miércoles, 8 de abril de 2026

EL JEROGLÍFICO

Massimo Soumaré

 

El ideograma lo miraba fijamente. Por lo menos esa era la impresión que tenía Pietro.

—¿Pero estás seguro de que es realmente un jeroglífico egipcio?

La que preguntaba era una mujer de unos cincuenta años.

—Creo que sí, pero... bueno... ¡Boh! —respondió el marido.

—¡Nunca sabes nada! —resopló la mujer, irritada.

Pietro evitó responder. No quería discutir con su esposa.

Lo habían encontrado de repente en el salón. Un jeroglífico negro y voluminoso de más de un metro de altura.

—En mi opinión, es la imagen de un gran ojo cruzado con un halcón —había dicho un vecino que vino a verlo dos días atrás. Entre todos no habían sido capaces de moverlo. Pesaba mucho.

—¡Vamos a la cama, es tarde! —instó la mujer.

Estaba empezando a acostumbrarse a su presencia. Pietro asintió. Sin embargo, no pudo quitarse de encima la impresión de que el jeroglífico lo estaba espiando. Era como si su iris azul le siguiera continuamente. Quizás se estaba volviendo paranoico.

 

Era tarde en la noche. Pietro se dirigió a la cocina a por un vaso de agua. Para ello tuvo que pasar por delante de la sala de estar. Al encender la luz, esta vez lo notó claramente. El iris azul siguió todos sus movimientos.

—¡Oye, tú! ¡Te he visto! —le gritó.

El jeroglífico fingió no darse cuenta, pero finalmente cedió ante la intensa mirada del hombre.

—¡Muy bien, me has pillado! ¡Maldita sea! Todo es culpa del reductor de tamaño que se ha estropeado! Debería haber sido tan pequeño como todos mis compañeros... ¡Nunca habrían advertido a un alienígena como yo!

—U-n alienígena. ¿Una invasión extraterrestre? —exclamó Pietro con voz temblorosa.

—¿Invasión? ¡No! ¿De qué estás hablando, idiota! Si quisiéramos invadirlos, lo habríamos hecho hace tiempo. En la época de los sumerios o de los antiguos egipcios, habría sido un juego de niños conquistarlos. Todos los caracteres y grafías que existen en la Tierra son extraterrestres, ¡así que incluso ahora podríamos subyugarlos cuando se nos antoje hacerlo!

Pietro se quedó callado. Ya no podía pensar en nada. Solo que la afirmación de que el mundo estaba repleto de signos extraterrestres seguía resonando en su cerebro. 

—Vamos, que no se creen de verdad que hayan inventado la escritura. —El jeroglífico se rio después de decir eso—. Siempre hemos estado entre ustedes, silenciosos, esculpidos en piedra, escritos en papiro y pergamino, luego en papel y finalmente en archivos de texto...

—Pero ¿por qué?

—Simple. No te imaginas lo ridícula que es tu especie. Y esta es la mejor manera de observarlos de cerca. Creen que se están divirtiendo y aprendiendo mientras nos leen, pero en realidad ustedes son el entretenimiento. Bueno, por fin he arreglado el mecanismo, así que podré reducir mi tamaño al de una representación normal y meterme en un libro. De todas formas, estoy seguro de que no le contarás a nadie esa historia. ¿Quién te va a creer?

Pietro, después de ver como el alienígena se encogía y desvanecía, tuvo un pensamiento realmente terrible. Si todos los signos extraterrestres del mundo decidieran volver a su planeta de origen al mismo tiempo, ¡la escritura desaparecería de la Tierra!

Massimo Soumaré es traductor, escritor, ensayista, investigador independiente y curador de exposiciones de arte. Ha traducido numerosas obras de novelistas japoneses modernos y contemporáneos. Como autor, sus relatos cortos han sido publicados en varias antologías, y sus obras han sido traducidas en China, Japón, España, Escocia y Estados Unidos. En 2022, se publicaron sus dos novelas, Ordelaffi (Watson Edizioni), una obra de realismo mágico, e Il filo sottile del mare (Unicopli), esta última centrada en la figura del pintor japonés Otama Kiyohara Ragusa (1861-1939). Su ensayo Japanese Fantastic Literature - Ancient, Modern, and Contemporary (Lindau Editions) se publicó en 2023, y su antología de relatos cortos, Come luciole nelle sere d’estate (Tabula Fati), se publicó en 2025.

 

 

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