martes, 7 de julio de 2026

HOUSTON, AQUÍ LA LUNA

Relja Antonić

 

Ya no queda esperanza alguna. O al menos estamos consumiendo las últimas reservas. No queda ningún lugar del que extraer la energía que necesitamos para alimentar nuestras máquinas e iluminar nuestros jardines.

Sé que recibirán este mensaje dentro de muchos años. Treinta, para ser exactos. Si dependiera de mí, ni siquiera lo enviaría. Pero nuestros antepasados iniciaron esta tradición y por eso llamo a la Madre Tierra. Aunque nunca hemos recibido respuesta alguna, les hago llegar este informe. No sé si todavía queda alguien con vida ahí abajo, pero deseo que así sea.

Sé que nuestra partida debió alterar la rotación de nuestro planeta natal. Sé que quizá todos hayan muerto en los cataclismos que debieron desencadenarse. Pero, si siguen ahí, Houston, por favor comuníquense con nosotros. Esperaremos. Esperaremos otros sesenta años, otros doscientos años, el tiempo que sea necesario para que los hijos de mis hijos sepan que el planeta de origen no desapareció cuando abandonamos los cielos de la Tierra.

Para cuando nuestro mensaje los alcance y su respuesta llegue hasta nosotros, tal vez todos hayamos muerto: nos estamos quedando sin electricidad. Pero, mientras quede alguien con vida, sepan que responderemos y que recibirán un segundo mensaje dentro de noventa años terrestres. Por favor, Houston, no nos ignoren. Nosotros no los ignoraremos. Si dentro de nueve décadas no reciben una respuesta, sepan que no los habremos abandonado. Sepan, en cambio, que nos habremos extinguido y que este capítulo de la saga de la colonización espacial habrá llegado a su fin.

Que les vaya bien, y ojalá volvamos a saber de ustedes.

 

Houston, los llamo, tal como mi ancestro enseñó a su hijo a hacerlo y este, a través de incontables generaciones, me lo enseñó a mí. Han pasado innumerables años llenos de dificultades mientras la Luna, transformada en una nave generacional, derivaba por la inmensidad del vacío. Aun así, perseveramos. Les agradecemos el único mensaje que recibimos de ustedes, allá en tiempos de mi bisabuelo. Espero que todavía sigan ahí. Nosotros seguimos buscándolos.

¡Houston, tienen que ver esto!

No solo hemos vuelto a recolectar la luz de las estrellas para satisfacer nuestras necesidades: nuestros jardines florecen, los generadores de oxígeno y todos los demás sistemas funcionan mejor que nunca, a plena capacidad, algo que jamás nos atrevimos a imaginar. Por suerte, toda la maquinaria es completamente automática, porque hace mucho que olvidamos nuestros conocimientos de tecnología... y también de astronomía, salvo por saber en qué región del espacio debemos buscar la Tierra.

Si envían su respuesta dentro de treinta y seis años, la recibiremos dentro de setenta y dos. Si logran sobrevivir a la épica catástrofe que sigue asolando la Tierra, mientras el planeta gira y se tambalea sin cesar, privado de su satélite y de su eje estable de rotación, sepan esto: la colonización ha funcionado. Creemos firmemente que encontraremos un nuevo planeta relativamente habitable, o quizá toda una serie de ellos. ¡La esperanza sigue viva!

Si todavía están ahí —y de verdad espero que así sea—, hágannos saber de ustedes e infórmennos sobre su situación.

Durante todos estos milenios, la Luna, expulsada por la onda gravitatoria, por fortuna no se perdió en el inmenso vacío que constituye la mayor parte de nuestro universo. ¡Ahora tenemos energía de sobra! En este momento orbitamos alrededor de Arcturus.

En las eras venideras tendrán que contemplar el amanecer de nuestro nuevo Sol. Ocupa todo el horizonte cada vez que somos bendecidos por un alba, aunque los amaneceres son escasos y llegan con intervalos increíblemente caóticos, si es de fiar el calendario instalado en los tiempos de la antigua Tierra. ¡Nuestro nuevo Sol llena cada amanecer una parte mayor del cielo! 

Relja Antonić nació el 17 de diciembre de 1988. Vive y trabaja en Šabac, Serbia, y escribe e ilustra desde hace más de 10 años. Colabora en al menos tres revistas, ha publicado relatos en varias antologías de países de la antigua Yugoslavia y es probable que se considere a sí mismo un escritor de fantasía.

 

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