lunes, 17 de agosto de 2026

EL REGRESO DEL LÍDER

Dinko Osmančević

 

Apareció desde los espacios negros del universo. Primero lo detectaron en las pantallas de control de la estación orbital “Mir 7” y lo comunicaron al mundo entero. Tras el análisis de los datos, quedó del todo claro que era un objeto metálico, de origen artificial, de no más de tres metros de largo, en una órbita elíptica muy amplia alrededor del Sol, con un período de 22 años, y de tal modo que solo después de cada cuatro vueltas, es decir, una vez cada 88 años, pasaba cerca de la trayectoria terrestre.

En los siguientes cuatro días se publicaron miles de artículos, polémicas, declaraciones… sobre aquel objeto volante. La pregunta principal era, por supuesto: si por fin, en la primavera del año treinta y tres del tercer milenio, nos habíamos encontrado con vida inteligente proveniente del cosmos y, si así era, cuál era el objetivo de su misión. Pero el objeto parecía demasiado pequeño para eso; demasiado pobre. La otra posibilidad –que alguien desde la Tierra hubiera lanzado ese objeto, en completo secreto, en 2011, 1989, 1967 o incluso 1945 o 1923, cuando ni siquiera existía una tecnología de cohetes importante– resultaba igualmente inverosímil.

Al cuarto día tras el descubrimiento, los motores del cohete “Proton-Desyat” rugieron en la rampa de lanzamiento de Baikonur. Con un destello de lenguas de fuego, nos separamos de la plataforma. En la punta del cohete iba nuestro mini-transbordador “Mladinka”, el único que podía prepararse tan rápido para esta misión. El poderoso cohete nos empujaba velozmente a través de las capas densas de la atmósfera; en la cabina sentíamos turbulencias, como si el vehículo compartiera nuestra inquietud contenida. Luego el ascenso por la estratósfera… No tardamos en estar en el espacio, por lo que nos desprendimos el “Proton-Desyat” ya gastado, y este cayó de regreso, para arder en la reentrada.

El 17 de abril habíamos recorrido más de la mitad del trayecto. La sincronización de la órbita y velocidad con el objeto desconocido marchaba bien. Conversábamos sin prisa, desde el cosmos, con Baikonur, con Moscú, con Cabo Cañaveral, con periodistas y con nuestras familias. Mi esposa, Vesna, me habló de nuestra pequeña Milica. La había enviado al pueblo, con la abuela. Me contó también algunas nuevas habladurías de Belgrado y yo intenté fingir interés. Me gustaba escuchar su voz. Los rusos cobraban a los occidentales cien dólares el segundo por hablar con nosotros; a los serbios les daban tiempo gratis.

Tres días más tarde, desde la base nos informaron de un evento en el Cabo. Los americanos también habían despegado en su “VentureStar X-33b”, mucho más grande, cómodo y mejor equipado. Llevaban ocho días de retraso respecto a nosotros. Nosotros ya estábamos ante el objetivo: Oleg, Vladímir y yo. Lo observábamos con telescopio, radar y otros instrumentos, grabábamos, comunicábamos: una cápsula primitiva, muy fría, no emitía nada, no irradiaba energía propia, solo reflejaba la luz solar; metal probablemente acero común, nada especial. Longitud dos metros y medio, forma cilíndrica, por un lado acabado en cono, por el otro plano, es decir, la forma de un proyectil o de la ojiva de un cohete simple. Diámetro apenas metro y medio. Fabricación que, por todo lo visto, podría ser perfectamente terrestre.

Nos acercamos de lado y pronto nos movimos en paralelo a él. Lo mirábamos con alivio y, quizá, con decepción: la tecnología tan simple y el tamaño tan reducido hacían difícil creer que algo así hubiera cruzado el espacio interestelar. Concluimos, y el mundo entero concluyó, que no sería el Primer Contacto.

Llegó el momento de actuar. Volábamos exactamente a la misma velocidad, distancia de veinte metros. Teníamos tiempo. Oleg quedó a los mandos de la “Mladinka”, mientras Vladímir y yo nos poníamos los trajes espaciales, listos para cruzar. La caminata espacial duró apenas dos minutos. Las estrellas lejanas fueron testigos mudos de lo que sucedía.

Toqué la compuerta metálica circular de la parte trasera, la plana. No había inscripciones. Sensación extraordinaria. Los contadores Geiger y demás medidores de radiación dormían un sueño profundo: basándonos en eso, creíamos que no era una ojiva nuclear. La compuerta estaba cerrada mecánicamente, con una palanca giratoria en una hendidura del tamaño del puño. Batallamos con ella largo rato: media hora, una hora entera. Y entonces, éxito. Abrimos la compuerta. Dentro no había presión, ningún gas: vacío igual que afuera. Sin embargo, salió un puñado de cristalitos de hielo, blancos, chispeantes. Vimos dos cuerpos humanos congelados, con ropa ligera, sin protección alguna contra el vacío ni la radiación cósmica, claramente muertos. Miré a Vladimir, y él me miraba también, desconcertado.

Sacamos el cuerpo de la derecha, agarrándolo por un pie descalzo. Una mujer. El cuerpo estaba sujetado a una plataforma delgada, larga y ligera, prácticamente una tabla. Miramos su cabecera. Allí había una inscripción en letras latinas: Eva.

Vladímir intentó bromear.

—El otro seguro que es Adán —dijo.

Pero yo sabía que no era Adán. Sacamos el segundo cadáver, también tirando de un pie. Un hombre. En la tabla, sobre su cabeza, había un nombre. A… d… Adolf.


Dinko Osmančević nació el 24 de julio de 1971 en Banja Luka, Bosnia-Hercegovina. Es aforista y escritor de ciencia ficción. Fue columnista de Nezavisne Novine durante mucho tiempo. Publicó aforismos y otras obras satíricas en todos los diarios de la República Srpska y Serbia, así como en otros periódicos, numerosas revistas y publicaciones literarias ("Književne Novine", Belgrado, "Književni pregled", Belgrado, "Suština poetice", Glušci, "Književno pero", Rijeka, "Nekazano", Bar, "Most", Mostar, "Krajina", Banja Luka, "Nova stvarnost", Banja Luka...), así como en revistas de género de los Balcanes Occidentales y Eslovaquia. Fue premiado en concursos y festivales de humor y sátira. Publicó relatos de ciencia ficción y otros géneros en las revistas "Galaxija", "Orbis", "Terra", "Suština poetice", "Faros", "Grad" (Kruševac), "Nekazano", "Đerdan", "Ilustrovana politika" y en numerosas revistas y portales en línea, así como en una veintena de colecciones antológicas de relatos.

 

 

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