Michael Haulică
MARTES. Me infiltré
entre ellos conforme al procedimiento. Creo que no han notado nada. Todo fluye
de manera natural, en una normalidad exasperante. Por ahora intento exponerme
lo menos posible. La metamorfosis es perfecta, pero necesito tiempo para acostumbrarme
a la nueva apariencia. Y la asimilación de su código de comunicación aún me da
trabajo...
LUNES. He comenzado a colocar los
lápices labiales. Se venden bien... Como cualquier mercancía del exterior.
Por la tarde, la primera
conversación. ¡Emoción!
Ellos se sentían bien, yo me sentía
excelente. Ellos tenían una sed terrible, yo tenía una sed excelente. Ellos
querían mucho ir al cine, yo quería excelente. Ellos preveían que mañana
llovería torrencialmente, yo los tranquilicé diciéndoles que llovería solo de
manera excelente.
MIÉRCOLES. Por la mañana me
encontré con uno de ellos.
—¿Cómo estás? —le pregunté.
—Bien —respondió. Le ofrecí un
lápiz labial. Y lo pasó por sus labios. Repetí la pregunta—: ¿Cómo estás?
—Excelente —fue la respuesta.
¡Excelente! Así debe ser...
Más tarde jugamos una partida de
bolos. Él lanzó la primera bola.
—Buena —dije.
—¡Excelente! —replicó él.
Lancé yo también una bola.
—¡Excelente! —exclamó.
—Excelente —confirmé.
Luego él llamó a una nueva bola. Yo
también lancé un llamado.
—Tú lleva la puntuación —me dijo.
—No, lánzala tú —lo contradije.
—Vamos, mejor hagamos un ajedrez
—se retractó.
—Vamos a lanzar un ajedrez —lo
aprobé.
VIERNES. Estábamos sentados a la
mesa en la terraza de la cervecería. Uno de ellos se acercó y me saludó con la
punta de sus labios coloreados.
—¡Lanzamiento excelente!
Le hice una seña para que se
sentara.
—¿Cómo estás? —le pregunté.
—¡Excelente! Lanzo cervezas —me
respondió.
—Vamos a lanzar otras dos cervezas
excelentes —lo animé.
Se volvió hacia el camarero y dio
la orden:
—¡Excelentes! ¡Dos lanzadas para el
muchacho!
Y la respuesta llegó, habitual.
—¡Lanzaaa...!
Mientras estuvimos allí, le hablé
de la mayonesa. Al despedirse me deseó una “excelente mayonesa de
lanzamientos”.
DOMINGO. El stock de lápices
labiales ha disminuido considerablemente. Desmantelé el puesto. Basta con
llevar algunos conmigo. Parece que han empezado a fabricarlos ellos mismos. De
qué, no lo sé. Vi a alguien, en el mercado, vendiendo. Gritaba con todas sus
fuerzas, conforme a su costumbre:
—¡Llévate el labial! ¡Llévate el
lipstick! ¡El labial del habla excelente! ¡Quien lo use puede comunicarse
lanzadamente con cualquiera! ¡Con todo el mundo! ¡Con todos los mundos!
El negocio marcha. Y muy bien. Se
nota por sus labios intensamente coloreados.
Por la noche, en la habitación, me
desmaquillo con cuidado, para que no se me enreden los pensamientos.
LUNES. Calles llenas de carteles
que representan a un hombre de labios coloreados ofreciendo un lápiz labial a
un ser imaginado, probablemente perteneciente a otra civilización. Se parece un
poco a los tharsianos...
Simposio científico. Sabios,
muchos.
Ellos hablaban del vuelo, yo les
hablé de hongos. Ellos de otras civilizaciones, yo de hongos. Ellos del
labial-contacto, yo de hongos. Ellos de... Yo de... Ellos... Yo...
Los dejé hablando de hongos.
MIÉRCOLES. Cuando salí de casa, la
portera, una mujer de mediana edad, excesivamente maquillada, me susurró
confidencialmente que “pescando la entronización del globo excelente pantano”.
Tenía toda la razón. Le regalé un lápiz labial y nos hicimos muy buenos amigos.
JUEVES. Hoy hablamos de la nieve.
SÁBADO. Polvo; discusiones
prolongadas.
DOMINGO. Descansé. Me lo merezco.
LUNES. Tío... Sobrino.
MARTES. Ciudad.
MIÉRCOLES. Oportunidad.
JUEVES. Maravilloso.
VIERNES. Vida.
SÁBADO. Parapsihobit.
LUNES. Lipstick.
MARTES. Lipstick.
MIÉRCOLES. Lipstick.
VIERNES. Fue inaugurado el primer
Instituto de Colorística. Ya se han recibido inscripciones para tesis
doctorales en cromática paralela, metacolorística integrada, psicofisiología
del color, protocolorística, mitocromatismo dialéctico e histórico.
Se trabaja intensamente en la
reestructuración de los manuales escolares.
LUNES. Un día entre militares.
Reglamentos, disciplina, orden, conformismo, civismo, heroísmo, deber,
honestidad, honor...
Cada soldado lleva en la mochila el
lápiz labial.
MARTES. Los jóvenes, los adultos
del mañana, eternos partidarios de lo nuevo, han adoptado el color como moda
permanente: se tiñen el cabello, los párpados, los labios y desfilan
pacíficamente, agitando lápices labiales, coreando:
—¡No queremos armas, queremos
lipstick!
MIÉRCOLES. Se han publicado las
fotografías de la nueva bandera de los Juegos Parapsiholímpicos: sobre un fondo
transparente e incoloro, el lápiz labial...
JUEVES. Han terminado de pintar los
edificios. Ahora todos son iguales.
VIERNES. Desde el amanecer, una
multitud inmensa se dirige hacia el nuevo monumento del planeta. Sobre lo que
podría llamarse techo, la estatua gigantesca del lápiz labial, envuelta en un
halo tembloroso, envía sus iridiscencias coloreándolo todo: los árboles, el
polvo, el aire... Una copia de menor tamaño es llevada en brazos por varios
oficiantes. Sus ayudantes arrojan lápices labiales a izquierda y derecha,
mientras la multitud entona las Odas al Labial.
Algunos necesitados, con los labios
descoloridos, se lanzan al polvo tras un fragmento de lápiz labial. Son
observados con simpatía y alentados. Los más afortunados, agradecidos, se
colorean de inmediato los labios, los párpados, las orejas.
¡Excelente! ¡Excelente!
SÁBADO. Campaña electoral.
Plataformas políticas, plataformas de perforación, plataformas... Planas,
planas, planas... Sin ninguna forma. Pero coloreadas. Mono.
Han pospuesto las elecciones.
DOMINGO. Encontré en el buzón la
siguiente carta:
“Te lanzo excelente. El invernadero
hongo frente a lo maravilloso. Que el polvo parapsihobitante lance la nieve.
¡Lipstick! ¡Lipstick! ¡Lipstick!”
Su lenguaje se ha perfeccionado
notablemente; casi ya no existe.
Todo ha funcionado como estaba
previsto.
Lipstick. ¡Qué maravillosamente
suena esta palabra!
La nave me espera...
Es de noche. Su sol se ha puesto
hace tiempo. En su lugar, en el cielo estrellado, la nave se perfila como un
lápiz labial que esparce color.
Me mostré en el óvalo de la
compuerta y sus gritos me llenaron de felicidad. La multitud empujó hacia
adelante a sus representantes y estos hablaron:
—¡Excelentes! ¡Lanza lo
maravilloso! ¡Parapsihobitiza nuestra vida! ¡Lipstick! ¡Lipstick! ¡Excelente!
Fue un momento excelente.
¡Excelente!
¡Por fin! Terminado. Misión
concluida. Ahora puedo retomar mi apariencia.
Entro en la nave. Es como si ya
hubiera llegado a casa. Acoplo el circuito MIM y la mima del Excelentísimo
aparece primero en el CUB, como imagen, y luego se materializa.
Tiene los labios coloreados.
Bastante intensamente, pero le queda bien. El color le favorece.
Me acerco a Él y toco su manto en
señal de Humildad y Sumisión. Él me toca estableciendo el contacto
privilegiado. Nos comunicamos. Siento su impaciencia. ¿Qué otra cosa podrían
ser estas vibraciones que, por sus resonancias, también me generan una inquietud?
Le informo en detalle el desarrollo
de mi misión. Parece desconcertado. Y su pensamiento, como una ola agresiva,
inunda mi cerebro: “Wshaakingkaa...”. Es mi turno de quedar desconcertado. Me
señala el lápiz labial. Me aplico otra capa de color en los labios y retomo mi
informe, concluyendo de forma apoteósica:
—¡El lipstick parapsihobitante
miraboliza!
—¡Excelente! —llega la valoración y
respiro aliviado. Está satisfecho. Otra ola, esta vez acariciante, me
atraviesa: “Gnrl”.
Agradezco, con modestia.
Antes de que la mima del
Excelentísimo se desmaterialice, recibo con gratitud la exhortación:
—¡Lanza! ¡Lanza! ¡Lanza!
El holograma desaparece a su vez y
mi benefactor se materializa en su nave.
Solo. De nuevo solo.
Me desmaquillo, como de costumbre.
Algunos lápices labiales yacen
arrojados en un rincón.
Un arma perfecta. Más que perfecta.
Los contactos, los ajustes, la
pantalla...
Constelaciones enteras, con sus
civilizaciones, me esperan.

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