Marleen S. Barr
La Ley de
Especies en Peligro, que durante cuarenta y cinco años ha protegido a la fauna
vulnerable al tiempo que ha bloqueado la ganadería, la tala y la perforación
petrolera en hábitats protegidos, está siendo atacada por legisladores, la Casa
Blanca y la industria en una escala no vista en décadas. Las acciones
[diseñadas para debilitar la ley] incluyeron un proyecto de ley para eliminar
las protecciones del lobo gris en Wyoming y en la región occidental de los
Grandes Lagos; un plan para evitar que el urogallo, un ave del tamaño de una
gallina que habita millones de acres ricos en petróleo en el oeste, sea
incluido en la lista de especies en peligro durante la próxima década; y una
medida para retirar de la lista de especies en peligro al escarabajo enterrador
americano, un insecto con manchas anaranjadas que durante mucho tiempo ha sido
la pesadilla de las compañías petroleras que desean perforar en la tierra donde
vive”—Coral Davenport y Lisa Friedman, “Impulso para debilitar la ley que
protege a la fauna en riesgo”.
New York Times, 23 de julio de 2018.
Kyra, Myra y Shyra –estudiantes
de posgrado en biología del planeta Zoonotic que tenían como especialización
secundaria la política estadounidense– viajaban por la Autopista Intergaláctica
en busca de animales en peligro de extinción para preservarlos. Al entrar en la
Vía Láctea, sabiendo que los humanos estaban deteriorando su entorno, se
dirigieron directamente a la Tierra. Mientras flotaban sobre Washington D. C.,
Kyra se sintió desalentada.
—La fauna terrestre está amenazada
hasta un punto que supera nuestros superpoderes y capacidades zoonoticianas
para salvarla —dijo Kyra a sus compañeras.
—No es así —respondió Myra—.
Podemos unir nuestras grandes cabezas y elaborar un plan. Podemos utilizar una
conspiración estadounidense a nuestro favor. Pizzagate, por ejemplo.
—¿Pizzagate? —preguntó Shyra.
—Sí, Pizzagate —continuó Myra—. La
conspiración sostiene que Hillary Clinton envió correos electrónicos que
contenían mensajes codificados que conectaban a altos funcionarios del Partido
Demócrata y restaurantes estadounidenses con una supuesta red de tráfico humano
y explotación sexual infantil. Un restaurante de Washington D. C. llamado
“Comet Ping Pong Pizzeria” ocupa un lugar central en las acusaciones. Los
terrícolas estadounidenses no tienen idea de que “cometa” señala la
participación de la directora de mi tesis. Ella utilizó la telepatía para
instigar la conspiración para que pudiéramos usarla como cobertura para nuestra
agenda de bienestar animal. Obligó a los conservadores a difundir la teoría
conspirativa de Pizzagate en las redes sociales. Podemos usar Pizzagate para
manipular a los terrícolas conservadores estadounidenses, hacerlos rebotar como
en un juego de ping pong para que estén distraídos y no tengan idea de nuestro
objetivo. Para intensificar la situación, mi directora hizo que un hombre de
Carolina del Norte disparara dentro de la pizzería. Esta es nuestra oportunidad
de secuestrar a un legislador conservador, encerrarlo en el almacén de la
pizzería e inculcarle algo de conciencia ambiental.
—¿A qué conservador deberíamos
secuestrar? —preguntó Myra—. Encerrar a uno es válido. Sé que eso es lo que los
conservadores no dejan de decir que quieren hacer con Hillary. Pero hay tantos
conservadores que, francamente, no les importa en absoluto la fauna.
—Yo voto por Mitch McConnell
—sugirió Kyra—. Habitualmente realiza acciones conservadoras perversas. Además,
está relacionado con los animales porque el elenco de Saturday Night Live lo
representa como una tortuga. Permítanme ser específica. La Ley de Especies en
Peligro, que protege a la fauna vulnerable, está siendo atacada por
legisladores republicanos. Las acciones diseñadas para debilitar la ley
incluyen un proyecto para eliminar la protección del lobo gris, el urogallo y
el escarabajo enterrador americano. Podemos transformarnos en estas especies,
materializarnos en la pizzería y desafiar a McConnell. Los operadores
conservadores, que están ocupados acusando a Hillary de abuso infantil, no
notarán lo que estamos haciendo.
—De acuerdo —coincidieron Myra y
Shyra.
Las zoonoticianas transportaron a
McConnell al almacén de la pizzería, se materializaron allí y lo enfrentaron.
McConnell quedó desconcertado al
encontrarse encerrado en una pizzería acompañado por animales e insectos no
humanos que hablaban.
—Siéntese —dijo Kyra/loba.
—Trump se quejó conmigo de cuánto
odiaba a ese horrible Michael Wolff y su invectiva de fuego y furia. Ahora
tengo que lidiar con una loba parlante con enormes colmillos. Voy a llamar a mi
equipo de seguridad —gruñó McConnell.
—La resistencia es inútil. Si se
queja, parecerá desequilibrado —dijo Kyra/loba.
—Soy el líder de la mayoría del
Senado. ¿Eres el lobo feroz? ¿Estás relacionada con Wolf Blitzer? Eres noticias
falsas.
—Sí, soy el lobo feroz en relación
contigo. Prepárate para desempeñar el papel de mi oveja. Estoy aquí como acto
de venganza. Debido a que estás destruyendo la Ley de Especies en Peligro, mis
compañeras lobas grises están en peligro. Lo mismo ocurre con el escarabajo
enterrador americano y el urogallo. Tu desprecio por la conservación hará que
te veas inundado por lobos, urogallos y escarabajos sobrenaturales. Si no
proteges a las especies en peligro, te devoraré. Además, soplaré y resoplaré y
derribaré tu mayoría en el Senado. Siempre puedo traer de vuelta a tu abuela de
entre los muertos y comérmela también. ¿Cómo te sentirías usando una capa roja
y llevando una cesta?
—Déjenme salir de este almacén de
la pizzería inmediatamente —exigió McConnell.
—De ninguna manera —chirrió
Myra/escarabajo enterrador.
McConnell, agotado, se recostó
sobre una pila de cajas de pizza desechadas. Al cerrar los ojos mientras
Myra/escarabajo se replicaba, se dio cuenta de que las cajas apiladas
albergaban un enjambre de escarabajos enterradores americanos. Comenzó a
aplastarlos.
—Aplastarnos no te llevará a
ninguna parte —dijeron Myra/escarabajos—. Somos inmortales. No podemos ser
aplastados.
—Uso insecticida contra las
cucarachas de Kentucky. ¿Quieres decir que ni siquiera eso funcionará?
—En absoluto. Debido al daño que
estás causando a la fauna, nosotros, los escarabajos enterradores, te
someteremos a un tormento peor que el de las diez plagas de Egipto. Somos más
horribles que las plagas de piojos, moscas y langostas. Cuando nos arrastremos
sobre ti, rogarás que te cambien chinches por escarabajos. Lo peor de todo es
que eres la única persona que puede vernos y sentirnos.
Cuando McConnell buscó alivio
subiéndose a cajas llenas de salsa de tomate, apareció una bandada de urogallos
enfurecidos que volaron sobre su cabeza.
—Querías provocar nuestra extinción
—tuiteó Shyra/urogallo—. Aunque la venganza es dulce, no lo es nuestro método
de venganza. A la cuenta de tres, suelten —dijo a la bandada. Una gran masa de
excremento de ave cayó sobre la cabeza de McConnell.
Molesto por estar cubierto de
insectos y excrementos de aves, McConnell intentó limpiarse.
—¿Has tenido suficiente? ¿Estás
listo para dejar de promulgar legislación perjudicial para la fauna?
—preguntaron al unísono Kyra/loba, Myra/urogallo y Shyra/escarabajos
enterradores.
—No. Solo me interesa servir a los
intereses corporativos.
Las zoonoticianas volvieron a su
forma habitual de grandes cabezas y regresaron a Zoonotic para rendir sus
exámenes orales. No dejaron a McConnell en el almacén de la pizzería, y tampoco
le permitieron conservar su forma humana. Lo transportaron del restaurante de
Washington al metro de Nueva York.
El tiempo pasó. La atención al
Pizzagate dio paso al meme de la “rata de la pizza”. Ningún humano
estadounidense descubrió jamás que la rata que se hizo famosa por arrastrar una
porción de pizza por las escaleras de entrada del metro era el desaparecido Mitch
McConnell.
Las zoonoticianas publicaron su
investigación en una revista académica. Su teoría se convirtió en práctica
cuando aseguraron que los demócratas recuperaran la mayoría en el Senado. Los
demócratas no promulgaron ninguna legislación perjudicial para la fauna. Kyra,
Myra y Shyra comieron pizza para celebrarlo.

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