viernes, 3 de julio de 2026

MANOS

Alejandro Aguilar R.

 



The moonlit figure above drew into shadow, so there was no
identity, only a voice. "I'm not your son any more," it said.
"We should never have come to town.”

The Martian Chronicles
Ray Bradbury

 

 

Dice Gaedi, el espíritu-ave:

Ay humano, ay humano, tantas ideas, tantos pensamientos, tantas intenciones, ¿por qué todo lo quieres tener? ¿Por qué todo lo quieres tocar? ¿Por qué todo lo quieres para ti? Lo jalas, lo atraes, lo conviertes, lo sometes. ¿Cuándo fue la última vez que dejaste que las cosas siguieran su curso natural? ¿Cuándo fue la última vez que no usaste tus manos para moldear el mundo a tu alrededor? Te pareces al castor que construye diques donde acumulas dolor, penas, pasiones, amores, sueños, desencantos, malestares y amaneceres pero a diferencia del castor, tú interrumpes el flujo y tomas más de lo que el río te trae, tú construyes con concreto y no con las mismas ramas con las que el bosque provee al castor. Son tus manos el dique donde todo atrapas, no das tregua a ninguna mariposa volar por ahí porque rápido la anexas a tu colección. Tus manos son espejo de las tribulaciones de tu alma porque lo manoseas todo. Atormentas, asustas y sacudes con tus curiosas extremidades de humano las cosas más frágiles de este mundo sin parangón. Tú no puedes ser como el tiburón inocente que mortalmente muerde para explorar, porque tu fuerza rompe hasta las mismas sombras y los mismos sueños. ¿Cuándo fue la última vez que no usaste tus manos para algo? ¿Cuándo fue la última vez que no usaste tu mente para algo? El andar humano es ruidoso y tus manos, estrepitosas. Atropellan, arrebatan, acumulan, son el río venenoso que evitamos las aves, son el denso hálito podrido del que huimos los gusanos. ¿Cuándo has visto que lo podrido sea malo en el bosque? Y sin embargo lo podrido en tu casa huele a basura que enferma, que intoxica. ¡Ay humano, ay humano! De todos a ustedes les tocó tener manos, con las que pueden palpar el aire invisible del alma, viento que nosotros, los demás, por no tener manos, vivimos inmersos en el mundo volando con alas, nadando con aletas, sincronizados uno con el otro como raíces, engarzados en el tiempo entre la lluvia y la mar, gozando de la plenitud de nacer siendo sin tener que nacer una segunda vez para completarse como ustedes sí necesitan, pero no podemos disfrutar como tú, humano, siendo la flor del alma, de esa pequeña pero infinita distancia que hay entre el suelo y el tallo, en cuyos pétalos brotan tus manos por donde puedes bordarte junto al sol y las estrellas. Pero esas tuyas manos crecieron como plaga, como peligrosa hiedra asesina, como arpones caza ballenas sedientas de aceite para cosméticos, como ladronas de tu propia identidad y destino y acosan a cuanto ser se cruza en su camino. Las manos desesperadas arrastran la plenitud al vacío mismo de donde vienen, son el horno que no cocina, el horno que quema, que incinera, el látigo que devora sin piedad y sin saciarse nunca. Ay humano, ay humano, desata el nudo entre tus manos y úsalas con el corazón para iluminar y construir tu camino, suelta los cabos de tus manos que anclan tu ser al puerto y déjalo zarpar en la mar libertad como debes de ser, como lo somos todos los demás, como lo fuiste en un principio y lo serás en un final. Alivia tu carga, tu vida y deja de poner tus manos encima de cuanto ves como si fuera todo tuyo.

Alejandro Aguilar R. (Querétaro, México, 1991). Peregrino descubriendo entre montañas y letras que el plomo siempre fue oro.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

EL RÍO