domingo, 8 de febrero de 2026

DEEP BLUE

Giorgio Sangiorgi

 

Hacía muchos años que no se intentaba una inmersión, con hombres a bordo, en la Fosa de las Marianas. La primera había sido en los años sesenta, y la segunda, una lúcida locura perpetrada por un famoso director de cine, al que luego había seguido otro multimillonario en busca de emociones. Por lo tanto, aún se sabía muy poco sobre las condiciones y los efectos de la biosfera terrestre a esas profundidades imposibles.

Por ese motivo se construyó el Deep Blue, un coloso de las profundidades de veinticinco metros de longitud capaz de transportar hasta ese oscuridad letal a cuatro hombres, de los cuales al menos tres eran científicos especializados en oceanografía y biología marina.

Con ese fin, el batiscafo estaba equipado con instrumental de muestreo científico y cámaras tridimensionales de alta definición, iluminación estratoled y cables de comunicación de penetración fiable que permitían transmisiones a través del casco del sumergible, aprovechando un nuevo sistema capaz de enviar una suerte de onda de radio directamente a través de los líquidos sin ningún tipo de interferencia.

Para hacer más segura la inmersión, los diseñadores del batiscafo habían trabajado intensamente en el perfeccionamiento de las espumas sintácticas estructurales utilizadas en las misiones de los primeros años dos mil, sustancias capaces de soportar enormes fuerzas de compresión a once kilómetros de profundidad.

Los nuevos propulsores de presión balanceada podían adaptarse automáticamente a las distintas condiciones del descenso, mientras que una inteligencia artificial regulaba la presión interna y las mezclas de aire suministrado, eliminando cualquier necesidad de descompresión. Los sistemas de alimentación del submarino estaban constituidos por las más avanzadas baterías autorregenerativas.

Por supuesto, las IA eran capaces de controlar de manera autónoma todos los sistemas de a bordo, incluidas las baterías, los propulsores, el soporte vital, las cámaras 3D y la iluminación interna y externa.

Como en las versiones anteriores, la sección habitada por la tripulación era una especie de esfera independiente del resto del vehículo, compuesta por capas de distintos materiales de alta tecnología, algunos de los cuales aún no han sido divulgados por su uso estrictamente militar; materiales que, en cualquier caso, podían resistir sin dificultad cualquier tipo de presión imaginable, ya que habían sido probados en misiones automáticas que –por decirlo de algún modo– habían “aterrizado” en Júpiter y Saturno.

En el interior, además de los equipos científicos, una serie de pantallas semicirculares conectadas a las cámaras externas daban a la tripulación casi la impresión de encontrarse dentro de una burbuja de vidrio, con una visión perfectamente realista del exterior, algo sumamente útil también para el pilotaje.

A pesar de que se mantuvo el contacto con la tripulación prácticamente hasta el último instante posible, las distintas comisiones no lograron llegar a una explicación unívoca sobre las causas de la desaparición del Deep Blue, y por ello hemos decidido publicar íntegramente las conversaciones entre la nave de apoyo y el doctor Mayer, responsable también de esta misión:

 

Base de superficie: ¿Todo bien, Deep Blue?

Mayer: Todo correcto. Parámetros estándar, estamos operativos para iniciar la misión.

Base de superficie: Entonces, procedan. ¡GO!

Mayer: Recibido.

(Espera. Se oyen las voces de los ocupantes intercambiando la información necesaria para la puesta en marcha del vehículo.)

Base de superficie: ¿Todo bien, Deep Blue?

(Silencio)

Base de superficie: ¿Está todo OK, Deep Blue?

(Silencio)

Mayer: Todo bien. Disculpen el retraso. Aquí las operaciones fueron más complejas que en las simulaciones y no podía distraerme ni un instante. Por ahora todo marcha de maravilla.

(Murmullo satisfecho del personal del centro operativo.)

Base de superficie: Bien. Inicien el descenso y avísennos ante la menor anomalía.

(Silencio durante algunos minutos.)

Mayer: El descenso avanza perfectamente, los valores están dentro de los parámetros y Scott está muy contento con la respuesta del vehículo a los comandos. Vamos bastante rápido; menos mal que la descompresión no es un problema, o ya habríamos explotado.

(Se oye un murmullo en la sala operativa de la nave de apoyo.)

Base de superficie: Deep Blue, el sonar ha detectado algo que se dirige hacia ustedes; parece bastante grande. ¡Más grande que ustedes!

(Silencio)

Base de superficie: ¿Deep Blue…?

(Silencio, luego se oyen voces alegres.)

Mayer: Todo bien, central. Se trata de una ballena jorobada que vino a curiosear. Estamos sorprendidos porque ya estamos casi a novecientos metros de profundidad. No imaginábamos que pudieran descender tanto.

(Silencio)

Mayer: En efecto… Ahora que hemos descendido un poco más, se ha ido y está subiendo. Es difícil decir si existe para ella un límite infranqueable o si simplemente… se cansó de nosotros. Ahora disculpen un pequeño apagón de comunicaciones, debo realizar las mediciones previstas en este punto.

(Las comunicaciones se interrumpen durante diez minutos; ocasionalmente se oyen las voces de los científicos trabajando.)

Base de superficie: ¿Todo bien, Deep Blue? Según nuestros registros ya deberían estar a cinco mil metros de profundidad.

Mayer: Confirmamos, nuestros datos coinciden. Eso significa que los instrumentos funcionan perfectamente incluso a esta profundidad. Disculpen el alivio, pero durante las pruebas nunca habíamos podido bajar tanto.

Base de superficie: Comprensible, Deep Blue; aquí también estamos muy aliviados. Creemos que parte del mérito les corresponde a ustedes: aportaron ideas valiosas durante la fase de diseño.

Mayer: Son muy amables… ¡Eh, un momento!

Base de superficie: ¿Qué sucede, Deep Blue?

Mayer: Todo en orden, ninguna alarma, pero nos hemos visto rodeados por un banco de peces rape. (Se oye una voz indistinta.) Sí, sí, Venet confirma que es sabido que estos peces pueden descender tanto.

SIGUEN ALGUNAS COMUNICACIONES SOBRE LOS PARÁMETROS DEL DESCENSO, QUE RESULTAN NORMALES. EL BATISCAFO ALCANZA LOS DIEZ MIL METROS EN LOS TIEMPOS PREVISTOS.

Base de superficie: ¿Todo bien, Deep Blue? Aquí parece haber un fallo y ya no recibimos los datos de video de las cámaras frontales. Estamos ciegos.

Mayer: Aquí todo funciona con normalidad; tal vez el fallo esté en su instrumentación.

Base de superficie: Probablemente tengan razón, pero en ese caso necesitaremos horas para descubrir la causa. No podremos asistirlos al cien por ciento. ¿Desean interrumpir la misión?

(Se oye un murmullo: la tripulación está deliberando.)

Mayer: Negativo. Negativo. Deseamos continuar. Los mantendremos informados a la antigua usanza y, mientras tanto, grabaremos todo para mostrárselo a nuestro regreso.

(Consulta del personal de la nave de apoyo.)

Base de superficie: De acuerdo, Deep Blue. Tampoco nosotros vemos razones suficientes para cancelar la misión, sobre todo porque en los próximos días se esperan tormentas en esta zona y una suspensión implicaría un retraso muy grave.

Mayer: Nos alivia escucharlo, colegas. Además, lo más difícil ya está hecho. Hemos llegado y solo queda proceder con nuestras observaciones científicas.

DURANTE VARIOS MINUTOS LOS CIENTÍFICOS TRABAJAN SERENAMENTE.

Base de superficie: ¿Cómo avanzan las mediciones, Deep Blue?

Mayer: Excelentemente. Hemos recopilado más datos en estos pocos minutos que todos los que teníamos hasta ahora. Lamentablemente, aquí abajo no hay mucha vida. Encontramos un lipárido cerca de los nueve mil metros, pero no parece que bajen hasta aquí. Sin embargo, hay una variedad de fitoplancton mayor de la esperada. También hemos descubierto una nueva especie que queríamos llamar Venetus lanceolatus (risas), pero nuestro biólogo jefe no está muy de acuerdo.

Base de superficie: Los dejamos con sus mediciones. Avísennos si surgen problemas.

(De nuevo se oyen las voces de los científicos trabajando.)

Mayer: Nave de apoyo, hemos terminado y estamos adelantados respecto al cronograma. Por eso quisiéramos intentar descender aún más para verificar si la biosfera presenta un límite absoluto registrable.

Base de superficie: Permiso concedido, sobre todo porque ya deberían estar casi en el fondo.

Mayer: ¿Cuál es el récord alcanzado?

Base de superficie: La última expedición llegó a 10.194 metros.

Mayer: Entonces quizá batamos el récord.

Base de superficie: Si hay margen para descender, sin duda lo lograrán. Ningún vehículo anterior tenía las características del Deep Blue.

Mayer: Procedemos.

(Durante un tiempo solo se oye el zumbido de los motores maniobrando.)

Mayer: Base operativa, récord superado. Repito, el récord ha sido superado. Hemos encontrado una derivación de la depresión anterior que desciende aún más. Acabamos de llegar a los 11.000 metros y quizá haya espacio para algunos metros adicionales.

Base de superficie: Confirmamos el dato. Felicitaciones, Deep Blue; avisaremos a Guinness, pero no corran riesgos innecesarios.

(Desde el batiscafo llegan voces agitadas.)

Base de superficie: ¿Qué sucede, Deep Blue? ¿Algún tipo de avería?

Mayer: Negativo, negativo, pero hemos hecho un descubrimiento sorprendente. Al final de la depresión hemos encontrado una enorme hendidura que parece descender aún más. Solicitamos permiso para bajar por ella y realizar mediciones y filmaciones. Tal vez no volvamos a tener una oportunidad así.

Base de superficie: Deep Blue, estamos tan sorprendidos como ustedes. Aquí preguntan qué tan ancha es esa hendidura.

Mayer: Enorme. Podría entrar cómodamente toda la nave de apoyo.

(Consulta en la base operativa.)

Base de superficie: Permiso concedido, Deep Blue. Pero deben descender manteniéndose rigurosamente lo más alejados posible de las paredes de la falla.

Mayer: Naturalmente. Procedemos.

Base de superficie: Muy bien, Deep Blue. Queremos estar informados constantemente.

Mayer: Procedemos.

(Ruido de motores en movimiento.)

Mayer: Ahora nos estamos alineando con el centro de la falla. Esta maravilla se maniobra con gran facilidad, al menos eso parece por la precisión de Scott. … Bien, acabamos de iniciar el descenso; oriento los focos para observar bien la naturaleza de las paredes. … Hmm, por lo que veo estamos atravesando estratos antiquísimos. No observo rastros de sedimentos orgánicos.

Base de superficie: ¿Alguna hipótesis sobre la naturaleza del conducto?

Mayer: Por ahora no sabría decirlo; los bordes parecen extremadamente nítidos. Casi antinaturales. … Un momento…

(Se oyen voces agitadas.)

Base de superficie: ¿Qué sucede, Deep Blue? ¿Hay problemas?

Mayer: Nada por el momento; sin embargo, la naturaleza del conducto está cambiando. Las paredes se vuelven cada vez más lisas.

Base de superficie: ¿Podría tratarse de un fenómeno ligado a la presión?

Mayer: Negativo… Para emitir un juicio prefiero ver cómo son las paredes a mayor profundidad. … Oh, Dios santo. No sé cómo decirlo, pero a medida que avanzamos lo que vemos parece cada vez menos natural. … Sí, no hay duda: a partir de aquí estamos ante una estructura artificial.

(Silencio.)

Base de superficie: ¿Puede repetir, Deep Blue? Aquí no estamos seguros de haber entendido bien.

Mayer: Confirmo, confirmo. Estamos atravesando un pasaje construido por alguien. Descendemos ahora por un conducto perfectamente liso y ovalado. Ningún fenómeno natural conocido puede generar algo así.

(Murmullo del personal de la nave de apoyo.)

Base de superficie: Deep Blue, aquí nos estamos planteando la conveniencia de continuar la misión. Los riesgos parecen aumentar minuto a minuto.

Mayer: ¿No quieren saberlo? Aquí estamos ante el mayor descubrimiento jamás realizado en este planeta. Estamos decididos a llegar hasta el final.

Base de superficie: Tal vez deberían reconsiderarlo. Pensamos que lo más prudente sería ascender y preparar una segunda misión más adecuada.

(Gritos desde el batiscafo.)

Base de superficie: Deep Blue, informe de situación.

Mayer: Ningún problema inmediato, control. Es solo que el túnel ha terminado y hemos emergido en una zona marina desconocida y sin referencias.

Base de superficie: Deep Blue, Deep Blue. Orden de retorno inmediato. Si pierden de vista el conducto, podrían no ser capaces de volver a subir. Confirmen orden de ascenso, por favor.

(Se oye a la tripulación deliberar.)

Mayer: De acuerdo, control. Coincidimos con su evaluación e iniciamos el ascenso.

(El ruido de los motores se vuelve cada vez más intenso.)

Mayer: Control, ahora sí es el caso de decirlo: Houston, tenemos un problema…

Base de superficie: Especifique la naturaleza del problema.

Mayer: Los motores funcionan a plena potencia, pero el vehículo no deja de descender. No entendemos si se trata de una corriente o de una fuerza de otra naturaleza.

(La tripulación vuelve a deliberar; luego cae un silencio profundo.)

Mayer: Control, hemos decidido apagar los motores. Si seguimos forzándolos podríamos dañarlos; con los motores apagados quizá logremos comprender mejor el fenómeno.

DURANTE UNOS VEINTE MINUTOS, TANTO EN LA NAVE DE APOYO COMO EN EL BATISCAFO, LOS CIENTÍFICOS BUSCAN UNA SOLUCIÓN SIN ÉXITO. LOS DATOS DE LOS INSTRUMENTOS SON DISCORDANTES Y A MENUDO INCOMPRENSIBLES.

Base de superficie: Deep Blue, informe de situación.

Mayer: ¿Ustedes también reciben los datos de presión?

Base de superficie: Afirmativo, y no son buenos. Si continúa aumentando de este modo, ni siquiera el Deep Blue podrá resistir. Esto no tiene sentido: en nuestro planeta no pueden existir presiones tan elevadas…

Mayer: Y no es solo eso. Nos sentimos como si estuviéramos descendiendo al corazón mismo del vacío cósmico. Hace cada vez más frío, pero no es un frío físico. Es como si el alma se estuviera congelando… Como si estuviéramos bajando al lugar más olvidado de la Tierra.

(En la base operativa se produce un silencio incómodo.)

Mayer: Control, hay una novedad. Nos hemos detenido inexplicablemente. Afuera solo hay oscuridad y estamos suspendidos en la nada líquida.

Base de superficie: Tal vez deberían intentar reiniciar los motores.

Mayer: Desde luego; Scott ya ha iniciado los procedimientos de reinicio.

(Silencio.)

Mayer: Nada que hacer… Los motores zumban en vacío y estamos completamente inmóviles.

Base de superficie: ¿Quiere decir que no hay ningún balanceo ni cabeceo?

Mayer: No es una impresión. Los instrumentos no registran nada. Estamos en un estado de quietud absoluta.

Base de superficie: Eso es literalmente imposible, Deep Blue.

Mayer: ¿Por qué? ¿Les parece que hay algo posible en esta situación? … Un momento, esperen, está ocurriendo algo…

Base de superficie: Informe, Deep Blue, no nos dejen fuera.

Mayer: Estamos simplemente atónitos, control. Vemos luces a lo lejos.

Base de superficie: ¿Podrían ser peces abisales con fotóforos?

Mayer: No podemos descartarlo, aunque estas luces parecen demasiado intensas. De todos modos, pronto lo sabremos: se están acercando.

(Silencio.)

Scott: (A lo lejos) ¡Que me parta un rayo!

Mayer: Control, no lo van a creer: no solo son seres luminosísimos, sino que… ¡son humanoides!

Base de superficie: ¿Ha dicho humanoides? ¿Quiere decir seres alienígenas?

Mayer: Tal vez aún no sea momento de clasificarlos de un modo u otro…

Base de superficie: ¿Tienen motivos para pensar que sean hostiles?

Mayer: Un momento, control… ahora están comunicándose con nosotros.

Base de superficie: ¿Cómo es posible? Entre ustedes y ellos hay barreras insuperables…

Mayer: No se comunican de forma verbal; nos están transmitiendo contenidos directamente.

Base de superficie: ¿Quiere decir que son telepáticos?

Mayer: No sé por qué, pero ese término me parece reductivo. Recibimos un flujo de contenido puro: nociones, imágenes, sensaciones y otras cosas que nunca habíamos experimentado y que no pueden expresarse. Por favor, esperen un momento para asimilarlo y luego intentaré describirlo.

(Largo silencio.)

Base de superficie: Deep Blue, por favor, dígannos algo.

Mayer: Aquí estoy, aquí estoy. Disculpen. Es muchísimo, realmente muchísimo. Intentaré resumirlo. Ellos dicen ser como nosotros, aunque su origen es distinto. Vinieron directamente de la luz, pero nacieron en la oscuridad; nosotros nacimos bajo la luz de los soles, pero provenimos de la oscuridad. Sí, así lo dijeron…

Base de superficie: No resulta muy claro…

Venet: (Interviene) Control, estos seres hablan de cosas reales y de realidades metafísicas como si fueran lo mismo. Para ellos no existe diferencia.

Mayer: (Retoma el micrófono) Exactamente, control. Tendrán que conformarse con las traducciones que logramos hacer. No son hostiles; al contrario, dicen que nos aman profundamente. Afirman que llevan millones de años esperando que la vida de la superficie abandone su camino oscuro para reunirse con ellos, y que finalmente la especie humana ya sería capaz de hacerlo. Sin embargo, en su conjunto, la humanidad no lo desea realmente, porque ama demasiado el camino de violencia y dolor que ha recorrido hasta ahora.

Base de superficie: Todo esto es muy edificante, Deep Blue. Pero ¿dicen que pueden ayudarlos?

Mayer: Por el momento, con su ayuda el casco ha vuelto a moverse, pero seguimos descendiendo. Vemos una luminosidad creciente. Sí, la oscuridad está desapareciendo y… deja paso a…

(Silencio.)

Base de superficie: Deep Blue, no nos dejen fuera. ¡Informe! ¡Informe!

Mayer: Oh, señores… No puedo describir lo que estamos viendo. Afuera hay un mundo indescriptible, una belleza incomparable. Nada que la mente humana pueda concebir. Todo, absolutamente todo, está hecho de una materia vibrante, viviente… pero viviente de un modo que hace parecer totalmente muerto y putrefacto todo lo que nosotros conocemos. En comparación con ellos, nosotros parecemos zombis.

Base de superficie: Pero… pero… ¿estos seres no pueden ayudarlos a regresar a casa?

Mayer: No. Nos explicaron que, a riesgo propio, solo los humanos pueden descender aquí; si ellos intentaran salir, destruirían todo a su paso, porque están hechos de la misma energía que crea las estrellas. Una potencia inimaginable.

Base de superficie: Pero ustedes no son como ellos. Ustedes pueden regresar.

Mayer: No. Porque nos estamos transformando; incluso el Deep Blue se está transformando. Cuando cruzamos el límite nos condenamos a muerte, así que, para salvarnos, aceleraron nuestra evolución y nos prepararon para convertirnos en como ellos. Es algo irreversible.

(Silencio.)

Base de superficie: …Leo, lo siento. ¿Podemos hacer algo por ustedes?

Mayer: Ante todo, no se entristezcan. La verdadera razón por la que no podemos regresar es que, después de experimentar cómo es la vida verdadera, libre del maleficio que creó la naturaleza humana, si volviéramos moriríamos de dolor, tormento, angustia y espanto, porque nuestra existencia anterior nos resultaría insoportable. Por favor, digan a nuestras familias que las amamos inmensamente y que tarde o temprano podremos reunirnos con ellas. Cuando ellas mismas estén listas para reencontrarnos, iremos a su encuentro con alegría.

Base de superficie: Francamente, no comprendo.

Mayer: Es más que comprensible. Son cosas que la mente humana no puede comprender realmente. La superan. … Ahora debemos despedirnos; cada vez nos resulta más difícil comunicarnos de este modo. Dentro de poco casi no podremos hacerlo.

Base de superficie: No sé si lamentarme o alegrarme por ustedes. … ¿Puedes decirnos algo más para ayudarnos a entender?

Mayer: Todo lo que piensan, sienten y experimentan es una pura ilusión. Todo su mundo es un maleficio embellecido… Que Dios tenga piedad de ustedes y los ayude a deshacerlo.

Giorgio Sangiorgi nació en Forlì, Italia, el 26 de julio de 1957. Es autor de ciencia ficción y dibujante. Licenciado en Artes, Música y Espectáculos por la Universidad de Bolonia con una tesis sobre el movimiento en las artes gráficas y el cómic, I disegni che vivere, Sangiorgi comenzó a interesarse por la narración a partir del cómic, tema que desarrolló durante algunos años, ganando un premio muy joven en colaboración con Roberto Celano y Paolo Morisi. Su pasión por el cómic lo llevó a publicar el ensayo ZAP! Esegesi del fumetto di fantascienza en 2012. En la década de 1970, comenzó a interesarse por la obra de Sri Aurobindo y a estudiar disciplinas espirituales orientales y occidentales. En 1986, publicó un artículo sobre Aurobindo titulado L'oro in fondo al corpo en la revista Abstracta. Entre sus obras más destacadas pueden citarse las novelas Friaria, 1992; Tempio, 1999; La foresta dei sogni perduti, 2005; Cristalli, 2009; Starcity, 2017; Nothing, 2021, media docena de colecciones de cuentos, obras teatrales y una veintena de novelas gráficas.

sábado, 7 de febrero de 2026

CEREBROS EN VENTA

Niranjan Ghate

 

Los anuncios comenzaron a aparecer de repente. Primero en los medios impresos, luego en diversos canales de televisión. También se convirtieron en tema de discusión en las redes sociales.

Al principio apareció solo una línea, en una tipografía muy grande, encerrada en un recuadro. Decía:

«Necesitamos su cerebro.»

Pocos días después se añadió otra línea:

«Obtenga dinero por su órgano más valioso.»

La tendencia de añadir una línea a las anteriores continuó durante las semanas siguientes. Luego los anuncios desaparecieron tan repentinamente como habían aparecido.

El último anuncio decía:

«Necesitamos su cerebro.

Obtenga dinero por su órgano más valioso.

Requerimos cerebros exclusivamente con fines experimentales.

Las personas que ya hayan expresado su deseo de donar órganos son bienvenidas.

Los embriones con desarrollo mental o físico defectuoso serán aceptados únicamente si los padres han decidido interrumpir el embarazo.

Todos los gastos médicos serán cubiertos por este grupo de investigación.

(Se aplican condiciones).»

Como de costumbre, esas condiciones estaban impresas en letra muy pequeña, casi imposible de leer.

Muy pocas personas se tomaron el trabajo de leer la letra chica, que decía:

«Quienes nos contacten deberán firmar un contrato; solo entonces se realizarán transacciones posteriores.»

Los términos del contrato se parecían en su mayoría a mandamientos bíblicos. Comenzaban exactamente igual, pero expresados en lenguaje moderno. En lugar de «No harás…», utilizaban la fórmula:

«Quienes entren en nuestro contrato no deberán…»

Revelar que nos han contactado.

Revelar jamás el monto de la ayuda económica recibida, ni la forma en que se realizaron dichas transacciones.

Revelar la naturaleza de la discapacidad o enfermedad de la persona cuyo cerebro fue donado para el estudio.

Revelar la edad del sujeto en cuestión ni el estado en que se encontraba cuando se tomó la decisión de donar el cerebro, es decir, si el sujeto estaba vivo o muerto en el momento de ser trasladado a la instalación de investigación.

 

Era un estudiante muy brillante. Acababa de completar su posgrado en biofísica. Había publicado varios artículos de investigación en prestigiosas revistas internacionales con revisión por pares. Si lo hubiera deseado, podría haber obtenido admisión en cualquier instituto de investigación de la India o del extranjero.

Por eso, cuando solicitó ingreso en la carrera de Periodismo y Comunicación de Masas, todos se sorprendieron.

Las entrevistas de admisión se realizaron después del examen escrito. Había obtenido el primer puesto en la prueba. Naturalmente, durante el examen oral le preguntaron:

—¿Por qué quiere ingresar en este curso? Su solicitud fue evaluada. Podría haber sido admitido en cualquiera de las mejores universidades del mundo para continuar sus estudios.

Su respuesta fue:

—Señor, lo sé. Pero cuando leo los periódicos o veo la televisión me frustro, especialmente con las noticias científicas. Se limitan a copiar y pegar sin pensar. Y no solo eso: la traducción en los diarios en lengua local es terrible. La televisión es igual de mala. Me dan ganas de matar a esa gente.

—Podría haber completado su doctorado y luego regresar —dijo el entrevistador—. Entonces podría haber hablado con los editores y explicarles el valor de una correcta difusión de la ciencia. Sus palabras habrían tenido más peso.

—Con todo respeto, no estoy de acuerdo, señor, y me disculpo sinceramente por ello —respondió—. Si me voy a investigar al extranjero o a un instituto de investigación, ese tiempo se perderá, al menos así lo creo. Déjeme explicarlo: mientras yo investigo, los medios seguirán difundiendo noticias de la misma manera que lo hacen hoy. —Hizo una pausa, respiró hondo y continuó—: Por favor, permítame unos minutos más. Puedo citar ejemplos de científicos reconocidos que regresaron tras investigar en el extranjero. Nuestra mentalidad es tal que, si alguien es reconocido en un país occidental, de pronto se lo considera un gran científico. Además, queda más allá de toda crítica: su palabra se toma como verdad absoluta y nunca se la cuestiona. No quiero que eso me ocurra. Por eso decidí convertirme en periodista, ganarme la confianza del público y hacer periodismo científico de investigación. La investigación puedo retomarla después.

Eso fue hace cinco años.

Su reputación como periodista científico responsable creció enormemente. Ahora todos esperaban que investigara esos anuncios y su repentina desaparición.

A su manera, intentaba llegar al fondo del misterio. Si alguien le hubiera preguntado cómo se investiga una noticia, podría haber hablado durante horas. Tras graduarse, se había convertido en profesor visitante del departamento, así que dominaba el tema.

Su método de trabajo consistía en estudiar la noticia, pensar en todos sus ángulos y luego dormir.

Tenía dos creencias.

La primera: muchos problemas se resuelven durante el sueño. Había leído sobre los sueños, sobre Francis Crick y también le había impresionado profundamente La interpretación de los sueños de Freud, cuyo ejemplar siempre tenía a mano.

Su segunda inspiración era Sherlock Holmes. Consideraba que las citas de Holmes eran una guía práctica para resolver cualquier problema. Su frase favorita era:

«Cuando se ha eliminado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad.»

Comenzó revisando su archivo de recortes periodísticos. Luego consultó las redes sociales y las noticias televisivas. No logró mucho, pese a repetir el procedimiento una y otra vez. No pudo encontrar el nombre de nadie que hubiera contactado a los anunciantes.

El siguiente paso fue dormir sobre el problema.

Según Crick y otros artículos que había leído, la mejor forma de resolver un problema era olvidarlo y relajarse con amigos: la solución se presentaría sola.

Invitó a algunos viejos amigos a su apartamento. Eso solía implicar bebidas y recuerdos del pasado, además de planes futuros. Uno de los invitados era Suresh, un eminente ginecólogo.

Durante la conversación surgió el tema del misterio. Sus amigos sabían que estaba investigándolo, pero no exactamente qué buscaba. Les explicó lo que había hecho y por qué estaba estancado.

El doctor Suresh chasqueó los dedos.

—¿Cuál es el problema? ¿Por qué te preocupas tanto? Es muy simple. Revisa los registros de nacimientos y defunciones. Averigua cuántos bebés nacieron en ese período, dónde están ahora o si ya no existen. Fin del problema.

Él sabía que no era tan sencillo. Además, había otro inconveniente: personas de distintas edades y países podrían haber respondido a los anuncios. Aun así, podía ser un punto de partida.

Al regresar a casa, decidió leer, como era su costumbre. Nunca se dormía sin leer unas páginas.

Su manera de leer era peculiar: elegía cualquier libro de su amplia biblioteca, lo abría al azar y comenzaba desde la página que aparecía.

Ese día tomó El libro de las citas humorísticas. Una frase se le quedó grabada:

«La estadística es como un bikini: lo que muestra es sugerente, pero lo que oculta es vital.»

Le siguió otra:

«Un globo desinflado es pequeño; al inflarlo se vuelve grande. La estadística funciona igual: tomas una pequeña muestra y la inflas hasta obtener una imagen mayor.»

Tras leer algunas citas más, cerró el libro, lo dejó ordenadamente junto a la cama y se durmió.

El sueño llegó con facilidad. Soñó intensamente, aunque solo recordaba fragmentos. Se despertó temprano y miró el reloj.

4:30.

Le sorprendió: nunca se levantaba antes de las 8:30.

Recordó entonces que el sueño lo había despertado bruscamente. En él revisaba recortes de prensa, buscando una noticia en particular. Entre ellos aparecía un libro: la contraportada mostraba la foto de una mujer junto al texto promocional. Era una de las autoras: Jennifer Doudna.

Intentó recordar el título.

Se levantó, preparó café, volvió a sentarse en la cama. Pensó, se quedó dormido otra vez y roncó sin darse cuenta.

Cuando despertó, comprendió que había dormido de más.

Entonces todo encajó.

El libro era Una grieta en la creación. El recorte que buscaba decía: «Científicos crean vida en el laboratorio.»

Jennifer Doudna, una de las autoras, había ganado recientemente el Premio Nobel. El libro, escrito años antes, hablaba de la edición genética.

Estados Unidos había prohibido la investigación sobre la manipulación del genoma humano. Ya existían antecedentes: investigaciones prohibidas que luego se trasladaron a México o a países asiáticos como China o la India, con instalaciones avanzadas.

Comprendió que debía tratarse de un laboratorio secreto, con una gran financiación. Crear cuerpos humanos era posible con tiempo y dinero. Crear cerebros humanos en laboratorio era el verdadero problema.

Por eso compraban cerebros.

Convocó a sus estudiantes, organizó una investigación y finalmente confirmó sus sospechas: los cuerpos eran creados en laboratorio y los cerebros reparados mediante edición genética e implantados en ellos.

Decidió no publicar la noticia para evitar que padres desesperados acudieran al lugar.

Llamó al responsable del centro, se identificó como periodista y le dio una opción: cerrar y abandonar el país.

Luego se fue a casa y se durmió.

Para él, el caso estaba cerrado.

Niranjan Ghate es un escritor maratí (de Maharashtra, India), que escribe principalmente relatos de ciencia ficción y artículos informativos sobre hechos científicos. Sus relatos y artículos de ciencia ficción se han traducido a ocho idiomas indios. Ha escrito más de doscientos libros, diez de ellos en coautoría. Algunos de sus relatos se han incluido en más de veinte antologías. Sus libros incluyen diez novelas de ciencia ficción, veinticinco colecciones de relatos cortos de ciencia ficción y unas noventa colecciones de artículos científicos. También ha escrito sobre historia de la guerra y relatos bélicos, principalmente teatro oriental, novelas humorísticas y colecciones de relatos cortos. Empezó a escribir en la universidad, en 1965, y siguió escribiendo hasta 2023, cuando sufrió un accidente. 

VIVIR CUESTA ARRIBA

Franco Ricciardiello

 

Te pego porque te amo. Porque te amo demasiado, y no tolero que hayas dejado de amarme. Te pego porque no soporto haber dejado yo de amarte. Te pego porque tú todavía me amas, mientras que yo amo a otra. Te pego porque todos te aman, y en cambio nadie puede soportarme a mí; porque tienes éxito en el trabajo, mientras a mí me han despedido. Porque en el trabajo todos la toman conmigo. Te pego porque antes eras tan hermosa y ahora estás gorda, ácida, envejecida. Te pego porque sigues siendo hermosa como el primer día, y porque sabes que los hombres lo saben.

Te pego porque nos conocimos en una noche de nieve y la luna se asomó entre las nubes, mientras que ahora llueve ácido todas las noches.

Te pego porque los niños te adoran, mientras que de mí tienen miedo. Te pego porque en la escuela todos me pegaban, y a ti, que estabas en mi misma clase, te cortejaban. Te pego porque llevo una vida de mierda, el trabajo me destroza la espalda y nuestros hijos me detestan y el dinero nunca alcanza. Te pego porque qué vida de mierda es la tuya, el trabajo precario y los hijos y la hernia de disco, mientras mira cómo se mantienen jóvenes las esposas de mis colegas.

Te pego porque tienes depresión, y dices que estás deprimida porque te pego. Te pego porque eres tan estúpidamente alegre que me dan ganas de borrarte esa sonrisa que tienes siempre para todos. Te pego porque si yo fuera tú jamás aceptaría ser golpeada por mi hombre, pero por suerte la mujer eres tú. Te pego porque eres estúpida, y la prueba es que me amas a pesar de todo esto, porque estás convencida de que yo te amo, porque te oí decirles a tus amigas que no te pegaría si no me importaras.

Te pego porque todos mis amigos del club golpean a sus esposas. Te pego y me avergüenzo, porque ninguno de mis colegas jamás soñaría con golpear a su mujer, pero ellos no se casaron contigo. Te pego porque después de una noche entera en la vereda, con lo que trajiste a casa no pago ni una ronda a mis amigos. Te pego y no deberías quejarte: si no me importaras, ¿por qué habría de pegarte? Te pego porque me acuesto con tu hermana y nunca te diste cuenta. Te pego porque te diste cuenta pero finges que no pasa nada. Te pego porque me acuesto con tu hermana y con todas tus amigas y a ti no te importa, e incluso vas diciendo por ahí que solo te amo a ti.

Te pego porque papá me pegaba a mí y a mis hermanos, le pegaba a mamá, que me pegaba a mí, que le pegaba a mi hermano. Te pego porque después, cuando te acompaño a la guardia, le dices al médico que te caíste por las escaleras, y te desprecio por eso. Te pego porque ante el juez no confirmaste que te había pegado, y entendí que jamás tendrás el coraje de denunciarme.

Te pego porque tu padre dijo que si lo hacía otra vez me mataba, pero desde ese día tú no le confesaste nunca más que sigo pegándote. Te pego porque tu padre lo sabe y finge que no pasa nada, y estoy convencido de que en el fondo piensa que te está bien, siempre fuiste una hija difícil. Te pego porque si tú fueras el marido y yo la esposa, serías tú quien me pegaría. Te pego porque cuando los vecinos llamaron a la policía, descubrí que también los agentes golpean a sus esposas.

Te pego porque la vida apesta. Porque ese colega tuyo querría acostarse contigo. Porque descubrí que no eras virgen. Porque ese hombre en el tren te miraba las piernas. Porque ya no se me para cuando me acuesto contigo. Porque tengo que demostrar que soy un hombre, ya que descubrí que me atraen los hombres. Porque te traje aquí desde el Tercer Mundo y deberías agradecérmelo. Porque mi jefe te mira dentro del escote. Porque ¿esta es la hora de volver de la cena con tu jefe de oficina? Porque ¡basta de salir con esa puta de tu prima! Porque con tu prima salí yo y tú lo descubriste y dijiste que es solo una puta. Porque tu prima dijo que la violé y tú querías denunciarme.

Te pego porque sé que en el fondo te gusta. Porque los golpes, al fin y al cabo, son una señal de atención, dado que la mayoría de las veces me limito a ignorarte. Te pego porque me gusta pegarte, me gusta el olor de tu miedo, el sonido de tu sollozo. Porque se lo confesaste a tu madre y ella no tiene el valor de decírselo a tu padre, y me gusta ver sufrir a tu madre y entender cuánto me odia. Porque la Biblia también lo admite. Porque no soy un maricón como tu ex. Porque este es un mundo difícil. Porque cuando bebo no respondo de mí. Porque fuera de estos muros nunca se sabrá nada. Porque te estafaron y ni siquiera eres capaz de conseguirme algo decente. Porque me da náuseas mi vida políticamente correcta. Porque en el fondo de todo hombre hay algo inconfesable, y por desgracia su mujer lo sabe. Porque evidentemente todavía necesito demostrarte quién manda en casa. Porque toda mujer sabe de qué es culpable. Porque quieres contarle a mi esposa que tú y yo llevamos años acostándonos. Porque la noche es negra y el mar es azul. Porque a ese gimnasio ya no tienes que ir más. Porque también lo escribe el Profeta. Porque ¡carajo!, te dije que no. Porque entre estas paredes de esta prisión el guardia soy yo. Porque los trapos sucios se lavan en casa, y a mí me gusta lavarlos con energía. Porque entre marido y mujer no es violencia sino dialéctica conyugal, y si dicen lo contrario son maricones, lesbianas y feministas.

Te pego y deberías estar contenta: cuando deje de hacerlo será solo porque estaré convencido de que ya no me queda más que matarte.

Nacido en Piamonte (Italia) en 1961, Franco Ricciardiello comenzó a publicar ciencia ficción hace más de veinte años. En los años ochenta participó en la redacción de uno de los más populares fanzines italianos: "The Dark Side" (TDS), que se convirtió en uno de los hitos de fandom y el fanzine de mayor circulación en Italia. Personalmente dirigió TDS de 1989 a 1991, cuando la publicación dejó de aparecer. El número de noviembre de 1989 fue una antología de ciencia ficción en la Argentina, con cuentos de Gaut vel Hartman, Noguerol, Antognazzi, Gorodischer, Nicastro y muchos otros, traducidos por Bruno Valle. Tras el cierre del fanzine, Ricciardiello entró en la redacción de otro fanzine, Intercom, la publicación de aficionados de más larga vida en Italia. Ha publicado seis novelas y más de 70 cuentos en varias revistas y antologías de gran difusión; en 1998 ganó el Premio de la editorial Mondadori Urania de la mejor novela de ciencia ficción con Ai margini del caos (Al borde del caos), también traducido en Francia bajo el título Aux frontières du chaos (ed. Flammarion). De 1996 a 2013 fue profesor de escritura creativa en el Piamonte y Génova e impartió seminarios sobre literatura en Turín, Nápoles, Cosenza y Novara. Desde 2007 comenzó a incursionar en la novela negra: Autunno antimonio del 2007, Cosa succederà alla ragazza del 2014.

 

LOS MENSAJES DEL PASILLO

Abrahan David Zaracho A.

 

Los ojos cansados de los observadores vieron acercarse a Jaima a la puerta del negocio, pasar frente a la promotora, recibir el panfleto, bosquejar una sonrisa, deslizar la mirada sobre el escote de la muchacha y proseguir por la calle como si el producto inducido jamás hubiese figurado en su mente y ni siquiera dentro del panfleto.

—Es inútil señor.

—Ya van más de cuatro años.

Ese fue el comentario de los observadores, y los técnicos de apoyo giraron hacia la figura que reposaba tras las sombras del cubículo superior en la sala de investigaciones.

—Confirmen la detención. Creo que ya es hora de que veamos cual es la raíz de su problema.

En poco más de diez minutos un vehículo de recolección lo interceptó antes de que lograse cruzar la avenida. Lo tomaron desprevenido, como toda su vida. La maniobra del chofer lo asustó. El gas que le arrojaron lo desvaneció.

La celda que se le asignó estaba tapizada de espejos. Allí se despertaron al unísono sus infinitas imágenes como en una caja de clonación gráfica.

—Hemos hecho los estudios preliminares. Los electroencefalogramas denuncian una actividad levemente irregular. Pero nada que sea determinante.

El psiquiatra guardaba silencio.

El oficial superior se acercó al monitor número ocho.

—Veo que despierta. ¿Tienen listo el gabinete psicológico?

—Sí, señor.

—Llámenme cuando los especialistas puedan hacer un primer informe de la situación.

Uno de los espejos emitió un fino silbido. Partes del infinito, que esta pared reflejaba, fueron remplazados por un oscuro rectángulo vertical del cual se desprendieron un par de siluetas marciales. Esta vez su desesperación fue notoria. El pánico había hecho mella en su ignorancia. Lo levantaron por los brazos y lo arrastraron hasta el pasillo. Cuando su resistencia cansó a los guardias, apoyaron las armas sobre las costillas y él se resignó a caminar escoltado hasta una sección dos pisos por debajo de donde lo habían alojado. Salió, con la misma compañía tétrica, a un pasillo mejor iluminado. Un escuadrón de barbudos, de amplias frentes y escasas cabelleras, asumió su custodia. Mientras el taconeo de los milicianos aún resonaba sobre las pulcras dependencias, fue conducido con más respeto hacia el interior de una sala confortable.

—El informe psicológico está sobre su mesa, señor.

—Llamen a los médicos y a los psicólogos. Quiero una reunión en veinte minutos en la sala de conferencias.

—Sí, señor.

Media hora después terminaba de llegar el último psicólogo. Los médicos ya tenían sus proyecciones en el panel de exhibiciones.

—Doctor Amnis, nos honra con su presencia.

—Lo lamento, señor...

—Lamenta que nos honre su presencia? ¿Puedo considerar eso como un insulto?

—No, señor, por favor...

—Entonces es usted quien se insulta?

—No, señor, tuve que rever mi grabación.

El coronel hizo un gesto al médico y fijó su mirada en el recién llegado.

—¿Grabaciones de qué? Se supone que debe estar trabajando en este anormal y no estar viendo grabaciones de ningún tipo, ¿o usted realizó grabaciones de vídeo de esta sección?

—No, señor. No tengo autorización para realizarlas. Pero tengo grabaciones sonoras. Usted sabe...

—Grabaciones que no pueden ser vistas sino oídas.

Una suerte de risa burlona recorrió la sala. Los interlocutores por su parte mantuvieron silencio.

—Debo insistir en que me permita explicarle algo...

—Si es “la razón por la cual nuestro sujeto no responde a las estimulaciones subliminales” pues bien, nuestra audición queda a su disposición.

—No exactamente.

—¡¿Entonces por qué se obstina en perturbar?!

—He visto lo que el sujeto ignora.

Todos los presentes se inclinaron a escuchar al doctor Amnis.

—Y eso es...

—Todo lo que el mensaje subliminal nos obliga a ver.

—Ignora el mensaje. Eso es lo que hace. ¡Y eso es lo que sabemos! ¡Queremos conocer el porqué de esa ignorancia!

—No, señor. No ignora el mensaje. He visto y luego, en la grabación, volví a escuchar que el sujeto no ignora el mensaje. Ese es el problema. El sujeto conoce el mensaje en su totalidad. Lo puede identificar. No importa la velocidad o la frecuencia en la cual se transmita el mensaje, el sujeto siempre lo percibe de forma consciente. Fíjese que muchas veces durante la conversación utilizó las muletillas de los mensajes subliminales más importantes que maneja la red estatal, e inclusive, identifica otro centenar de los que son difundidos por las corporaciones privadas. Es más, creo que es capaz de identificar hasta los mensajes subliminales de los cuales somos víctimas.

—¿Nosotros, víctimas?

—Bien, yo. No sé ustedes. Pero yo acepto la posibilidad de que, durante gran parte de mi vida, esté decidiendo en virtud de mensajes subliminales. De hecho no me crea grandes conflictos. Pero, a nuestro amigo, estos mensajes no lo condicionan. ¿Entienden? No es un defecto. Es un don...

—Y es su teoría.

—Puedo demostrarla si me dan tiempo y recursos.

—¿Cómo cuáles?

—Ah, bien... Me imaginé que lo preguntarían... Esta es la lista

 

Nuevamente, el zumbido tras el mismo espejo y, luego, el mismo rectángulo quebrando la armonía glacial del mundo refractario. Esta vez no se resistió. Temía por las próximas pruebas, pero sabía que no se librarían de él en forma instantánea. Este último pensamiento lo empapó en sudor frío. Pensó que tal vez llegaba el momento de los test con electroshock. Seguramente era la hora de ver a los psiquiatras. Quizás ahora probarían con barbitúricos. Quizás con agujas. Muchas cosas parecían casi virtuales, pero sus cuatro custodios eran reales. Sus pasos eran reales. Su severidad era tangible. El pasillo era tan concreto como la celda de los espejos. Tras estos espejos seguro estaban los monitores. Tras los monitores debería estar el grupo taciturno de científicos. Tal vez los mismos que estuvieron en esa larga sesión. Inclusive el tipo inquisitivo. Ese de la barba enrulada. Parecía que le quería arrancar el hígado... Quiso retroceder. Lo empujaron. Nuevamente desenfundaron y retomó el paso normal.

Lo llevaron a una sala de espera. Como un consultorio médico. Inclusive había varios tipos sentados con caras algo indiferentes. Miró una revista, a la recepcionista detrás del mostrador. Luego la puerta se cerró a sus espaldas. La puerta era marrón. Los mensajes de las revista y de los cuadros, así como el que se dejaba escuchar, en medio de la música melódica que ambientaba el lugar, se referían a una puerta azul. Miró un poco tras el mostrador. Detrás de la recepcionista recién encontró la puerta azul. A la derecha de la puerta azul no había ninguna pared. Tampoco había un letrero que dijese “Salida” sobre la puerta azul.

Pasó por entre el espacio dejado por las sillas de los demás pacientes, y se aproximó a la recepcionista. Esta lo miró de reojo y le señaló la puerta azul. Él golpeó la puerta y algunas miradas se levantaron a contemplarlo. Esperó un rato y, como la respuesta fue nula, decidió pasar por el espacio que estaba al costado derecho de la puerta azul... entonces brotó la histeria.

Se dio vuelta, y contempló cómo inclusive la recepcionista se agarraba de los pelos. Un par de jóvenes intentaron repetir su movimiento y no pudieron. Golpearon la pared una y otra vez. Mejor dicho, golpearon el aire como si allí hubiese una pared. Cuando intentaron abrir la puerta, él lanzó una carcajada leve e irónica. El mensaje también les decía que la puerta estaba trabada.

De entre las sombras, detrás del espacio por el cual había salido, apareció otro grupo de milicianos. Fue nuevamente escoltado hasta el mismo pasillo donde se hallaba su celda.

—No, no lo lleven a su celda.

—Lo lamento doctor Amnis, son órdenes del coronel.

—Pero ¡si la experiencia fue exitosa!

—Lo sigue considerando peligroso. Dice que continúa siendo una anormalidad y que el problema será ahora un asunto de los psiquiatras.

—¿Es por si existen otras paredes falsas, de las cuales no somos conscientes? ¿Es por eso, coronel? —dijo Amnis levantando la vista hacia los monitores

—A mi oficina, doctor Amnis. —La orden se extendió por las paredes.

El prisionero arqueó las cejas y se encogió de hombros. El psicólogo corrió como una bestia hacia la oficina del coronel.

—Señor me niego a continuar tomando parte en este crimen. Se trata de un prodigio.

—Se trata de un hombre cuya conducta es indeterminable.

—Es un sujeto libre.

—Esos sujetos libres hundieron a la humanidad en la barbarie, de la cual la estamos sacando con muchísimos esfuerzos.

—Esa es la doctrina del gobierno. Pero yo creo...

—Usted no tiene por qué creer. Es un psicólogo del estado. Tiene la obligación de saber y de informar todo lo que descubra que ignoramos y en lo que a este tema se refiere ha hecho un buen trabajo. Conténtese con no recibir sanción alguna.

—¿No quiere escuchar lo que este hombre tiene que revelarle?

—¿Sobre qué?

—Sobre aquello que solamente existe en nuestras mentes gracias a los mensajes subliminales. Piense en cuantas paredes falsas, como la que creamos en esa sala, deben existir en este mundo. Piense en la cantidad de cosas y productos que ni siquiera consumimos.

—En ese caso, es probable que este hombre me revele, inclusive, que los manjares que como y de lo que bebo ni siquiera existen. Y que sacio mi hambre gracias a la ficción inducida a mis sentidos. ¿Le parece a usted que tal conocimiento me sería grato o útil?

—Sí, señor.

Un timbre y luego un gesto severo a los guardias que ingresaron a la oficina

—Retiren al doctor de las instalaciones. Será pasado a otra planta en cuanto consiga comunicarme con mis superiores.

—Señor...

—¡Retírenlo!

En la sala de monitores los cuatro observadores se detuvieron frente a las pantallas cinco y siete. Era la hora de recambio y los que ingresaban recibían el resumen de las grabaciones hechas por quieres se retiraban.

—Esto no está bien.

—Si nos escuchan recibiremos el mismo trato que Amnis.

—Lo que has dicho en voz alta hace que tengamos que precipitarnos. Si hay alguien vigilándonos la información ya debe estar llegando a nuestros superiores.

—Yo quiero saber lo que él puede ver distinto a lo que nosotros vemos.

—Yo también.

Los otros dos observadores también consintieron y al mismo tiempo se reubicaron sobre los paneles de control.

—¡El coronel ordena la presentación de todos los efectivos en la sala de conferencias en menos quince y contando! ¡Sin excepciones! ¡Prioridad uno!

La orden fue transmitida en todas las instalaciones. Inclusive los efectivos puestos frente a la celda principal se vieron obligados a obedecer.

Las compuertas fueron cerradas, de tal modo que tan sólo quedo la vía liberada desde la sala de observaciones hasta la celda espejada. Pero el coronel también escuchó el mensaje.

—Demonios. Yo no dije nada.

Los milicianos más próximos al coronel formaron un pelotón y corrieron tras él por entre los pasillos que llevaban a la sala de observación.

Los códigos de las compuertas fueron digitados y estas fueron abiertas.

El cuarteto despavorido comenzó a improvisar sobre los comandos. Un zumbido surgió desde atrás del espejo que el prisionero ya había individualizado como puerta. La misma franja negra reemplazó a los mismos reflejos pero esta vez no ingresó ningún miliciano para arrastrarlo hacia ningún laboratorio. El tiempo pasó en medio de numerosas sirenas y un sonido cada vez más intenso de los borceguíes latiendo en algún remoto punto del edificio. El pelotón marchaba de forma audible hacia la puerta de acceso de la celda.

De hecho, la marcha del coronel se había dirigido al punto intermedio entre la celda y la cabina de observación. Había seleccionado un grupo de soldados para que luego se quedasen a vigilar al prisionero. Jaime abandonó su celda hexagonal y se encontró con el pasillo truncado por las compuertas. Una serie de códigos y una de las compuertas se abrió. Las luces se encendieron y las sirenas también. El pánico ahogó los movimientos de Jaime hasta que éste descubrió el mismo mensaje que antes había percibido en las transmisiones de los discursos presidenciales. El sistema más complejo y fascinante de mensajes subliminales le dio la certeza de que estaba frente a su salvación.

—¡Sí, señor! —gritaron al unísono seis milicianos y se lanzaron ordenadamente, en dos filas de a tres, en dirección a Jaime; quien corrió en dirección a ellos y se arrojó por el espacio que dejaban entre sus filas. Fue detenido por la masa compacta que venía atrás de ellos. Pero estos soldados habían devenido en estatuas insensibles luego de que él hubo cruzado, como un espectro, por el interior de la furiosa figura del coronel. La pausa se extendió hasta el expectante cuarteto que había originado el conflicto. Solamente uno de los soldados atinó a capturar a Jaime pero, más que nada, había intentado comprobar que aquel hombre que había detenido existía de verdad. Ninguno de los presentes estaba preparado para el fenómeno. El coronel llegó a gesticular una serie de órdenes, e inclusive golpeó el rostro de uno de sus hombres. Jaime solamente pudo ver a un soldado dar un cabeceo en el aire, y luego vio como brotaba sangre desde la comisuras de su boca. Se arrojó frente al soldado y caminó delante de él una y otra vez... Sin saberlo con precisión, estaba traspasando una y otra vez al coronel. Ante los demás ojos, era un fenómeno casi fantasmagórico.

Para los observadores que habían presenciado la totalidad de los experimentos y el desarrollo de la investigación, esto era la revelación decisiva. Liberaron el gas somnífero a lo largo de todo el pasillo y se colocaron las máscaras. Descendieron hacia el pasillo y de entre los cuerpos tumbados sacaron a Jaime. Podría decirse que vieron al coronel desenfundar y apuntarles con su arma reglamentaria. Podría decirse también que vieron como este les disparaba. Pero es mejor afirmar que no creyeron en sus sentidos, ni en sus heridas y ni siquiera creyeron que, a poco más de unos pasos, existía una compuerta, o una pared, o siquiera cercos, o alambrados que les impidiesen salir de las instalaciones militares llevándose a cuestas a su Mesías.

Abrahan David Zaracho Ávalos. (Corrientes, Argentina 1979). Abogado y narrador. Sus principales publicaciones se encuentran en los libros Ozinix edición unipersonal del año 2001; Anuario de la SADE Seccional Corrientes Capital, 2002/2003; Narradores Correntinos y Valencianos, Corrientes Capital, 2005; Especial Philp K. Dick , Homenaje de Libro Andrómeda, España 2005; Antología del Círculo de Escritores del MERCOSUR, Paso de los Libres, Corrientes, 2006 y Todo el país en un libro, Desde la Gente, 2014. Sus cuentos y ensayos sobre Ciencia Ficción y Literatura Fantástica también se pueden encontrar en los principales sitios electrónicos hispanos del género y en los catálogos de la Asociación Española de Fantasía, Terror y Ciencia Ficción. Es integrante activo de la SADE Seccional Corrientes, del Círculo de Escritores del MERCOSUR y del grupo Nueva Literatura Correntina.

viernes, 6 de febrero de 2026

LA NAVE

Hernán Bortondello

 

Hacía tanto que viajaba en ella que no recordaba su aspecto exterior ni cuándo se la habían asignado. El habitáculo principal medía aproximadamente cuatro por siete metros. Solo dos pequeños compartimientos se le anexaban: el de sanidad y el de alimentación. En una especie de litera ubicada en la parte posterior, yacía con los ojos abiertos el único tripulante, tratando de hallar una razón valedera para abandonar el lecho. Últimamente no se le ocurría ninguna y únicamente su viejo sentido del deber lo empujaba a levantarse mañana tras mañana. Mas ponerse en pie no era el único problema; también debía escuchar un audio para rememorar qué tareas incluía la rutina diaria. Las tinieblas invadían cada vez más territorios de su memoria.

Pero el olvido no era una consecuencia de los largos años atravesando el tiempo y el espacio. Por el contrario, era su traumático presente el que erosionaba su psique. A la permanencia definitiva en aquel planeta, del que ya nunca remontaría vuelo, se sumaba  la imposibilidad personal de salir a la superficie, respirar su atmósfera, interactuar con la fauna y la flora e intentar vincularse con los habitantes de la civilización nativa. Es que, inexplicablemente, en él se había desarrollado una fobia por todo lo que tenía que ver con ese mundo.

Sin embargo, penetrando en lo más profundo de su mente y espíritu, se podía descubrir la verdadera razón de su decadencia. Una que nada tenía que ver con la soledad y la certeza de que moriría sin ninguna compañía. No, el oculto y fatal motivo radicaba en el hecho de que ya no podría huir de la culpa que lo atormentaba. Sus frecuentes viajes espaciales le habían brindado la ilusión de que la dejaba atrás junto a la convicción de que jamás sería perdonado.

Otra vez el reloj marcó las 15:00, hora de su tierra natal. Levantando los dedos del teclado, suspendió los registros en la bitácora que, dadas las circunstancias, se había convertido en un diario personal. Acopiando fuerzas, se incorporó del asiento frente al pequeño tablero y con paso cansino fue hacia el dispensador de café. Tras servirse una taza, se acercó a la ventana principal, único contacto con el inalcanzable exterior, y jaló el control para retirar la pantalla de protección solar. Ésta, lentamente, se fue plegando hasta ocultarse casi en el techo de lo que ahora no era más que un barco varado. Así, de abajo hacia arriba, volvió a revelarse una tierra ajena. El bombardeo de estímulos visuales siempre lo atontaba un poco al principio, y para asimilarlo bebía un trago muy caliente. Sus ojos demoraban unos segundos en acostumbrarse a la luz de aquella gigantesca estrella y recién entonces podía escrutar el paisaje. Con los años, había aprendido a identificar, y hasta cierto punto comprender, muchos aspectos de él y de la vida que lo habitaba. Pese a ello, ésta última le provocaba un extraño rechazo. En particular, le desagradaba la audacia de unas pequeñas criaturas aladas que caían desde el cielo como flechas. Cubiertas de algo parecido a un pelaje, ora colorido, ora grisáceo, aterrizaban sobre lo que consideraba algún tipo de formaciones botánicas y entre cuyas encrucijadas ramificaciones, cubiertas de un verdor que les era común, las desfachatadas alimañas se cortejaban, hacían el amor o entablaban feroces peleas territoriales. Es cierto que no podían verlo, pero esos ágiles bichos lo sobresaltaban. Detectaba perfidia en sus redondos ojillos cuando se acercaban y golpeteaban con agudos picos el marco exterior del cristal espejado, alimentándose con los insectoides que anidaban en él. Pero, a pesar de la aversión que les tenía a los que bautizara como animalejos, se preocupaba de filmar sus distintas especies y tomar detalladas notas sobre sus hábitos y conductas.

Estos seres eran los que con más frecuencia observaba, pero no eran los únicos. Existían, entre otros, unos cuadrúpedos aparentemente más evolucionados, que si bien eran de muy variadas formas, tamaños y pelajes, él deducía que derivaban de un tronco común. Por algún motivo los más pequeños le resultaban especialmente simpáticos. Los de mayor talla, mucho más amenazadores, solían ser acompañados por lo que definía como entidades biológicas miméticas y que, creía, estaban dotadas de un sentido poderoso y desconocido. No podía explicarse de otra manera cómo habían sabido de él, sin siquiera observarlo, y luego imitar a la perfección la forma humana. Le intrigaba sobremanera descubrir cómo lograban inferir la existencia del sexo femenino y masculino, replicando sus diferencias y teniendo especial cuidado en no repetir rostros y conformaciones físicas. Desconocía, también, como eran capaces de determinar los límites de su campo visual, ya que, con seguridad, ellos cambiaban su apariencia original un segundo antes y un segundo después de aparecer ante él. No le cabían dudas de que eran intelectual y socialmente avanzados. Esto le resultaba obvio al analizar sus conductas. Si bien por lo general sólo los veía deambular, de tanto en tanto se detenían y conversaban. Asombrosamente, sus maneras y gestos eran idénticos  a los del homo sapiens. Ergo, se decía, la habilidad de imitación a un nivel tan complejo sólo podía ser desarrollada por una inteligencia muy evolucionada.

Aquella tarde en particular apenas había visto a dos miméticos masculinos. Simulaban ser individuos adultos e iban muy relajados, casi hombro con hombro, hablando de algo  seguramente gracioso dadas sus amplias sonrisas. Después, sólo unos pocos animalejos posándose y levantando vuelo, pero nada más.

Mucho tiempo atrás, se había impuesto un horario de vigilancia y relevamiento que terminaba a las 18:00. Habiendo ya pasado dicha hora, estaba por bajar la pantalla solar y activar la iluminación artificial. Fue en ese momento cuando un mimético femenino apareció de repente frente a él y le dio el susto de su vida. Con las palmas apoyadas contra el grueso vidrio templado, daba la impresión de estar mirándolo. Pero eso es imposible, pensó, ¡esta criatura no puede verme, sólo se refleja a sí misma!, exclamó con voz cascada, como para convencerse.

Aquella entidad imitaba el aspecto de una jovencita de unos dieciséis años, cabello negro muy largo y facciones exquisitas. Entonces, el terror lo paralizó, resultándole imposible hacer otra cosa que no fuera observar aquel rostro. Los ojos de la extraña, negros también, le resultaban muy familiares. Muy, pero muy familiares, atinó a decirse. Cómo si un rayo hubiese iluminado su mente, supo que aquella cara era la que lo había visitado por años en un sueño recurrente, uno que lo torturaba y que inevitablemente lo hacía despertar sudoroso y agitado.

¡Es ella! ¡Dios, es ella!, quiso aullar, pero la angustia le cerró la garganta y sólo pudo exhalar un sonido ahogado e ininteligible como un estertor. Sintiendo un horrible mareo, creyó que la consciencia se le estaba licuando y que empezaba a girar alrededor de la imagen imposible, enmarcándola. Finalmente, luego de un tiempo que no pudo precisar y habiendo alcanzado el clímax de la desesperación, comenzó a invadirlo una especie de relajación fruto del agotamiento nervioso. Los latidos del corazón fueron normalizándosele, y su vista, que se le nublara por el estrés, pudo volver a enfocar gradualmente a la muchacha. Era una locura, pero no tenía dudas: se trataba de Érica, su único amor; la novia que, siendo demasiado joven e inmaduro, abandonara con un bebé en el vientre.

Ahora ella estaba allí y le estaba gritando algo que no podía escuchar, pero su expresión era de súplica y sobre sus mejillas encendidas se deslizaban unas lágrimas que lo hicieron olvidarse de todo: la precaución por una atmósfera desconocida, la fobia incomprensible a lo externo, la soledad falsamente asumida y el temor a la muerte.

¡Érica!, y esta vez sí pudo rugir su nombre mientras se abalanzaba a la compuerta de aire. Atropelladamente, abrió la primera puerta, cruzó la esclusa y, sin pensarlo siquiera, hizo lo mismo con la segunda. En su inconsciencia, no se había puesto el traje protector. Ahora estaba afuera…

—¡Abuelo! ¡Me vas a matar de un susto! ¿Por qué no me contestabas las llamadas? —le recriminó ella, llorando y fuera de sí.

Atontado, como si le hubiesen asestado un golpe en la cabeza, el viejo no supo qué contestar.

—¡Tonto y más tonto! ¡Acá te traigo la vianda! ¿Otra vez te olvidaste de cargar la batería del celular? ¿Acaso no querés alimentarte? ­­—Patricia, angustiada y casi sin aliento, era fiel calco de su abuela Érica.

Agachando la cabeza como un niño en falta, se quitó de la entrada para dejar pasar a su nieta, que como una tromba se dirigió a la cocina.

Hernán Ernesto Bortondello nació el 7 de setiembre de 1960 en la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz, donde actualmente vive. Ha desarrollado su vida laboral en la Informática desde 1975. Le gusta expresarse desde lo artístico: escribe, dibuja y pinta, tanto analógica como digitalmente, le gusta la fotografía de vida silvestre, crea artesanías con material de reciclaje y es fanático del cine y de la lectura desde niño. Ha publicado poesías y cuentos en grupos digitales de literatura como Escritores Independientes; Escritos, insomnio y café; Poetas y escritores del Mundo; etc., y sus  relatos han sido publicados en revistas literarias como Sinergia y Cronopio. Trata de perfeccionar sus recursos y herramientas en distintos talleres literarios y, desde hace dos años, ancló en el TALLER 9, del que es un destacado animador.

 

 

YO SOY LA ESPERANZA