João Ventura
El bosque era muy antiguo. Los ancianos del pueblo decían
que los abuelos de sus abuelos ya lo habían conocido en esa colina. También decían
que muchos años atrás los brujos se reunían allí para celebrar sus rituales. Y
los habitantes del pueblo evitaban acercarse al bosque, y mucho menos cruzarlo.
Se decía en el pueblo que una vez un leñador había decidido ir allí a cortar
leña, y según algunos no volvió nunca, según otros se había vuelto loco.
El
"chico" no tenía nombre. Era huérfano. Su madre había muerto hacía
años, y el vagabundo de ojos dorados que la había embarazado no se volvió a
ver en el pueblo. Se alimentaba de lo que aparecía, de lo que le daban, o de lo
que robaba si no le daban.
Al chico le
gustaba el bosque. Se sentía bien en medio de los grandes árboles, a veces dormía
en un espacio alfombrado con hojas secas, entre dos raíces gruesas, y era como
si los árboles le hablaran en sueños. Sentía que en el bosque era bienvenido, a
diferencia del pueblo donde, sin ser
atacado, siempre era tratado como algo extraño.
Pasaron unos
cuantos años. El chico prácticamente vivía en el bosque. Subía a las ramas más
altas, iba de árbol en árbol, y ya no necesitaba soñar para escuchar al bosque;
incluso despierto entendía los murmullos que lo recorrían.
Pero durante el último
invierno se produjeron algunos cambios. Los árboles le dijeron que se irían
pronto, pero el chico no entendió lo que eso significaba.
El año se había
caracterizado por una actividad solar extrema, pero el chico no sabía nada al
respecto. En la noche del solsticio, una magnífica aurora boreal llenó el cielo
con luces de colores, y el chico subió a la cima del dosel para maravillarse
con el espectáculo.
Fue entonces
cuando empezó a oír el ruido, a sentir la vibración. Parecía que las raíces de
los árboles se movían; bajó a las ramas inferiores, se agarró con fuerza y
permaneció, medio asustado, esperando los acontecimientos.
Miró hacia arriba y lo que vio lo
asombró. En las ramas superiores empezaron a aparecer burbujas que crecieron.
Cada vez que una burbuja tocaba la burbuja vecina, se fusionaba con ella para
formar una burbuja más grande. Este proceso continuó y en medio de la noche
cada árbol tuvo un enorme globo rodeando la parte superior del dosel.
El ruido sordo en la zona de la
raíz continuaba, pero el chico tuvo miedo de bajar a ver de qué se trataba y
siguió sentado en la misma rama, mientras el cielo se aclaraba lentamente y la
luna llena descendía hacia el horizonte.
Cuando los
primeros rayos del sol naciente tocaron el bosque, iniciaron la última parte de la rutina de propagación que había estado
incrustada en el material genético de esa especie durante muchos siglos. Los
globos se expandieron aún más, las fuerzas impulsoras aumentaron y milímetro a
milímetro, los árboles fueron tirados hacia arriba. Cuanto más sueltas del suelo se volvían las raíces,
más rápido era el ascenso, y media hora después del amanecer todos los árboles
flotaban en el aire, como un gigantesco escuadrón de dirigibles.
El conjunto comenzó a dispersarse
lentamente. Cada árbol se movía dejándose llevar por el viento y corrigiendo la
trayectoria mediante chorros de gas que salían de pequeños orificios en el
tronco. Cuando las raíces –que además de órganos fijadores también eran
sensores multibanda de extrema sensibilidad– detectaban abajo suelo apropiado, se
proyectaba una lluvia de semillas a gran velocidad. Las semillas se introducían en el suelo y de inmediato se iniciando el
proceso que haría aparecer un nuevo bosque en ese lugar.
El camino del
árbol que llevaba al niño pasó casi directamente sobre el pueblo. Todos los
habitantes habían dejado las casas y observaban al cielo, con miradas que combinaban incredulidad y miedo.
Sentado en una de las ramas, con sus
manos sosteniendo firmemente otras dos, el niño reconoció a muchos de los
aldeanos. Pero de una manera un tanto confusa, y mientras su árbol continuaba
su trayectoria proyectando de vez en cuando semillas hacia el suelo, sentía que la aldea ya era el pasado; su futuro estaba
en el camino de los árboles voladores.

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