viernes, 29 de mayo de 2026

MARIE

Rhys Hughes

 

Cuando bajó del tren y pisó el andén de la estación, Marie decidió ponerse el suéter. Es un procedimiento normal cuando uno siente frío. Yo mismo lo hago, y quizá tú también. Su suéter era rosa y fino, pero permítanme explicar mejor la situación. El interior del tren había sido calentado por medios artificiales y también por el hecho de que iba lleno de pasajeros, pero ahora que habíamos llegado a destino el sol que brillaba sobre nuestras cabezas era débil, apenas nos entibiaba, y aunque el andén estaba lleno de los mismos pasajeros que habían sido expulsados junto con nosotros, nuestros brazos desnudos sentían el frío de un verano insuficiente.

Yo llevaba su cámara colgada al cuello. Me gusta cargar las cosas de ella, cualquier cosa, solo para demostrar mi devoción sin ser demasiado obvio ni melodramático. Habíamos viajado para visitar a unos amigos en una playa lejana con motivo de una fiesta, y ahora estábamos de regreso. Marie volvería pronto a Francia. El tiempo era escaso, pero así es siempre el tiempo en estas situaciones. Yo estaba feliz y triste a la vez, aunque solo mostraba la felicidad, o al menos lo intentaba. Ella era como siempre: amable pero melancólica, con una melancolía que me hacía sentir que ya la había perdido, aunque estuviera justo a mi lado.

Al quitarse el suéter, la etiqueta interior se le enganchó en la nariz, como si fuera un gancho en un guardarropa. El suéter entero le cubría la cabeza, tapándole los ojos y las mejillas, dejando solo la boca al descubierto, lo que la divertía muchísimo. Empezó a reír. La oportunidad era demasiado buena para desaprovecharla, así que levanté su cámara y apunté hacia ella. Marie me había enseñado que los franceses dicen la palabra "Ouistiti" cuando les toman una foto, y ahora yo le suplicaba que pronunciara esas sílabas mágicas, pero fue en vano.

Para mejorar las fotos que estaba tomando, me arrodillé. Marie se estremecía de risa. Los pasajeros que se movían de un lado a otro se detuvieron a mirar, y resultó que la escena tenía para ellos el aspecto de un ritual religioso: Marie de pie, con los brazos levantados, y un acólito arrodillado ante ella repitiendo “¡Ouistiti! ¡Ouistiti!”, mientras ella temblaba y se reía. Pronto otros comenzaron a pasarse camisas y suéteres por la cabeza y a reír, o a agacharse y cantar conmigo, y así fue como nació una religión en el andén de aquella estación de tren.

Ya no soy el único devoto de Marie. Tiene muchos seguidores, admiradores, adoradores. Pero la verdad es que siempre hubo personas que ansiaban y ardían por estar cerca de ella. Lo único que ha cambiado es el contexto del afecto: de lo físico a lo espiritual. Ella ha regresado en avión a Francia, pero existe una profecía según la cual algún día volverá. Nosotros seguimos siendo sus esperanzados servidores mientras avanzamos por las calles de la ciudad, con la cabeza cubierta por prendas de vestir, el mantra “Ouistiti” en nuestros labios risueños, con la fe anhelante en nuestros corazones ingenuos, recogiendo nuevos conversos mientras avanzamos a ciegas por la vida.

Rhys Henry Hughes es un escritor de fantasía y ensayista galés nacido en 1966 en Cardiff. Ha cultivado diversas formas de ficción, desde relatos cortos hasta novelas. Entre muchas otras obras, ha publicado las siguientes novelas y colecciones de cuentos: Worming the Harpy and Other Bitter Pills (1995), The Smell of Telescopes (2000), Stories from a Lost Anthology (2002), A New Universal History of Infamy (2004) –Parodia y homenaje a Jorge Luis Borges–, Engelbrecht Again (2008), Twisthorn Bellow (2010), The Brothel Creeper (2011), The Abnormalities of Stringent Strange (2013), The Pilgrim's Regress (2014), Flash in the Pantheon (2014), Brutal Pantomimes (2016), Cloud Farming in Wales (2017), The Honeymoon Gorillas (2018), Crepuscularks and Phantomimes (2020), Weirdly Out West (2021), Utopia in Trouble (2021), Comfy Rascals (2022), The Senile Pagodas (2022), Adventures With Immortality (2023), The Wistful Wanderings of Perceval Pitthelm (2023).

 

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