Saara Henriksson
7 de agosto.
La divisamos ayer desde el helicóptero. Nadaba cerca de
los bancos de arena, a unas millas de la orilla. Pemberton se acercó
sobrevolando para asustarla, pero o la ballena no podía escuchar el sonido de
los motores o simplemente no le importó. Nos dirigimos a la base de
investigación en donde Pemberton organizó un grupo de rescate. No fue hasta muy
entrada la noche que el equipo pudo alejar de la orilla a la ballena.
Parece que nos quedaremos en Newfoundland hasta el final
del proyecto. Tenemos acumulado tanto equipo en la barraca que moverlo a otra
playa sería muy difícil. Lo bueno es que puedo pasar mis fines de semana en
Montreal con Mary y la bebé. Por otro lado aquí no hay muchas ballenas. No es que
haya muchas en otras partes del planeta, pero sería mejor estudiar ballenas boreales
desde un glaciar. Montar una base de investigación en un glaciar hubiera sido,
sin embargo, muy oneroso y no lo hubiéramos podido costear. A decir verdad los
fondos para nuestro proyecto parecen disminuir cada año. Las investigaciones
sobre la longevidad reciben mucha cobertura de prensa, considerando los pocos
fondos que reciben. Estudiar las ballenas, tortugas y papagayos no parece
interesar demasiado a los mecenas pues los usos comerciales de los resultados
no son muchos.
Hay una pequeña oficina en nuestra base que sirve al
mismo tiempo de sala de estar y laboratorio. Todo en esta barraca de
aproximadamente cuarenta metros cuadrados. El piso de concreto es tan frío que
nos vemos obligados a usar dos pares de calcetines de lana. En el laboratorio,
Lise Nixon y nuestro jefe de proyecto Andrej Norton, almacenan y etiquetan no
solo muestras de ballenas vivas sino también otras de huesos de ballenas,
usados por ejemplo en corsetería. En esta zona es fácil encontrar antiguos
artículos hechos de ballena. Las muestras de ADN son enviadas para su análisis
a un laboratorio clínico en Montreal. Las muestras previas de tejido vivo no
fueron lo suficientemente diversas. Perdimos nuestro presupuesto del año
anterior junto con esas muestras. Lo que quedó de los fondos se distribuyó como
salario, incluido el de Norton. Él alega que si dependiera de él, nuestros
problemas financieros desaparecerían en un segundo.
Quisiera creerle. El acuerdo con GlixoCorp fue
multimillonario: solo un fragmento de su presupuesto para investigación e
innovación por supuesto, pero para nosotros sería una gran suma de dinero. Sin
embargo, antes de que el acuerdo se cierre, necesitamos un producto que vender.
Pemberton y yo pescamos piel de ballena. Atrapamos mucho material con nuestras
redes, pero es muy difícil encontrar células vivas. Las poblaciones nativas
tienen autorización para pescar una pequeña cantidad de ballenas cada año, pues
forma parte de su modo de vida tradicional. Conseguir el mismo permiso es muy
difícil para otros. De todos modos no estamos aquí para pescar ballenas.
El año pasado pudimos obtener una muestra viva de la
lengua de una ballena con la ayuda de los guardacostas. Este año las muestras
llegan de Groenlandia. La ballena es relativamente joven, 60 años según Lise. La
cartografía genética ha permitido detectar una mutación que les ayuda a vivir
hasta 200 años e incluso más. Norton habla de ballenas de más de 250 años,
incluso de 300. Nadie sabe hasta qué edad son capaces de alcanzar las ballenas
boreales. Quizá eso también sea algo que podamos averiguar.
8 de agosto.
Llevé a Mary y a la bebé a visitar a la abuela Anna
durante el fin de semana. Espero que la abuela no piense que le pusimos su
nombre a la bebé solo porque ya no le queda más tiempo de vida. Llovía a
cántaros y de rato en rato salía el sol. Las manzanas estaban todavía verdes y
por eso no pudimos recogerlas. Los manzanos de la abuela Anna dan una fruta que
es pequeña y ácida, pero que igual es deliciosa.
La abuela me llevó a pasear por el jardín y me dijo que
estaba pensando mudarse a la ciudad. Ya no tenía fuerzas para cuidar de la casa
y el jardín. El hijo del vecino estaba planeando acabar con el bosque que se
encontraba detrás de la granja. Mejor, dijo ella, los árboles dan mucha sombra
a su propiedad. Me sentí triste. Esos árboles se encuentran allí desde hace
mucho tiempo. No quiero que nada cambie en la casa de la abuela. Podría
comprarle el bosque al vecino, pero me temo que el dinero no resuelva nada. No
impedirá que la abuela envejezca.
Ella no dejaba de preguntarme por mi padre. No me atrevía
a decirle que mis visitas a su casa eran aún más raras que a la de ella. Le
dije lo que ella ya sabía: Papá está estudiando icebergs en la isla de Disco,
en donde mamá tiene su consultorio. Ella no dijo nada, qué más podía hacer.
Estaba muy seria cuando nos despedimos. Le prometí volverla a visitar después
de unas semanas para recoger manzanas.
La pequeña Anna durmió todo el camino hasta Montreal. La
dejé al cuidado de Mary y regresé a las instalaciones muy tarde esa noche. El
viaje es largo pues se tardas dos horas en coche del aeropuerto hasta aquí.
Solo unas semanas más y podré irme a casa. No sé si a Mary le pesa cuidar sola
de Anna, ella nunca se queja.
16 de agosto
La ballena regresó. Pemberton está desesperado y Norton
entusiasmado. Ya veremos qué pasará. El veterinario y el guardacostas están con
ella ahora, pero la última vez que hablamos por teléfono aún no habían sido
capaces de alejarla de la orilla.
Pemberton y yo revisamos las fotos de colas y aletas
dorsales que nos envió el centro para ballenas, pero no pudimos encontrar unas
iguales a las de este espécimen. En general las ballenas boreales son fáciles
de distinguir. Sus colores y manchas son como los copos de nieve, no hay dos
iguales. El nombre en latín es hermoso: balaena
mysticetus. Me hace pensar en una inmensa y ligera bailarina acuática.
Escuché de pasada una conversación telefónica entre
Norton y un representante de GlixoCorp. Él no dejaba de repetir agresivamente
las palabras “antiedad” y “lucha contra el envejecimiento prematuro”; parecía
que se preparara para una guerra. Estoy considerando sugerirle que pruebe
suerte en el ejército, si la empresa cosmética pierde interés en el proyecto.
Cuando se lo pregunté, él me dijo que ya lo había hecho. No me extraña. El año
pasado Norton insistió en contratar a los locales para que sacaran una de las ballenas
pero éstos se negaron a obedecer. Norton hará cualquier cosa para que su
proyecto prosiga.
17 de agosto
La corriente atrapó a la ballena, tal y como temíamos.
Cuando llegamos a la playa por la mañana, ya estaba muerta. Una ballena
encallada es un espectáculo terrible. Sus pulmones habían colapsado dejando
plana su enorme carcasa. Pemberton calculó que era un macho de aproximadamente
50 años. Los guardianes del parque tenían problemas para alejar a los turistas
de la ballena muerta.
Encontramos más fotos en los archivos del Parque Nacional.
Las más antiguas son de los años sesenta. Una de las diapositivas tomada en una
playa de Labrador muestra una ballena con exactamente el mismo tipo de aleta
que la nuestra. La aleta presenta una cicatriz, quizá causada por un tiburón o
un arpón que falló su objetivo. El espécimen de la foto tiene entre 40 y 50
años, de acuerdo con la diapositiva. Voy a analizarlo con más detalle mañana.
20 de agosto
Norton discute con el anciano del pueblo sobre qué hacer
con la carcasa. Las negociaciones ya llevan tres días. Durante ese tiempo ellos
han bebido una considerable cantidad de aguardiente. Parece irónico que a pesar de estar
investigando el secreto de la longevidad, el tiempo se nos esté acabando.
Bautizamos Jack a la ballena. Su piel es de un negro
lustroso y sus costados están cubiertos de percebes. Mide dieciséis metros y
medio, su barba mide tres. Parece increíble que el nombre de estas ballenas era
“ballenas comunes” …cuando abundaban. En ese tiempo estaban acostumbradas a
nadar en grandes manadas. Ahora solo queda una fracción de ellas. El Parque Nacional
asegura que ninguno de los guardacostas ha visto a esa ballena antes. Ha debido
venir de algún otro lado. Las ballenas boreales normalmente no nadan largos
tramos, según los estándares de las ballenas, claro está.
De la fogata llegan gritos de borrachos. La vida de
Norton corre el riesgo de acortarse dramáticamente si sigue así. Debería
advertirle, pero no me importa. Dejemos que arruine todo.
22 de agosto
Hoy estuve muy cansado y volé a Quebec vía Halifax.
Caminé sin rumbo por la ciudad, compré el mapa de este año y algunas
provisiones. Llegué al puerto y me detuve frente a un puesto que vendía
entradas a un safari de ballenas. Los turistas tenían la oportunidad de bucear con
orcas en el océano de sólo cuatro grados. Gran atracción. Hice cola y compré
una entrada, solo por curiosidad. Quería escuchar lo que los guías dirían a los
turistas sobre las ballenas.
He buceado muchas veces antes, pero necesito recordar con
precisión la técnica cada vez. Acordamos en la señal de emergencia: dos rápidas
tiradas de la cuerda en caso de peligro. Escucho el monólogo de la guía con mi
equipo y casco ya puestos y me siento como un tonto. Al mismo tiempo estaba
nervioso, lo que es común cuando te sumerges en otro mundo.
Me emparejaron con una atlética alemana que llevaba
puesto un traje de neopreno y no dejaba de sonreír. Debo admitir que me sentí
aliviado cuando el puerto desapareció del horizonte. El agua bajo el bote de
goma se sentía fría. Se veía cristalina hasta casi treinta metros. El cielo
estaba gris, una bandada de expectantes gaviotas nos seguía. Se agrupan donde
cazan las orcas. Algunas orcas comen focas, leones marinos u otras ballenas. Al
parecer éstas no, por ello no presentan ningún peligro para nosotros. Viajamos
durante quince minutos antes de localizar a la manada. El conductor apagó el
motor y dejó al bote flotar libre sobre las olas.
Fui el primero en sumergirme, seguido por la alemana al
otro lado de la cuerda. Durante los primeros segundos pude sentir la presión
del agua helada envolviéndome. El peso del equipo de buceo me empujaba hacia el
fondo. Luego encontré la posición adecuada y tomé la primera bocanada de
oxígeno. Poco a poco pude ver más claro el mundo que me rodeaba. Di unas
cuantas patadas y miré alrededor.
Las blanquinegras criaturas se abalanzaban al cardumen de
peces que se encontraba muy cerca de nosotros. Las seguí, el resto de los buzos
me siguió. La cuerda estaba floja entre la alemana y yo. Un cazador poderoso, una
orca de seis metros es un espectáculo hermoso y aterrorizador a la vez. El agua
estaba llena de burbujas pues las ballenas tiraban aire. La plateada piel de
los peces brillaba en el agua.
Pude divisar una figura oscura con el rabillo de mi ojo.
Una solitaria ballena boreal nadaba alrededor de los peces a cierta distancia.
Los otros buzos la señalaron y nadaron para verla mejor. La ballena miró a los
buzos y luego a las orcas y nadó más profundo. La cuerda que tenía entre las
manos se tensaba y tiraba. Solté la cuerda; por unos segundos olvidé todas las
reglas de buceo y nadé detrás de la ballena.
No había nada de qué preocuparse, tenía suficiente oxígeno.
Alrededor mío el inmenso mar era oscuro y pesado. Las orcas y los peces
quedaron atrás y ninguno de los otros buzos trató de seguirme. Quise de
distinguir a la ballena más abajo y encendí la luz de mi casco. Dirigí la luz
hacia el fondo del océano. La luz osciló
sobre el agua verdosa y se perdió en la oscuridad. La ballena seguía nadando
para alejarse de mí. Finalmente desapareció. Me quedé inmóvil durante mucho
tiempo pero no pude ubicar la dirección que tomó la ballena. Miré hacia arriba
y pude ver las sombras a contraluz de los otros buzos. El tanque de oxígeno
hacía sonidos y de mi boquilla salían burbujas que subían haciendo remolinos.
Me quedé allí, en medio de un absoluto silencio, completamente solo.
De regreso en el bote, la guía sonreía tensamente. No me
gritó, probablemente porque no quería arruinar el ambiente luego de lo que, a
pesar de todo fue un viaje exitoso. Los turistas estaban satisfechos, la
alemana junto con ellos a tal punto que no pareció notar que me perdí por un
momento. Pienso que bucear me hizo bien. Para cuando llegamos al puerto, todo
el horizonte parecía diferente: Las montañas, el cielo, todo.
23 de agosto.
No entiendo dónde pudo desaparecer la ballena. La bahía
de Quebec es larga y estrecha, inclusive más estrecha hacia la ciudad. Debimos
verla salir a tomar aire en el viaje de regreso. Debo preguntarle a Pemberton
porqué la ballena se comportó así. Puede
ser que me haya confundido, por supuesto. Los recuerdos se confunden
fácilmente. Siento que he pasado por una experiencia similar ya antes.
Hablé con Mary y Anna por teléfono. Es decir, Anna hace
ruidos en el auricular y yo hablo. Anna ya tiene seis meses y crece a una
velocidad aterradora. Ya pesa el doble de lo que pesaba al nacer y se ve un
poco diferente cada semana. Me siento mal por estar lejos de ella todo este
tiempo, pero no hay nada que pueda hacer. El verano ártico es corto y tengo que
ganarme la vida. La abuela acostumbraba a lamentar lo rápido que crecían los
chicos. Ahora entiendo a lo que se refería.
25 de agosto
Jack ya fue cortado y está a la espera de ser procesado.
Sus huesos sobresalen en la playa donde la marea lo dejó. Los nativos están
cocinando su grasa para los perros. Las botellas se han limpiado y toda el área
apesta. También recibimos nuestra parte: muestras limpias de piel, médula ósea
y tejido muscular. Norton se mantiene ocupado en el laboratorio día y noche. Lo
escucho refunfuñar dentro del laboratorio.
Estuve observando las diapositivas de los 60 toda la
noche y mis ojos me arden.
Definitivamente es la misma ballena pero si la estimación original de su
edad es correcta, significa que no envejeció ni un solo día. ¿Cómo puede ser
eso posible? Cuanto más lo pienso, más me parece una ilusión ártica, una Fata
Morgana: un objeto que parece estar muy lejos y que en realidad está frente a
ti. Por alguna razón siento que la solución a todo esto es completamente
simple, sólo que no puedo verla.
1 de septiembre
Estoy nuevamente en casa de la abuela. Escribo desde el
cuarto del ático. El jardín y la casa no han cambiado, por suerte los helechos
siguen en su lugar. Temía que no fuera así, pues el vecino tuvo suficiente
tiempo de cortarlos en mi ausencia. Cuando llegué, la abuela estaba llenando un
crucigrama cerca a la ventana de la cocina. Al ver a esa anciana mujer con su
delantal y gafas me di cuenta por primera vez que sus ojos eran asombrosamente
parecidos a los de mi hija.
—¿Cómo era tu padre, abuela? —le pregunté sorpresivamente—.
Era buzo, ¿no es cierto?
La abuela se quedó en silencio por tanto tiempo que pensé
que no me respondería.
—Murió cuando yo era muy pequeña, realmente no me acuerdo
mucho de él. En esos tiempos bucear era un trabajo peligroso. El equipo no era
tan avanzado como ahora, o podías ser atacado por un tiburón. Mi padre
trabajaba para el ejército y no se le decía todo a la familia.
La abuela habló suavemente. Por supuesto todo pasó hace
mucho tiempo. Cómo su madre logró sobrevivir viuda y con una niña pequeña, ella
nunca lo dijo. Al parecer bastante bien pues Nana vivió muchos años. Nunca la
conocí. Entré al jardín. Tres ramas colgaban pesadamente fuera de la ventana.
Las manzanas que llevaban estaban maduras y jugosas. La abuela haría zumo con
ellas. La ayudé sacudiendo las ramas para que las manzanas cayeran en el mantel
que puse sobre el suelo. La abuela era pequeña cuando desapareció su padre y
los niños viven en el momento. No hay necesidad de aferrarse al pasado o de
soñar con el futuro.
21 de septiembre
Norton no vino a trabajar hoy. Lise nos contó que estaba
deprimido. Eso no es nada fuera de lo común, por supuesto. La gente arrebatada
como Norton frecuentemente caen víctimas del estrés (Según la opinión de
Pemberton, no la mía). Al parecer su hipótesis era incorrecta. El tejido de la
ballena mostraba signos de envejecimiento normal y nada más. En su último memorándum,
GlixoCorp estaban a lo sumo, ligeramente interesados. Nunca recibimos nuevos
memorándums.
Frente a una taza de café, Lise me confesó que estaba
contando los días hasta la llegada del invierno, cuando podríamos empacar
nuestro equipo y dejar el lugar. En su opinión la vieja diapositiva sólo
mostraba una excepción a la regla o quizá una ballena con una cola muy parecida
a la otra, tal vez por estar emparentadas. Le comenté de mi viaje a Quebec en
donde vi desaparecer a la ballena mientras buceaba. Ella parecía no entender a
dónde quería llegar. Estoy empezando a dudar si el incidente ocurrió realmente
o lo imaginé.
28 de septiembre.
Ayer fue el último día de trabajo. Todos nos dirigimos a
Quebec para celebrarlo, inclusive Norton se nos unió. Nos pasábamos latas de
cerveza fría sentados en la parte trasera del jeep. Cantamos. Hasta Norton
empezó a animarse. El cielo estaba estrellado y soplaba un viento frío. Acepté
ser el conductor designado pues quería bucear una vez más. En esta ocasión
quería hacerlo solo. Únicamente llevé a Pemberton conmigo para conducir el
bote. La chica que rentaba los equipos no parecía muy contenta con mi plan pero
se calmó al escuchar que éramos biólogos marinos. Tal vez fue la barba hirsuta
de Pemberton que le inspiró confianza, uno nunca sabe con esas cosas.
Era ya entrada la noche y el tráfico en el puerto había
cesado. Pemberton dirigía el bote de goma. Contra todos sus principios, estaba
fumando. Al terminar, lanzó la colilla al mar mientras tomaba un trago de una
lata de cerveza. No me preguntó nada. Nos detuvimos en la bahía y Pemberton me
ayudó a ponerme el equipo de buceo. Pensaba en Anna y Mary, las extrañaba tanto
que sentía una opresión en la garganta. Me hundí en el agua.
La presión del agua me rodeaba y la oscuridad me hizo
perder noción de tiempo y espacio. Quizá las criaturas que viven en este
distinto elemento también sienten la presión del tiempo de manera diferente.
Tal vez el tiempo las trata diferente: arqueándose y moldeándose alrededor de
ellas en vez de consumiendo y quebrando como lo hace para el resto de nosotros.
Las grandes ballenas viven en los surcos del tiempo, a donde nosotros no
podemos entrar, pero en ocasiones como éstas, podemos tener una idea de lo que
se debe sentir. Quizá el padre de mi abuela siguió a una ballena mientras
buceaba y se perdió en otro lugar, en otro tiempo.
En plena profundidad mi pié golpeó algo duro. Por un
momento me quedé sorprendido, sin saber qué hacer. El agua helada me impedía sentir
muy fuerte el dolor en el pié. ¿Había golpeado la boya de una red de
pesca? Alargué mi brazo en la oscuridad
hasta llegar al objeto que se hundía hacia el fondo del océano. A través del
guante pude sentir que se trataba de una pieza metálica de forma cilíndrica.
¿Quizá era la visera de una escafandra? Traté de cogerla pero se resbaló de mis
manos y se hundió en la oscuridad. Nadé hacia ella pero ya no pude encontrarla.
Mi tiempo se terminaba. Salí a la superficie. Pemberton me levantó y me quedé
jadeando en un rincón del bote. El agua que nos rodeaba estaba tan oscura que
parecía capaz de absorber la luz de las mismas estrellas.
30 de septiembre
Mary y Anna ya habían llegado a casa de la abuela cuando
las llamé desde el aeropuerto. Conducía lentamente por las pequeñas calles. Ya
no tenía prisa alguna. La expedición llegó a su fin. Luego de bucear me sentí
sorpresivamente tranquilo y sereno. Mary y Anna me dieron la bienvenida
mientras entraba al patio. Caminamos por el jardín. Sentí como si el tiempo se
hubiese detenido al ver unas oscuras nubes de lluvia. Puse a la bebé sobre el
césped. Sentada con su mono parecía un poco inestable, como si una corriente de
aire la fuera hacer caer fácilmente.
Mary empezó a hablar de mudarnos al sur. A ella le
gustaría tener un trabajo de investigadora en alguna universidad sureña. Se
apretó contra mi hombro y me recordó mi promesa. La besé y le dije que la
seguiría a donde ella fuera. El viento se levantó. Una rama de árbol que se
encontraba cerca me arañó en la mejilla. Anna gritó ‘papá’. La levanté. Con mi
otra mano tome una manzana del árbol. Mis dientes se clavaron en su firme carne
al morderla.
Traducido del finés por Tanya Tynjälä
Saara Henriksson vive en Tampere. Ha
publicado dos novelas, Moby doll en 2011 y Linnunpaino en 2012.
También publicó un libro sobre limpieza doméstica ecológica con Aino-Maija Leinonen
en 2014, una guía de escritores finlandeses de ciencia ficción y fantasía
llamada Kummallisen kirjoittajat con Anne Leinonen e Irna Hirsjärvi ese
mismo año, además de una antología de cuentos de ciencia ficción de temática
ecologista con Erkka Leppänen llamada Huomenna tuulet voimistuvat en
2013 y Surupukki, una colección de cuentos suecos del mismo género
traducidos por Christine Thorel.

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