miércoles, 7 de enero de 2026

EL HALLAZGO

Boris Glikman

 

Allí estaban… tiradas sobre la vereda frente a un edificio de departamentos mientras regresaba a casa después del trabajo… esperando que el viento las llevara a su nuevo hogar.

Debo admitir que me sentí como un ladrón al leerlas… robando las sensaciones de otra persona… experimentando algo que no me pertenecía. Después de todo, un diario se supone que es un recordatorio de los pensamientos y sentimientos más íntimos de alguien.

Pero simplemente no pude dejar de leer.

Había algo en esas páginas que me atraía con una fuerza inexplicable. Brillaban a través de la gris monotonía de mi vida como un solitario rayo dorado que atraviesa nubes amenazantes.

Los huecos en el relato que sigue se deben a que solo encontré fragmentos del diario. Aun así, quiero compartir mi hallazgo con ustedes, para que también puedan experimentar lo que yo sentí al leer estas palabras:

 

20 de enero de 19--:

Hoy me ocurrió algo muy peculiar mientras daba mi paseo habitual por la playa. El acontecimiento fue tan inesperado y perturbador que ni siquiera los dioses del destino lo habrían previsto.

Para poder transmitir con precisión los pensamientos que comenzaron a cruzar mi mente, permítanme describir primero la escena que se desarrollaba ante mí.

Estaba sentado en un viejo banco de madera, cerca de un quiosco de un amarillo chillón, recuperando el aliento y descansando las piernas. El clima era ominoso. En el oeste, el sol exhalaba sus últimos suspiros, y el rojo de su cuerpo se mezclaba de forma incongruente con el azul negruzco del océano.

Con frecuencia había observado cómo otros paseantes, en particular parejas que caminaban tomadas de la mano, quedaban cautivados por la belleza del atardecer y, deteniéndose por completo, contemplaban cómo el fuego del sol era extinguido por las aguas frías mientras se susurraban dulces palabras al oído. Sin embargo, a mí el espectáculo siempre me había dejado indiferente.

Muy a menudo los sueños de la juventud se desploman en un abismo excavado por metas no realizadas y ambiciones incumplidas. Algunos crecen y descubren sus talentos; otros, sus mediocridades. Se me ocurrió que toda mi vida hasta el momento presente había sido una lucha contra la ordinariez y la trivialidad.

Y sentí miedo. Miedo, porque percibía una mediocridad gris e implacable invadiendo mi propio ser. Allí estaba, penetrándome desde todos los ángulos, inundando las grietas expuestas de mis pobres defensas.

Las suaves hojas de los árboles jóvenes cercanos… la luna creciente en el cielo que se oscurecía… todo seguía viéndose igual, pero con una certeza despiadada que nunca antes había experimentado, supe y sentí que había sido cambiado de manera irreversible por esta revelación, y que algo profundo en mi interior se había roto sin remedio.

Mientras otras personas de mi edad esperaban con ilusión socializar, vivir aventuras románticas, terminar la escuela y encaminarse hacia futuros brillantes, yo ahora debía enfrentar una lucha titánica contra un enemigo implacable del que no podía huir; un enemigo sin escondite posible; un enemigo que conocía todas mis debilidades y cada una de mis estrategias de defensa, y que no se conformaría hasta aplastarme contra el suelo y pulverizarme en mil pedazos.

Más aún, debía enfrentar a mis padres y contarles lo que me había sucedido, pues nunca antes había sentido una infelicidad tan intensa y persistente.

Mi padre estaría allí, mirando las noticias de la noche como de costumbre. Sin duda ni siquiera me miraría, solo emitiría un gruñido grave de significado indescifrable cuando le diera la noticia. Mi madre casi con seguridad se pondría roja. Entraría en histeria. Sí, eso haría.

 

11 de febrero de 19--:

Ahora que lo peor ha sucedido, puedo soltar un gran suspiro de alivio, pues ya no tengo nada que temer. Solo quienes han visto realizados sus peores terrores pueden haber probado esta embriagadora sensación de libertad que experimento ahora.

En cierto modo, me alegra estar pasando por esto. Porque solo a través del sufrimiento puro y sin adulterar, no contaminado siquiera por una gota de esperanza, puede revelarse la estructura interior subyacente de la Vida y hacerse visibles los nervios de la Existencia.

 

26 de febrero de 19--:

He encontrado una forma de recuperar mi identidad y restaurar mi autoestima. Descubriré el significado de las formaciones de nubes en el cielo. Miraré el cielo durante todo el día y dibujaré las formas, tamaños y posiciones cambiantes de cada nube en el gran cuaderno de bocetos que compré recientemente en el supermercado. Luego volveré a casa y analizaré los dibujos. A partir de ese análisis formularé leyes fundamentales que me permitirán predecir el tamaño, la forma, la posición y el movimiento de las nubes en los días, semanas, meses y años venideros.

Soy como una pelota de goma: cuanto más fuerte me golpean, más alto reboto.

 

15 de marzo de 19--:

¡Desastre devastador! Ayer, durante todo el día, las nubes siguieron exactamente los patrones que había predicho para ellas. Y entonces, justo cuando estaba a punto de recoger mis cosas y volver a casa, satisfecho y orgulloso, tuvo que aparecer esa pequeña nubecilla blanca y esponjosa en la esquina inferior derecha del cielo, mirando hacia el mar. Mis leyes nunca habían anticipado la llegada de una nube de ese tamaño y forma en ese momento y lugar. Ahora, por culpa de esa nube estúpida y diminuta, tengo que empezar de nuevo con la formulación de las Leyes Cardinales del Tamaño, la Forma, la Posición y el Movimiento de las Nubes en el Cielo.

 

17 de abril de 19--:

Ayer pasé la mayor parte del tiempo en la cama. No tenía ganas de levantarme. Me quedé allí, analizando el pasado, tratando de comprender la concatenación de acontecimientos que me llevaron a mi estado actual, intentando determinar el momento exacto en que todo empezó a ir mal para mí.

Supongo que mi tragedia fue haber descubierto demasiado joven la presencia de un impulso divino en mi alma. Con la absorción desmedida en mí mismo propia de mis años tempranos, mi atención no podía apartarse del resplandor que emanaba de mi mente. Contemplaba, sobrecogido e impotente, el paisaje maravilloso de mi mundo interior, y la realidad perdía para mí toda su realidad. Solía preguntarme cómo podía la gente preocuparse por los grises y vacíos acontecimientos externos cuando el mundo de la mente era tan fascinante, tan cautivador, tan irresistible.

Podía perderme durante horas en mis contemplaciones, mirando mi reflejo, tratando de comprender el poder inexplicable y misterioso que emanaba de los ojos detrás del espejo y me mantenía bajo su dominio ineludible. ¿Qué intentaban decirme esos ojos?

Nunca logré adaptarme a la infancia ni a la adolescencia. Nunca supe cómo ser joven.

 

28 de abril de 19--:

Hoy fui al centro de la ciudad solo para al menos ver gente normal realizando actividades normales y experimentar algún tipo de contacto humano, por fugaz o insignificante que fuera. Incluso palabras triviales como “Perdón”, cuando alguien choca contigo por casualidad, serían como maná enviado desde el cielo, pues constituyen un reconocimiento de tu realidad. En cambio, aprendí que no hay soledad más dolorosa que la que se siente en medio de una multitud.

Solo en el océano de la humanidad, olas de personas pasando sin cesar a tu alrededor, una masa gris y amorfa cuyas características individuales no se distinguen. ¿Quiénes son estos seres que se apresuran a tu lado? ¿Por qué son? ¿Para qué viven? ¿Hacia dónde se dirigen? ¿Cuáles son sus aspiraciones, sueños, esperanzas, miedos, ansiedades? No tengo forma de saberlo.

Rostros extraños y desconocidos que nunca has visto antes y que nunca volverás a ver; no tienen tiempo para ti y tú no tienes tiempo para ellos. Tu existencia es tan insignificante, desconocida y carente de sentido para ellos como la de ellos lo es para ti.

Ahora comprendo que estoy destinado a estar solo para siempre, pues todos nos cruzamos solo por un instante y luego continuamos por caminos divergentes. Lo máximo a lo que puedo aspirar es a un contacto fugaz y sin sentido con otro ser.

Si La balada del viejo marinero era “Agua, agua por todas partes, pero ni una gota para beber”, entonces La balada del viajero moderno debe ser sin duda: “Gente, gente por todas partes, pero ni un alma con quien hablar”.

 

20 de mayo de 19--:

Hoy mi vida brilló ante mí en todas sus múltiples facetas, en todas sus innumerables permutaciones, pero me quedé allí, atónito, abrumado por la infinita variedad de opciones que se me ofrecían. No sabía qué hacer, no podía extender la mano y aferrarme siquiera a una sola posibilidad.

 

12 de junio de 19--:

Durante todo el día no pude dejar de pensar en una pesadilla recurrente que tenía de niño: verme obligado a presenciar el espectáculo extraño e inhumano de números que aumentaban uno a uno. Sin cesar crecían y crecían hasta proporciones cada vez más horrendas, acercándose más y más al abismo boquiabierto donde aquella monstruosidad, el Diablo del Infinito, reinaba en lo alto de su trono de fuego. Nunca llegaban realmente hasta él, pero siempre estaban a la vista de su sonrisa burlona, de su lengua bífida centelleando, atormentándote con las más viles maldiciones, seguro de que un simple mortal finito como tú jamás podría abarcar su cuerpo. Sin duda, jamás había existido una abominación más vil que ese mal inefable, completamente indiferente y desdeñoso ante la obsesión de la humanidad con el tiempo y la finitud.

Después de los rostros amistosos y familiares del Uno, el Dos y el Tres, aparecían entidades nuevas y extrañas, con caras largas y hoscas. Ningún ser humano había tenido que ver jamás esos rostros horribles, pero allí estaba yo, un niño pequeño, condenado a mirar directamente a los ojos de números como
15084307597502802380423797493720748038720734020 y sentir el odio puro que emanaba de ellos.

¡Cómo me aterrorizaban esos números! En este mundo estaba condenado a seguir para siempre su marcha despiadada e inexorable, como una columna infinita de hormigas negras y brillantes: inflexibles, implacables, sin fin, sin piedad.

¿No había escapatoria de este tormento? Un millón uno; un millón dos; un millón tres; sesenta y siete millones cuatro mil cinco; sesenta y siete millones cuatro mil seis… que alguien, por favor, detenga esto. Pero, ay, este mundo no tenía la gracia salvadora de la muerte que nos espera a todos en la vida física.

Y el Diablo del Infinito sonreía con su mueca burlona, observando la procesión y mi sufrimiento desde lo alto de su trono de fuego, sabiendo perfectamente cuán inalcanzable era en toda su gloria.

 

31 de agosto de 19--:

Los pálidos brotes de la duda han florecido ahora en las brillantes flores de la desesperación.

 Boris Glikman es escritor, poeta y filósofo. Las mayores influencias en su escritura son los sueños, Kafka, Borges y Dalí. Sus historias, poemas y artículos de no ficción han sido editados en revistas electrónicas y publicaciones impresas. Boris ha aparecido varias veces en la radio, incluyendo la radio nacional australiana, interpretando sus poemas e historias y discutiendo el significado de su trabajo. Dice: "Escribir para mí es una actividad espiritual del más alto grado. La escritura me da el conducto a un mundo que es inalcanzable por cualquier otro medio, un mundo que está poblado por Verdades Eternas, Preguntas Inefables y Belleza Infinita. Es mi esperanza que estas historias mías permitan al lector echar un vistazo a este universo".

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