Rosa Lía Cuello
“El cuerpo tiene recuerdos
que la memoria ignora.”
Alberto Laguna
Los dos soles naranja
alumbran la resquebrajada tierra. El calor levanta el polvo que se eleva hasta
fundirse otra vez con la atmósfera. El mundo es muy distinto a lo que algunos
conocimos, y solo nos queda el recuerdo y la culpa.
De
todas partes están llegando grupos de seres que alguna vez fueron diferentes y
se agrupan frente a la cueva del líder. Sus vestimentas son harapos, telas
raídas, pieles de animales que ya no existen. Los pies descalzos y
acostumbrados ya no sufren la tortura del suelo pedregoso. Sus cabellos ralos
dejan ver la tierra adherida, la suciedad los embandera.
Igual
llegan cruzando desiertos cotidianos, hay solo hombres de cuerpo vencido y
ajado, de piel grisácea y áspera por la falta de agua.
Hoy es
el gran día, luego de años de silencio el jefe mostrará lo que todos esperan.
El
odio y el dolor, la falta de líquido, el resentimiento por lo que no supimos
conservar, el miedo al futuro para nuestros hijos que caen en el desierto como
pájaros heridos, hacen que hayamos perdido el respeto por nosotros, por las
tradiciones que un día juramos conservar.
A
veces el más mínimo intento por recordar el pasado hace que nos convirtamos en
seres aún más solitarios, en individuos faltos de fe, de confianza.
La
muchedumbre está perdiendo la calma, piden por el jefe, se impacientan. De
todos modos esto es lo que pasa cada siete años cuando la memoria insiste en
perpetuarse y uno se da cuenta que otro ciclo se cumple e intenta recordar y
descubre que ni siquiera el cuerpo responde. Entonces se lleva a cabo la
ceremonia. Ah, por fin, allí está.
“Hermanos, compañeros
de soles, hombres del año
Ahora saca un pliego de entre sus pieles y lo extiende frente a nosotros. La exclamación es unánime, los ojos azorados y resecos generan lágrimas que mojan los rostros desacostumbrados al líquido. Ya no lo escuchamos. Tocamos y probamos la sal de los siglos que se desliza lenta por el rostro. Todos entendemos que acabamos de recuperar algo vital para el humano. La imagen de un hombre desnudo y musculoso que parece salir de la tierra con el brazo extendido y un tanto laxo, mientras Dios en una nube y rodeado de ángeles casi lo toca con su dedo para darle fuerzas, hace el resto y todos caen de rodillas ante esa alegoría del ser que representa dos planos de realidad, uno de los cuales fue nuestro propio principio.
Rosa Lía Cuello es Técnico Superior en Diseño Gráfico y Publicitario, escritora y plástica. Vive en Cañada de Gómez. Ganó premios y menciones nacionales e internacionales en Poesía, Cuento y Cartas de amor. Participó de numerosas antologías en Chile, España, Perú, Méjico, Francia y Argentina. Fue Vice-presidente de S.A.L.A.C. y dirigió el departamento de arte en Revista La ciudad distante. Publicó: Dentro de mí (2001, poemas), Es todo el silencio (2014, poemas), En el nombre de la madre (2019, cuentos) y Mientras un ángel bebe de mi sombra (2022, poemas). Participó del proyecto “Santa Fe lee y crece” Condujo el programa “Palabras con sentido” en Radio Cultural Online.

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