Boris Glikman
Mis compañeros y yo
nos damos cuenta de pronto de que en realidad estamos en el mundo de los
muertos.
Caminamos hacia un mercado al aire
libre que tiene muchos puestos diferentes y vemos un titular de periódico sobre
un muchacho del Titanic que cuenta cómo fue hundirse. Ese mismo periódico
también publica cartas de animales atropellados que relatan sus experiencias en
los últimos momentos de vida y en los primeros instantes de la muerte.
Voy primero al puesto de CD. Vende
música que los músicos han compuesto después de morir. Me entusiasma
especialmente encontrar los nuevos álbumes póstumos de John Lennon y Jimi
Hendrix. También compro las sinfonías 11 y 12 de Beethoven, la Sinfonía n.º 200
de Haydn y la versión completa del Réquiem de Mozart. El pobre Mozart nunca
logró terminarlo en vida, pero, afortunadamente, en este mundo de los muertos
ha tenido tiempo de sobra para trabajar en él.
Por desgracia, la parte nueva que
ha creado en el Mundo Claro ya no posee la grandeza trágica ni el pathos de la
obra original. La música es ahora alegre y ligera, incluso con matices cómicos,
porque Mozart ha comprendido que los réquiems no deberían ser obras de duelo y
tristeza, sino de felicidad, celebrando la dichosa ocasión de haber alcanzado
por fin la existencia perfecta.
Junto al puesto de CD hay un puesto
de libros. Hojeo libros que cuentan las experiencias de las personas muertas:
cómo encontraron su final, qué sintieron al morir y cómo ha sido su existencia
desde entonces.
Quienes temían que la muerte
pusiera fin a sus odios y conflictos personales pueden tranquilizarse: en este
mundo podrán reanudar, con energías renovadas y con el beneficio de un tiempo
ilimitado, todas sus antiguas enemistades y disputas.
En efecto, muchas guerras que en el
mundo de los vivos se consideran terminadas con tratados de paz siguen
librándose aquí con toda su fuerza y con una ferocidad intacta, con soldados
caídos que recogen sus armas y retoman sus formaciones.
La Guerra de los Cien Años se ha
convertido ahora en la Guerra de los Seiscientos Años, y la Primera y la
Segunda Guerra Mundial se han fusionado en un solo conflicto, con el káiser
Guillermo II y Hitler asumiendo conjuntamente la dirección de las fuerzas
armadas alemanas y con los Aliados comandados por líderes de ambas guerras
mundiales. Japón se encuentra en un profundo dilema, sin saber qué bando
elegir, pues luchó con los Aliados en la Primera Guerra Mundial y con el Eje en
la Segunda.
Hay toda una sección paranormal
dedicada a temas esotéricos y místicos como las Experiencias Cercanas a la Vida
(ECV) y el contacto con el mundo de los vivos, que aquí recibe el nombre de «La
Impenetrabilidad», debido a su característica de estar compuesto de una
sustancia densa y a su naturaleza críptica.
Como las propiedades del mundo de
los muertos son exactamente opuestas a las de «La Impenetrabilidad», sus
habitantes lo llaman «El Mundo Claro» o «La Claridad», y se refieren a sí
mismos como los seres claros.
Tomo un libro que trata el fenómeno
de las ECV. Describe cómo, durante una experiencia cercana a la vida, se tiene
la sensación de desplazarse por un túnel, alejándose de una luz
deslumbrantemente brillante y cálida hacia la oscuridad, acompañado de intensos
sentimientos de agitación, ansiedad y confusión.
Por consiguiente, la gente del
Mundo Claro teme las ECV y hace todo lo posible por evitar exponerse a
circunstancias que puedan obligarlos a abandonar La Claridad y regresar al
mundo de La Impenetrabilidad.
De hecho, el temor a las ECV es tan
grande y omnipresente en el Mundo Claro que se considera un deber cívico
imperativo de todo ciudadano ayudar a aquellos seres que estén experimentando o
corran el peligro de experimentar una ECV. Todos los ciudadanos deben aprender
a reconocer sus síntomas y señales, así como los procedimientos de primeros
auxilios para impedir que un ser claro regrese a La Impenetrabilidad.
A veces, ciudadanos demasiado
entusiastas interpretan los síntomas de una ECV con excesiva literalidad y uno
puede ver a una persona –cuyas protestas son ignoradas– siendo arrastrada por
las piernas fuera de un túnel, por si acaso ese desdichado estuviera
experimentando una ECV.
Otro libro trata sobre la
estructura social y la vida cotidiana de los seres claros. Resulta que el
epitafio «R.I.P.» que los familiares afligidos colocan en las lápidas no podría
ser más desacertado e incongruente, pues la existencia de una persona en realidad
comienza cuando muere y se convierte en un ser claro.
No, en La Claridad no hay tiempo
para leer un libro, y mucho menos para descansar en paz; la vida en este mundo
es demasiado rica y vibrante.
Al poseer una existencia ilimitada,
los seres claros se sienten libres de muchas de las inseguridades y ansiedades
que agotan la vida y que nacen de la amenaza constante de la muerte, y que
atormentan a las personas de La Impenetrabilidad. El único temor que empaña la
alegre existencia de los seres claros es la posibilidad de volver al mundo de
los vivos. Por eso, en las guerras que aún se libran en La Claridad, el
objetivo es volver vivo al enemigo.
Así surge esta situación
paradójica: los seres impenetrables están atormentados por el hecho de que sus
vidas deben terminar en la muerte, mientras que los seres claros están
atormentados por la posibilidad de volver a la vida.
Como todas las comunidades humanas,
el Mundo Claro tiene su jerarquía. A menudo se ve a un ciudadano particular
rodeado de grupos histéricos –que pueden variar desde uno o dos individuos
hasta cientos o miles– que lo cubren de flores y le suplican que les asigne
alguna tarea para poder experimentar el éxtasis de cumplir los deseos de su
ídolo.
Una visión particularmente curiosa
es la de ciertos seres que no tienen ningún grupo devoto acompañándolos y, aun
así, se arrojan flores a sí mismos mientras caminan por la calle.
Me desconcierta cómo esos
ciudadanos alcanzaron tal fama, devoción y seguimiento fanático; por qué
siempre los sigue el mismo grupo invariable de devotos y por qué algunos grupos
son pequeños mientras otros cuentan con cientos y cientos de seguidores.
Al principio pensé que esos seres
habían hecho una contribución excepcional al bienestar y la felicidad de la
humanidad en La Impenetrabilidad, y que sus devotos eran todas las personas
cuyas vidas habían sido salvadas o mejoradas por su obra. Sin embargo, mi
razonamiento estaba completamente equivocado.
Dado que el factor más poderoso que
anima la existencia de los seres claros es su miedo y su odio hacia La
Impenetrabilidad, los ciudadanos que reciben esa celebración fanática son
aquellos que en La Impenetrabilidad eran llamados asesinos, y su grupo devoto
está formado por todas sus víctimas.
Los asesinos de jóvenes seres
impenetrables gozan de una estima especial por haber dado a un niño la
oportunidad de participar en la gloria de la existencia en el Mundo Claro.
Entre el asesino y cada una de sus
víctimas existe una relación única, íntima y profundamente amorosa. La víctima
queda eternamente en deuda y devoción con su asesino por haber tenido el valor
y la sabiduría de superar el ridículamente equivocado tabú contra el asesinato
que existe en La Impenetrabilidad y por haberle permitido escapar de las
tediosas garras del mundo de los vivos.
Como las víctimas de suicidio son
sus propios asesinos, se arrojan flores a sí mismas mientras caminan,
asegurándose de que los demás sepan que también poseyeron la valentía y la
inteligencia necesarias para escapar del mundo de los vivos.
Los jóvenes seres claros, en
particular, aman a sus asesinos con una intensidad que nunca existió ni
siquiera entre ellos y sus padres en el Mundo Impenetrable. A veces su devoción
incansable y sus interminables expresiones de gratitud llegan a agotar incluso
al más paciente de los asesinos.
También hay libros que especulan
sobre la posibilidad de que las personas existan en el mundo de la
Impenetrabilidad antes de convertirse en seres claros, un mundo radicalmente
diferente de La Claridad.
Según esos libros, en La
Impenetrabilidad todas las personas comienzan a existir con la misma edad y
forma: a la edad de cero años, como un ser diminuto e indefenso. Los habitantes
de La Impenetrabilidad, al parecer, están compuestos de una materia sólida y
toscamente formada que se deteriora con el tiempo. Sus cuerpos –afirma el libro–
son incapaces de realizar acciones tan simples como atravesar objetos físicos,
volverse invisibles a la vista o superar las tiranías de la gravedad y del
tiempo para moverse libremente en las cuatro dimensiones.
La supuesta existencia de La
Impenetrabilidad es un tema intensamente debatido en el Mundo Claro y ha
provocado una antigua y profunda división en su población, contribuyendo
directamente a grandes conflictos y catástrofes a lo largo de su historia.
Para Los Creyentes, la existencia
de la Impenetrabilidad es un pilar fundamental de su visión del mundo y de
enorme importancia para su bienestar espiritual y emocional. Los Creyentes
sostienen firmemente que los seres humanos atraviesan un período de crecimiento
y desarrollo en La Impenetrabilidad que los prepara para su verdadera
existencia en el Mundo Claro. Según sus textos sagrados, nuestros caracteres y
destinos en La Claridad están moldeados y determinados por nuestras
experiencias y nuestras vidas en La Impenetrabilidad.
Los Incrédulos rechazan cualquier
afirmación de que una persona haya existido antes de La Claridad. Sostienen que
está más allá del alcance del conocimiento y de la razón humanos comprender qué
ocurre antes de que una persona llegue a existir en el Mundo Claro, y que, por
lo tanto, todas esas discusiones no son más que palabras vacías. Según su
credo, los seres claros llegan a existir en el Mundo Claro ya poseyendo todos
sus atributos, habilidades e imperfecciones, y el destino de cada uno depende
únicamente de sí mismo.
Una forma favorita de pasar el
tiempo para los Incrédulos es burlarse sin piedad –hasta hacer llorar– de los
Creyentes por su fe ciega en algún mundo imaginario, preguntándoles que señalen
dónde creen que se encuentra.
En parte como respuesta a estos
ataques contra lo que consideran más sagrado, una proporción considerable de
los Creyentes ha formado un movimiento escindido llamado Los Creyentes
Creyentes.
Para este grupo cismático, el acto
de creer se ha vuelto más importante que aquello en lo que realmente creen, es
decir, la existencia de La Impenetrabilidad. En efecto, la fe se ha
desvinculado de aquello en lo que se basaba originalmente, y es este estado
mental puro de fe –en sí mismo– el que ahora se ha convertido en objeto de
veneración y en fuente de alimento espiritual y emocional.
De hecho, la gran mayoría de los
Creyentes Creyentes ya no recuerda en qué cree; solo sabe que su fe es lo que
los distingue de los Incrédulos y les proporciona la identidad y la seguridad
que tanto valoran.
Recientemente han aparecido signos
inequívocos de un aumento de la tensión y el antagonismo entre los Creyentes y
los Creyentes Creyentes. Estos últimos acusan a los primeros de socavar todo el
movimiento. Según los Creyentes Creyentes, al aferrarse obstinadamente a la
creencia en algún mundo hipotético de La Impenetrabilidad, los Creyentes
contaminan su fe sublimemente pura con un elemento imperfecto e incierto,
además de exponerse a los ataques de los Incrédulos.
Quienes han estudiado los
acontecimientos pasados de este mundo y ahora observan su situación presente
predicen que en eras futuras se producirán conflictos cataclísmicos como nunca
se han visto aquí.
Estos conflictos ya no serán entre
Incrédulos y Creyentes, sino entre Creyentes y Creyentes Creyentes, dada la
vehemencia con que estos últimos proclaman que su fe no debe contaminarse con
ningún elemento extraño y lo poco que saben sobre el origen mismo de esa fe.
Otro grupo escindido que ha ganado
amplio reconocimiento es el de los Creyentes en Volver a Ser Claros. Este
movimiento pone gran énfasis en la importancia de la Experiencia Cercana a la
Vida que mencioné antes. La creciente popularidad de este movimiento es una
clara señal de hasta qué punto el fenómeno de las ECV ha marcado la conciencia
colectiva de la población de este mundo.
Una característica clave del
movimiento es su rito de iniciación, centrado en la recreación de una ECV:
experimentar el terror que provoca y los sentimientos de alivio y éxtasis que
surgen al escapar de ella y volver a ser claro. De ahí el nombre del grupo,
que, en nuestra antigua terminología, sería conocido como el movimiento de los
muertos otra vez.
Para que la recreación sea lo más
parecida posible a una ECV real, se construyen túneles muy estrechos y sin
salida, con luces brillantes colocadas en sus entradas.
La parte de Entrada del rito se
realiza en silencio absoluto y consiste en arrastrarse por el túnel sin mirar
atrás. El director de la ceremonia decide cuándo se ha avanzado lo suficiente y
se ha demostrado el valor de enfrentar a La Impenetrabilidad.
En la parte de Salida, el director
ordena a un miembro que saque al que se arrastra tirándolo de las piernas,
mientras los participantes que rodean el túnel lanzan gritos de júbilo. El
nuevo miembro ha vuelto oficialmente a ser claro y puede llevar el título de
Creyente en Volver a Ser Claro.
Algunos miembros más temerarios
consideran que esta simulación no es más que una sombra de la experiencia real.
Presumen de su valentía exponiéndose deliberadamente a situaciones que saben
que los acercarán al borde de la vida.
Estos imprudentes seres claros
describen con orgullo sus hazañas: cómo sienten que sus cuerpos adquieren una
forma sólida y torpe, cómo perciben una fuerza obstinada que emana del suelo y
anula su capacidad de moverse libremente, y cómo experimentan una intensísima
sensación de fatalidad inminente.
Me canso de leer todo ese material
esotérico y continúo mi paseo por el mercado.
Hay puestos de flores que venden
flores marchitas, puestos de fruta que venden fruta seca y podrida, pero por lo
demás todo es exactamente igual que en el mundo de los vivos.
De pronto me golpea una idea
asombrosa. Veo con claridad una forma de resolver los interminables conflictos
entre las facciones y de volver a unir este mundo. Ahora se convierte en mi
deber y en mi misión difundir mi solución revolucionaria, capaz de cambiar el
mundo, entre toda la población de La Claridad.
Reúno a mi alrededor mi primer
grupo de discípulos y les transmito mi Evangelio de los Dos Mundos Son Uno:
—Dado que no hay diferencias entre
el mundo de los muertos y el mundo de los vivos, excepto en los nombres con que
los designamos, ¿cómo podemos demostrar que este no es en realidad el verdadero
mundo de los vivos? Y si ni siquiera podemos recordar ninguna diferencia entre
este mundo y el mundo real, ¿cómo podemos afirmar que el mundo real existió
alguna vez?
Utilizo un argumento matemático
para dar a mi solución una base científica sólida.
—Supongamos que existen dos mundos:
el mundo real y el mundo de los muertos. Designemos el mundo real con X y el
mundo de los muertos con −X. Pero, por otro lado, ambos mundos son idénticos y,
por lo tanto, debe cumplirse que X = −X. Al resolver esta ecuación obtenemos
que X = 0, y si X es cero, entonces también lo es −X.
Así obtenemos este resultado
absurdo: ninguno de los dos mundos existe. De ello se sigue que nuestras
suposiciones iniciales eran incorrectas y que solo puede existir un único mundo.
Podemos llamarlo el mundo de los
vivos o el mundo de los muertos. Es solo un nombre, y al final no hace ninguna
diferencia.
Boris Glikman es escritor, poeta y filósofo. Las mayores influencias en su escritura son los sueños, Kafka, Borges y Dalí. Sus historias, poemas y artículos de no ficción han sido editados en revistas electrónicas y publicaciones impresas. Boris ha aparecido varias veces en la radio, incluyendo la radio nacional australiana, interpretando sus poemas e historias y discutiendo el significado de su trabajo. Dice: "Escribir para mí es una actividad espiritual del más alto grado. La escritura me da el conducto a un mundo que es inalcanzable por cualquier otro medio, un mundo que está poblado por Verdades Eternas, Preguntas Inefables y Belleza Infinita. Es mi esperanza que estas historias mías permitan al lector echar un vistazo a este universo".

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