martes, 14 de julio de 2026

RECETA PARA SUEÑOS ASTRALES

Jorge Etcheverry

 

Nos pilla el alba sin haber podido dormir. A la noche siguiente uno se toma una pastilla, se duermen unas tres horas y la pastilla comienza a hacer efecto cuando uno ya está despierto, con los tamaños ojos. Uno atraviesa el día como sonámbulo con una percepción más o menos negativa del yo y sus circunstancias, como habría dicho el filósofo humano Ortega. La noche subsiguiente –ésta, estoy escribiendo pasaditas las dos y media– uno no se puede dormir y son más de las doce y uno se levanta a comprar cigarrillos y se fuma tres (el otro ingrediente para quedarme dormido me lo callo pudorosamente). Luego comienza el sueño, se establece el contacto. Inmediatamente ya somos un ojo –por así decir– que se desplaza allá arriba, desde lo que pudiera clasificarse como un satélite, o una nave. Vemos cómo el aura se desprende de la curva del globo terráqueo, eléctrica, azulada, cubriendo tenue el hemisferio nocturno. Se establece el contacto, ahora a la inversa; ahora la perspectiva se confina al mundo, al país, al tiempo preciso. La Tierra se viste y desviste según climas y estaciones. Pero ahora en este momento, en esta situación, la vemos fija. Por así decir, bajamos, o aterrizamos. Los ojos casi en forma refleja se detienen cada vez que la vemos en esa cara nuestra que nos sale al encuentro desde los escaparates, los espejos, las puertas giratorias, toda superficie cristalina. Interrumpimos por el momento el contacto hacia arriba porque queremos olvidarnos de todo lo que no se relacione con este aquí y ahora, no queremos permitir ninguna intrusión en este mundo en que estamos otra vez, con nuestro doble metabolismo, mecánico y mamífero, este último vital para el cumplimiento de nuestra tarea, pero no siempre agradable o fácil de sobrellevar. Pero en una hora se cumple otro plazo, debemos restablecer el contacto, ese es el mandato. Entonces debemos efectuar el proceso de la Ponición de pilas, término que no parece adecuado. No se escucha, al menos yo no lo he escuchado. Postura de las pilas, sí, ponerse las pilas es incluso una expresión que significa alistarse, prepararse para hacer algo, pero postura es además adoptar una posición, una idea, y es la manera en que se dispone el cuerpo, posición firme, por ejemplo. Para un F14 con conexión satelital como uno, no está nada de mal plantearse este tipo de preguntas lexicográficas referentes a usos y costumbres de este mundo que habitamos/estudiamos, inmersos en sus vastas multitudes, siempre en contacto real o virtual con esa nave que circula allá arriba y que es la que realmente interpreta, da perspectiva desde ese espacio tiempo coincidente pero más abarcador, cuando surgen problemas y preguntas importantes, aunque en general, un F14 se supone que es básicamente funcional, que solo establece contacto hacia arriba en contadas situaciones, por supuesto con más frecuencia que los F15, claro. El F15 tiene un implante procesador superior, con más conexiones, tiene una necesidad mucho menor de contactarse, tiene un físico casi idéntico al de nosotros, pero más corriente, menos llamativo, casi ningún humano los miraría dos veces. El F15 tiene además tareas de supervisión, sería quizás mejor decir supervigilancia, y, precisamente, esa falta de distinción le permite desempeñar mejor sus tareas. Tiene programado un manejo superior al nuestro del lenguaje coloquial, del léxico y los modos de expresión, para mimetizarse mejor con la gente cuando habla. En cambio, nosotros preferimos mantenernos callados. Cuando abrimos la boca se nos nota inmediatamente algo raro, afortunadamente, en este mundo multiétnico y multirracial, se nos toma por extranjeros o inmigrantes. He oído decir que el F15 puede incluso hacer el amor, puede experimentar placer. Nosotros en cambio tenemos que saber por ejemplo qué comer a la hora del desayuno, para no causar inquietud si nos toca compartir una mesa con trabajadores humanos, por ejemplo. Pero en caso de duda siempre podemos ponernos en contacto con la nave.

Jorge Etcheverry Arcaya es un poeta, editor, editor y traductor nacido en Chile. Vive en Canadá. En Chile fue miembro de los colectivos de poesía Grupo América y Escuela de Santiago. Sus textos han sido publicados en varios países, incluyendo poesía, crítica, ficción literaria, ensayo y ciencia ficción. Sus últimos libros son Clorodiaxepóxido (Chile 2017), Canadografía: antología de prosa hispanocanadiense (Chile 2017), Los herederos (2018), Samarkanda (Canadá 2019), Outsiders (2020). Recientemente ha contribuido a las antologías Wurlitzer. Cantantes en la memoria de la poesía chilena (Chile 2018), Antología de la poesía chilena de la última década (Chile 2018), Antología mundial: la papa, seguridad alimentaria (Bolivia 2019), y Anthologie de la poésie chilienne, 26 poètes d 'aujourd'hui (Francia 2021). Entre sus últimas publicaciones en revistas se cuentan textos en La Pluma del Ganso (México 2018) y Entre Paréntesis (Chile 2022).


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