vecinos llamaron a la policía,
descubrí que también los agentes golpean a sus esposas.
Te pego porque la vida apesta.
Porque ese colega tuyo querría acostarse contigo. Porque descubrí que no eras
virgen. Porque ese hombre en el tren te miraba las piernas. Porque ya no se me
para cuando me acuesto contigo. Porque tengo que demostrar que soy un hombre,
ya que descubrí que me atraen los hombres. Porque te traje aquí desde el Tercer
Mundo y deberías agradecérmelo. Porque mi jefe te mira dentro del escote.
Porque ¿esta es la hora de volver de la cena con tu jefe de oficina? Porque
¡basta de salir con esa puta de tu prima! Porque con tu prima salí yo y tú lo
descubriste y dijiste que es solo una puta. Porque tu prima dijo que la violé y
tú querías denunciarme.
Te pego porque sé que en el fondo
te gusta. Porque los golpes, al fin y al cabo, son una señal de atención, dado
que la mayoría de las veces me limito a ignorarte. Te pego porque me gusta
pegarte, me gusta el olor de tu miedo, el sonido de tu sollozo. Porque se lo
confesaste a tu madre y ella no tiene el valor de decírselo a tu padre, y me
gusta ver sufrir a tu madre y entender cuánto me odia. Porque la Biblia también
lo admite. Porque no soy un maricón como tu ex. Porque este es un mundo
difícil. Porque cuando bebo no respondo de mí. Porque fuera de estos muros
nunca se sabrá nada. Porque te estafaron y ni siquiera eres capaz de
conseguirme algo decente. Porque me da náuseas mi vida políticamente correcta.
Porque en el fondo de todo hombre hay algo inconfesable, y por desgracia su
mujer lo sabe. Porque evidentemente todavía necesito demostrarte quién manda en
casa. Porque toda mujer sabe de qué es culpable. Porque quieres contarle a mi
esposa que tú y yo llevamos años acostándonos. Porque la noche es negra y el
mar es azul. Porque a ese gimnasio ya no tienes que ir más. Porque también lo
escribe el Profeta. Porque ¡carajo!, te dije que no. Porque entre estas paredes
de esta prisión el guardia soy yo. Porque los trapos sucios se lavan en casa, y
a mí me gusta lavarlos con energía. Porque entre marido y mujer no es violencia
sino dialéctica conyugal, y si dicen lo contrario son maricones, lesbianas y
feministas.
Te pego y deberías estar contenta:
cuando deje de hacerlo será solo porque estaré convencido de que ya no me queda
más que matarte.
Nacido en Piamonte (Italia) en 1961, Franco Ricciardiello comenzó a publicar ciencia ficción hace más de veinte años. En los años ochenta participó en la redacción de uno de los más populares fanzines italianos: "The Dark Side" (TDS), que se convirtió en uno de los hitos de fandom y el fanzine de mayor circulación en Italia. Personalmente dirigió TDS de 1989 a 1991, cuando la publicación dejó de aparecer. El número de noviembre de 1989 fue una antología de ciencia ficción en la Argentina, con cuentos de Gaut vel Hartman, Noguerol, Antognazzi, Gorodischer, Nicastro y muchos otros, traducidos por Bruno Valle. Tras el cierre del fanzine, Ricciardiello entró en la redacción de otro fanzine, Intercom, la publicación de aficionados de más larga vida en Italia. Ha publicado seis novelas y más de 70 cuentos en varias revistas y antologías de gran difusión; en 1998 ganó el Premio de la editorial Mondadori Urania de la mejor novela de ciencia ficción con Ai margini del caos (Al borde del caos), también traducido en Francia bajo el título Aux frontières du chaos (ed. Flammarion). De 1996 a 2013 fue profesor de escritura creativa en el Piamonte y Génova e impartió seminarios sobre literatura en Turín, Nápoles, Cosenza y Novara. Desde 2007 comenzó a incursionar en la novela negra: Autunno antimonio del 2007, Cosa succederà alla ragazza del 2014.

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