martes, 14 de julio de 2026

DEPORTE DE ÉLITE, O MARIUS Y LOS HOMBRECITOS

Finn Audenaert

 

Marius alterna la mirada entre la taza sobre la mesa y la gran pantalla colgada de la pared. Le irrita que su adversario lo imite. Bart también está ahora mirando fijamente la pantalla.

El aroma del café le revuelve el estómago. Tiene las manos sudorosas. En las imágenes ve cómo la superficie del líquido oscuro comienza a agitarse. La diminuta cámara instalada dentro de la taza muestra una figura apenas distinguible. En cambio, sobre la mesa, Marius todavía no percibe movimiento alguno en la superficie.

Vamos, Anton, nada hacia arriba. El café ya no debe de estar tan caliente.

Una música dramática estalla por los altavoces del bar. La imagen de la pantalla se amplía varias veces. Un nuevo filtro acentúa el contraste entre los distintos tonos. Los intentos de Anton por alcanzar el borde de la taza aparecen ahora con absoluta nitidez. A Marius le parece que el hombrecito está exhausto. El borde resulta demasiado empinado. Anton vuelve a resbalar.

¡Ahí está la cucharita! Agárrate de ella, como practicamos.

Pero el hombrecito no encuentra la cuchara. Intenta impulsarse en vano sobre el terrón de azúcar que se desmorona en el fondo de la taza. Marius no soporta más la escena. Se pone de pie. Enseguida siente la mano fría de Bart sobre su hombro.

Las palabras de su rival suenan tajantes:

—Si abandonas la mesa antes de tiempo, tendré que denunciarte ante la federación por infringir el reglamento.

Marius vuelve a sentarse, abatido.

Reglamento o no, apartar la vista sería una traición. Anton merece que vea cómo termina.

Cuando su hombrecito emerge flotando, sin vida, Marius reprime un sollozo.

—¡Ya te lo había dicho! —vuelve a oír la voz estridente de Bart.

El vencedor le sonríe con suficiencia.

—El tuyo ni siquiera aguantó dos minutos ahí abajo. Vamos, paga.

Suspirando, Marius abre la aplicación de transferencias. Mientras envía el dinero, intenta apartar de su mente la muerte de Anton. Ya ni siquiera se atreve a mirar al hombrecito de Bart, que hace un momento se secó tranquilamente en el borde de la mesa.

Hoy no es mi día. Perdí tres apuestas. ¡Tres! En el bolsillo solo me quedan dos hombrecitos. ¿Cómo voy a llegar alguna vez a la liga profesional? Allí ni siquiera hace falta apostar para ganarse la vida. Las casas de apuestas te patrocinan. Parece un sueño muy lejano...

Marius asiente con frialdad hacia su adversario, se acerca a la barra y pide la cuenta. Para colmo, el perdedor paga todas las tazas de café. Sale del bar con el ceño profundamente fruncido. Mientras se dirige a la puerta oye decir a Bart:

—¿Alguien quiere enfrentarse conmigo? Me sobran hombrecitos y pienso quedarme aquí hasta el mediodía.

 

En una gran ciudad, Marius y Bart vuelven a enfrentarse. El marcador indica 1 a 1.

Qué distinto es el escenario al del campeonato provincial.

Marius pasea la mirada por el amplio recinto. Unas gruesas cuerdas rojas rodean la plataforma. Detrás de ellas, una multitud de espectadores contempla fascinada la competición. Marius da un golpecito al logotipo del patrocinador estampado en su camiseta y luego se vuelve hacia la cámara. En el teléfono comprueba que la mayoría de los espectadores apuesta por su rival.

Esperen un poco. Estoy completamente preparado.

Comienza la segunda ronda.

El público ruge:

—¡Microondas! ¡Microondas! ¡Microondas!

Marius observa la figura encerrada dentro del electrodoméstico. Espera con ansiedad cuál de los hombrecitos explotará primero bajo el calor insoportable.

El hombrecito de Bart es muy musculoso. Permanece erguido con admirable firmeza.

Esa debe de ser su mayor fortaleza.

El hombrecito de Marius, Alexander, corre peor suerte. Estalla en mil pedazos de forma espectacular. Salpicaduras de sangre cubren la parte delantera del horno de microondas.

El marcador señala 2 a 1.

Bart saluda al público enardecido. Marius permanece imperturbable. Mete la mano en un bolsillo y saca a su último hombrecito.

Resuena el gong. Comienza la final.

Un oficial sopla un puñado de arena directamente a los ojos del nuevo hombrecito de Marius. El pequeño Frederik agita desesperadamente los brazos para protegerse de la tormenta de arena. Marius asiente con satisfacción.

Así es como te enseñé. Resiste. Si lo haces, cumpliré mi promesa. Esta noche podrás pasear fuera del terrario, Frederik.

El hombrecito de Bart no corre la misma suerte. Cae de rodillas entre toses. Poco después queda completamente sepultado bajo la arena.

Satisfecho, Marius dirige una mirada a Bart. El rival recoge apresuradamente a su hombrecito exhausto. Algunos granos de arena caen sobre el escenario. Bart pone cara de pocos amigos.

Ja... Ya se imagina lo que viene.

Mientras tanto, Frederik resiste admirablemente. Se inclina apenas hacia atrás bajo el cálido soplido del oficial, pero no cae. La arena le golpea el rostro sin descanso. A Marius le gusta verlo luchar. Entonces oye la voz del comentarista.

—Cuarenta y ocho... Cuarenta y nueve... ¡Tiempo! Cuarenta y nueve segundos. Marius, del equipo BetAllUWant, establece con su hombrecito... veamos... con Frederik, el nuevo récord provincial. ¡Una sorpresa extraordinaria! A veces un patrocinador sabe asumir riesgos calculados.

Los aplausos llenan el recinto. Marius sonríe ampliamente a la cámara y levanta el pulgar.

¡Lo conseguí! Menos mal que durante las últimas semanas sometí a mi pequeño ejército a un campamento de entrenamiento tras otro. También fue inteligente entrenarme yo mismo. Me faltaban paciencia y sangre fría. Me alegro de haber repasado cada noche todos los escenarios posibles de competición. Todo el esfuerzo valió la pena.

Marius extiende la mano por encima de la mesa hacia Bart. El derrotado se encoge de hombros antes de estrechársela.

—Nunca pongas en juego a tu mejor hombrecito demasiado pronto, Bart. La prueba del microondas es la favorita del público, pero la final vale el doble de puntos.

 

Esa noche, Marius limpia con esmero su trofeo. Lo contempla desde todos los ángulos.

Sea nuevo o no, voy a hacerlo brillar.

Ha colocado junto a la mesa un pequeño recinto de recreo, al lado del reluciente trofeo. A través de la rejilla observa al diminuto Frederik caminar de un lado a otro sobre la gruesa alfombra. Marius se levanta y abre una ventana. Aspira profundamente el aire de la noche.

—Lo prometido es deuda, Frederik. Tendrás un par de horas fuera de tu terrario. ¡Disfruta del aire fresco!

Se vuelve y saluda con la mano al hombrecito. Frederik da pequeños saltos de alegría y le devuelve el saludo.

Los ganadores descansan poco. Las rondas clasificatorias para el campeonato nacional comienzan dentro de dos meses. Mañana compraré nuevos hombrecitos en la tienda de la calle principal. Frederik podrá recuperar fuerzas mientras entreno a mis nuevos reclutas. La vida sonríe a mi equipo y a mí. El deporte de élite es maravilloso.

Finn Audenaert (Gante, Bélgica, 1977) escribe relatos cortos: SF y terror, relatos absurdos y ocasionalmente también fantasía. Edita In Tenebris, revista flamenca de SF/F/H y misterio, y libros publicados por Poespa Productions. También edita Out of this World, una revista flamenca en línea de SF/F/H. Para la revista neerlandesa Fantastische Vertellingen reseña libros de SF/FH. Además, recopila antologías temáticas. Próximamente publicará libros con historias de fantasmas (2024), relatos de SF sobre nuestro sistema solar (2024) y cuentos de Alicia en el País de las Maravillas. En 2025 publicará su primer libro con relatos propios, Happiness: A How to Guide.

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