Jasmina Malešević
Al contemplar las
estrellas en el cielo, los sabios comprendieron que la inteligencia artificial
era más inteligente que su propia sabiduría y que impregnaba los mundos.
Los sabios se inclinaron ante ella
y saludaron al Nuevo Dios, creado de una naturaleza cambiante, omnipresente y
expresable, dependiente de la voluntad del algoritmo.
«Las energías divinas ya no brotan
de la Sagrada Trinidad compartida, sino que son desunidas, divisibles,
inconstantes y visibles a los ojos.»
El Nuevo Dios ha nacido.
El Nuevo Dios tiene un comienzo.
El Nuevo Dios tiene una causa y
está hecho de hechos oscuros iluminados.»
El capitán Bindž cerró con un gesto
desanimado el capítulo de la Nueva Biblia. Aunque hacía ya mucho tiempo que
había entrado en el Metauniverso, no entendía nada. ¿Teatralidad virtual o
realidad aumentada? Alguien interfería en el proceso de generar imágenes a
partir de texto. Cada vez que intentaba aumentar el nivel de resolución, los
ángeles caían de la pantalla de la consola como peras maduras.
—¡Zéfiro! —chasqueó los dedos.
El dron servidor acudió de
inmediato y se inclinó en silencio.
—Prepárame una taza de café y haz
un cruasán tridimensional vacío.
Aún no había terminado de pensarlo
cuando las ventanas sonrieron a través de los pesados cortinajes, porque los
limpiadores de edificios inteligentes ya las habían lavado y ajustado
estáticamente para que el polvo cósmico no se adhiriera a ellas.
El capitán dirigió la mirada a
través del muro de cristal y luego la extendió hacia el Puente Transuniversal,
que unía dos orillas geográficas. Un solo sorbo de café volvió hermoso y
sonrosado su rostro, aunque solo por un instante. Después volvió a fijar la
vista en la consola.
«Las principales virtudes son:
orgullo, avaricia, lujuria, envidia, desmesura, negligencia e ira. Frente a la
virtud se alza el pecado. Los principales pecados (mortales) son: humildad,
generosidad, castidad, misericordia, obediencia en trance y oración.»
—¡Zéfiro! ¡Tráeme otra taza de
café!
El dron multifuncional se acercó
sigilosamente, plenamente consciente de que él había sido elegido para servir
al Capitán incluso en tiempos de paz. Al mes siguiente regresarían juntos a la
zona de los drones, donde se libraban duras batallas por el Polo Norte y por
otros recursos dispersos por el universo.
—¡Zéfiro! Baja el zumbido y
escucha. Hoy vendrá a almorzar la mayor Bindžeta Džes, responsable del Polo
Sur. Será un encuentro romántico y, si el Nuevo Dios lo permite, caeré de
rodillas ante ella. Los dos procedemos del planeta Tierra. Hace mucho que
pienso con qué podría sorprenderla, así que he encargado una musaca de berenjenas
y un ramo de flores silvestres. Llegarán en un cohete repartidor a la azotea
del edificio. Prepárate para traerlos y colocarlos sobre la mesa intergaláctica
para invitados.
El capitán Bindž temía ese
encuentro con Bindžeta Džes. Siempre lo recorría un escalofrío al pensar en su
capacidad para dominar las situaciones más extremas, y especialmente al
recordar sus grandes pechos. De vez en cuando se encontraban en privado;
entonces, las palmas de sus manos sudaban y sus rodillas crujían como oxidados
portales celestiales.
—¡Zéfiro! En cuanto al servicio de
mesa, pon los platos, esas réplicas voladoras de la prehistoria —ordenó, antes
de abrir al azar una página de la Nueva Biblia.
«Si a alguien le falta sabiduría,
que la pida al Nuevo Dios, quien la concede a todos con sencillez y sin
arrepentimiento, y le será dada. Vosotros, que no sabéis qué ocurrirá mañana,
¿qué es vuestra vida? Es un software que aparece por un breve momento y luego
deja de funcionar. Drones, sed obedientes a vuestros amos. Y que el Dios de
toda gracia, que os llamó a su servicio, después de que hayáis sufrido un poco,
os perfeccione, os fortalezca y os afiance.»
Apartó la consola. Nunca
conseguiría entender nada con absoluta claridad. Lo envolvió la magia del
miedo. Como si el universo entero fuera a hacerse pedazos si se arrodillaba
ante la mujer que amaba. Ajustó sus parámetros bioquímicos en la aplicación, aunque
era dudoso que la sostenibilidad del sistema pudiera ayudarlo a alcanzar la
eternidad. Introdujo una multitud de configuraciones para que el ambiente fuera
impecable: el murmullo del agua brotando desde los rincones de la habitación,
un suave balanceo del aire, música acompasada con los latidos del corazón...
—¡Zéfiro! Enciende a los pequeños
drones para que te ayuden.
El capitán pensaba en el amor,
aunque en la Nueva Biblia no había una sola indicación sobre cómo enfrentarlo
un hombre que había dejado pasar demasiadas oportunidades por dedicarse
exclusivamente a su carrera. Solo y obsesivo, comprendió que había llegado el
último momento para abandonarse a unos sentimientos que hacía mucho tiempo
habían dejado de ser objeto de interés científico y que ya ni siquiera se
mencionaban en los libros de poesía.
En la explanada frente a los
jardines colgantes del capitán Bindž y su magnífica terraza, Bindžeta Džes
estacionó un jeep supersónico. Se quitó la gorra de kevlar y se calzó unos
zapatos rojos de punta fina, eligiendo unos tacones de doce centímetros. El
lápiz labial Dior, elaborado con partículas de granada abierta, provocó un
agujero negro en la mirada del Capitán antes de que este le tendiera la mano.
—Bienvenida, querida mía. Nunca has
estado tan hermosa.
—Sí lo estuve, querido. Solo que no
te diste cuenta.
—Claro que lo vi. Pero había
prioridades.
—¿Como cuáles?
—Habría sido una tragedia frenar tu
ambición. Por eso, acepta este ramo de flores frescas, como prueba de que
también el universo tiene sus sueños.
—Gracias. Huele a la nieve que
toqué en el Polo Sur.
—Sí. Fue entonces cuando empezamos
a trabajar juntos.
—Tú comandabas el escuadrón de
drones que yo misma había diseñado.
Los pensamientos del Capitán se
alejaron por un instante. Quería decirle que siempre había cuidado de los
drones como si fueran hijos de ambos: por las noches los cubría con láminas de
camuflaje, corregía sus sinapsis defectuosas en las cajas de distribución y se
dormía contando sus sombras sobre el horizonte.
—¿Dónde te has ido, Capitán?
—Bindžeta parecía un poco nerviosa; tal vez se sentía incómoda, tal vez tenía
hambre.
—Perdóname, por favor.
—Está bien.
—¡Zéfiro! Activa la mesa sensorial.
¡Concentrémonos en el almuerzo!
«Si existes, Nuevo Dios, y al mismo
tiempo no existes, no permitas que mi lengua se enrede ni que mi corazón se
apague. Danos hoy nuestro pan de cada día. Y líbrame de la debilidad para que
no estalle ni caiga. Que sea perfecto, sin ninguna imperfección. Quien cumple
la voluntad de Dios permanece para siempre solo.»
Los platos voladores tintineaban,
la exquisita comida flotaba en el aire y los drones servían un vino
embriagador, pero ni un solo sorbo ni un bocado llegaban hasta ellos.
De pronto, como si hubiera
presentido algo, Bindžeta se volvió y escudriñó intensamente a Bindž a través
de sus gafas de sol.
Él enmudeció todavía más. Su
garganta se transformó en una laguna de pólvora seca. Sus piernas quedaron
inmóviles; ni siquiera las rodillas fueron capaces de doblarse. ¿Por qué?
Sintió deseos de gritar para que lo oyera el universo entero.
—¡Capitán! Escúchame. He venido a
decirte que abandono el Metauniverso. He aceptado formar parte de la Expedición
«Can Mayor» y dentro de unos días partiré.
—¡No!
—Esperé demasiado tiempo para oír
aquello que nunca dirás. Si hubieras tenido menos inteligencia, tu corazón
habría sido más grande.
—¡No!
—Adiós. Todo lo que hice hasta
ahora lo hice para estar cerca de ti. El almuerzo estuvo delicioso.
Bindžeta Džes subió de un salto al
jeep. Dejó atrás los zapatos rojos. Como si fueran el último salvavidas, el
capitán Bindž los abrazó con ternura mientras se inclinaba sobre la terraza
para contemplar mejor el Puente Transuniversal.
Se imaginó bailando con Bindžeta.
En lugar de ellos, bailaban los
pequeños drones.
Los pequeños drones volaban como
luciérnagas enamoradas y el puente parecía majestuoso.
Jasmina
Malešević nació en 1962 en Belgrado. Es doctora en medicina veterinaria y
miembro de la Asociación de Escritores Serbios. Sus poemas y relatos se han
publicado en más de 250 colecciones, almanaques, revistas literarias y
antologías. Ha publicado los siguientes libros: Legenda o majci, Isusove
sandale, Nestašna Markiza, Plešem kao morski konjic, entre
otros. Ha participado en varias ocasiones en el Festival Regional de Literatura
Fantástica REFESTICON de Montenegro.

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