sábado, 2 de mayo de 2026

BOCATO DI CARDINALE

 

Claudia Isabel Lonfat

 

Miro por TV un documental sobre criaturas marinas. Siempre les envidié que pudieran respirar con el agua entrándole por todos sus orificios. Yo me siento una criatura discapacitada; si me entran dos gotas de agua por la nariz, me ahogo, a tal punto que mis rinitis tienen el triste destino de curarse solas, o prolongarse de manera indefinida, al no poder introducir dos gotas en mis orificios nasales. Tampoco puedo conseguir abrir los ojos bajo el agua sin temor a quedarme ciego por el cloro, las algas, los bichos microscópicos o cualquier bacteria asesina durmiendo en las profundidades.

Un hombre investiga la vida anodina de los peces. No sé si es un biólogo o un aficionado. Observa esas diminutas formas y colores, sus peculiaridades, como danzan juntos y parecen un solo cuerpo creando una coreografía. Entre ellas asoma otra criatura, muy diferente al resto. Parece una deidad india por sus múltiples brazos; se encuentra cara a cara con un pulpo, un pulpo hembra, al que puede diferenciar por el tamaño de sus tentáculos.

Un mundo nuevo se abre ante sí, inesperado y procaz. El pulpo tiende sus trampas para cazar, se camufla con todo lo que su habitad le ofrece para sobrevivir en ese medio hermoso y hostil; conchas marinas, caparazones abandonados por sus viejos moradores, esqueletos y demás restos de otras formas de vida que puedan adherirse a sus tentáculos.
Hace una performance del camuflaje perfecto en forma de obra de arte; una verdadera maravilla que ningún artista podría imitar. Así se esconde de sus depredadores que a diario la merodean atraídos por su olor.

El hombre observa a cierta distancia, un día, una semana, un mes, hasta que se hace el milagro inesperado: ella conecta con él. Primero le arrima un tentáculo, estudia su morfología, su textura. Las sopapitas le succionan la piel como una caricia, así de leve.
Cada día repite la misma ceremonia. A veces ella lo ignora o él no la encuentra. Siente que lo está estudiando desde alguno de sus refugios. De pronto lo sorprende, arrebatándole el cuerpo en un extraño abrazo. Ahora es una diosa que le ofrece su confianza, entregándole todo: “Aquí estoy, este es mi cuerpo", le dice con su ritual.

Pero ese mundo que no es tan peligroso para él, sí puede serlo para ella. Tiembla cada vez que acecha el tiburón; que poco a poco va ganando terreno descifrando sus movimientos. Ella va mudando sus trincheras. Les muestra a las criaturas de su entorno, y al hombre, sus variadas estrategias para burlar al depredador, pero esta vez falla, se distrae jugando con los peces, danzando juntos la melodía del arrecife. Está lejos de su bunker entre las rocas.

El tiburón llega y comienza una carrera contra el tiempo. Cuando parece que la va a atrapar, algo mágico la salva; quizás el destino, los peces amigos, las rocas, los esqueletos o la arquitectura del fondo marino. Logra llegar al refugio; el tiburón también. Pero ella no consigue meter su cuerpo completo a tiempo y pierde uno de sus tentáculos. Por el momento el depredador se conforma, ante el estupor del hombre que ahora teme por su vida, aún así no deja de filmar hasta que le falta el aire y debe subir a la superficie. Siente que ella es su responsabilidad.

Dicen que cuando uno salva una vida, esa vida le pertenece para siempre. Comprueba que no es solo un cliché, y que para él comienza la vigilia. Sabe que ella puede sucumbir a una infección o que su vulnerabilidad la hará presa fácil. Por eso vuelve angustiado cada día, con el temor de no hallarla. Pero comprende que él no es una criatura marina, no puede cuidarla todo el tiempo. Solo le acerca el alimento que necesita y que ya no puede cazar, y espera confiado en que sabrá preservarse.

Piensa solo en ella. Le preocupa también su obsesión por verla; se duerme y se despierta con el mismo pensamiento. Comprende que todo es una locura. Es un molusco. Miles de personas los comen a diario sin culpa, simplemente los arrojan al agua hirviendo, y ya. Pero él sabe que no es un simple pulpo, que hay algo más en esa extraña forma de vida, más allá de sus tres corazones y nueve cerebros; uno en cada tentáculo. Lo puede sentir cuando sus ojos oscuros se clavan en los suyos. Sabe que jamás será el mismo, que algo en su interior cambió para siempre.

Los meses pasaron de sobresalto en sobresalto. El tentáculo que se llevó el tiburón creció de nuevo; como una flor arrancada, volvió a surgir con toda su belleza. Pero de pronto su actitud cambió, ella empezó a quedarse mucho tiempo en el bunker. Apenas salía para cazar, hasta que simplemente dejó de hacerlo. También rechazaba la comida que él le iba dejando. Se fue debilitando de a poco, pero igual se esforzó hasta desovar. Luego salió derrotada, moribunda, sin herramientas ni estrategias. Hasta los pequeños peces se llevaban pedazos de su cuerpo inerte.

De alguna manera ella le estaba diciendo “Hasta acá llegué”, entonces él comprendió que nada podía hacer contra su naturaleza. Tuvo el raro privilegio de ser testigo de su valentía y espectacular final. Ella ya lo había dado todo. Era un milagro, y ahora se entregaba a su destino, dejando que el tiburón la tomara entre sus fauces para ser finalmente su alimento.

No hay vidas insignificantes, hasta un cefalópodo lo entiende.


Claudia Isabel Lonfat es una narradora y poeta argentina, nacida en Caseros, provincia de Buenos Aires que actualmente reside en la localidad de Tortuguitas, de la misma provincia. Participó en antologías, tanto de narrativa como de poesía géneros, nacionales e internacionales, como Grageas 3, Cuentos de terror, Primera antología de escritores de Malvinas Argentinas, Sin fronteras y muchas otras. Es una de las fundadoras del grupo “EIMA” (escritores independientes de Malvinas Argentinas) que promovió la edición de una antología local. También colaboró como columnista en un diario digital, tocando temas sociales y políticos (México). Publicó Casi un libro de cuentos en coautoría con Luis Venosa y Los nombres que me nombran (cuentos, 2023). Además está terminando otro libro de relatos breves: La crueldad de las mariposas.

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