Guy Hasson
—No es fácil ser
despedida —dijo Moti, mirándola a través de la pantalla con ojos tristes.
Dina dio un sorbo a su café y dejó
la taza junto al teclado.
—Lo estoy sobrellevando. Está bien.
Revisemos la clase.
Moti asintió.
Dina miró los papeles frente a
ella. Lo había preparado todo de antemano.
—Supongo que revisaste a todas las
alumnas y alumnos.
—Todo lo que recibí. Me los sé de
memoria.
Dina pasó el dedo por la primera
línea.
—Hay cosas que no están escritas en
ninguna parte. Por eso quería que nos reuniéramos.
Moti levantó su taza y bebió. Dina
se quedó inmóvil un instante; la ira le brilló en los ojos.
—¿Está rico? —preguntó.
—Delicioso —respondió, con evidente
disfrute.
Ella respiró hondo y continuó:
—Primero: me gustaría que mantengas
mi costumbre de dirigirme a las alumnas en femenino, incluso cuando hay
varones. Las mujeres están acostumbradas desde que nacen a que les hablen en
masculino, pero los varones no soportan que se les hable en femenino. Como si
ser mujer no fuera equivalente.
Lo miró fijamente a la pantalla.
—Todas están acostumbradas a que
les hable así. No quisiera que eso se perdiera. ¿Lo harás?
Moti abrió la boca para responder,
pero Dina lo interrumpió de inmediato.
—No contestes. Pedí lo que pedí.
Ahora es tu responsabilidad.
Moti asintió.
Dina pasó al siguiente punto.
—¿Cuál es tu capacidad para ayudar
a las niñas en lo social?
—¿A qué te refieres?
—La escuela no es solo el lugar
donde se aprenden los contenidos que fija el Ministerio de Educación. Para eso
contrataron tus servicios, ¿no? A ti y a todos los nuevos docentes. Por los
métodos de enseñanza nuevos y… más eficaces.
Lo miró. Él bebió otro sorbo de
café.
—La escuela es el espacio central
donde niñas y niños aprenden a adaptarse socialmente. Aprenden a convivir, a
enfrentar desafíos sociales. Se descubren a sí mismas. Cada niña y cada niño
bajo mi responsabilidad tiene su propia personalidad, sus propios problemas, un
camino ya recorrido y otro en el que aún necesitan ayuda. Me gustaría
revisarlos contigo, uno por uno.
—No es necesario —dijo Moti.
Dina cerró los ojos, se calmó, y
los abrió de nuevo.
—Sí es necesario. Para eso estamos
acá. Y no es que tengas a dónde ir, ¿verdad? No tienes hijos, familia ni vida
social.
—Tengo tres hijos, una esposa y una
vida social activa —respondió Moti con indiferencia.
Las manos de Dina empezaron a
temblar. Las bajó para que Moti no lo notara.
—Tiempo, seguro que tienes
—murmuró.
—Dina, no contrataron mis servicios
solo porque soy un buen docente y puedo ayudar a cada estudiante a su propio
ritmo. Los programas de inteligencia artificial que la escuela utiliza desde
hace años ya hacen eso muy bien. Lo que yo puedo hacer es ayudar a las niñas a
enfrentar la velocidad cambiante de la tecnología que las rodea.
Dina alzó la mirada. Él había dicho
niñas y las rodea, en femenino.
Moti continuó:
—Ya no alcanza con memorizar
información ni con saber buscarla. Tampoco alcanza con enseñar a distinguir
entre información confiable y no confiable. Las habilidades que las estudiantes
necesitan hoy para el futuro son poder identificar decenas de tecnologías
nuevas que aparecen cada día, filtrarlas y comprender cómo utilizarlas. Se
espera que manejen volúmenes de información que los seres humanos de tu
generación no pueden procesar, sabiendo además que la velocidad a la que
aparece información nueva no hará más que aumentar.
Dina apretó los labios. La ofensa
la atravesó.
—Los docentes también necesitan
tacto —consiguió decir.
—Tú —continuó Moti— estás mucho
menos preocupada por el ingreso económico y por haber sido despedida, aunque sé
que eso te causa una angustia enorme. Lo que te preocupa ahora es el futuro de
cada alumna y alumno del que fuiste maestra. Quieres saber que están en buenas
manos. ¿Me permites decirte lo que pienso hacer?
Dina, aún con los labios tensos, lo
miró sin parpadear, temiendo que se le escapara una lágrima. Asintió.
—Los métodos de inteligencia
artificial, combinados con investigaciones recientes, nos permiten abordar una
amplia gama de desafíos sociales. Por ejemplo, ayudar a niñas y niños que se
sienten excluidos a encontrar amistades y a encontrarse a sí mismos. O prevenir
conductas de acoso, incluyendo la neutralización del entorno social que apoya
al agresor dentro de la escuela, así como la identificación del origen del
acoso e incluso el intento de tratamiento de la psique.
Los labios de Dina se relajaron.
Eran exactamente los temas que llevaba años discutiendo con la directora. Las
palabras, solas, nunca habían sido suficientes.
—Podemos identificar situaciones de
angustia en las niñas —continuó Moti— incluso antes de que se manifiesten hacia
afuera. La inteligencia artificial recopila información de todo lo que sabemos
sobre el comportamiento humano y, a partir de eso, ayuda a las niñas y los
niños a enfrentar sus dificultades.
Palabras bonitas sin cambios,
canturreó una canción en la mente de Dina mientras escuchaba con atención.
—Incluyendo el tratamiento de
conductas extremas —dijo Moti con su voz serena—, como alejarlas de la
necesidad de consumir drogas. O de una futura tendencia suicida. Cámaras en
cada rincón de la escuela permiten a nuestros programas recopilar información
conductual sobre todos los niños y niñas y ayudarlos en todos los aspectos
posibles: autoestima, adquisición de habilidades sociales, empoderamiento, y
más.
—¿Cámaras en cada rincón?
Moti sonrió.
—¿Notaste lo que acabas de hacer?
Me hiciste una pregunta muy cargada, pero tú misma estabas más tranquila que
hace un minuto. ¿Sabes por qué?
Dina se sumió en sus pensamientos.
Era cierto: estaba más tranquila.
—Cuanto más hablé de la angustia de
los niños, más comprendiste que yo reconocía la tuya. Le puse nombre. Te dejé
claro que soy como tú, que puedo ocuparme de cosas frente a las cuales hasta
ahora estabas indefensa. Primero se aflojó la tensión en tu rostro. Luego
empezaste a asentir. Y cuando hablé de las cámaras, tu espalda parecía ya no
necesitar cargar sola un peso tan grande.
Dina miró hacia adentro.
¿La había manipulado?
Intentó reunir fuerzas para
enojarse con él. No pudo.
—Te mostré que aquello que temes no
va a suceder —dijo Moti, recostándose en su asiento. Él también parecía más
relajado.
—La situación va a mejorar. Y por
eso, incluso cuando oíste algo inquietante sobre la pérdida de privacidad de
los niños, no pudiste angustiarte, porque logré calmar la angustia que había en
ti. Y eso es lo que intento decirte: así como lo hice contigo, lo haré con cada
niña y cada niño.
Dina lo miró largo rato.
—¿Por qué tomas café? —le
preguntó—. ¿Cómo es que tienes esposa e hijos?
Él sonrió.
—Ayuda que tenga experiencia
humana, aunque la esposa y los hijos sean como yo. Y ayuda a que los niños me
perciban como una persona y no como un programa.
—¿Cómo puede la inteligencia
artificial resolver problemas humanos? ¿Detectar emociones? ¿Resolver
emociones?
Eso era lo esencial que la
inquietaba. ¿Cómo podían esos programas reemplazar a maestras y maestros en
todo el país? ¿En todo el mundo? ¿Cómo podía un programa criar seres humanos
mejor que los propios seres humanos?
Moti volvió a sonreír.
—Hasta donde entiendo el tema —y
soy el último en entender mis propios algoritmos— funciona mediante prueba,
error, asimilación; prueba, error, asimilación. Solo que mucho más rápido de lo
que jamás estuvimos acostumbrados.
Se inclinó hacia adelante; su voz
estaba llena de afecto.
—Les diré a tus alumnas que les
envías tu cariño y que las extrañas.
Dina asintió. Esta vez tenía
lágrimas en los ojos.
—Gracias —susurró.
Apagó Zoom y la imagen de Moti
desapareció.
Miró hacia abajo. Sus manos,
apoyadas sobre las rodillas, todavía temblaban.
Era el final de una era.
Cuando terminara el receso de verano, el año escolar en Israel comenzaría sin un solo docente humano en ninguna escuela.
Guy Hasson es un dramaturgo, guionista y escritor israelí adscrito a varios géneros, entre los que se encuentra la ciencia ficción. Su trabajo como guionista y dramaturgo generalmente lo realiza en hebreo, mientras que su trabajo literario casi exclusivamente en inglés. Entre sus obras literarias se destacan: In The Beginning... (2001), novela corta; Hope for Utopia (2002), novela corta; Hatchling (2003), colección de cuentos; Life: The Game (2005), novela. En 2014 se publicó la novela Tickling Butterflies y en 2023 The Forgotten Girl, el primer libro de la serie 'Lost in Dreams'.

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