domingo, 12 de julio de 2026

MAESTRO KAWABATA

Armando Azeglio

 

Cuando se cansaba de escribir o cuando una novela no progresaba, Oki se tendía en un sofá situado en la galería vecina a su estudio. Por la tarde solía dormir allí…

Sí, soy yo. El que camina soy yo, y lo que recuerdo es el comienzo de Un cielo cargado de lluvia de Yasunari Kawabata. No… no tiene nada de particular o de poético el fragmento. ¡Un momento! Perddón quizá no lo recuerdo: Lo leo, sí, lo leo transcripto en un papel arrugado que he llevado en un bolsillo. ¡Lo leo, sí! Lo leo perfectamente.

Cuando se cansaba de escribir o cuando una novela no progresaba, Oki se tendía en un sofá situado en la galería vecina a su estudio. Por la tarde solía dormir allí…

Lo que sigue es algo muy vago e impreciso. Me esfuerzo por que se vuelva inteligible a mis ojos y solo logro leer: Utsukusbisa to kanasbimi to…

Cazzo! —digo impaciente, en italiano. Lo arrugo, lo tiro y empiezo a caminar decididamente, alejándome del papel tirado y hecho un bollo. Algo me frena. ¡Ahora me acuerdo! Había transcripto ese fragmento, me gustaba, reflejaba una situación que me sucedía cuando me cansaba de escribir o cuando una novela no progresaba. Me sentí muy identificado con Kawabata expresado a su vez en Oki. Quería escribir algo que empezara exactamente así, con esas mismas palabras… Cuando se cansaba de escribir o cuando una novela no progresaba, Oki se tendía en un sofá situado en la galería vecina a su estudio. Por la tarde solía dormir allí…

Sí, soy yo. El que se agacha para recoger el papel y ahora lo extiende desarrugándolo soy yo. También el que vuelve a leer el fragmento pensativamente. Ahora con otro aire, más indagador, quizá…

Sí, Oki se cansaba de escribir. A Oki, llegado un punto, las novelas, o lo que fuera que escribiese, no le progresaban. Oki se tendía en un sofá cercano a su estudio, Oki se dormía… ¡Plagio!, escribir algo que empiece de la misma forma que Un cielo cargado de lluvia de Yasunari Kawabata sería un sucio y vil plagio…

¡Tengo que transformar las frases (me desespero), recombinar las palabras, darles un toque personal. Nadie tiene que llegar a darse cuenta de que lo que escriba está inspirado en las dos primeras frases de Un cielo cargado de lluvia. Nadie.

Si, el que está en medio de una vereda transpirado, pensando en voz alta y con un misérrimo pedazo de papel que contiene dos frases del maestro Kawabata soy yo. También soy yo aquel que los peatones miran compasivos. Uno se acerca tímidamente y me da una moneda. Yo la acepto sin entender. Continúo pensando en voz alta.

Eh, cuando el estrés de la escritura lo bloqueaba mentalmente, o cuando una novela no progresaba… Nany se tendía en su sofá… ¡No!, en un sofá no, eh… en un sillón ubicado en el zaguán cercano al estudio.

¡No! ¡No! ¡No! (grito).

“Cuando el difícil oficio de las palabras eh… hacía (me desabrocho el cuello de la camisa) que eh… Nany no progresara o progresase. (Una viejita entre tierna y atemorizada me deja una limosna sobre el pedazo de papel que ahora está en el suelo y me distrae) la novela se recostaba en una galería cercana a su estudio. ¡Señora, me distrae, no quiero dinero!

(La viejita se aleja como si hubiera visto al demonio).

Cuando se cansaba de escribir, o cuando el demonio no progresaba

—¡A ver! —digo inspirando profundamente en busca de calma—. “Cuando la mente se le quedaba en blanco, coma, o cuando una novela no proseguía su normal… eh, “desenvolvimiento”, sí, desenvolvimiento, Nany ser recostaba en una hamaca situada en el corredor cercano a su estudio… ¡No! ¡No! ¡No! (grito, ensimismado).

—¿Muy occidental qué? —me pregunta un señor de uniforme azul, que tiene en la mano derecha un bastón de caucho (de esos que no dejan marcas) con el que se da suavísimos pero intimidantes golpecitos en la mano izquierda mientras dos enfermeros vestidos de blanco níveo se bajan de una ambulancia sonriéndome, con un chaleco de fuerza en las manos, movimientos letárgicos y una amistosa sonrisa a flor de labios.

—¡La viejita muy occidental! —le respondo—. ¡No!, quiero decir Kawabata, no, no estee… el plagio, el plagio de Kawabata….

El policía ensayando si mejor mirada detectivesca me dice:

—¿Estás seguro de que no tenés nada encima? ¿No estás drogado, no?

—¡No! Lo único que tengo encima es Kawabata… digo, la viejita. ¡No, que digo! El papel de Kawabata y el plagio de la viejita… ¡No! ¡No! ¡La moneda, la moneda de la viejita!

El policía se da vuelta y les pregunta a los enfermeros:

—¿No es “Caguabata” el nombre de esa droga nueva?

—¡No! —le digo visiblemente nervioso y casi llorando—. Yo no quería plagiar a nadie señor, esto es una gran equivocación, le juro que no quería plagiar nada señor, yo no quería plagiar nada.

—¡En nombre de la ley —grita autoritariamente levantando el bastón— me das todos los gramos de Caguabata que estés traficando y te declaro bajo arresto!

Sí, el que está desmayado en el piso en medio de la calle, o mejor dicho, en estado de semiinconsciencia asistido por dos enfermeros vestidos de blanco níveo (rodeado por una muchedumbre de curiosos) es el policía. Y ese que corre con un misérrimo pedazo de papel en la mano soy yo.

Las que les da a oler un jirón de mi camisa a los perros –un sabueso que ha traído el resto de la policía para rastrearme–, es la viejita. Y la que mira expectante la reacción de los mastines, es la muchedumbre de curiosos.

Ahora bien (yo sigo corriendo) y –no menos despavorido que antes– sigo pensando en el comienzo de Un cielo cargado de lluvia de Yasunari Kawabata.

Cuando se cansaba de escribir o cuando una novela no progresaba, Oki se tendía en un sofá situado en la galería vecina a su estudio. Por la tarde solía dormir allí…

¿Por qué Oki se cansaba de escribir? ¿Porqué llegado a un determinado punto, las novelas, o lo que fuere que escribiera no le progresaban? ¿Qué interrelación oculta existía entre el sofá, la galería, el estudio, las siestas, el cansancio, y las novelas? Los elementos: sofá, galería, estudio, siestas, cansancio y novelas, ¿eran funcionales a un todo armónico y desconocido, cuyo valor conceptual no era la simple suma de los valores enunciados sino otro, distinto, aumentado, superior, más complejo, más sublime?

Los ladridos son de los policías… de los perros de la policía; el rumor, de la muchedumbre de curiosos, el jadeo, mío. El ruido a agua es del río que me acabo de encontrar y al cual no sé cómo cruzar… la cercanía de la muchedumbre me pone nervioso –histérico– y el rumor a perros es cada vez más fuerte, más y más cercano.

Teniendo en cuenta que el maestro Kawabata era Budista Zen ¿Sería descabellado pensar que las dos primeras frases de Un cielo cargado de lluvia, no son las dos primeras frases de Un cielo cargado de lluvia sino una serie koans que el viejo premio Nobel dejó a las generaciones futuras como un legado a aquellos que supieran interpretar el sentido secreto, o mejor dicho, su no sentido? Ejemplo:

Pregunta (discípulo): ¿Quién es el Buda?

Respuesta (maestro): “Oki se tendía en un sofá”

Pregunta (discípulo): ¿Quién es el Buda?

Respuesta (maestro): “Oki se tendía en un sofá

Pregunta (discípulo): ¿Quién es el Buda?

Respuesta (maestro): “Cuando se cansaba de escribir o una novela no progresaba”

Pregunta (discípulo): ¿Qué es el Buda?

Respuesta (maestro): “Los perros te persiguen”

Sí, me persiguen y sigo sin saber qué hacer. Camino para un lado y para otro, saco el misérrimo papel del bolsillo (si voy a tenérmelas que ver con el agua al menos quiero que no se moje) lo miro una vez más antes de lanzarme al río. La frase del maestro sigue intacta: Cuando se cansaba de escribir o cuando una novela no progresaba, Oki se tendía en un sofá situado en la galería vecina a su estudio. Por la tarde solía dormir allí… Lo que sigue es vago e impreciso. Me esfuerzo porque se vuelva inteligible a mis ojos y solo logro leer Utsukusbisa to kanasbimi to…

—Porca puttana! —insulto impaciente en italiano. Con una mano me tapo la nariz, con la otra mantengo lo más alto posible el manuscrito… lleno los pulmones de aire… me flexiono… tomo impulso (pienso con terror en el vacío del salto y la fuerte corriente que me espera) me arrojo…

El agua solo me da a las rodillas. ¿Y ahora?, ¿Qué hago? Ya sé: camino entre las dos márgenes del río para confundir a los sabuesos, vuelvo sobre mis pasos, desando lo andado haciendo un pertinente enmarañe de rastros. Empiezo a correr rio arriba por el centro del lecho (para algo tiene que servir la instrucción militar).

Creer que no puedes hacer lo que han hecho los maestros constituye una debilidad espiritual. Los maestros son hombres; tú también. Si piensas que eres inferior, estarás en camino de serlo muy pronto.

¿Y esa frase?, me pregunto en medio de los excrementos (para burlar a la muchedumbre y para que los mastines no me huelan, me he metido por la boca de un desagote cloacal. Llevo caminando más de media hora y pienso salir en algún momento… en algún lugar).

—¡No! —grito mirando al vacío en medio de la fetidez más oscura—; ¡frases hechas no, eh! Yo solo quiero escribir algo que empiece como Un cielo cargado de lluvia del maestro Kawabata pero sin que nadie lo note—. ¡El papel! —vocifero metiéndome ansiosamente la mano al bolsillo—. ¿No estará modificada la frase del papel?

Atino a leerla, pero me doy cuenta de que no hay luz, salvo un pequeño haz divisado como a unos veinte metros de mí …avanzo… ¡Una alcantarilla!

Cuando se cansaba de escribir o cuando una novela no progresaba, Oki se tendía en un sofá situado en la galería vecina a su estudio. Por la tarde solía dormir allí… Todo sigue igual; lo que sigue es vago e impreciso. Me esfuerzo porque se vuelva inteligible a mis ojos y solo logro leer Utsukusbisa to kanasbimi to… Me esfuerzo un poco más y leo: Título original en japonés. Esta vez no digo palabrotas en italiano.


Armando Azeglio nació en San Juan, Argentina en 1964. Es Licenciado en Administración de Empresas y máster en Planificación Pública del Turismo. Profesor titular de las materias Investigación de Mercados en la Universidad de Quilmes (UNQ), Planificación de Espacios Turísticos y Marketing de Servicios Turísticos (UADE). Ha trabajado como capacitador de la AHT (Asociación Argentina de Hoteles de Turismo) y como gestor de contenidos para Webs de varias administraciones polìticas. Columnista del Nuevo Diario de San Juan desde 2001. Ha escrito numerosas poesías y cuentos cortos. Tiene un blog http//elojociegoblogspot.com donde cuelga sus artículos. Se declara lector omnívoro, fumador de pipa y admirador de Roberto Bolaño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario