viernes, 5 de junio de 2026

EL REGALO DE LA MOSCA BRABBLE

Phillip Barcio

 

Eddie caminó hasta las afueras del pueblo, donde crecen los brabbles, antes de que los demás despertaran. Llevaba una taza de café caliente de su casa (de origen único, comercio directo, orgánico, tostado suave) en una taza que le había robado a Eddie #2, y un pączki relleno con los sueños de una planta de arándano silvestre.

Su plan consistía en comerse el pączki en el campo de brabbles, mojándolo en la bebida humeante que había traído para que el líquido sensual empapara los sueños de arándano del interior y liberara su sedoso aroma a arrepentimientos de amantes.

—Da pequeños mordiscos, Eddie —se recordó a sí mismo, tal como había aprendido en la clase de consumo de pączki—. Deja que la masa dulce se deshaga entre el paladar y la lengua, con los ojos cerrados, mientras las moscas brabble despiertan y el aria de su luz matinal te rodea, llenando tu corazón con la sensación de asombro que has perdido.

¿Adónde había ido a parar aquella creencia de que podía hacer cualquier cosa que quisiera?

Llevaba sus jeans negros, los que había conseguido en Crossroads, con los ostentosos desgarrones sobre los bolsillos traseros y los pesados botones de latón grabados con rostros de tigres. Se había demostrado que los jeans negros, por razones aún no completamente comprendidas, resistían las perforaciones de los brabbles.

Los combinó con una camisa amarilla, el color del decimocuarto chakra, el chakra del codo, depósito de la alegría y de la fe en la magia, y un color ampliamente documentado como atractivo para el caprichoso afecto de las moscas brabble.

Por supuesto, iba sin botas. También sin sombrero. Y sin guantes.

Manos desnudas, cabeza desnuda, pies desnudos: un hombre de paz.

El trayecto hasta las afueras del pueblo pareció más largo que la última vez que lo había hecho, y Eddie se preguntó si no estaría encogiéndose.

La impaciencia pudo más que él y se comió el pączki por el camino, directamente de la bolsa. No lo mojó en el café. No lo saboreó. No dejó que se derritiera en su boca. No cerró los ojos.

Simplemente lo devoró: media hora de emoción comprimida en treinta segundos.

Entonces tropezó con una chapa de botella y derramó el café sobre sus pies descalzos.

Soltó una furiosa palabrota.

La palabrota quedó suspendida frente a él, tomando la forma de una mantarraya azul, y luego se lanzó contra Eddie, adhiriéndose a su rostro.

Eddie cayó de rodillas, asfixiándose, sabiendo que no había forma de arrancarse aquella cosa de encima.

Murmuró tres veces el Daggum-vidha hasta que la palabrota aflojó su presa.

La criatura flotó lejos de su cara y lo observó con enojo.

—Lo siento —dijo Eddie.

La palabrota se volvió translúcida y agitó suavemente las alas.

Eddie proyectó pensamientos amables y suaves susurros de deseos sinceros hacia la criatura hasta que finalmente esta revoloteó y regresó de donde había venido: el reino de las promesas rotas y los sueños olvidados.

Eddie recuperó la compostura.

Cerró los ojos y respiró.

Se concentró en su respiración.

Se relajó.

No sintió nada.

Entonces abrió los ojos y vio una luz amarilla suspendida ante él: una única mosca brabble, una diminuta e interminable supernova ardiente de calor amoroso, un mundo dentro de otro mundo.

Eddie le sonrió a la mosca brabble.

La mosca brabble se expandió cien veces, convirtiéndose en un cosmos resplandeciente y giratorio de fuego, un agujero blanco.

Arrastró a Eddie hacia la luz.

Se precipitó profundamente dentro del abismo y allí, entre los secretos del cielo, se encontró cara a cara con sus deseos más profundos.

Eran tres.

Y le hablaron.

—Somos tus deseos más profundos, Eddie #1. Somos el fracaso, la aceptación del fracaso y el deseo de ser libre.

Eddie extendió la mano hacia sus deseos, pero estos se desintegraron.

La mosca brabble era lo único que permanecía ante él.

—Gracias —dijo Eddie.

La mosca brabble le entregó una diminuta nota que él no podía leer porque era demasiado pequeña y porque jamás había aprendido a descifrar los símbolos escritos del mundo brabble; en la escuela siempre estaba demasiado ocupado comiendo pączki y bebiendo café.

Pero en el instante en que tocó la nota, comprendió.

Su significado lo inundó.

Fluyó a través de la caverna de su aorta, recorrió sus venas y llenó su ser interior con una emoción extraña que disipaba la fatalidad, rompía las nubes y parecía venir de otro mundo; una emoción que nunca antes había experimentado, pero que más tarde describió a Eddie #2, Eddie #3, Alexandre y el Hombre Estatua, para explicarles por qué ya no deseaba cometer delitos con ellos.

La describió así:

—Un cosquilleo... una vibración suave, zumbante y extática que recorría mi cuerpo de un extremo al otro y que, temporalmente, me hizo sentir que el mundo no estaba completamente lleno de mierda.

Phillip Barcio es un autor galardonado, periodista, escéptico de las redes sociales, defensor de los animales y aficionado a los sombreros de pescador. Vive en un pequeño pueblo de Indiana con su mejor amigo, un terrier que viste una chaqueta vaquera. Sus escritos se han publicado en Boulevard Magazine, Western Humanities Review, Michigan Quarterly Review, Swamp Ape Review, Space Squid, Grey Sparrow Journal, Antipodean SF y muchas otras publicaciones de prestigio. Siempre está trabajando en algo más pequeño.

 

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