Nancy Jane Moore
1. Estás
recorriendo el sendero de los Apalaches, en Virginia, a mediados de octubre.
Las hojas están cambiando de color y el rojo intenso de los arces eclipsa los
tonos dorados y marrones. El aire huele limpio y fresco, y puedes oír el
graznido de los gansos mientras vuelan hacia el sur. Por un momento te permites
creer que te encuentras en lo más profundo de la naturaleza, en lugar de estar
apenas a un par de kilómetros de Skyline Drive, donde una incesante caravana de
automóviles y casas rodantes transporta a miles de personas que han ido a
contemplar los colores del otoño.
Al llegar a la cima de una empinada
cuesta, te detienes. En apariencia, para admirar el paisaje; en realidad, para
recuperar el aliento.
Allí, apenas a tu derecha, bajo un
inmenso roble, hay un cómodo sillón de cuero marrón, mullido y elegante. Lo
acompañan un reposapiés a juego y una mesa auxiliar sobre la que descansan un
decantador de cristal tallado, una copa para brandy y un plato de trufas de
chocolate. Junto al plato hay un objeto que se parece al control remoto de un
televisor.
¿Qué haces?
a) Finges que el sillón no
está allí y bajas la colina apresuradamente para continuar la caminata.
b) Sacas el teléfono móvil y
llamas a los guardabosques para que retiren de inmediato ese objeto que no
tiene ninguna razón para estar en un bosque nacional.
c) Te sientas en el sillón,
pruebas una de las trufas –percibiendo el intenso sabor del chocolate negro y
un delicado toque de almendra–, sirves un poco de brandy en la copa y te
reclinas para disfrutar de la vista. Después de unos minutos, tomas el control
remoto y te preguntas qué ocurrirá si presionas el botón para cambiar de canal.
2. Caminas
por el distrito financiero de una gran ciudad estadounidense. Llevas un
impecable traje ejecutivo –negro, con una atrevida blusa roja–, un maletín en
la mano y te diriges a una reunión donde debes hacer una importante
presentación con diapositivas.
Entre dos inmensos edificios de
oficinas descubres un estrecho espacio. Esperas encontrar el típico callejón
con contenedores de basura y quizá una o dos personas sin hogar durmiendo entre
cajas de cartón.
Pero en lugar de eso ves un árbol.
Su tronco mide alrededor de metro y
medio de diámetro y se eleva hasta la altura de los rascacielos que lo rodean.
De él brotan enormes ramas que, cada pocos metros, llegan a tocar los edificios
antes de volver a crecer hacia el cielo.
Levantas la vista y distingues
varias casas construidas entre las ramas.
La más baja no es más que una
plataforma sencilla, como las que un niño construiría en el árbol del jardín.
Más arriba hay otra pintada de rojo y decorada con símbolos chinos en color
dorado, y todavía más arriba una cubierta con tejas que parece tener varios
pisos.
Unas tablas clavadas en el tronco
forman una rudimentaria escalera que conduce hasta la primera plataforma.
¿Qué haces?
a) Finges que no has visto
nada y continúas apresuradamente hacia tu reunión.
b) Sacas el teléfono móvil y
llamas a la alcaldía para que alguien venga inmediatamente a ocuparse de
semejante anomalía.
c) Dejas el maletín en el
suelo, te quitas los zapatos de tacón y subes hasta la plataforma china. Allí
encuentras una tetera con té verde recién preparado y un aparato que parece una
versión electrónica de un ábaco. Te sientas sobre un cojín, te sirves una taza
de té y tomas el ábaco entre las manos.
3. Tu
hermana reúne a toda la familia para celebrar el Día de Acción de Gracias en su
casa de las afueras.
Ella está atrapada en la cocina
junto con tu madre, su suegra, tres tías y un tío, de modo que solo estorbarías
si entraras.
Los demás adultos gritan frente al
televisor mientras ven partidos de fútbol americano.
Los adolescentes están en el sótano
jugando videojuegos.
Los niños más pequeños corren por
toda la casa participando en un juego que parece consistir principalmente en
gritar.
Así que sales a dar un paseo bajo
el fresco aire de noviembre.
La calle donde vive tu hermana está
formada por casas de ladrillo casi nuevas, todas con amplios jardines
perfectamente cuidados y molduras pintadas del mismo blanco impecable.
Al final de la calle hay un parque
infantil con los habituales columpios y toboganes.
Pero, en uno de los extremos, se
alza un cohete de acero gris mate apuntando hacia el cielo.
Parece sacado de la portada de una
revista de ciencia ficción de la década de 1950.
Una escalera desvencijada conduce
hasta una puerta abierta en uno de sus costados.
¿Qué haces?
a) Finges que no existe y
regresas rápidamente a la casa de tu hermana para ver el partido.
b) Sacas el teléfono móvil y
llamas a la policía para exigir que retiren inmediatamente ese peligroso objeto
del parque.
c) Subes al cohete,
encuentras un traje espacial y te lo pones. Luego te sientas frente a un panel
de control, te abrochas el cinturón de seguridad y examinas un complicado
tablero lleno de palancas, interruptores y un gran botón rojo.
Resultados
Si la mayoría de tus respuestas
fueron (a):
Sigue tu camino.
Aquí no hay nada que ver.
Si la mayoría fueron (b):
Te felicitamos por dedicar parte de
tu valioso tiempo a solucionar todos los problemas que encuentras a tu
alrededor.
Aunque también resulta bastante
evidente por qué tanta gente te considera un entrometido insufrible.
Si la mayoría fueron (c):
Está claro que tu mente no se deja
perturbar por cosas que no deberían existir.
Disfruta de tus excursiones, pero
ten cuidado.
Si cambias de canal con el control
remoto, podrías encontrarte en la Amazonia en lugar del sendero de los
Apalaches.
Si modificas la configuración del
ábaco, descubrirás una ciudad completamente distinta cuando vuelvas a bajar del
árbol.
Y alguien con tu disposición a
probar cosas nuevas probablemente ya haya adivinado qué sucede cuando presionas
el gran botón rojo.

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