jueves, 26 de febrero de 2026

ROJO

Claude Bolduc

 

Los dos señores lograron dirigor nuestra balsa hasta la pequeña isla. Mamá tenía mucho dolor. Mamá murió. Los dos señores están tristes. ¿Quién va a cuidar de mí? Nunca debo salir de noche, decía mamá. Pero aquí estoy afuera. Y tengo miedo. Es demasiado grande a mi alrededor. Mamá está acostada allá, sobre las piedras, porque los señores no pudieron enterrarla allí dentro. Le pusieron un abrigo encima. Y piedras. Los señores hicieron un fuego y nos acostamos.

 

Esta noche un animal aulló mientras yo dormía. Yo no lo escuché; fue Gary, el señor más alto, quien me lo dijo. Su rostro estaba todo mojado cuando hablaba y sus ojos estaban muy, muy abiertos. Le dijo al otro que la isla era demasiado pequeña para un animal y que había salido del agua o que era un pájaro.

 

Luc es el mayor de los dos señores. Me enseñó a recoger frutas en la isla. Las frutas son buenas, dijo. A mí no me gustan las frutas. Mamá decía que la carne es mejor.

 

Todavía estaba oscuro cuando me desperté. La noche es grande. Mucho más de lo que pensaba. También huele bien. Y la música, montones y montones de pequeños ruidos juntos. Estaba contento. Es la primera vez que estaba contento desde que mamá murió. Me volví a dormir.

 

Los dos hombres hablaban entre sí cuando me desperté. Hablaban rápido. ¿Animal o gaviota o qué? ¿Cuándo se come el cadáver? ¿Cuándo vienen los rescatadores? Luego dejaron de hablar cuando me moví. No querían que fuera a ver a mamá esta mañana. Recogimos frutas. ¡Puaj!

 

Está oscuro. Mis dedos tocan mi boca. Sí, sonrío mucho, muestro mis dientes, pero no, está oscuro, nadie los ve. Siento a mamá allá sobre las rocas, no voy a verla, ella no quería que saliera de noche; hay que dormir.

 

Le dije al señor Gary que las frutas no son buenas. Mamá me lo dijo. Él me dijo que cuando no hay pan, se come torta y que el rescate ya viene. Luego mordió una fruta roja. Lo rojo es bueno. Probé. No, no era bueno.

 

Soñé que saltaba sobre las rocas, que daba la vuelta a la isla, que levantaba una manta y luego nada más; me desperté, era de noche pero no estaba tan oscuro, había una luna como en la televisión. Estaba tan contento que ya no tenía hambre, me volví a dormir.

 

Los dos señores hablaban muy, muy fuerte cuando me desperté. Me dijeron que estaban jugando, pero vi bien que estaban enojados. El señor Gary me miraba con sus ojos muy abiertos y el señor Luc lo sostenía por los hombros. Fui a las rocas a ver a mamá. Había adelgazado mucho. El abrigo sobre ella hacía un hueco y estaba mojado. Quise acariciarla, pero el señor Luc llegó y no quería que tocara eso. Me dijo que fuera a recoger frutas. Fui, pero no tenía hambre.

La luna es grande. Podría tocarla. No, no puedo. Pero su luz es cálida. Hace cosquillas. Es agradable.

Estoy contento, muestro mis dientes, me enderezo y miro. Huelo. Las rocas allá, el olor es fuerte. Del otro lado el fuego, pero todavía más olor. Mucho más. Caliente. Me acerco, huelo, escucho bum-bum, bum-bum, bum-bum. Emocionado, la luna, tengo hambre, el olor.

Comida.

Muerdo, eso se mueve, grita, me golpea, arranco.

 

Esta mañana el señor Gary no está aquí en el campamento. El señor Luc está sentado en el suelo, la espalda contra una roca. No se mueve. Tiene los ojos muy, muy abiertos y mira la sangre por todas partes en el suelo. ¿Quién sangra? Sabe extraño en mi boca. Pregunté dónde estaba el señor Gary y se rio durante mucho tiempo con sus ojos muy abiertos. No quería que me acercara. Pensé que quería verme recoger frutas en el pequeño bosque. Fui, pero nunca comeré una fruta de esas.

Tengo tiempo de volver antes de que anochezca. Dos veces, a escondidas, fui a ver al señor Luc. No se había movido y todavía tenía sus ojos muy abiertos. Voy a acostarme sin mirarlo. No me gustan sus ojos. Tengo muchas ganas de ver a los que vendrán a  rescatarnos.

 

No había nadie cuando el sol me despertó. Sangre por todas partes. Incluso en mis manos. El sabor está en mi boca.

Estoy completamente solo.

¿Quién se va a ocupar de mí?

 

El sol se va. Está todo rojo. Hermoso.

Veo un barco allá, muy muy lejos.

Voy a esperarlo sobre las rocas, con mamá.

Salvado.

Estaba empezando a tener hambre.

Nacido en la ciudad de Quebec, Canada, Claude Bolduc se ha dedicado principalmente al relato fantástico durante más de treinta años. Del centenar de relatos que ha publicado en el mundo francófono, ha recopilado tres colecciones que le han valido varios premios literarios. Como invitado, ha participado en varios eventos literarios en Europa, como la retrospectiva de fantasía "Voyage aux portes de l'étrange" (Bélgica, 1999), la Convención Francesa de Ciencia Ficción (Bélgica, 2002) y, por invitación del Servicio del Libro de Luxemburgo, la Feria del Libro de Bruselas en 2007. También publicó la novela corta « L'Ensemenceur » en 2023.

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