Yoss
Cuando la luna
llena coincida con el solsticio de invierno, a la orilla de un lago cuyas aguas
nunca hayan soportado vida, mirando hacia el oeste en un horno alimentado con
leños de patíbulos donde hayan ahorcado a inocentes, funde una trampa de vidrio
y plata y pronuncia tres veces ante su superficie las palabras CAPTORIUM SPECULUS.
Este
conjuro te permitirá aprisionar a quien más temas y odies.
Cuando
atrapes su imagen, todo su poder será tuyo, y sin riesgo alguno de que ya jamás
se rebele contra tu mandato. Te obedecerá y dirá siempre la verdad, si lo
interpelas del modo adecuado…
—No
puedo moverme. Maldita seas, perra ingrata.
—¿Sólo eso? Desde luego, padre, ese
conjuro es maravilloso; tus facultades para maldecir han quedado fuertemente
limitadas. ¿Nada de “convertiré tu vida en un lecho de espinas” o siquiera
“haré que te crezcan las uñas hacia adentro”? Me decepcionas.
—En mala hora decidí enseñarte mis
artes…
—Me obligaste a aprenderlas, dirás;
yo nunca las quise. Y ahora estarás satisfecho, supongo: la alumna ha superado
al maestro ¿no es ese el sueño de cada padre?
—Libérame, por favor, y prometo que nada
te pasará…
—¿Por favor? ¿Rogándome, tú? Pensé
que sólo sabías usar el modo imperativo de la lengua. Ah, sólo por vivir este
momento valía la pena todas las madrugadas que desperdicié frente a esos
horrendos libros encuadernados en piel de niño recién nacido. Ah, y lo siento…
pero no te creo.
—Hija mía, juro que nunca más…
—¿Nunca más, dices? ¿Nunca más qué? ¿Nunca
más volverás a dejar que te atrape? Despreocúpate; no te daré esa oportunidad.
—Eres fuerte, eres mi igual, lo
reconozco. Respétame tú también; soy tu padre.
—¿Padre? Tonterías. Te falta mucho
para llenar esa palabra. Sólo has sido siempre un monstruo egoísta. Sí, soy
fuerte… pero no tu igual. Te he superado, ya te lo dije. Y ¿respetarte? ¿Acaso
respetaste alguna vez tú mis deseos cada vez que me obligabas a desposar a un
noble ensangrentado y sombrío o a un obeso mercader de manos ávidas?
—Siempre lo hice por tu bien, por el
bien del reino…
—Corrección: por tu bien, por
el bien de tu reino. Padre, acéptalo… hace ciento cincuenta años que
ocupas el trono… y no parecía que tuvieses la intención de abandonarlo jamás. ¿Cuánto
crees que puede esperar una princesa? Aunque la magia me mantuviera joven y
bella todo este tiempo, yo también tengo mis planes…
—Sólo lo hice por ti. Cuando
estuvieras lista, todo habría sido tuyo…
—Pues considera este hechizo con el
que te he capturado la prueba de que ya lo estoy. Hoy termina tu reinado y
comienza el mío.
—No serás una buena monarca. Nuestro
pueblo me ama, a ti te odiarán. Hay muchas cosas que aún no sabes. Puedo
enseñarte cómo ganar sus corazones. Puedo enseñarte tanto, hija mía…
—Gracias. Pero prefiero no
arriesgarme. Las aprenderé por mi cuenta… o viviré sin saberlas. A fin de
cuentas ¿quién está tan interesada en ser una buena reina, y quién quiere ganar
sus corazones? Que me odien, si lo prefieren, con tal de que me teman. En fin…
creo que ya hemos hablado demasiado ¿estás listo?
—Nooo…
—Ah, padre ¿tú, el maestro de la
ironía, no sabes reconocer una pregunta retórica? Tu aceptación no es
significativa, me temo.
—No lo hagas, hija. Te lo ruego.
Permitiré que seas libre… que ames a quién quieras, no volveré a obligarte a
ningún matrimonio más…
—No. Seguro que no lo harás. Conoces
el hechizo; sabes que te hará olvidar todas tus maquinaciones. Sólo recordarás
que debes servirme y nunca mentirme ni engañarme. Captorium Speculus.
—Hija mía, por lo que más quieras…
siento que mi sangre se congela, que mi mente se confunde, que todo movimiento
me es imposible.
—Justo como siempre me he sentido yo
a tu sombra, padre. Impotente y atrapada para toda la eternidad. Justo como te
quiero. Captorium Speculus.
—Mi niña, te lo imploro… ya apenas
puedo recordar mi nombre, mi vista se nubla, mi cuerpo se detiene.
—No exageres; según el grimorio, tu
prisión no es un sólido verdadero, sino un líquido de fluidez disminuida. Lo
que sea que quiere decir eso.
—Es complicado, pero juro que te lo
explicaré. Te lo revelaré todo. Por piedad…
—No me hagas reír ¿Piedad? ¿qué sabes
tú de piedad? Captorium Speculus.
La joven reina bruja miró satisfecha a
su obra. Para ser su primer sortilegio, no estaba nada mal. Sólo faltaba
probarlo.
Y ensayando su nueva voz de mando, pronunció
altiva la fórmula ritual:
—Dime, oh espejo mágico ¿quién es la
más bella entre las bellas?
José Miguel Sánchez Gómez. La Habana, 1969. Licenciado en Biología por la UH, 1991. Del 2007 al 2016 fue cantante del grupo de rock Tenaz. Aficionado a la espeleología y las artes marciales. Cinturón negro en judo y kárate. Narrador, ensayista, divulgador científico y antologador. Miembro de la UNEAC desde 1994. Alumno del Primer Curso de Técnicas narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso (19981999). Ha impartido cursos de narrativa en Chile, Inglaterra, Andorra, España, Italia y Cuba. Es considerado actualmente una de las voces más renovadoras e importantes de la ciencia ficción en lengua hispana. Entre sus premios literarios más destacados; en Cuba: Juventud Técnica (1987); David (1988); Revolución y Cultura (1993); Pinos Nuevos (1995); Aquelarre (2001); Calendario (2004); La Edad de Oro (2011 y 2016) e Hydra (2022). En el extranjero: Universidad Carlos III (España, 2003); UPC (España, 2010); Julia Verlanger (Suiza, 2012) y finalista al Philip K. Dick (EUA, 2016). Sus textos han aparecido en decenas de revistas y antologías cubanas y extranjeras. Ha recopilado una decena de antologías, principalmente de ciencia ficción. Cuenta con más de 50 títulos publicados, en Cuba y el extranjero, y textos suyos han sido traducidos al inglés, francés, italiano, alemán, neerlandés, japonés, ruso, búlgaro, polaco, chino, gallego y bengalí.

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