Massimo Soumaré
El ideograma lo miraba fijamente. Por lo menos esa era la
impresión que tenía Pietro.
—¿Pero estás seguro de que es realmente un jeroglífico
egipcio?
La que preguntaba era una mujer de unos cincuenta años.
—Creo que sí, pero... bueno... ¡Boh! —respondió el marido.
—¡Nunca sabes nada! —resopló la mujer, irritada.
Pietro evitó responder. No quería discutir con su esposa.
Lo habían encontrado de repente en el salón. Un jeroglífico
negro y voluminoso de más de un metro de altura.
—En mi opinión, es la imagen de un gran ojo cruzado con un
halcón —había dicho un vecino que vino a verlo dos días atrás. Entre todos no
habían sido capaces de moverlo. Pesaba mucho.
—¡Vamos a la cama, es tarde! —instó la mujer.
Estaba empezando a acostumbrarse a su presencia. Pietro
asintió. Sin embargo, no pudo quitarse de encima la impresión de que el
jeroglífico lo estaba espiando. Era como si su iris azul le siguiera
continuamente. Quizás se estaba volviendo paranoico.
Era tarde en la noche. Pietro se
dirigió a la cocina a por un vaso de agua. Para ello tuvo que pasar por delante
de la sala de estar. Al encender la luz, esta vez lo notó claramente. El iris
azul siguió todos sus movimientos.
—¡Oye, tú! ¡Te he visto! —le gritó.
El jeroglífico fingió no darse cuenta, pero finalmente cedió
ante la intensa mirada del hombre.
—¡Muy bien, me has pillado! ¡Maldita sea! Todo es culpa del
reductor de tamaño que se ha estropeado! Debería haber sido tan pequeño como
todos mis compañeros... ¡Nunca habrían advertido a un alienígena como yo!
—U-n alienígena. ¿Una invasión extraterrestre? —exclamó
Pietro con voz temblorosa.
—¿Invasión? ¡No! ¿De qué estás hablando, idiota! Si
quisiéramos invadirlos, lo habríamos hecho hace tiempo. En la época de los
sumerios o de los antiguos egipcios, habría sido un juego de niños
conquistarlos. Todos los caracteres y grafías que existen en la Tierra son
extraterrestres, ¡así que incluso ahora podríamos subyugarlos cuando se nos
antoje hacerlo!
Pietro se quedó callado. Ya no podía pensar en nada. Solo
que la afirmación de que el mundo estaba repleto de signos extraterrestres
seguía resonando en su cerebro.
—Vamos, que no se creen de verdad que hayan inventado la
escritura. —El jeroglífico se rio después de decir eso—. Siempre hemos estado
entre ustedes, silenciosos, esculpidos en piedra, escritos en papiro y
pergamino, luego en papel y finalmente en archivos de texto...
—Pero ¿por qué?
—Simple. No te imaginas lo ridícula que es tu especie. Y
esta es la mejor manera de observarlos de cerca. Creen que se están divirtiendo
y aprendiendo mientras nos leen, pero en realidad ustedes son el
entretenimiento. Bueno, por fin he arreglado el mecanismo, así que podré
reducir mi tamaño al de una representación normal y meterme en un libro. De
todas formas, estoy seguro de que no le contarás a nadie esa historia. ¿Quién
te va a creer?
Pietro, después de ver como el alienígena se encogía y
desvanecía, tuvo un pensamiento realmente terrible. Si todos los signos extraterrestres
del mundo decidieran volver a su planeta de origen al mismo tiempo, ¡la
escritura desaparecería de la Tierra!
Massimo Soumaré es traductor, escritor, ensayista, investigador independiente y curador de exposiciones de arte. Ha traducido numerosas obras de novelistas japoneses modernos y contemporáneos. Como autor, sus relatos cortos han sido publicados en varias antologías, y sus obras han sido traducidas en China, Japón, España, Escocia y Estados Unidos. En 2022, se publicaron sus dos novelas, Ordelaffi (Watson Edizioni), una obra de realismo mágico, e Il filo sottile del mare (Unicopli), esta última centrada en la figura del pintor japonés Otama Kiyohara Ragusa (1861-1939). Su ensayo Japanese Fantastic Literature - Ancient, Modern, and Contemporary (Lindau Editions) se publicó en 2023, y su antología de relatos cortos, Come luciole nelle sere d’estate (Tabula Fati), se publicó en 2025.

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