martes, 16 de junio de 2026

EL FUNERAL DEL MUNDO

Alex S. Johnson

 

Monsieur Trifage caminaba de un lado a otro por su estudio.

Los paneles de caoba de las estanterías atrapaban la luz de la lámpara y la devolvían en destellos semejantes a diminutas dagas reflejadas en sus gafas sin cristales.

Se encogió de hombros, se quitó las gafas y las dejó colgando mientras se frotaba los ojos.

Las explosiones de fosfenos hicieron girar estrellas ante su vista... Y entonces apareció el fantasma de ella en el revestimiento de madera. Le señaló su propio reflejo en el barniz pulido, un reflejo que comenzó a transformarse en un minotauro.

—Esto no es natural ni correcto —dijo Monsieur Trifage a su reflejo.

—Naturalmente, ahora todos somos minotauros —respondió Gabrielle.

Había sido su amante, muerta en un incendio muchas décadas atrás. Creía haber desterrado de su mente todo recuerdo de ella, pero ahora parecía que aquellos intentos solo habían despertado un ejército de fantasmas que giraban ante sus ojos en remolinos de humo. Miró a su alrededor para comprobar si había provocado algún incendio en el despacho y recordó la historia de Thomas De Quincey apareciéndose en la planta baja ante sus hijas entre risas, el autor de Suspiria con el cabello en llamas, atrapado en un sueño opiáceo mientras estaba despierto.

Pero no había ningún resplandor de fuego. Y, sin embargo, podía oler el humo.

—Es un funeral mundial —dijo Gabrielle. Su acento francés estaba impregnado de matices de rosa, bergamota y otras notas más oscuras—. Estamos recentrando el mundo; reestructurándolo. Reformateándolo. Las redes neuronales están acoplándose al ciberespacio y abriendo paso a los de abajo.

Observó que había hablado en español y no en francés, afirmando claramente que «los de abajo» estaban a punto de alcanzar la supremacía. Sin embargo, en su mente él oyó les maudits.

Los Malditos.

—¿La muerte te ha concedido conocimientos especiales? —preguntó. El erudito que había en él estaba reemplazando al temeroso solterón.

—No —respondió ella, y su voz era como un pozo profundo—. Aunque, pensándolo bien, no estoy muerta.

No estaba muerta.

La garganta se le llenó de polvo mientras el estudio se poblaba de más figuras espectrales. Figuras del pasado. Algunas históricas, como Julius Caesar y Jesús. Le pareció incluso distinguir a su difunta gata, Suzie Dear, entre aquella multitud. Extrañaba a la persa que se frotaba contra sus piernas durante aquellas largas horas de estudio mientras él se sumergía en manuscritos escritos en urdu antiguo y en ciertas lenguas habladas únicamente por los ángeles.

—El Funeral Mundial ha comenzado en serio —dijo Gabrielle—. Y tú tienes un asiento en primera fila.

El erudito comenzó a llorar, pero una de las figuras quizá era Jesús, no estaba completamente seguro, extendió una mano al final de un brazo excesivamente largo.

—Llevan muertos mucho tiempo —dijo con una voz de cenizas y corcho quemado.

—¿Quiénes?

—Todos ellos. Muertos en sus corazones y, por lo tanto, muertos para todos los efectos prácticos.

—¿Estaba todo esto... predestinado? ¿Lo puso Dios en marcha? Una vez leí en un cuento de Jorge Luis Borges...

—Dios no tuvo nada que ver con ello —respondió Jesús—. La verdad es que los deístas tuvieron razón desde el principio. Dios es un relojero, un mago menor para nosotros. Puso el reloj en movimiento y abandonó el lugar...

—Creía que eso era la Cábala luriánica.

—También.

—Sin embargo, no me siento triste. Pensé que me sentiría así...

—La muerte no es un final. Es un espacio como esta habitación o como tu dormitorio, donde no lograste conquistar el corazón –aunque sí el cuerpo– de Gabrielle Saint-Coeur.

—¿Cuándo terminará el funeral?

—Comenzó antes del alba de los tiempos y continuará hasta que finalmente se agote la cuerda del reloj.

—Ah, ya veo. ¿Y nosotros?

—Encontraremos maneras de ocupar el tiempo. ¿Tienes un juego de ajedrez?

Mais naturellement.

—Bien, entonces. Yo prefiero las negras. ¿Coñac?

—Hay una botella en el gabinete.

—Entonces comencemos la partida.

Apodado "el Baudelaire de nuestro tiempo" por el padrino del cyberpunk John Shirley (guionista principal de la película de culto de terror El Cuervo), Alex S. Johnson es autor de numerosas obras de ficción, ensayos y poesía, y su obra se encuentra archivada en la Biblioteca Widener de la Universidad de Harvard, que también alberga los Primeros Folios de William Shakespeare. Entre sus colaboradores se encuentran Sandy DeLuca, Jarboe, Pickles, Tricia Warden, Nicole H. Sixx, Juliet Cook, Michael A. Koby y Pat Cadigan. Ha sido entrevistado por R.U. Sirius, cofundador de la revista Mondo 2000, y por John Maggiore del programa de YouTube Maggiore on Bowie. Johnson vive en Carmichael, California, con su familia.

 

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