Daniel Timariu
Mi clon es genéticamente idéntico a
mí, sin ser jamás del todo igual. A mí me gusta el blues, a ella el rock; yo
soy perezoso, ella es trabajadora y activa. En fin, no se trata de mi primera
clonación, ni de la segunda –cuyas prestaciones me trajeron problemas–, sino de
esta tercera. Un modelo Moft: “la clonación más avanzada, solo para usted”.
Pero antes debo contar lo ocurrido
con la segunda clonación, el modelo Spirit, fabricado en Suecia con mi material
genético, aunque, como siempre, la tecnología también importa. Desde los
primeros días tuve la sospecha de que algo no estaba bien. Muchas veces la
encontraba de pie frente a la puerta corrediza de vidrio de la terraza, mirando
alternativamente las nubes o los pajaritos que habían hecho nido en uno de los
arbustos detrás de la casa. Siempre había algo que observar o escuchar. Por la
noche se oían con claridad las sirenas de Timișoara, el rumor de la ciudad que
llegaba hasta las afueras de Moșnița Veche, atenuado pero nítido, distinto de
los pequeños susurros de la fauna local.
—¿Qué hacés?
Se daba vuelta de inmediato y me
preguntaba instintivamente si necesitaba algo; solo después, ante mi
insistencia, me decía que estaba siguiendo las nubes o escuchando a los
pájaros. O ambas cosas, como supe más tarde: intentaba encontrar una
correlación entre la forma de las nubes y los trinos.
—Todo es tan fascinante…
Claro, pensaba yo, es fascinante,
pero no tanto como para creer que existe una relación entre la forma y la
velocidad de una nube y la tonalidad de un gorjeo en el arbusto. Ese fue el
primer indicio de que algo no estaba bien, pero por más que lo intenté no encontré
nada relacionado con el modelo o la serie. El fabricante no había registrado
fallas, y con el Centro solo se podía hablar durante los controles médicos
anuales. A propósito: ¿no han notado que los mejores especialistas de la ciudad
trabajan en las clínicas del Centro y no en los hospitales públicos? En fin,
quizá sea solo una impresión mía. A veces las teorías conspirativas se filtran
incluso a través de mis propios sistemas de seguridad.
Otra manía que me dio dolores de
cabeza fue la de adivinar mis pensamientos. Ni siquiera sé cómo empezó todo ese
asunto de la intuición, aunque tengo una sospecha. Creo que fue hace tres años.
Yo tenía la clonación Spirit desde hacía no más de dos años, y la más vieja, el
modelo Savage –que me reemplazaba en el trabajo– desde hacía siete, cuando
conocí a Mona. Bueno, “conocer” es mucho decir: nuestras vidas se cruzaron
durante unos meses y luego se separaron. Ella tenía pequeños placeres, como
todos, entre ellos leer la palma de la mano, el poso del café, las nubes, lo
que fuera. Y como Spirit había heredado mi curiosidad y también el gusto por
escuchar las historias más disparatadas, nos sentábamos los cinco –porque ella
siempre iba acompañada de una clonación– y la escuchábamos leerme el futuro.
Parece que lo que para nosotros,
los de la casa (incluyéndome), no era más que un entretenimiento, para Spirit
significó algo mucho más profundo. Así que, cuando Mona desapareció de nuestras
vidas, Spirit ocupó su lugar, intentando decirme qué me depararía el futuro
cercano mediante pequeñas observaciones empíricas. El destino le parecía una
noción demasiado abstracta, aunque ahora creo que simplemente se ocultaba de
mí.
Y si a mí me llamó la atención –aunque
nunca lograra vincular sus intereses con una falla concreta–, también llamó la
atención de otros. En especial, del Centro, que me hizo la siguiente oferta:
—Un Moft, serie limitada, servicio
de por vida.
En otras palabras, una especie de
bolsa mágica de la que nunca desaparecen las monedas de oro. Solo debía
asegurarme de que no le pasara nada.
Las clonaciones tienen la misma
edad que el clonado. No reciben días extra, como creen algunos conspiranoicos;
no envejecen ni más rápido ni más lento; no son más deportivas ni más fuertes,
y tampoco son indestructibles. O al menos eso creía yo hasta hace poco.
Ahora soy yo quien se queda de pie
frente a los grandes ventanales que dan a la terraza trasera, observando cómo
las nubes se persiguen en el cielo, escuchando a los pajaritos en los arbustos
y buscando correlaciones donde no hay nada más que la manifestación visual y
sonora de la entropía. Y todo porque un día me encontré con Mona en la puerta,
o con lo que yo creí que era Mona. Me miró con atención y solo cuando apareció
Moft abrió la boca.
—Nunca hubiera creído que
llegaríamos a reencontrarnos.
Moft me indicó que me retirara y
ayudó a Mona a quitarse la capa. Afuera llovía sin parar desde hacía dos días y
todo el ambiente me resultó de pronto marcadamente bacoviano, melancólico y
opresivo; lluvioso, gris, húmedo, con una poderosa sensación de decadencia,
hastío y encierro. Veía las gotas caer sobre el capó del coche, sobre las hojas
del sauce frente a la casa, las nubes pesadas cubriendo el cielo, los hilos de
vapor elevándose, todo acompañado por el sonido de la lluvia, de las sirenas de
la ciudad y de los pájaros ocultos. Volví en mí solo para verlos en la sala
grande, sentados juntos en el sofá, charlando animadamente. Mona parecía la
misma de siempre –al menos tuve esa impresión entonces– y le explicaba a mi
clon una nueva técnica de adivinación, algo con palitos o con granos de arroz;
no lo entendí bien. Lo que sí recuerdo de aquella noche extraña es la mirada de
Savage, larga, reflejando sorpresa y miedo. O quizá era yo, reflejado en sus
ojos. No lo sé.
Recién a la mañana siguiente tuve
el valor de iniciar la conversación.
Desayunábamos: yo, Savage –que
debía irse al trabajo– y Moft. Este último nos había preparado una tortilla
simple con mozzarella, acompañada de una ensalada de tomates, pepino y cebolla
verde.
—Entonces —dije—, ayer nos visitó
Mona.
Savage dejó de masticar, mientras
Moft me acercaba la taza de café.
—Era realmente Mona —respondió él,
y sentí cómo Savage giraba los ojos hacia mí.
Pero esa respuesta, lejos de
aclararme algo, aumentó mi desconfianza. Más bien fue una sospecha, algo
indefinido, una sensación de irrealidad que empezó a enroscarse en mi mente.
—¿Quieres decir que ayer nos visitó
el clon de Mona?
Moft soltó una breve ráfaga de
sonidos graves, algo parecido a una risa. Luego se detuvo, se inclinó y cortó
mi tortilla en pedazos más pequeños. Cuanto más inútiles eran sus gestos –acomodar
el café, cortar la comida–, más crecía en mí la sensación de que se estaba
burlando.
—Mona —me explicó finalmente— es el
prototipo femenino de mi modelo.
Savage se levantó entonces, se
despidió con un nos vemos esta noche y desapareció con una rapidez de la
que yo mismo no me creía capaz. Habría hecho lo mismo, de haber tenido adónde
ir o si con eso el problema recién aparecido hubiera desaparecido.
—Entonces —intenté concluir, con el
tono más natural posible—, Mona es una clonación, lo mismo que tú. ¿Quién es la
clonada?
Moft recogió con el tenedor los
últimos pedazos de tortilla de mi plato.
—Nuestros modelos están construidos
para sobrevivir en cualquier condición. Porque, a diferencia de los modelos
anteriores, nosotros somos clonados por otras clonaciones. Yo soy la clonación
de Spirit —me dijo entonces y, con un gesto de cortesía por cierto prohibido
para las clonaciones, me tendió la mano—. Si te interesa, la clonada de Mona
murió en un accidente doméstico, en la cocina.
—Suele pasar —le respondí, sin
apartar la mirada.
Se encogió de hombros y volvió a
soltar esa ráfaga de sonidos que recordaban a una risa.
—Suele pasar —repitió—. Exactamente
así.
Daniel Timariu es programador de
profesión y desde 2014 escritor de literatura fantástica y de ciencia ficción.
Debutó online en la revista Ficțiuni.ro con el cuento "Bucla
finală" e impreso en la revista Helion con el cuento "Din
lift". Ha publicado en las revistas: Helion, Gazeta SF, Nautilus,
Revista de Suspans, Ştiință & Tehnică, Colecția Povestiri
Ştiințifico-Fantastice (CSF), ZIN, Literomania y la revista Iocan.
Publicó el volumen de historias de ciencia ficción Amețeli postlumice
dentro de la colección Insolit (una colección patrocinada por el club Helion.
Está presente en varias antologías: Noir de Bucharest, Domino, Exit Plus,
Stories with Dragons, Helion Anthology, 3.4., Sketches of Love, The most
beautiful SF & fantasy stories of 2017, Noir de Timișoara, Antología de
prosa de ciencia ficción rumana, Centennial Fictions – SF&F Anthology,
Încotro, homo cosmicus?, CSF Anthology 2018, Under the Crooked Dragon y
otras.

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