miércoles, 22 de abril de 2026

HORMIGAS

Cecilia Eudave

 

para Margarita Baez

 

Simón ve a todos pequeños porque él nació excesivamente grande. Así, con ese odio a lo minúsculo, se encargaba de exterminar aquello que no era digno de su tamaño. Y con esa insana manifestación de ser magno, desarrolló un profundo desprecio, sádico y cruel, hacia las hormigas, a tal grado que olvidó sus odios nocturnos sobre otros seres o cosas y se concentró sólo sobre estos insectos. Todos los días las esperaba sentado cerca del refrigerador, regaba un poco de azúcar aquí y allá. Luego, con paciencia, armado de un insecticida en aerosol, las esperaba. Cuando las ingenuas aparecían, atraídas por la comida, él les rociaba el veneno hasta empaparlas y las veía morir lentamente mientras bebía su cerveza. Si le apetecía un cigarro lo prendía con saña, por el gusto infinito de tirar el cerillo y mirar cómo se encendían por los efectos del insecticida. A veces las ahogaba con una manguerita que mandó hacer exprofeso para cazarlas. En otras ocasiones las aplastaba con un matamoscas de tela de alambre muy fina, que a su madre pidió confeccionar. Era un disfrute enorme verlas ahí cuadriculadas sobre el suelo. Si no tenía ganas de ponerse sofisticado, sólo vertía veneno cruz negra por la casa. Y ya de noche cuando llegaba de alguna reunión de viejos marinos, sus ojos se deleitaban con los cadáveres rojizos, negros y hasta verdes de las invasoras.  

Ellas lo odiaban. Tanto lo aborrecían que debían planear una venganza. No podían dejar tanta atrocidad sin castigo: el rencor mueve hasta a las hormigas. Y decidieron atacar lo que él más amaba: su dragón. Simón adoraba ese tatuaje, ese dragón marino de color verde tifón que se tatúo en Manzanillo cuando trabajó en el puerto en sus años de juventud, cuando iba por el mundo sin anclar bien sus odios. Ese tatuaje le recordaba el mar, la aventura, los momentos más entrañables y felices, ese tatuaje era su pasado. Todos los días se miraba al espejo orgulloso de esa bestia que conocía todos sus secretos. Luego le aplicaba un poco de aceite o crema para protegerlo, para hacerlo brillar cuando la luz del sol le tocaba la espalda. Así se iba a la playa a recoger ostras y cangrejos para abastecer a la población donde él vivía, porque ahora era pescador. Así que si ellas querían venganza debían invadirlo por la espalda.

Esperaron con paciencia, guerreras y malditas –detrás de los botes de cerveza que él bebía a diario después de la pesca–, hasta que Simón cayó dormido por el alcohol. Subieron cautelosas por sus piernas y acordonaron al dragón, que las miraba colérico. La bestia alada quiso defenderse lanzándoles fuego rojo que el primer grupo comenzó a devorar con rapidez. Después batió sus alas intentando alejar al segundo bando, que atacaba los flancos y comía intrépidamente sus plumas pálidas. Otras tantas, con astucia, se enfrentaron a la cabeza –que él movía inútilmente–, para en avanzada ayudar al resto de ese ejército a hacer suyas las garras. Sin patas se desplomó el cuerpo, mientras la cola agitada no logró desprender los dientes filosos de las enemigas. Dos horas más tarde, sobre la espalda del asesino no quedó ninguna señal de aquel monstruo marino, y bajaron contentas, satisfechas. Simón se despertó adormecido y las vio amodorrado alejarse. Como entre sueños pudo distinguir cómo algunas cargaban a sus espaldas plumas color verde tifón o garras azules. Mientras otras llevaban a cuestas un ojo, un diente o un trozo de fuego. Pero a Simón esa visión le pareció imposible y, negándola con la cabeza, se volvió a dormir...

Cecilia Eudave nació en Guadalajara, México, en 1968. Es narradora, ensayista e investigadora. Su narrativa ha sido objeto de estudios sobre lo fantástico contemporáneo en Latinoamérica, la narrativa breve, la literatura fantástica y lo insólito. Es doctora en lenguas romances por la Universidad Paul Valéry de Montpellier y profesora-investigadora en la Universidad de Guadalajara desde 1991. Entre sus muchas obras publicadas pueden citarse las colecciones de cuentos Técnicamente humanos (1996), Invenciones enfermas (1996), Registro de imposibles (2000), Países inexistentes (2004), Sirenas de Mercurio (2007), Para viajeros improbables (2011), En primera persona (2014), Microcolapsos (2017, reeditada 2019), Con la boca en la mano (2019), Al final del miedo (Páginas de Espuma, 2021), y las novelas La criatura del espejo (2007), Bestiaria vida (2008), El enigma de la esfera (2008), Pesadillas al mediodía (2010), Aislados (2015) y El verano de la serpiente (2022).

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